Humor nimio.

Estas son cosas de Álvaro Carmona,  un multi-artista español ( según wikipedia : “cómico, guionista, músico, compositor e ilustrador”) que no es nuevo en este blog. Me encanta su humor.

Es una sorpresa grata,  que nace de la simplicidad absoluta . Hoy, Ilustraciones.

Por ejemplo : El Pódium de las abuelas de los atletas.

O este cerdo, ahogándose.

O este cerebro tan, tan humano…

La vejez…

 

Y para finalizar,  este texto “ilustrado” titulado : Duelo.

 

(Henry y Charles se citaron para celebrar un duelo)

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(Empezaron a alejarse mientras contaban: “uno, dos…”)

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(“Tres, cuatro…”)

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(“Cinco, seis…” Y Charles sacó su revólver)

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(Sin esperar a llegar a diez, Charles disparó contra Henry)

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(Henry, al oír el disparo, se giró y desenfundó su arma. Desgraciadamente, había ido con prisas esa mañana y, en lugar de un revólver, había cogido un boomerang)

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(Henry, consciente de que la bala se acercaba, lanzó el boomerang con toda su alma contra Charles)

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(Por desgracia, Henry no tenía mucha fuerza y el boomerang empezó a volver antes de lo que hubiera deseado)

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(Henry intentó huir del boomerang y de la bala de Charles, aunque como no hay tres dimensiones en estos dibujos, lo hizo en la dirección a la que iban tanto el boomerang como la bala)

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(Henry corrió con todas sus fuerzas, pero no fue suficiente, el boomerang primero y la bala después impactaron contra su cuerpo)

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(Henry cayó al suelo)

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(Charles se acercó lentamente a Henry)

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(Cuando estuvieron cara a cara, Henry dijo: “¡Puto boomerang! Mira que equivocarme, desde luego llevo unos días que no doy pie con bola. Y a ti ya te vale dispararme cuando solo íbamos por el seis”)

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(Charles respondió: “Ostras, es verdad que era a la de diez. ¿Sabes qué pasa? Mi familia tiene gallinas y, como contamos los huevos por docenas, he pensado que contaríamos seis o doce. Y doce, me ha parecido mucho, ¿sabes?)

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(Henry no dijo nada y finalmente murió)

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(Charles, apenado por su error numérico, se apuntó con su revólver y disparó)

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(Fin)

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Moraleja: Por favor, contemos los huevos por decenas, comos los demás productos. Si no lo hacemos, mucha gente podría morir.

 

Romance.

Photo by AbsolutVision on Unsplash

Ya sé que pensaréis que padezco algún tipo de obsesión. Sin conocerme, igual me tildáis de maniática, o neurótica, o esas otras etiquetas que utilizáis cuando algo no se ajusta a los parámetros normales. Pero a mí me da igual. Siempre he creído que nadie puede medir la normalidad. ¿Cómo van a hacerlo si todos somos diferentes?…

Mi diferencia, lo que me aparta de ese patrón de los seres humanos normales, es algo que no hace daño a nadie. Ni siquiera a mí misma. Al contrario, me reconforta. No entiendo por qué mi cuñada me mira de esa forma tan extraña cuando me apresuró a ubicar la pila de revistas de decoración, en el lugar exacto de la mesita de centro. ¡Me encanta la decoración!

Colecciono todas las publicaciones sobre el tema y me encanta dejar unos ejemplares con lo que más me ha llamado la atención en mi preciosa mesa de centro (es un antiguo telar restaurado). Mis cosas, deben estar situadas en las coordenadas exactas. En los lugares correctos. Soy yo la que determina cual es la posición de las revistas, los platitos incas, el jarrón japonés, las velas aromáticas, el mando de la televisión… Mis libros están ordenados por orden alfabético del autor y con un suborden por tamaño del ejemplar para no desequilibrar la armonía de la estantería… Mis víveres están clasificados por tipo y fecha de caducidad y todas las latas y envases deben situarse con las etiquetas en la zona frontal.

Todos los objetos están en dónde deben estar en La República Independiente de Mi Casa. Y cómo bien dicen los señores de IKEA, mi casa es m-i   c-a-s-a y si quiero tener el cajón de la lencería ordenado por tonos cromáticos y ocasiones de uso (para diario, para sexo, para la regla, para ir ceñida, para el gimnasio…), lo tengo. Y punto. ¿Qué más da? Así que cuando llega mi cuñada, de exuberantes piernas rematadas por tacones que joroban mi preciosa tarima y se sienta en mi sofá, no sin antes lanzar los cojines (que le molestan) aquí y allá, debo contar hasta diez para no volver a colocarlos en su sitio. Cuando se pone a manosear mis revistas que deja por encima de la mesa, encima de los platitos incas, me sumo en un estado zen para no lanzarme sobre ellas (las revistas) y volverlas a apilar en la esquina derecha del cuadrante inferior… Nunca consigo que esas técnicas de relajación surjan efecto y acabo marcando de cerca a mi cuñada, reubicando todos los elementos y sintiendo su mirada de “estás como una cabra” en mi nuca.

Y este extraño día que estoy pasando, me hace pensar que mi cuñada puede estar en lo cierto. He perdido la chaveta en algún lugar del camino…

Todo ha empezado esta mañana. He abierto el cajón de la cubertería para coger la cuchara de dimensiones perfectas para mi cappuccino, cuando he observado que había un tenedor en el compartimento de los cuchillos. ¿Qué hacía un t-e-n-e-d-o-r en el lugar de los c-u-ch-i-ll-o-s.? Es más, ¿Qué hacía un cubierto mal puesto en un cajón de mi cocina? Inmediatamente, he alargado la mano para coger el tenedor y ponerlo en el lugar correcto. He notado un leve tirón y una cierta resistencia por parte del tenedor, así que me lo he puesto a la altura de los ojos y lo he observado con atención. Lo he agitado en el aire y he comprobado que todo era normal. Cuando lo he dejado en el cajón, me ha parecido que el cuchillo se había desplazado hacia la derecha, así que también lo he colocado bien. Al cerrar el cajón, he oído unos sollozos tristes y desesperados. He mirado hacia el televisor, que creía que estaba apagado. Y lo estaba. Los sollozos se habían convertido en un llanto desgarrado y provenían del cajón. Parecía increíble, pero…abrí el cajón y el llanto cesó de repente.  El tenedor había avanzado posiciones y ya estaba con las cucharas. El cuchillo se había desplazado hacia el extremo del compartimento. ¡Qué raro! pensé en ese momento. Me habré equivocado al ponerlo antes– me dije mientras volvía a poner el tenedor rebelde con los otros tenedores…

Estaba dejando mi taza, perfectamente limpia, en la estantería de las tazas de por la mañana, sección colores fríos (me había decantado por la azul), cuando escuché unos quejidos entrecortados… y el llanto, de nuevo.

Abrí el cajón y se hizo el silencio. El maldito tenedor, había quedado perpendicular al hueco de las cucharas y los otros tenedores. Me enfurecí. El tenedor, por lo que fuera, se rebelaba al orden preestablecido. Me prometí concederle una última oportunidad –dijo el maestro Zen– y lo coloqué con una fuerza superior a la que era necesaria, en el puto compartimento de los putos tenedores. Y cerré el cajón con delicadeza, para evitar posibles desplazamientos no deseados.

Y venga el lloro… He pasado el día intentando olvidar el episodio del tenedor. He ido a comprar al mercado del barrio y cuando he llegado a casa, me he visto obligada a entrar en la cocina. Tenía que colocar los productos frescos en las repisas del refrigerador correspondientes (las había etiquetado con mi Dymo) y no podía romper la cadena de frío. Me he sentido aliviada al comprobar que sólo se oía el zumbido de la nevera. He organizado mi compra y he necesitado un cuchillo para cortar la malla de las naranjas. Cuando he abierto el cajón: ¡El tenedor con los cuchillos!

Si en algún momento se me había pasado por la cabeza que había algo raro en el cajón de mi cubertería, ahora se veía confirmado.

El tenedor se movía-autónomamente- por el cajón.

Pero lo que más me impactó de este descubrimiento, no es que se moviera… No. Lo más importante era que rompía mi estructura del orden de mi casa (“casa” incluye el cajón de la cubertería). Para comprobar mi teoría de que el tenedor tenía vida propia, lo cogí, le dije “Ahora verás” y lo puse en su sitio. Fue cerrar el cajón y oír los sollozos. Abrí el cajón y cogí, de nuevo, el tenedor insumiso, lo miré con asco y lo tiré al cubo de la basura. Alguien lloraba, cada vez con más fuerza, en mi cocina. Tenía que acabar con él. Bajé la bolsa de basura y la tiré al container. Satisfecha con mi acción de pura venganza hacia el tenedor, entré en la cocina. Ya no era un lloro, eran alaridos desgarradores…

No entendía nada. ¿No había exterminado al tenedor? Abrí el cajón y…tengo que ir más rápido. No me quedan fuerzas y el tiempo se acaba, por lo menos para mí.  Me he extendido demasiado explicando cómo he llegado hasta aquí y por qué tengo un cuchillo viviente (que no para de llorar desconsoladamente) clavado en mi pecho.

Ha sido un crimen pasional. El cuchillo y el tenedor se amaban locamente y no podían soportar estar separados. El exilio forzoso al que condené al tenedor despertó al monstruo interior del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado insertado en el centro de mi corazón. Mi final está siendo mucho más terrible ya que el cuchillo solloza, grita y llora por su tenedor perdido.

El llorón era el cuchillo…

Noto que esto ya se acaba… Por lo menos, dejaré de oír a este cuchillo quejica…

Yo lo único que quiero, en estos segundos de lucidez, es dejar clara mi última voluntad.

Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.

Gracias.

Photo by Stoica Ionela on Unsplash

 

NB : Este es uno de los “Objetos Sencillos que tienes en casa”...

 

 

En 3D.

Del pintor holandés, Leon Keer, una muestra de sus “Calles en 3D”.

Una ilusión óptica tan perfecta que te hace dudar si es ilusión o realidad.

Es uno de los pioneros del arte callejero anamórfico .

¿De verdad, no es de verdad?

 

El trabajo de Leon Keer, aquí.

To #2019.

Un paseo nocturno , la cámara y las luces navideñas…

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Un año que se va y otro que se acerca…

Estamos a pocas horas…


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2019 : sé bueno, please.

 

NB : Las ilustraciones son un experimento de texturas.

 

 

 

 

Píldoras gastronómicas.

Lo sé. Hay una Regla Universal que reza :  “Con la comida, no se juega” pero …estas píldoras son para jugar con la comida. Por una vez, me salto la norma. Bon appétit!

Primero,  unos lápices de parmeggiano.  Para sacarles punta.

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Seguimos con una baguette con ganas de disfrazarse.

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Uno que coge un pepino ( o un calabacín) y hace un tiburón…

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Una preciosa bolsa de té, para darle un toque romántico al post. De la diseñadora rusa , Natalia Ponomareva

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Más amor : con paciencia y unas tijeras, coges el salami picante que le pones a las pizzas y recortas corazoncitos. Para las primeras etapas de la relación… ; -)

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Las fotos de Sarah Illenberger  : esto es “Jugar con la Comida”, ya en plan serio.

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Y finalmente, una campaña Solidaria que se hizo en supermercados de New York. La gente cogía, al entrar, una de estas bolsas que representa la figura de un estómago vacío. La llenaban con alimentos, llenando también ese estómago ficticio, donándolas a la ONG que lo organizó.

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¿Empachados? Pues un poco de brócoli, irá bien…

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Historia del cuadro triste (II)

El cuadro triste aparece al mezclar varias cosas: 1) Administración de una dosis de arte-terapia  al aire libre (que me apetecía mucho), 2) una pulsera rota y 3) un sofá camaleónico.

En realidad, la cronología-de-la-creación es otra: 1) se me rompe una pulsera que lleva conmigo muchos años. Es de bisutería y su valor es emocional.  Quiero conservar esas cuentas de cristal… Pienso en ello, mientras recojo las piezas, diseminadas por el sofá. Puto sofá…

2) Me pasé un buen rato, escogiendo la tapicería en la tienda. La miré bajo los focos, bajo la luz exterior, en penumbra… Hubiese jurado que era un tono “tierra” pero cuando llegó a mi hogar lo vi… gris. Gris plomo. Me disgusté. Hablé con la tienda. Comprobé que era el color que elegí. Sí, lo era.  Con la luz del atardecer, se convirtió en un suave color tierra. Pasó lo mismo bajo la luz de los focos led. Y volvió a cambiar a gris, por la mañana… Así que necesitaba un “algo” que conectara la decoración con el sofá camaleónico gris-tierra…

Hasta aquí, los elementos. 3) El desenlace final se produce al ordenar el trastero y descubrir un lienzo hecho polvo que se podía reciclar. También vi un spray de pintura de pizarra…  Al salir del trastero , observé que hacía un día espléndido y, además, tenía la zona de trastear –con-la-pintura, libre y sólo para mí.

Y pasó que todo se conectó entre sí de una forma fluida :  bastidor, pintura, cuentas de cristal, pegamento, sol…Me puse los cascos y… No hay semiótica para explicarlo…

Disfruté enormemente… ; – )

Historia del cuadro triste (I)

Me ha pasado otra vez. Han hecho una “Interpretación Semiótica Visual Subjetiva” de uno de mis cuadros.

La semiótica visual es una rama de la semiología (semiótica) que trata sobre el estudio o interpretación de las imágenes, objetos e incluso gestos y expresiones corporales, para comprender o acoger una idea de lo que se está visualizando. Por ejemplo, un cuadro…

Alguien lo ve y me dice: “Esto ha nacido de la tristeza. El color lo dice todo. Estás triste…”.

Interpreta la imagen, canaliza toda la información y lo percibe así: triste…

(To be continued…)

Me pido un estudio de pintura…

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Estudio de Chris Ofili

Una de las cosas que está en mi “Agenda de Pendientes” (en la sección que no es de viajes) es la de tener un estudio para pintar…alocadamente.

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Estudio de Picasso en París

Si puede ser (nunca se sabe quién puede estar leyendo esto), grande, en medio de la naturaleza ( con preferencia vista mar), grandes ventanales y un suelo de cemento rústico que se pueda ensuciar de mil colores de pintura. Esa es la clave: que sea muy ensuciable

Este es el de Joan Miró.

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Un pintor que nunca me había llamado especialmente la atención. En mi juventud, me había atrevido a decir: ¡Eso lo hace cualquiera! Pura ignorante soberbia. Hace unos años, visité la Fundació Miró y me dejó noqueada con el color y la esencia de lo que allí se respiraba. Una experiencia magnífica.

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Me rendí ante Miró, me retracté y pedí disculpas por mis comentarios del pasado (remoto).

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Uno de los cuadros que más me gustan es este de 1968. Su título aún me gusta más: “El vuelo de la Libélula ante el sol”.

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Con Dalí tengo una relación muy especial. A mi padre le fascinaba el pintor y el personaje.

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Cuando pintaba en su estudio en Portlligat, lo que veía por la ventana era esto…

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Recuerdo un libro que le regalaron con las reproducciones de sus cuadros a todo color y en gran formato, El libro era…grande. A veces, entraba en su despacho y me dedicaba a pasar las hojas de ese libro, deteniéndome en los cuadros que me llamaban más la atención. Mi preferido, sin ninguna duda, era “‘Dalí niño levantando la piel del mar para ver el perro que duerme bajo el agua”’ (1950) que para mí era “El del perro”.

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Recuerdo como me fascinaba que el perro estuviera durmiendo ahí debajo… Surrealismo de la infancia.

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Viendo el estudio de Munch, puedes llegar a entender lo de su famoso cuadro “El grito”. Nunca me ha gustado esa obra y supongo que es porque transmite una angustia y un mal rollo muy intenso y ese pack de desasosiego, que es lo que no me gusta, justamente es lo que la convierte en una gran obra de arte.También por este motivo no voy a utilizarla en este post. Prefiero “Beso junto a la ventana”, también de Munch.

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Estos cuadros coloristas (y muy especiales) son de Yannima Pikarli Tomy Watson , pintor aborigen australiano.

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Su “estudio” es uno de los que más me gustan…

Yannima Tommy Watson paints in his country near Alice Springs

Aunque en el mío pondría un sofá, como Monet.

monet

Cosas para hacer ( o DIY)

Yo no sé dibujar…Pintar redonditas y florecitas, sí. Dibujar,no. Por eso, cualquier instrucción precisa al respecto me es de gran ayuda.

Ahora, ya sé dibujar un oso panda.

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Unas ideas para este fin de semana largo.

Si tienes unos rotuladores ( para porcelana) y unos platos que ya te aburran…A esto, le tengo ganas… ; – )

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Este DIY me recuerda a una época muy lejana : Clases de “Plástica” y la manualidad del cuadro de clavos ( así lo llamaba yo) con la Sra.Rita. Me salió un churro. Me lo apunto para, ya adulta y responsable, repetirlo y a ver…

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Este es “chorras” pero … ; – )

DIY

Para alguién con tendencia al negro, los collares y abalorios se convierten en una pieza fundamental… Esto va pero que muy bien, para organizar y saber dónde están t-o-d-o-s!!!

collares

diycollares

Dicho esto, lo que ahora falta es tiempo…¿Alguién tiene de sobras? ; – )

Feliz Fin de Semana Largo.