Medusa.

Making Of

medusa

Este cuadro se titula ”Medusa”. Podría añadir “marciana” pero, mira, lo primero que me ha venido a la cabeza cuando iba dibujando los puntos, era una medusa…

medusacentral

Todo empieza con un reciclaje de un bastidor. Fondo de pintura de pizarra negra. Después, un dibujo de unos rectángulos, siguiendo una muesca que ha quedado del cuadro anterior…Decido que lo llenaré todo, todo, todo de puntitos blancos. Sé que es mejor situarlos separados pero…no puedo evitar apelotonar los puntitos…

Error.

Son muchos puntos…

puntillismo1

Cansada, dejo el bastidor en una mesa y , de vez en cuando, me paro y hago unos puntitos…Mi vista se empieza a resentir y acabo hasta el mismo punto de los puntitos…

Y es que “Medusa”, no era “Medusa”. Iba a ser “Puntos” pero ha estado mucho tiempo abandonado en la zona de cuadros stand by ,sin moverse. Los puntos, me tiraban para atrás… Así que para acabarlo, he decidido tirar unas líneas de puntos. Pocos. No hace falta tanto punto…Primero sin sentido, después me han parecido una medusa.

zonavagancia

En realidad, “Medusa” tiene una cara oculta: la que iba a llenar el cuadro de puntos es una vaga. “Vaga”sería su  título real …pero había que terminar el cuadro y “Medusa” sonaba mejor.

Será un secreto…

vaga2

 

De huevos…

Hoy, iba yo en mi coche, oyendo la radio cuando se inicia un interesante espacio monotemático sobre los huevos. Rápidamente, ha captado mi atención. Una de las cuestiones que se han tratado es si los huevos se deben conservar en la nevera o no. Un “To be or no to be” en toda regla.

No es algo nuevo para mí, ya que hace un tiempo comenté este tema de huevos con una amiga que me hizo ver que en las casas de payés, los huevos no están en la nevera. Es más, esas hueveras de alambre tan monas, ¿Para qué sirven si no es para poner los huevos allí, en una despensa? Me pareció lógico pero…entonces ¿Por qué los huevos están a temperatura ambiente en los comercios? ¿Por qué no están en la zona refrigerada? Y, otra cuestión más desconcertante : si los huevos no requieren nevera, ¿por qué suele haber una zona específica para los huevos en el frigorífico?

Es un tema de huevos, ¿o no?

Sé que estaréis impacientes y emocionados por saber qué hacer con los huevos, así que sin demora os anuncio que : se deben guardar en la nevera.  Desde que las gallinas los ponen ( siempre pienso que eso, debe doler lo suyo) hasta que los llevamos a casa, los huevos han estado a temperatura ambiente. De esta forma, no se rompe la “cadena de temperatura” ( es cadena de frío pero en este caso, no hay …). Después, lo que hacemos es conservar su estado de compra que teóricamente es muy fresco ( 1 o 2 días de puesta). Si no los refrigeramos, se pondrían en mal estado más rápidamente. Han dicho que “el huevo” es un organismo vivo que va evolucionando, así que en temperatura ambiente pasan cosas

Tampoco hay que lavarlos. NO! El momento para hacerlo es antes de su consumo pero nunca al guardarlos…El huevo tiene millones de poros para que el pollito en proyecto que nos vamos a comer (sé que ha sonado mal) pueda respirar. Esta textura porosa en la cáscara, está recubierta de una cutícula que preserva el huevo de las bacterias y bichos ( tipo salmonella) que podrían penetrar por esos poros. Al lavar, arrastramos esa capa protectora y dejamos al huevo sin defensas.

Por cierto, si hay que separar las claras , es mejor sacar los huevos media hora antes de su consumo. También es mejor para cocinarlos, ya que al no exponerlos a cambios de temperatura drásticos, hay menos posibilidades que se rompa la yema…

Las fechas de caducidad son de “Consumo Preferente” , así que un huevo puede durar bastante más que lo indicado. No han precisado el tiempo ( es como cargarse la obsolescencia programada de los huevos, que también hay) pero sí que han explicado el tema infalible para saber si los huevos están frescos.

Recipiente de agua y sal. Depositas el huevo, suavemente. Si se va al fondo es muy fresco . La yema es densa y aún no se han producido destrucciones de tejido y acumulación de agua y aire. Si flota , coger ( ya da igual si suavemente o con brío) y tirar a la basura…También hay temas de”detalle” : según los grados de desviación al flotar, se puede saber el tiempo aproximado de puesta. Por poner un ejemplo : Formando un ángulo de 45 grados: puesto hace 6 a 8 días…Esto ya es muy de experto…

 

Y, por último, me han desmontado un mito. ¿Cuántos huevos se pueden comer a la semana? En casa, no nos solemos pasar de dos por lo del colesterol…¡Error! Hasta uno al día, es lo que dicen los últimos estudios. Olé.

NB : Las fotos son de la fotógrafa brasileña Vanessa Dualib . Hace cosas impresionantes ( y con mucho humor) con la comida.

Razón y Corazón by Jopi

Otro descubrimiento reciente: Jopi, ilustradora argentina, afincada en Brasil.

Esta es una serie de ilustraciones sobre el corazón y la razón.

En Twitter: @jopidibuja
En Instagram: Jopidibuja

Versatilidad del ganchillo.

Versátil, ya lo veréis.

¿Una pescadería de ganchillo?De la artista inglesa Kate Jenkins.

Que no falte el pan…

Para estudiar anatomía. De la canadiense Shanell Papp.

¿Joyas? Esta es la especialidad del japonés Miho Fujita .

Y que no falte una intervención urbana en Estocolmo de Julia Riordan.

¿Es o no versátil ? ; – )

Humor nimio.

Estas son cosas de Álvaro Carmona,  un multi-artista español ( según wikipedia : “cómico, guionista, músico, compositor e ilustrador”) que no es nuevo en este blog. Me encanta su humor.

Es una sorpresa grata,  que nace de la simplicidad absoluta . Hoy, Ilustraciones.

Por ejemplo : El Pódium de las abuelas de los atletas.

O este cerdo, ahogándose.

O este cerebro tan, tan humano…

La vejez…

 

Y para finalizar,  este texto “ilustrado” titulado : Duelo.

 

(Henry y Charles se citaron para celebrar un duelo)

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(Empezaron a alejarse mientras contaban: “uno, dos…”)

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(“Tres, cuatro…”)

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(“Cinco, seis…” Y Charles sacó su revólver)

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(Sin esperar a llegar a diez, Charles disparó contra Henry)

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(Henry, al oír el disparo, se giró y desenfundó su arma. Desgraciadamente, había ido con prisas esa mañana y, en lugar de un revólver, había cogido un boomerang)

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(Henry, consciente de que la bala se acercaba, lanzó el boomerang con toda su alma contra Charles)

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(Por desgracia, Henry no tenía mucha fuerza y el boomerang empezó a volver antes de lo que hubiera deseado)

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(Henry intentó huir del boomerang y de la bala de Charles, aunque como no hay tres dimensiones en estos dibujos, lo hizo en la dirección a la que iban tanto el boomerang como la bala)

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(Henry corrió con todas sus fuerzas, pero no fue suficiente, el boomerang primero y la bala después impactaron contra su cuerpo)

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(Henry cayó al suelo)

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(Charles se acercó lentamente a Henry)

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(Cuando estuvieron cara a cara, Henry dijo: “¡Puto boomerang! Mira que equivocarme, desde luego llevo unos días que no doy pie con bola. Y a ti ya te vale dispararme cuando solo íbamos por el seis”)

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(Charles respondió: “Ostras, es verdad que era a la de diez. ¿Sabes qué pasa? Mi familia tiene gallinas y, como contamos los huevos por docenas, he pensado que contaríamos seis o doce. Y doce, me ha parecido mucho, ¿sabes?)

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(Henry no dijo nada y finalmente murió)

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(Charles, apenado por su error numérico, se apuntó con su revólver y disparó)

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(Fin)

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Moraleja: Por favor, contemos los huevos por decenas, comos los demás productos. Si no lo hacemos, mucha gente podría morir.

 

Romance.

Photo by AbsolutVision on Unsplash

Ya sé que pensaréis que padezco algún tipo de obsesión. Sin conocerme, igual me tildáis de maniática, o neurótica, o esas otras etiquetas que utilizáis cuando algo no se ajusta a los parámetros normales. Pero a mí me da igual. Siempre he creído que nadie puede medir la normalidad. ¿Cómo van a hacerlo si todos somos diferentes?…

Mi diferencia, lo que me aparta de ese patrón de los seres humanos normales, es algo que no hace daño a nadie. Ni siquiera a mí misma. Al contrario, me reconforta. No entiendo por qué mi cuñada me mira de esa forma tan extraña cuando me apresuró a ubicar la pila de revistas de decoración, en el lugar exacto de la mesita de centro. ¡Me encanta la decoración!

Colecciono todas las publicaciones sobre el tema y me encanta dejar unos ejemplares con lo que más me ha llamado la atención en mi preciosa mesa de centro (es un antiguo telar restaurado). Mis cosas, deben estar situadas en las coordenadas exactas. En los lugares correctos. Soy yo la que determina cual es la posición de las revistas, los platitos incas, el jarrón japonés, las velas aromáticas, el mando de la televisión… Mis libros están ordenados por orden alfabético del autor y con un suborden por tamaño del ejemplar para no desequilibrar la armonía de la estantería… Mis víveres están clasificados por tipo y fecha de caducidad y todas las latas y envases deben situarse con las etiquetas en la zona frontal.

Todos los objetos están en dónde deben estar en La República Independiente de Mi Casa. Y cómo bien dicen los señores de IKEA, mi casa es m-i   c-a-s-a y si quiero tener el cajón de la lencería ordenado por tonos cromáticos y ocasiones de uso (para diario, para sexo, para la regla, para ir ceñida, para el gimnasio…), lo tengo. Y punto. ¿Qué más da? Así que cuando llega mi cuñada, de exuberantes piernas rematadas por tacones que joroban mi preciosa tarima y se sienta en mi sofá, no sin antes lanzar los cojines (que le molestan) aquí y allá, debo contar hasta diez para no volver a colocarlos en su sitio. Cuando se pone a manosear mis revistas que deja por encima de la mesa, encima de los platitos incas, me sumo en un estado zen para no lanzarme sobre ellas (las revistas) y volverlas a apilar en la esquina derecha del cuadrante inferior… Nunca consigo que esas técnicas de relajación surjan efecto y acabo marcando de cerca a mi cuñada, reubicando todos los elementos y sintiendo su mirada de “estás como una cabra” en mi nuca.

Y este extraño día que estoy pasando, me hace pensar que mi cuñada puede estar en lo cierto. He perdido la chaveta en algún lugar del camino…

Todo ha empezado esta mañana. He abierto el cajón de la cubertería para coger la cuchara de dimensiones perfectas para mi cappuccino, cuando he observado que había un tenedor en el compartimento de los cuchillos. ¿Qué hacía un t-e-n-e-d-o-r en el lugar de los c-u-ch-i-ll-o-s.? Es más, ¿Qué hacía un cubierto mal puesto en un cajón de mi cocina? Inmediatamente, he alargado la mano para coger el tenedor y ponerlo en el lugar correcto. He notado un leve tirón y una cierta resistencia por parte del tenedor, así que me lo he puesto a la altura de los ojos y lo he observado con atención. Lo he agitado en el aire y he comprobado que todo era normal. Cuando lo he dejado en el cajón, me ha parecido que el cuchillo se había desplazado hacia la derecha, así que también lo he colocado bien. Al cerrar el cajón, he oído unos sollozos tristes y desesperados. He mirado hacia el televisor, que creía que estaba apagado. Y lo estaba. Los sollozos se habían convertido en un llanto desgarrado y provenían del cajón. Parecía increíble, pero…abrí el cajón y el llanto cesó de repente.  El tenedor había avanzado posiciones y ya estaba con las cucharas. El cuchillo se había desplazado hacia el extremo del compartimento. ¡Qué raro! pensé en ese momento. Me habré equivocado al ponerlo antes– me dije mientras volvía a poner el tenedor rebelde con los otros tenedores…

Estaba dejando mi taza, perfectamente limpia, en la estantería de las tazas de por la mañana, sección colores fríos (me había decantado por la azul), cuando escuché unos quejidos entrecortados… y el llanto, de nuevo.

Abrí el cajón y se hizo el silencio. El maldito tenedor, había quedado perpendicular al hueco de las cucharas y los otros tenedores. Me enfurecí. El tenedor, por lo que fuera, se rebelaba al orden preestablecido. Me prometí concederle una última oportunidad –dijo el maestro Zen– y lo coloqué con una fuerza superior a la que era necesaria, en el puto compartimento de los putos tenedores. Y cerré el cajón con delicadeza, para evitar posibles desplazamientos no deseados.

Y venga el lloro… He pasado el día intentando olvidar el episodio del tenedor. He ido a comprar al mercado del barrio y cuando he llegado a casa, me he visto obligada a entrar en la cocina. Tenía que colocar los productos frescos en las repisas del refrigerador correspondientes (las había etiquetado con mi Dymo) y no podía romper la cadena de frío. Me he sentido aliviada al comprobar que sólo se oía el zumbido de la nevera. He organizado mi compra y he necesitado un cuchillo para cortar la malla de las naranjas. Cuando he abierto el cajón: ¡El tenedor con los cuchillos!

Si en algún momento se me había pasado por la cabeza que había algo raro en el cajón de mi cubertería, ahora se veía confirmado.

El tenedor se movía-autónomamente- por el cajón.

Pero lo que más me impactó de este descubrimiento, no es que se moviera… No. Lo más importante era que rompía mi estructura del orden de mi casa (“casa” incluye el cajón de la cubertería). Para comprobar mi teoría de que el tenedor tenía vida propia, lo cogí, le dije “Ahora verás” y lo puse en su sitio. Fue cerrar el cajón y oír los sollozos. Abrí el cajón y cogí, de nuevo, el tenedor insumiso, lo miré con asco y lo tiré al cubo de la basura. Alguien lloraba, cada vez con más fuerza, en mi cocina. Tenía que acabar con él. Bajé la bolsa de basura y la tiré al container. Satisfecha con mi acción de pura venganza hacia el tenedor, entré en la cocina. Ya no era un lloro, eran alaridos desgarradores…

No entendía nada. ¿No había exterminado al tenedor? Abrí el cajón y…tengo que ir más rápido. No me quedan fuerzas y el tiempo se acaba, por lo menos para mí.  Me he extendido demasiado explicando cómo he llegado hasta aquí y por qué tengo un cuchillo viviente (que no para de llorar desconsoladamente) clavado en mi pecho.

Ha sido un crimen pasional. El cuchillo y el tenedor se amaban locamente y no podían soportar estar separados. El exilio forzoso al que condené al tenedor despertó al monstruo interior del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado insertado en el centro de mi corazón. Mi final está siendo mucho más terrible ya que el cuchillo solloza, grita y llora por su tenedor perdido.

El llorón era el cuchillo…

Noto que esto ya se acaba… Por lo menos, dejaré de oír a este cuchillo quejica…

Yo lo único que quiero, en estos segundos de lucidez, es dejar clara mi última voluntad.

Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.

Gracias.

Photo by Stoica Ionela on Unsplash

 

NB : Este es uno de los “Objetos Sencillos que tienes en casa”...

 

 

En 3D.

Del pintor holandés, Leon Keer, una muestra de sus “Calles en 3D”.

Una ilusión óptica tan perfecta que te hace dudar si es ilusión o realidad.

Es uno de los pioneros del arte callejero anamórfico .

¿De verdad, no es de verdad?

 

El trabajo de Leon Keer, aquí.

To #2019.

Un paseo nocturno , la cámara y las luces navideñas…

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Un año que se va y otro que se acerca…

Estamos a pocas horas…


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2019 : sé bueno, please.

 

NB : Las ilustraciones son un experimento de texturas.

 

 

 

 

Píldoras gastronómicas.

Lo sé. Hay una Regla Universal que reza :  “Con la comida, no se juega” pero …estas píldoras son para jugar con la comida. Por una vez, me salto la norma. Bon appétit!

Primero,  unos lápices de parmeggiano.  Para sacarles punta.

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Seguimos con una baguette con ganas de disfrazarse.

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Uno que coge un pepino ( o un calabacín) y hace un tiburón…

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Una preciosa bolsa de té, para darle un toque romántico al post. De la diseñadora rusa , Natalia Ponomareva

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Más amor : con paciencia y unas tijeras, coges el salami picante que le pones a las pizzas y recortas corazoncitos. Para las primeras etapas de la relación… ; -)

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Las fotos de Sarah Illenberger  : esto es “Jugar con la Comida”, ya en plan serio.

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Y finalmente, una campaña Solidaria que se hizo en supermercados de New York. La gente cogía, al entrar, una de estas bolsas que representa la figura de un estómago vacío. La llenaban con alimentos, llenando también ese estómago ficticio, donándolas a la ONG que lo organizó.

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¿Empachados? Pues un poco de brócoli, irá bien…

broquil