Dicen que la Macaón es una de las mariposas más bellas de Europa y el arbusto , que florece de primavera a finales de otoño, se llama Abelia.
Dos cosas bonitas ,de un mundo bonito, que hacemos feo…
La soledad pesa .
Bonga lo había descubierto recientemente y estaba intentando adaptarse a su nueva situación. Cuando él la repudió, al más puro estilo del clásico macho dominante, ella supo que se quedaba sola. Las otras, aquellas con las que lo compartía, ni se habían inmutado al conocer su expulsión. Había dejado de ser fértil después de tener a su único retoño y él había dejado de reclamarla .Bonga debía haber aceptado las normas del grupo pero, inexplicablemente, había desarrollado una conducta agresiva que no pudo controlar.
Y se había quedado sola.
Sólo le habían concedido unos preciosos instantes para abrazar a su pequeño…La tibieza de su cuerpo la reconfortó y le dio la fuerza suficiente para caminar, sin volver la vista atrás. Y caminó, sin descanso, alejándose de todos.
Nadie la había preparado para soportar esa losa aplastante de vacío y…de silencio.
Lo que más pesaba a Bonga, lo que la hacía doblegarse y caminar con la cabeza gacha, era la ausencia de los gritos infantiles, de los gruñidos de los adultos…
El silencio, los silencios.
Encontró un lugar en el que instalarse. En los primeros tiempos, sobrevivir en su nuevo espacio, había sido su único objetivo. La soledad se paseaba de refilón y el peso, parecía ser más liviano pero cuando ya pudo organizar sus rutinas , se le hizo evidente que él la había castigado con la peor de las penas . Aquello pesaba y su cuerpo se encorvaba más y más, cómo si aquella soledad estuviera adherida a su espalda, hundiendo su columna vertebral.
En una de sus salidas para recoger fruta y semillas conoció a Kunga, otra excluida. Mientras Bonga se replegaba en sí misma, Kunga caminaba erguida, majestuosa. Un día, mientras se relamían degustando miel de un panal recién descubierto, Kunga habló a Bonga de su mascota. Desde que la tenía, el peso de su exclusión era más ligero, su aspecto era lustroso, su pelo brillante. Se sentía más alegre.
Bonga miró a Kunga y lo que vio en sus ojos la convenció.
Iba a comprar una mascota. Para que le hiciera compañía. Para que la ayudara a transportar aquella piedra pesada que le oprimía el alma.
El encargado de la tienda, le sonrió, mostrando una gran cantidad de dientes y encías, mientras le preguntaba qué tipo de animal necesitaba. Bonga le respondió que quería compañía y, por lo tanto, requería de una mascota afectuosa y sociable pero esa respuesta no fue suficiente y tuvo que contestar a todas las preguntas necesarias para encontrar su animal perfecto.
No había pensado si quería macho o hembra que fue la primera cuestión a la que tuvo que enfrentarse. Las hembras podían quedarse preñadas, tenían épocas de celo y la menstruación así que Bonga pensó en descartarlas pero el encargado le indicó que todos los animales disponibles estaban modificados genéticamente y tenían disponibles hembras sin actividad reproductiva. Si deseaba cruzar razas o dedicarse a la cría, también disponían de hembras fértiles. Finalmente, un poco resentida por el comportamiento de sus compañeras de la familia, Bonga se decidió por un macho.
Una vez seleccionado el sexo, tuvo que escoger las habilidades físicas: se decantó por una fuerza y tamaño medio que ella pudiera dominar aunque le aseguraron que con la modificación genética habían conseguido que todos los ejemplares fueran dóciles. El color no le pareció importante y contestó que le era indiferente.
Cuando llegaron al punto de las habilidades, la elección se hizo un poco más compleja. Para cada “soledad”, había un estilo de “compañía”. Bonga tenía que optar entre animales pasivos o activos. Los pasivos eran sumisos y afectuosos. Los activos ofrecían la posibilidad del debate y la sorpresa. Pensó que era mejor uno activo: para poder conversar, jugar, pasear,…
Tras consignar todos los requerimientos de Bonga, el encargado de la tienda de Animales de Compañía se dirigió al almacén. Encontró un espécimen perfecto: tendría unos veinticinco años, músculos definidos y un tamaño medio. Su piel era muy blanca y el poco pelo que tenía era muy rubio pero la clienta no le daba importancia al color, así que pensó que podía ser viable. Miró su etiqueta clasificatoria y vio que era uno de los más activos que tenían disponibles en la tienda. Su nombre era Paco.
El animal humano lo miraba desde su jaula, sonriéndole y haciéndole gestos con la mano. Siempre que se acercaba a ellos para llevarlos ante el cliente, se hacía la misma pregunta: ¿Cómo aquella especie había podido llegar a dominar el mundo? No tenían pelo recubriendo su cuerpo, no podían moverse por las ramas de los árboles, comían alimentos cocinados por combustión… ¿Y hubo un tiempo en que los simios eran el escalafón inferior y aquellos hombres, los amos del planeta? Si no fuera por todas las pruebas empíricas que lo confirmaban, nunca hubiese creído que aquella especie endeble pudiera haber dominado a la suya pero tras la Era del Meteorito, la aniquilación de la raza humana casi había sido total. Los simios habían podido aguantar las radiaciones cutáneas gracias al fuerte vello que recubría su piel y su habilidad para vivir en las copas de los árboles y comer sus frutos los habían hecho sobrevivir a las corrientes de líquidos tóxicos que arrasaban la superficie del planeta.
Se acercó a la jaula del hombre: era un buen ejemplar y podía ser una opción para su clienta. Abrió el candado y cogió la cadena que rodeaba el cuello de Paco para llevarlo hasta el mostrador de atención al público. Bonga lo examinó con atención. La piel, sin pelo, era muy suave. El humano parecía disfrutar con las caricias que ella le prodigaba y sonrió con deleite cuando ella lo llamó por su nombre: ¡Paco, bonito!
Era muy pálido y poco robusto pero a Bonga le gustó desde el primer momento así que tras completar la transacción, salió de la tienda de Animales de Compañía con su humano bien atado y caminando a su lado.
Había comprado algo más que una mascota .Acababa de adquirir la ilusión de que Paco le hiciera compañía y que el peso terrible que le iba hundiendo el corazón, se hiciera más ligero y sólo le hiciera cosquillas.
Paco le sonrió y Bonga sintió que había acertado…Y con esa sensación de esperanza, se dirigió, cadena en mano, al centro estético de bonobos para su sesión semanal de despiojamiento.
-. No sé qué vamos a hacer con su caso. Me gustaría convocar una consulta interprofesional para intentar decidir cuál sería el mejor tratamiento para Ud.
-. Es que no puedo seguir mucho tiempo así. Se lo digo desde la desesperación, Doctor. He perdido a mi mujer, a la familia, a los amigos… Necesito poner remedio a esto… No quiero morir solo…No quiero vivir solo…
-. Tranquilícese. Seguro que encontramos la manera de oscurecerlo. Por lo menos, que no sea tan…
-. Perdone que le interrumpa. Mire Doctor, llevo meses viniendo a su consulta y no hemos conseguido nada. Me parece que no sabe qué me pasa, ni como curarme. Creo que está alargando esto innecesariamente. Supongo que le va bien ir facturando cada visita sin ningún avance ni cambio en mi estado. Yo ya tengo bastante. Voy a consultar a otro médico.
-. Por supuesto, es Ud libre de hacer lo que quiera. Y, sí, admito que no sé cómo hacer que Ud no hable claro. No sé me ocurre cómo oscurecer su discurso. Veo sus palabras de un color pálido, casi blanco…Son demasiado claras…
El hombre que hablaba claro, abandonó la consulta del eminente psiquiatra. Iría a visitar a otro profesional y mientras tanto, tendría la boca cerrada. Ese torrente de palabras claras, francas y carentes de adulación que salían por su boca, sólo le habían traído problemas.
El mundo no estaba preparado para que le hablaran claro…
Un árbol. Uno. Se han talado tantos , que un árbol que molestaba en una zona residencial no es una gran cosa. Además, es un árbol no autóctono, que vino de un vivero, de otro país , para cumplir los planes paisajísticos de una urbanización. Tiene su punto irónico…
De eso, habrán pasado más de dos décadas. El árbol, pues, ya es de aquí. Hay apego.
Costó convencer al jardinero experto que valía la pena darle una oportunidad. Aconsejaba sacarlo. “Ya está en las últimas”.
Dos años después de su salvación in extremis, el árbol está bonito. Cortaron las ramas secas y sobrevivió.
En un tocón, he visto su mensaje.

Es una comunicación del árbol en un idioma que podamos entender los humanos.
Y se entiende perfectamente.

Había llegado el día.
Tras mucho pensarlo, tras darle muchas vueltas, tras marearlo, subirlo y bajarlo, había llegado el momento de adquirir un credo.
Se arregló con especial interés. No era una jornada cualquiera, cuando volviera a su casa, sería una creyente. ¿En qué? Esa era la incógnita pero…creería en algo… Se puso una blusa camisera de color blanco y puro porque pensó que era apropiado para aquella tarde de shopping de creencias. Eligió un traje chaqueta hecho a medida de color gris marengo. La americana era entallada y la falda, le quedaba ajustada a las caderas hasta la rodilla. Ser creyente no era excluyente de ser sexy, ¿no?
Los zapatos de tacón muy alto y fino le parecieron demasiado presuntuosos y se decidió por unos más austeros, con un medio tacón que le hacía parecer más bajita y chaparra pero se desabrochó uno de los botones de la blusa para compensar el efecto. Se miró al espejo y le complació lo que veía : una mujer adulta, decidida, reflexiva…que se iba a comprar una creencia.
Dudó a la hora de escoger el bolso que llevaría. Un credo. ¿Pesaría mucho? ¿Era voluminoso? O, por el contrario, ligero como una pluma y pequeñito, como para llevarlo en un bolso bombonera. Nadie le había sabido explicar cómo era un credo, así que , ganó su lado práctico y se colgó del brazo una bandolera de tamaño mediano, que podía llevar cruzada si , al final, resultaba que las creencias pesaban demasiado.
Se sentía muy alegre. Por fin, había decidido creer en algo… Ya era hora de poder contestar a aquellas preguntas : ¿Perteneces a alguna religión? , ¿Tienes alguna creencia? Y, finalmente, la definitiva : ¿En qué crees?. Hasta ese momento de su vida, no había necesitado uno de esos credos. Había crecido en una familia afectuosa, rodeada de bondad y nunca se había planteado en que creía. Debía buscar un Dios. Una Cosmovisión. Una Espiritualidad. Algo en lo que creer…Por normalizarse. Los últimos años habían sido duros. Sus padres fallecieron en un accidente y sólo el gran amor que siempre había rodeado sus vidas , le permitió salir de ese gran pozo de tristeza que la engulló. En esa época, se dio cuenta que los que “creían” se sentían más confortados que ella . Parecía que tomaban un atajo…
Después, se enamoró de un hombre maravilloso pero… él sí que tenía una creencia. No era una de las típicas …No. El novio tenía un credo exótico : pertenecía al Movimiento Raeliano. Íban al cine, salían a cenar, tenían sesiones de sexo fantástico, conversaciones interesantes y mucha afinidad hasta que salía el tema de la Iglesia de Rael. Ella intentó comprender eso de la transferencia mental y la inmortalidad. Lo intentó con todas sus fuerzas pero fue imposible. No lo entendía. No se lo creía, vaya.
Creencias, creencias… Sus amigas , en el trabajo, hablaban de catolicismo en su versión de bodas, bautizos y comuniones. En cambio, en el supermercado , la cajera le intentaba convencer para que asistiera a una misa evangélica. En las clases de yoga, le habían hablado de la Ley del karma, del Hinduismo… Richard Gere, Budista. Tom Cruise, Cienciólogo…Todos creían en algo, incluso los que no creían en nada, creían en eso…pero ella no era ni atea, ni agnóstica…No sabía qué era aunque fuera feliz y, con la edad adulta, necesitaba una de esas creencias …para explicar su felicidad, por lo menos.
Llegó a la fachada de Credo Shop.
La tienda era preciosa. Cuando entró en aquel espacio blanco e inmaculado, lo primero que sintió fue una paz interna que ya no recordaba. Sólo la había obtenido en el pasado, en los brazos de su madre. Un gran mostrador, también blanco y brillante, delimitaba la zona de atención al público. A ambos lados, había unas estanterías de un diseño ingenioso que parecían estar suspendidas en el aire. En cada una , unos rótulos plateados anunciaban su contenido. Mientras tocaba el timbre que había en el mostrador fue leyendo : Cristianismo, Islam, Budismo, Hinduismo, Religión tradicional China, Religiones indígenas, Religiones afroameriacanas, Sijismo, Espiritismo, Judaísmo, Baha’s, Gnosticismo, Jainismo, Shintoismo, Caodaísmo, Zoroastrismo, Tenrikyo, Neopaganismo, Unitarismo universalista, Rastafarianismo, Cienciología, Religiones Varias ( Rael, Tribu Yaohanen…)
Se mareó. ¿Había tantos credos?
-. Señorita, ¿La puedo ayudar en algo?- un hombre muy alto, vestido con una bata blanca de laboratorio, la miraba fijamente. Una media sonrisa se dibujaba en sus labios.
-. Mmmm. Venía a comprar una creencia pero me ha abrumado ver que hay tantas para elegir. ¡Hasta me he mareado!
-. Tranquila, suele pasar. Dígame, ¿Había pensado en algún credo en especial? ¿Tiene alguna inclinación personal?
-. No he pensado en nada concreto. Querría algo que fuera sensible, compasivo, ético. Sin restricciones de vestuario, quiero poder ver la belleza del mundo, que se base en el amor a los demás…- Miró al vendedor- ¿Demasiadas cosas?
-. No, siga, siga. Cuanta más información, más podremos acertar en la elección.
-. A mí me funciona lo que me decía mi madre : Trata a los demás , como quieras que te traten… Ah! Y aquello de que una sonrisa gana la más dura de las batallas…¿ Hay alguna creencia que adore las sonrisas? -Preguntó esperanzada.
-. Yo la veo rodeada de mucha espiritualidad y afecto pero si insiste en tener una creencia, yo no le voy a decir que no. Estoy a quí para vender, señorita. A ver, dígame ¿ Se mueve en un ambiente conservador o liberal? ¿De qué trabaja? Si trabaja en el barrio de los Diamantes de New York, yo le aconsejaría el judaísmo. Si es Guía de Viajes en Jamaica, el Rastafarianismo puede encajar…El Cristianismo, también funciona en muchos ambientes. Ahora tenemos de oferta, el católico no practicante. Se cree lo que hay que creer pero no practica el culto…El Islam ya no se lo ofrezco, ya que no se quiere tapar… No sé. Puede ver que hay muchas opciones.
-. Y, ¿Hay alguna verdadera?-preguntó desesperada por elegir. Nunca hubiese pensado que sería tan difícil escoger la correcta.
-. En realidad, la verdadera es la que la haga ser mejor persona. No importa cual si lo que hace es mejorar su humanidad…
-. Mmmm. Ya.- ojeó la información- Pues me lo voy a tener que pensar… De verdad, creo que intento mejorar cada día. Y ayudar a los demás. Y sonreír… Y sin credos, ni nada de nada… No sé…¿Tiene muestras de las creencias más importantes para que las pruebe?.
El vendedor le preparó un paquetito con unas muestras mientras ella miraba el contenido de la estantería consignada para la Iglesia de Rael .
Cogió la bolsa con cierta aprensión. Si el objetivo era “ ser mejor”, ¿Por qué debía gastarse el dinero ( las creencias estaban carísimas!) en una? Le prometió que las estudiaría y volvería y se marchó de la tienda, abrumada por las dudas y con exceso de información.
El hombre de la bata blanca, vendedor de creencias, la observó mientras ella caminaba calle arriba, con su bolsa, con el nombre de “Credo Shop” grabado en letras blancas.
Supo que no la volvería a ver por allí: aquella mujer ya creía…
Cada día, el atardecer ha sido diferente. Rosa, anaranjado, fucsia, amarillo pálido… La paleta de colores es variadísima. Una maravilla que cambia cada día. No hay forma de aburrirse …

Lo que no esperaba es encontrarme a un pez de fuego , surcando el cielo.

Y, después, para hacerlo más emocionante, un ovni.

Lo dicho, no hay forma de aburrirse…
Algún día lo conseguiré : ver “Las Perseidas” .
Este año, he visto una. En singular. Solitaria. Única.
No había contaminación lumínica artificial pero la luna, brillaba tanto, que se veía el campo de trigo casi como al atardecer.
Me estiré, dejé que me picaran los mosquitos , que no se alejan ni con el repelente ni con la citronela, y estuve un rato mirando al cielo. Lo que más brillaba era la estrella Arturo ( lo veo en una App de astronomía) y la luna que, realmente, estaba preciosa de un color rojizo y después anaranjado…

Foto : Luna de verdad.
Así que cuando ya estaba pensando en retirarme por el inicio de rigidez en el cuello, pasa una estrella fugaz. Pam.
Una pero de calidad. De cuerpo gordote y muy brillante y estela amplia. Una señora Perseida. Me pilla tan desprevenida que pido un deseo un poco más tarde. Espero que entre dentro de las reglas…
Qué bonita. Imagina si ves un montón, así seguiditas. Debe ser increíble.

Foto : Luna con Perseidas falsas…
Actualización : 16/08 He visto otra!! Ya van dos!
Dos seres humanos están siendo observados por un grupo de alienígenas.Graban este diálogo para , después, analizarlo :
-¿Sabes qué?. Al final me he decidido. Le voy a tirar los tejos a Puri.
–A buenas horas, mangas verdes. Se te ha a delantado Pepe.
-¿Pepe?…pero sí Pepe es más feo que Picio…
-A ella le da igual. Lo quiere aunque sea feo, te lo digo yo…Te va a dar calabazas.
-. ¿Y si le doy pena? Le puedo decir que he estado en cama, por un accidente…
-. Tienes más cuento que Calleja... No te va a hacer ni caso. Te repito, te va a dar calabazas.
– ¡Qué calabazas ni qué pollas en vinagre!… Por ahí viene Puri. Te dejo…
Análisis : El ordenador alienígena no es capaz de dar el matiz del lenguaje humano y traduce literalmente por lo que estos extraterrestres se encuentran con :
A) El sujeto 1, va a ir a algún lugar a tirar unos tejos que son unas coníferas, por lo que parece que va a derribar unos árboles.
B) El sujeto 2 le dice que la hora es correcta e introduce mangas verdes que, de verdad, deja anonadados a estos investigadores del espacio exterior.
C) También tienen que lidiar con Picio y Calleja y con el hecho de que alguién va a regalar calabazas (fruto del género Cucurbita) y para finalizar, el «pollas en vinagre».
Todas estas frases están incorporadas de forma natural en el lenguaje terrestre pero esta IA alienígena adolece de literalidad. Hay que ayudarlos.
Respecto a lo comestible : Las calabazas y las pollas en vinagre.
Los griegos pensaban que la calabaza era todo lo contrario a un afrodisíaco así que servían para apagar el fuego de la lujuria y si te daban calabazas, significaba que no habría acercamiento . En la Edad Media, en los conventos , se aconsejaba rezar el rosario con pepitas de calabaza para alejar pensamientos lascivos y las masticaban para ayudar a cumplir el voto de castidad.En Cataluña, cuando se pedía la mano de una hija, si al pretendiente le servían calabaza, significaba que la familia lo rechazaba.
Finalmente, las pollas en vinagre. Una delicatessen. Una exquisitez gastronómica : Pullus que es un pajarillo, preparado con un tipo de escabeche para su conservación ( tipo salsa vinagreta).
Para los alienígenas son gallinas jóvenes en ácido acético...
N. B : Todas las expresiones del libro «Hablar con corrección » de Pancracio Celdrán Gomariz.

La buganvilla recibe este nombre por su descubridor. Louis Antoine de Bougainville (1729-1811), el marino y explorador francés que introdujo la planta en Europa desde Brasil. Cierto, por eso , que tiene nombres diferentes según el país, que no tienen nada que ver con Louis Antoine de Bougainville : papelillo, napoleón , veranera, trinitaria , Santa Rita…
Esas preciosas hojas de intenso color violeta, no son las flores de la buganvilla. Se llaman “brácteas” y son producto de una transformación natural de las hojas para acompañar a las flores, protegerlas y apoyar la función de atraer a los agentes polinizadores por esos los colores tan llamativos ( las hay rojas, naranjas, rosas…)
La verdadera florecilla, blanca y diminuta, está ahí en medio, a la espera de la polinización.
Así que lo que hace tan bonita esta planta trepadora son las brácteas.
El nombre es raro ( no sé por qué no me gusta) pero debo admitir que la buganvilla tiene unas brácteas preciosas…
Nota de actualización Julio 22 : La mitad de las brácteas se están secando. Normalmente, están todo el verano preciosas pero la ola de calor , la falta de lluvia y, en definitiva, el cambio climático está cambiando la vida y los colores del paisaje.
Triste evidencia.

Las píldoras son cosas de aquí y de allá, que voy acumulando hasta que tengo la dosis adecuada. Esta dosis contiene sofás, escaleras, columpios, mapas,chistes…Y se pueden consumir sin ninguna moderación.
Muebles
Estos son muebles para no invitar. Concretamente, son asusta-invitados.
De Lila Jang
De 1861 united
Escaleras
Creo que a Dalí le hubiesen gustado.
Son unas escaleras “surrealistas” del Museo de Arte de Filadelfia. Foto de Rikard Larma.
Aburrimiento en la oficina
Lo que se puede hacer con clips….
De Pietro D’Angelo.
Un columpio en el que jamás me columpiaría…
Mapa de los lugares más fotografiados del mundo.
Chistes
Son dos letras, americanas, que se saludan…
Un chiste… justificado.
Una hucha.