Estas son las últimas fotografía que he colgado en mi perfil de Unsplash.

La sal tuvo mucha importancia durante la Edad Media. Se le consideraba “oro blanco “ya que era imprescindible para la conservación de los alimentos. En Ibiza y Formentera, antes de la llegada del turismo, la economía de subsistencia estaba ligada a los ingresos que produjeran las salinas. Se sabe que empezaron a funcionar en el S. XI.
La sal que se obtiene de estos parajes es de una calidad exquisita y de difícil reproducción en otras salinas del mundo. Primero, por el Mediterráneo con su alto nivel de salinidad. Esa es la base.
Después, y muy, muy importante, por la posidonia. Esa magnífica alga que habita los fondos marinos de Formentera hace ya más de 100.000 años y que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Ella es la principal responsable de la oxigenación del agua y de que la composición química resultante sea equilibrada y rica.
Una sal marina que contiene todos los minerales y oligoelementos del mar.
Una sal única en el planeta.
Curiosidad : Las salinas siempre han estado en el centro de los movimientos económicos, sociales y obreros La palabra «salario» proviene justamente de la actividad salinera.
Hoy, día 3 de junio es el Día Mundial de la Bicicleta. Es una fecha destinada a promover el uso de la bicicleta como un medio de transporte sostenible y saludable, pero a mí me evoca más cosas.

Foto de Isaac Quesada en Unsplash
En casa siempre ha habido bicicletas y no solo las de la infancia y las de paseo. Nuestros mayores, los que ya no están, eran de esos aficionados al ciclismo de carretera y, en especial, al de las costas. Eso era, hacerse la costa de Garraf, unos 25 Km de curvas de cara al mar, ida y vuelta, para acabar en un chiringuito en la playa, donde la familia esperaba para comer una paella.
Foto de Yaopey Yong en Unsplash
Las bicis bien cuidadas, ellos ataviados con todo el equipo reglamentario. Ese buen comer después del palizón. La playa, los primos y amigos, aquel helado genial de corte de tres sabores, para después seguir jugando en la arena.

Barra de tres sabores de la Jijonenca. Le falta la galleta.
Hoy es un buen día para capturar esos recuerdos felices.
Feliz Día!
Foto de Ramiro Pianarosa en Unsplash
Es el café pendiente.
Foto de Annie Spratt en Unsplash
Tradición napolitana que empezó durante la II Guerra Mundial: un café que dejas pagado con antelación para otra persona que no pueda permitírselo.
Hace unas semanas, en un bar de barrio en el que hacen unos bocadillos de tortilla increíbles, dejé un desayuno sospeso. Había una mujer mayor, contando las monedas para pagar dos croissants minis y un café con leche en vaso de cristal y muy calentito. No sé por qué, pero cuando fui a pagar mi cuenta, le dije al camarero que me cobrara un par de croissants minis y un café con leche en vaso de cristal y que se lo ofreciera a la mañana siguiente a cualquier cliente que considerara que podía venirle bien.
Foto de Andrew Valdivia en Unsplash
Es un pequeño acto anónimo de solidaridad, minúsculo, pero que aporta una gran satisfacción, enorme, para el que deja el caffé sospeso. Hay algo de egoísmo en esa sensación, porque es muy buena para lo poco que has hecho, pero, también hay un efecto secundario: tiendes a repetir y vas dejando por ahí, aunque solo sea en un café, un poco de positividad, que falta que hace.
Y después, lo explicas. O lo escribes en tu blog.
Y animas a probarlo, porque esto del café pendiente, tiene un efecto de contagio maravilloso.

Foto de Kanwardeep Kaur en Unsplash
Este mundo de hoy no es viable.

He dudado entre dos variades de limones: el Interdonato y el Amalfitano sfusato. Finalmente, creo que es el que proviene de la costa de Amalfi por su tamaño y sus características.

La corteza es gruesa y protege su interior por lo que es muy rico en aceites esenciales. Con este tipo de limón se elabora el típico licor de la zona, el limoncello.
Muy diferentes pero bonitos y aromáticos. Viven todos juntos, en el mismo árbol y sin ningún problema.

Un alegato a la diversidad . Hay que aprender del limonero…
Leo las normas del juego. Creo que es la tercera vez que lo hago sin enterarme bien de lo que pone pero es que ya con la primera frase , me he quedado bloqueado.
Algunas de las sillas, son trampas mortales. Si te sientas ahí, si apoyas tu culo en esa superficie:¡Plof! , mueres. Esta es la parte en la que se anula mi comprensión lectora y dejo de entender el resto. ¿Mueres? ¿Otra vez?¿Y cómo?
Presto más atención y me concentro…Bueno. Esto ya me tranquiliza más. Tampoco es que tengas un final sangriento o de lenta agonía. No. Si ya has pasado por eso una vez, sería de mal gusto repetirlo. No. Es rápido. Podía decirse que te desintegras en segundos. Desapareces de un plumazo aunque en este caso, sea más propio decir » de un sillazo».
¡Plof! Me desconcierta ese ruidito tan tenue. Ya lo he oído un par de veces desde que estoy aquí. Las personas que comparten conmigo la sala de espera, me informan que el ¡Plof! es malo. Lo bueno, es el silencio.
¡Plof! es sinónimo de fin.
Lo vuelvo a oír. Me gustaría poder decir , estando donde estoy, que oigo una onomatopeya más digna pero es un claro ¡Plof ¡ Pienso en la chica rubia que acaba de entrar en la sala de las sillas. ¿Será ella la que ha hecho ¡Plof!?
Hay mucha gente…Cientos, miles de personas, esperando para jugar a la silla. Las reglas son muy básicas: si eliges bien tu silla ,te toca “cielo”. Si no lo haces, despareces. Te borran del universo, vamos. Y lo hacen, con ese ¡Plof!
Parecerá que es malo pero así, te ahorras la posibilidad de “ infierno”. O todo o nada. Efectos de la crisis que, por lo que se ve, es literalmente sobrenatural y ha llegado también hasta aquí.
Ya casi es mi turno…¿Quién iba a imaginar esto?…
Lo del overbooking del infierno, eso, ya lo sabíamos todos pero…¿Numerus Clausus en el Cielo?…
Oigo mi nombre.
Ya se me ha vuelto a caer. Ahí la veo, a mis pies.
Me pasa cada mañana y empieza a ser crónico.
Me despierto más o menos contenta ( eso depende del número de horas que he dormido y la calidad de esas horas), me preparo con un café con leche increíble que me espabila con el aroma y abro la puerta de casa para dirigirme al buzón.
Si todo ha ido bien (últimamente, los del reparto van un poco locos) tengo la prensa matinal, calentita o fresquita (depende de la estación). Mientras realizo todo este proceso matinal, aún no se me ha caído…
Me siento en la mesa de la cocina.. El olor a papel y tinta me reconforta…Si analizo la secuencia de acciones, puedo constatar que aún no se me ha caído.
Entonces, llega el momento. Me detengo en la portada .
Ya me está bajando hacia el estómago cuando llego a la sección de Internacional. Las fotos de unos niños . Guerra. Guerras. Un bombardeo. Escudos humanos. Niños. Niños.
Siento como se desliza por mis piernas y llega a mis pies .
Siento que se me escapa…
Hace ese ¡Plof! atenuado y la veo.
Ahora mismo, no tengo alma. Se me ha caído a los pies…
Me agacho y la recojo.
Debo recordar comprar más tiritas aunque sé que no sirven de nada. Somos muchos , la mayoría, a los que se nos ha caído el alma a los pies pero parece que no nos ven. O no nos quieren ver.
Mientras tanto, la empresa que vende las tiritas se está haciendo de oro…

Hace un tiempo, recibí un mail con un bello poema de Víctor Hugo, el escritor del romanticismo francés del Siglo XIX. Lo guardé, por aquello de que algún día lo podría utilizar para el blog …
Aquí tenéis un fragmento del poema «Te Deseo”:
Te deseo primero que ames,
y que, amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que, si es,
sepas ser sin desesperar.
.
Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.
.
Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que, entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro. (…)
Si tecleáis en Google, «Te Deseo Víctor Hugo», encontraréis multitud de entradas reproduciendo este poema. Pues NO es de Víctor Hugo. Su autor es Sérgio Jockyman, poeta y periodista brasileño.
Este es uno de los tantos poemas apócrifos (la autoría se atribuye a alguien que no es su autor) que circulan por Internet. Otro: «Queda Prohibido».
Queda prohibido llorar sin aprender
levantarme un día sin saber qué hacer,
tener miedo a mis recuerdos
sentirme solo alguna vez.
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quiero,
abandonarlo todo por tener miedo,
no convertir en realidad mis sueños. (…)
Podría ser de Pablo Neruda, pero es de un joven poeta vasco que lo publicó en el 2001. Hay que reivindicarlo: Alfredo Cuervo Barrero escribió el poema «Queda Prohibido».
No queda ahí la cosa: El «Instantes» de Borges es de Nadine Strain; «La Marioneta » de García Márquez es de Johnny Welch, El «Quien muere» de Neruda es de Martha Madeiros… Por haber «Apócrifos”, hay hasta Evangelios…
Hoy, reivindicando la verdadera autoría de estos poemas, me he tomado la justicia por mi mano. Justicia poética…
Hay que poner un poco de humor para crear un oasis…
Ojalá esto se haga realidad. Tendríamos menos problemas.

También son parte de este oasis, estos carteles muy, muy simples pero que consiguen una sonrisa.
Respuesta de unos vecinos a los que se les han estrellado varios coches en su casa. Más efectivo que una señal de 30 Km /h…
Las apariencias engañan…

Y, finalmente, dos de ese tipo de chiste para reflexionar…

