La Caja de las Palabras (4)

 

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Una figura de negro, encorvada y sentada tras una mesa plegable con un mantelito negro con estrellas plateadas. Lo típico. Esa era la Adivina Palín…Observaba a los demás con atención. Me recordó a un ave rapaz, buscando una presa…

En su recorrido visual de acecho, sus ojos velados por las cataratas se quedaron fijos en los míos. Me estremecí. Ahora me doy cuenta que ese escalofrío que recorrió mi cuerpo desde los pies hasta la punta de mi flequillo, era una señal. Una advertencia a la que hice caso omiso…

Me hizo un gesto con la mano para que me acercara. Ese fue el principio de todo…Tras pagar cuatro euros, me senté frente a ella. Pude comprobar que era muy anciana y que aquellos ojos, que me habían atemorizado, estaban ciegos. Me tomó de las manos e inmediatamente, antes de que pudiera sentir el contacto de sus dedos huesudos, las retiró como si hubiera sentido una descarga eléctrica.

-. No, no, no– me susurró inquieta- ¿Quién eres?

 -. Soy Ana Sotos- recuerdo que en ese momento pensé que lo más inteligente era dejar allí a la señora y marcharme pero…no me levanté de la mesa.

-. Estás maldita. Sal de aquí.– empujó la mesa plegable con violencia. Yo estaba atónita. ¿Maldita? ¿Maldita, yo? ¿Cómo una señora con un aspecto siniestro, que se dice adivina, podía decirme que estaba maldita y quedarse tan tranquila? Aquello me irritó.

-. ¿Cómo que “maldita”, señora?– le pregunté alzando la voz. –Oiga, le he pagado la tarifa. Me tiene que contestar- frase que finalicé cogiéndole las manos, en el que gesto que ella había iniciado antes de echarme de aquella manera tan extraña.  Cuando contactaron nuestros dedos, sentí la fuerza de un rayo entrando en mi cerebro y oí a la anciana, jadeante: “Suéltame, monstruo! Que la maldición de Palíndro caiga sobre ti!

 Me fui como alma que lleva el diablo. Me reuní con mis amigas en la pista de baile, deseando irme de allí lo antes posible, pero se lo tomaron como una anécdota graciosa del fin de semana. Mientras tanto, la vieja ya más calmada, seguía mirándome desde su ceguera. Me vigiló toda la noche…

Cuando llegue al hotel, busqué en mi iPad “La maldición de Palíndro” pero no encontré nada. Lo que más se acercaba a esa palabra era “Palíndromo”, el nombre del pueblo aunque tenía otro significado: Un palíndromo (del griego palin dromein, volver a ir hacia atrás) es una palabra, número o frase que se lee igual hacia adelante que hacia atrás…

Ojo.

 

11 pensamientos en “La Caja de las Palabras (4)

  1. Pues guapita, ahora me doy cuenta que…ata. arañara y rajar… son eso palindromos! bueno… suma y sigue?… ala…otro palindromo, xupate esa!
    Un abrazo, no muy fuerte, pues me tienes en vilo y de momento no quiero muchas confianzas…

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