La Caja de las Palabras (4)

 

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Una figura de negro, encorvada y sentada tras una mesa plegable con un mantelito negro con estrellas plateadas. Lo típico. Esa era la Adivina Palín…Observaba a los demás con atención. Me recordó a un ave rapaz, buscando una presa…

En su recorrido visual de acecho, sus ojos velados por las cataratas se quedaron fijos en los míos. Me estremecí. Ahora me doy cuenta que ese escalofrío que recorrió mi cuerpo desde los pies hasta la punta de mi flequillo, era una señal. Una advertencia a la que hice caso omiso…

Me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Ese fue el principio de todo…Tras pagar cuatro euros, me senté frente a ella. Pude comprobar que era muy anciana y que aquellos ojos, que me habían atemorizado, estaban ciegos. Me tomó de las manos e inmediatamente, antes de que pudiera sentir el contacto de sus dedos huesudos, las retiró como si hubiera sentido una descarga eléctrica.

-. No, no, no– me susurró inquieta- ¿Quién eres?

 -. Soy Ana Sotos- recuerdo que en ese momento pensé que lo más inteligente era dejar allí a la señora y marcharme pero…no me levanté de la mesa.

-. Estás maldita. Sal de aquí.– empujó la mesa plegable con violencia. Yo estaba atónita. ¿Maldita? ¿Maldita, yo? ¿Cómo una señora con un aspecto siniestro, que se dice adivina, podía decirme que estaba maldita y quedarse tan tranquila? Aquello me irritó.

-. ¿Cómo que “maldita”, señora?– le pregunté alzando la voz. –Oiga, le he pagado la tarifa. Me tiene que contestar- frase que finalicé cogiéndole las manos, en el que gesto que ella había iniciado antes de echarme de aquella manera tan extraña.  Cuando contactaron nuestros dedos, sentí la fuerza de un rayo entrando en mi cerebro y oí a la anciana, jadeante: “Suéltame, monstruo! Que la maldición de Palíndro caiga sobre ti!

 Me fui como alma que lleva el diablo. Me reuní con mis amigas en la pista de baile, deseando irme de allí lo antes posible, pero se lo tomaron como una anécdota graciosa del fin de semana. Mientras tanto, la vieja ya más calmada, seguía mirándome desde su ceguera. Me vigiló toda la noche…

Cuando llegue al hotel, busqué en mi iPad “La maldición de Palíndro” pero no encontré nada. Lo que más se acercaba a esa palabra era “Palíndromo”, el nombre del pueblo aunque tenía otro significado: Un palíndromo (del griego palin dromein, volver a ir hacia atrás) es una palabra, número o frase que se lee igual hacia adelante que hacia atrás…

Ojo.

 

La Caja de las Palabras (3)

( viene de aquí)

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No tardaron en llegar. Yo lo oía todo. Como las otras veces…

Primero, los gritos horrorizados de las enfermeras y los pacientes. Después, las corredizas por los pasillos y finalmente, aquellos pasos firmes.

Levanté la vista y vi a los dos guardias de seguridad plantados ante mí. El resto de la tarde, me mantuvieron aislada en una habitación del hospital mientras la policía examinaba la escena del crimen. Revisaron las cintas de vídeo de todas las dependencias y vieron lo que allí pasó y, aun así, no se lo creían. Mi psiquiatra no estaba de guardia y tardaron mucho en contactar con él. Durante más de tres horas, me estuvieron interrogando.

 -. A ver, Ana, ¿No has entrado para nada en la habitación?

 -. No, yo sólo he abierto la puerta para mirar. Me he asustado y he vuelto a la sala de espera. Yo ya le advertí que mis palabras son peligrosas. ¿No lo han visto? ¿No han visto lo que hacen?

 Y es que en la cinta, han visto a una mujer sola en una habitación. Una cuerda que se movía sin nadie que lo hiciera y la ataba. Unos arañazos que aparecían en su cuerpo espontáneamente y, finalmente, la hoja afilada que flotaba-¡Flotaba! ¡Por Dios!- y la rajaba de arriba abajo.

-. Las imágenes se pueden retocar. No sabemos si esa cinta es la original.

Me pidieron que les demostrara lo que hacían mis palabras peligrosas…No pude. Ya había constatado por mis experiencias anteriores que sólo puedo utilizar tres palabras por día. Se lo dije a los agentes y les invité a visitarme al día siguiente. Por cómo se miraron, supe que no me creían. Desesperada, les quise explicar cómo me había pasado esto. Que yo era la víctima inocente de una maldición.

Todo empezó hace unos meses, en la Fiesta Mayor de Palíndromo, un pueblecito en medio de la montaña. Había ido de fin de semana con unas amigas. El sábado por la noche, la fiesta estaba en su máximo apogeo. Una orquesta ocupaba el escenario principal y la gente del pueblo bailaba animadamente. En una esquina de la plaza, había una atracción de una adivina: La Adivina Palín.

Jodida vieja…

La Caja de las Palabras (2)

En Sttorybox me han dejado continuar la historia. Tengo tres likes ( espontáneos) más el de Alberto ( Desafectos) que vale por mil .Gracias!! ; – )

La verdad es que ya no voy a poder dejar la historia. Ya me posee…

La Caja de las Palabras (2)

(viene de aquí…)

story1La enfermera se aleja. En una mano, lleva una bolsa de plástico con todos mis objetos personales. En la otra, sostiene la pequeña caja de cartón con las palabras que he escrito “Ata” y “Arañará”. No cree que esas palabras sean peligrosas. Ella piensa que es un actividad más de una terapia cognitivo-conductual…Como todos…

Pero esas palabras, aparentemente inofensivas, provocan…cosas. Cosas palpables, constatables. Con consecuencias…

¿Y qué no ven con sus propios ojos que esas cosas ocurren de verdad? No lo entiendo. No entiendo nada. Busco mi pequeña libreta en la que he apuntado todas las palabras que sé que pueden provocar los incidentes. Son más de 1900… Me palpo un bolsillo imaginario que ese pijama hospitalario no tiene y me doy cuenta que mi libretita está en la bolsa de los “Objetos personales”.

Inicio una persecución desesperada. ¡Oiga! ¡Oiga, enfermera! Ella se da la vuelta con una expresión de fastidio. Le explico que me he dejado mi preciosa agenda de palabras y me contesta que no puedo tener acceso a ninguna de mis pertenencias. Le insisto. Sigue caminando. Le ruego, sollozo pero ella me aparta de su camino con un empujón. ¿De qué va? Y, entonces, me irrita. Me cabrea muchísimo y…

Perdone, pero me he dejado una palabra peligrosa. ¿Puedo escribirla antes de que se vaya?

 Me tiende la caja, el papel y el boli de mala manera. Vale.

Escribo: “Rajar”.

La enfermera sigue su camino. Abre la puerta de un despacho y desparece.

Me voy a esperar aquí, cerca de esa puerta. No suelen transcurrir más de unos minutos antes de que eso empiece.

Oigo un gritito. Es de sorpresa. Un siseo. Ahora, el grito es de terror.

No me atrevo a mirar pero…No me hace falta. Sé que estará atada. Murmullos desesperados. Seguro que el “Ata” afecta también a su boca en forma de mordaza. Ahora, el sonido estridente e irritante de algo que rasca la puerta : “Arañará”.

La curiosidad me puede. Abro la puerta y veo a la enfermera atada y amordazada, en una silla. Su uniforme, destrozado. Su cuerpo lleno de arañazos profundos. Delante, la caja con mis palabras prohibidas…

Y, entonces, de la nada, aparece una hoja punzante y afilada. Brilla en su camino hacia el cuello de la enfermera. Allí se hunde y con un chasquido, se desliza hasta su pelvis.

“Rajar”.

 Cierro la puerta y desando mis pasos. Me siento en la sala de espera en la que me había dejado la enfermera y espero. Alguien vendrá a por mí…

Empiezo una historia, en una caja de historias…

Me he inscrito en SttoryBox. Así se define : “Sttorybox es una comunidad literaria en la que autores y lectores interactúan desde el comienzo de cada historia .”
Va más o menos así : tienes un espacio limitado (una caja) para el texto que inicia tu historia. Si consigue 3 «Me gusta» de los lectores, puedes continuarla.

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( En esta comunidad soy un Minion ; – )

Me ha parecido una propuesta muy interesante y un reto , así que he empezado una historia…

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 La caja de las Palabras (1)

 Me ha dado una caja para poner mis palabras…

Primero, me ha pedido que me sacara toda mi ropa y me ha dado este extraño uniforme… ¿O es un pijama? No lo sé. Aún estoy muy confusa…Después, las joyas y los objetos personales. No llevaba demasiado conmigo, todo lo “personal” había desaparecido en el incidente con el oso. La enfermera ha recogido mis escasos bienes y me ha dado una caja.

-. Ponga aquí todas sus palabras peligrosas.

 ¿Todas? Esta mujer no sabe lo que dice. Y no sabe a lo que se enfrenta si pronuncio o escribo cualquiera de esas palabras. Ellos, todos, creen que estoy loca . Lo sé. ¿Qué ponga las palabras en la caja? ¿Cómo voy a poner palabras en una caja? ¿Eh?

-. ¿Y cómo las voy a poner ahí, si no las escribo?

 -. Escríbalas.

 -. ¿Sabe lo que me está pidiendo, verdad?

-.Por supuesto. Las palabras peligrosas, por favor. Dese prisa.

 Miro la caja. Dentro hay unos folios y un bolígrafo Bic , de esos de toda la vida, con capuchón azul.

-. Mire, esto es muy arriesgado- le insisto en el tema- No me gustaría tener ninguna responsabilidad si…-Me interrumpe. Está nerviosa, lo noto.

 -.Vale, vale. Déjese de charlas y, por favor, ponga aquí todas sus palabras peligrosas.

Supongo que es el protocolo médico que le han indicado para mi caso y entiendo que no tenga en consideración mis palabras. Cree que estoy zumbada..

Tengo un poco de prisa. Hay otros pacientes esperando. ¿Hace el favor de poner aquí, en esta caja, sus palabras peligrosas?- Definitivamente, esta tía es una estúpida. Hay formas de decir las cosas. Hay muchas palabras que escoger y ya que esto va de palabras, voy a poner una en la caja. Sólo una. Se merece que le den una lección.

Cojo una de las hojas en blanco y el boli. Escribo: “Ata”Arañará” y no escribo “Rajar” porque sé que, en el fondo, es normal que no me crea… NI a mí, ni a mis palabras peligrosas…

Dejo la hoja en la caja y se la entrego.

Y espero.

Espero pacientemente. Sin que los nervios que circulan, en todos los sentidos, en el interior de mi estómago se hagan evidentes.

Espero.

Espero que lea esas dos palabras que están en mi caja…

 

(To be continued …Espero…)

 

 

 

 

 

La peor escena de sexo que se ha escrito …

Desde 1993 , la revista Literary Review entrega el premio a La Peor Escena de Sexo de entre todas las que se publican en las novelas del año en ( «ficción moderna», siempre y cuando no se trate de escritos «pornográficos» o bien «expresamente eróticos»).Buscan la redundancia, la pobreza literaria, la comicidad, el absurdo. Son los Bad Sex Awards.

Escribir «Sexo» no es fácil. A veces, hay que escribir fuerte y otras, mucho más suave. A veces puedes ser excesivamente chabacano y otras demasiado azucarado-happy-flower. Es difícil encontrar el equilibrio y el tono adecuado. Y el clima. Y la oportunidad…

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Es por eso que, autores consagrados como Tom Wolfe ( Edición Bad Sex Awards 2103) se caen de la cuerda floja con cosas como esta : “Ahora su gran jinete sexual estaba encima de su silla de montar pélvica, cabalgando, cabalgando, cabalgando”. (El regreso a la sangre).

Este año, el primer premio se lo han concedido al escritor nigeriano Ben Okri , ganador de un Booker Price ,por la siguiente escena : “Cuando su mano rozó su pezón, activó un interruptor y ella se encendió. Él tocó su vientre y su mano parecía arder a través de ella” (The age of magic). Entre los diez nominados de esta edición, estaba uno de los recientes aspirantes al Nobel de Literatura, el japonés Haruki Murakami, por un pasaje de su novela más reciente, : “Su vello púbico estaba tan húmedo como una selva tropical” (El descolorido Tsukuru Tazaki y sus años de peregrinación.)

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El año pasado, el premio a la peor escena de sexo en la literatura fue para el matemático y escritor indio Manil Suri.“Las supernovas explotaron en ese instante, en algún lugar, en alguna galaxia. La cabaña desaparece y con ella el mar y la arena, solo el cuerpo de Karun, engarzado con el mío, permanece. Volamos desnudos como superhéroes que rebasan soles y sistemas solares, nos zambullimos a través de bancos de quarks y núcleos atómicos. Los estadistas del mundo se regocijan con la celebración de nuestro gran paso adelante, de nuestro hito”.

Ahí lo dejo.

 

Impactos publicitarios

Hay veces que los publicistas se arriesgan mucho. Es posible que elijan, con toda su consciencia brillante y creativa, un camino concreto basado en la provocación, el mal gusto o la malasombra para captar nuestra atención. Eso o simplemente, no tenían un buen día.

Parecer más viable la primera opción. Tienen que buscar la forma de destacar en la jungla del impacto publicitario: 3.000 impactos al día es la media que recibe una persona. De estos 3.000 se procesan alrededor de unos 75 y se recuerdan 3 o 4 a lo sumo… O lo haces muy bien o lo haces muy mal para estar en ese pódium de los ganadores…

He elegido algunos ( no son de lo peor) de lo que considero “el anuncio malasombra”. No sé si los procesaré o si los recordaré en el futuro pero se han ganado un lugar en este post .

La marca de café que te da un tortazo matinal. Para que quede claro el efecto del producto, nada mejor que alguien en sus mejores sueños, a punto de ser atacado…Evocador.

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Algunos que pretenden despertarnos el apetito…

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PUBLISHED by catsmob.com

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Hay que alimentar bien a nuestras mascotas. Si no se hace, hay un riesgo. Esto mismo en versión a) malasombra

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Y b) humorística ( eso sí)

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Después está lo de los pelos en la nariz.

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O este Dossier de Prensa…

panteneenvelopeMás de animales. Esta marca deportiva no se preguntó ¿Qué es esto, por Dios?

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Nunca se sabe si uno está delante de una sequía de ideas o de una idea ( que se cree uno) brillante ( y con cabezonería, hasta el final) . También hay quien,  ante este dilema, lo que hace es “inspirarse” en el trabajo de otros…

El secreto de la creatividad es saber cómo esconder tus fuentes». Dicen que esta es una frase de A.Einstein y resulta que hay un blogger francés que se la ha tomado en serio y está empeñado en destapar todas esas fuentes. Desde 1999, Joe Lapompe, es el justiciero de la creatividad.

lapompe

Estos son algunos de los plagios que muestra en su blog.

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Y para compensar, dos buenos anuncios.

buenos

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NB : Por cierto, ¿Qué anuncios recordáis , ahora mismo, a voz de pronto? Yo el de Trivago… ; – )

trivago

Feliz Miércoles, 14

Cuando me diagnosticaron Trezidavomartiofobia, me asusté muchísimo. ¿Trezidavomartifobia? ¿Yo? Es verdad que tengo antecedentes familiares y que había una posibilidad pero… No sé. No me veía yo enferma de esas cosas…

Siempre he sido muy racional, muy empírica. No hay ningún dato científico que respalde que un gato negro que se cruce en mi camino, va a ser portador de mala suerte, así que nunca me he preocupado por eso. Que cruce. Tampoco me importa pasar por debajo de una escalera, abrir un paraguas en casa o que se me rompa un espejo…

Toda esa seguridad pragmática se evapora cuando llega el “Martes,13”. Me muero de miedo. No me caso, no me embarco y me quedo encerrada en casa por si las moscas…

He estado investigando sobre mi enfermedad y he descubierto algo sorprendente. Es una teoría más esotérica de lo que debería pero, tras cinco años de pruebas objetivas, tengo que admitir que los hechos la refutan. Se basa en la balanza del bien y del mal. En el karma positivo y el karma negativo. En el Ying y en el Yang. Es la teoría de la compensación del “Martes, 13.”

Tras el “Martes, 13” llega el “Miércoles, 14”. Un día compensatorio. Sin problemas. Fluido. Feliz.

Lo he comprobado utilizándome a mí misma como sujeto experimental pero también he accedido a otros testimonios que confirman mi teoría. Ya tengo cuatro “Miércoles, 14” en mi haber, testados y refutados. Reconciliaciones, regalos, buenas noticias, buenos momentos, buenas experiencias…

Quiero hacer público este mensaje para que todos los afectados por Trezidavomartiofobia, puedan disfrutar de este día de compensación. También los que no la sufren.

Un buen día no se debe dejar escapar bajo ningún concepto.

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La camiseta que trababa el cajón…

¿Qué por qué estoy en Nueva York? ¿Qué por qué no he avisado a nadie? Ya, ya, entiendo que os preocuparais. Pensaba llamaros hoy, de verdad. No, no es por el trabajo. Sólo placer. Estaré una semana, de turismo. ¿Una locura? ¿Por qué dices eso? Es verdad que ha sido un impulso pero tenía una semana de vacaciones y mi paga extra… ¿Qué estoy rara? De eso nada. Estoy mejor que nunca ¿Y sabes que llevo puesto? ¡Una camiseta de hace 20 años! La encontré por casualidad y aún me queda bien. ¿Qué por qué te estoy contando lo de la camiseta?

…….

Camiseta

Llevaba unos días queriendo meter mano a esos cajones… A una le entran las ganas de “ordenar” , de forma un tanto compulsiva, cuando sufre un aviso (¡Qué vengo!) de un ataque de ansiedad. El orden y concierto surte efecto de bálsamo en el ánimo bajo: sacar ropa, clasificar, seleccionar, tirar (o hacer-ver-que-tiras algo-pero-no) , plegar y ordenar…

Estoy pasando una mala racha. Una de esas en las que no encuentras una brizna de ilusión en el camino. Un período negro y triste… Mi casa está más ordenada que nunca a excepción de esos cajones.

Los cajones pertenecen a un mueble bajo que configura, junto con las mesillas de noche, mi dormitorio. Son cajones de indeterminaciones. De varios. De no-sé-dónde-ponerlo…

Odio –especialmente-ese mueble cajonero. El cajón intermedio hace años que no cierra bien y de tanto en cuanto, me golpeo la espinilla con él saliente.

Durante mucho tiempo, he sido consciente que allí había algo que trababa el camino hacia el cierre total. Las veces que he intentado sacar el cajón maldito, me ha sido imposible. No es como los de la cocina que sólo tienes que levantarlos un poquito para que salgan de sus rieles… Estos, no. Son inamovibles y mi mano no llega a ese fondo inhóspito del cajón…

Cuando he consultado a otros (que saben más que yo de cajones) me han dicho que la única forma para eliminar “la traba” cajonera, era sacar la lámina de madera que compone la parte trasera del mueble…

Hace un par de días, inicié el proceso de ordenamiento terapéutico de esa zona. En el primer cajón, encontré muestras de jaboncitos de hoteles, un antifaz para dormir que no me he puesto jamás, bolígrafos, dos monederos antiguos, un par de pañuelos… En el segundo cajón descubrí todos los calcetines de deporte que no encuentro nunca y que me obliga a comprarme nuevos calcetines de deporte en un ciclo continuo. Y en el último cajón, lencería compleja ( lacitos, transparencias, brocados y alguna indecencia). Ordené, ordené y ordené y dejé mis cajones inmaculados aunque…el cajón intermedio seguía sin poder cerrarse. Y aunque llevaba casi toda mi existencia consciente del cajón semi-abierto , en ese momento eso me irritó muchísimo.

Fui a por el kit de herramientas y con mucha paciencia(y por mis cajones), saqué la pieza trasera. Al desplazar la madera, descubrí por qué aquel cajón no se cerraba. De un color gris como las motas de polvo que lo envolvía, había un fardo de algo de algodón que algún día había sido blanco. Lo saqué y lo lancé hacia una esquina. Limpié el mueble y puse de nuevo la pieza. El momento en el que cerré el cajón definitivamente, lo podría clasificar de altamente satisfactorio. Lo abrí y lo cerré varias veces, deleitándome con la perfección del encaje…Una gozada…

Cuando recogí aquella bola deforme de ropa y la extendí para ver que era, descubrí mi camiseta-amuleto. Una sencilla camiseta de tirantes de canalé de algodón blanco. Iba conmigo…Esa prenda básica se convirtió en mi fetiche. Me servía para todo: debajo de una americana o de una camisa mona, a cuerpo, con el pareo y si la llevaba sin sujetador, era la prenda más erótica del mundo. Llegué a convencerme que me daba suerte y viajó conmigo en las mudanzas y en las aventuras de la vida. Siempre controlada. Siempre a mi vera por sí…

La camiseta me hacía recordar : los exámenes en la Facultad, el día del concierto de los Rolling Stones, el sexo de la juventud, mi primera entrevista de trabajo, aquel fin de semana tan especial, …Fueron años. Fueron muchas cosas. Recuerdos que llovían sobre mí con la intensidad de aquellos días, que me hacían sentir la energía de entonces… Y esa, era yo. La misma “yo” que, ahora, ordenaba los cajones compulsivamente.

Mientras sostenía en mis manos aquella cosa llena de polvo, me di cuenta de algo trascendental.

¿Cuándo había dejado de buscar mi camiseta? ¿En qué momento no me importó saber dónde estaba? ¿Cuándo había renunciado a la ilusión?

La lavé con un programa para ropa delicada y dosis extra de suavizante. Cuando la saqué de la secadora, reconocí el tacto suave de una prenda bien gastada. Me la probé y descubrí que aún me quedaba fenomenal.

Después, me senté delante del ordenador y busqué el viaje a Nueva York.

 

Píldoras para el lunes…

Para un lunes ( yo soy de ese grupo de población que le tiene un poco de yuyu), nada mejor que unas Píldoras de Lunes.Ayudan…

Siempre, un chiste de Borralapizarra para empezar.

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Algo sorprendente. Dices , ¡Qué bonita esta botella de madera!

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Y debería decir ¡Qué bonita esta  botella de lápices!

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De Studio Markunpoika

Cuadro

Esta obra de José Ballester, recrea la escena de un famoso cuadro pero sin sus personajes. Totalmente vacío…

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¿Y cómo creéis que han hecho este dibujo de la Torre Eiffel?

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Así, con ruedas de bici…

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De Thomas Yang

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Esto es de cosecha propia…Los de la pizarra,inspiran.

Estás viendo exactamente 1000 colores…

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puzle1Puzle de Clemens Habicht ( para muy expertos)

Y acabo con otra viñeta de esas geniales…

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Pues eso, ¡Feliz Lunes! ; – )

Gastroruptura.

Esta es un ruptura sentimental cocinada con : berenjenas,  huevos, calabazas, rábanos, arroz, pan ,uva ,naranjas , cebollas, espárragos, queso, leche, tomates, peras, bacalao, gallina, garbanzos, castañas, miel, chocolate, queso, nueces, morcillas, jamón vino, ajos y pimientos.

Es una Gastroruptura.

GASTRORUPTURA

Lo miro fijamente y pienso que lo mejor es no meterse en este berenjenal. Tengo que salir por esa puerta con un poco de dignidad .Me ha costado un huevo decirle que ya no lo quiero, que le doy calabazas, que me importa un rábano…

Al principio, he creído que iba a ser rápido. Una conversación civilizada, cortita pero… ¿No querías arroz?, Pues toma dos tazas.  No sólo no ha sido rápido…Ha sido difícil. ¡Y pensar que creía que iba a ser pan comido!…No he tenido en cuenta que él se iba a poner de mala uva cuando le dijera que no era mi media naranja  y eso es, exactamente,  lo que ha pasado. Mira que lo he fulminado con la mirada y lo he mandado a freír espárragos para acabar con celeridad la escenita pero aquí estamos. A pan duro, diento agudo.

¡Uf! Está como un queso…Qué raro…En medio de una ruptura dramática y estoy pensando que cuando lo veo así, enfadado, es cuando más me gusta. Un poco de mala leche le va bien a ese carácter de trozo de pan… Es uno de esos hombres que se ponen como un tomate cuando le pides peras al olmo…Dulce como la miel… ¡No! Debo olvidar todo y centrarme en cortar el bacalao. Es muy atractivo, sí, pero… Mucho ruido y pocas nueces…

Las cosas claras y el chocolate espeso.

Lo miro por última vez y le digo: Nos van a dar las uvas aquí y no hay nada más que hablar. Lo de “Contigo pan y cebolla “no funciona. Yo necesito a alguien que se gane los garbanzos, que me saque las castañas del fuego.

No hay vuelta atrás. Ya lleva demasiado tiempo viviendo de la sopa boba, dejando que se me pase el arroz . Siempre preocupada porque soy del año de la pera y él… Él no… Es el momento de llamar al pan, pan y al vino, vino. A estas alturas de la vida, no me las van a dar con queso.

-No lo entiendo. ¿Qué importa la diferencia de edad? Gallina vieja da buen caldo y yo te quiero un huevo, me dice él.

¿Gallin…? respiro, inspiro, respiro, inspiro y cuando me recupero de la furia que me invade le grito– ¿Gallina vieja? Qué te den morcillas! Me voy dando un portazo. A lo lejos, oigo que dice- Quien se pica, ajos come.

Y no puedo evitarlo. Yo soy la que pronuncia la última palabra.

-Me importa un pimiento.