Estoy reciclando bastidores antiguos, preparando las bases con acabados de pintura de pizarra y pegando cosas que parece ser la tendencia artística que últimamente, me domina.
En mi caja de “cosas para pegar” en la que acumulo cosas que creo que algún día me servirán para mis cuadros, había unas cuentas de unos collares que se me rompieron. Son círculos de plata y de nácar .
No están puestos ahí aleatoriamente -aunque tapar desperfectos del lienzo me ha obligado a hacer algunos cambios estratégicos respecto a lo que yo tenía en mente- sino que representan a la familia.
Hay quien solo verá unas formas circulares, pegadas con más o menos fortuna, pero yo veo diferentes formas de familia, familias que tengo. Familias que quiero.
Me entero de que la noche del 13 al 14 de Diciembre hay la lluvia de Las Gemínidas. Dicen los que saben que, en un entorno poco luminoso, se podían ver bastante bien porque la cosa iba de 120 meteoros/hora. El momento de máxima irradiación era a partir de las dos de la madrugada, pero antes ya se podían observar… A las 12 de la noche, aprovecho que la farola de mi calle se ha puesto en modo intermitente y , después, se ha fundido definitivamente para ubicarme en una zona oscura. Es una calle tranquila y apenas pasan coches así que me planto allí y alzo el rostro. La luna está preciosa e ilumina mi teórica oscuridad, pero veo estrellas. Alguna de las habituales.
Pasa un rato que , a mi cuello se le hace eterno y, nada de nada. Ya en casa, lo vuelvo a intentar. Ni una triste Gemínida y rigidez cervical…
Coloco un adorno en el picaporte de la puerta exterior. Es una estrella roja preciosa, de mimbre envejecido. Voy a buscar la cámara de fotos porque quiero que la veáis en el blog. Me llaman por teléfono y me demoro unos diez minutos en salir de nuevo.
No hay foto porque ya no tengo estrella en la puerta de casa.
Decorará otro sitio con estilo y, mira, hasta me alegro. Supongo que , a quién la cogió, le gustaría muchísimo. Es un regalo de mi puerta a ese humano.
Me gusta la que está en molinillos para poder molerla al momento. Hace ya un par de semanas que la acabé. En la cocina, siempre hay una libretita para apuntar lo que me falta para la lista de la compra. Lo apunté, pero en esa misma hoja, también anoté un teléfono y la arranqué de la libreta. Fui creando una nueva lista en la que no estaba la pimienta negra y, por lo tanto, no la compré.
En el momento de sazonar unas berenjenas recuerdo que no tengo pimienta negra. No es un drama, pero las berenjenas no son lo mismo, aunque les haya añadido una picadita de ajo y perejil.
Vuelvo a apuntarlo y vuelvo a perder la hojita mágica de mis “faltas” gastronómicas. Esta vez, para apuntar planta, despacho y nombre de la enfermera que le va a poner la tercera dosis de la vacuna a mi madre y como no es la habitual, lo apuntó allí, en la primera hoja. La de la pimienta negra.
La vuelvo a echar de menos para unas alcachofas al horno. En la libreta, toda la página está ocupada por la “PIMIENTA NEGRA” para el próximo día de compra, pero , unos días antes, estoy en un pequeño supermercado de forma improvisada y me acuerdo ( ¡bravo!). Cuando llego a la estantería , no hay. No hay. No hay. No me lo puedo creer. Sólo hay pimienta blanca…
Casi un mes después, haciendo caso omiso al universo por si me quería decir algo con estas señales, tengo dos molinillos en mi despensa y un frasco de pimienta molida , por si acaso.
Yo quiero pensar que es un menhir (del bretón “men”= piedra, “hir” = larga), colocado por nuestros ancestros hace miles de años. Su función podría ser marcar los territorios de las tribus o familias, o lugares para conmemoraciones o rituales a la luz de la luna.
Esta pedra dreta se ha quedado aislada ,dentro de un plan urbanístico del humano contemporáneo. Me dicen que esta piedra vertical, en el Alt Empordà, era como un GPS para los pastores: una herramienta de ubicación para trazar sus pasos trashumantes.
Ahora, es ornamental . Por ahí ya no pasan rebaños, ni pastores.
Ya forma parte del paisaje urbano, pero por lo menos , la han dejado. Estaré atenta y si estoy en la zona en una noche de luna llena, iré a cotillear.
No sea que sea un menhir mágico, aunque tenga su acera y una farola…
Aunque a estas alturas, todos sabemos lo que hay y lo que no hay que hacer , para protegernos y proteger contra el COVID, no está de más invocar a la Tía Pruden para que nos acompañe estos días de puente festivo en toda España.
El año pasado no había vacunas y estábamos peor. Vale la pena recordarlo : 1) para disfrutar que todo va mejor y 2) para no desviar esta tendencia positiva respecto al 2020.
La Tía Pruden – que te la puedes imaginar como quieras- es esa voz responsable que te recordará las normas conocidas : mascarilla, distancia social, higiene de manos, cuidado que aquí hay mucha gente , ventilación,…
Esa pregunta trascendental, se sigue haciendo a todos los niños y niñas desde tiempos inmemoriales…
Hay quien proclama a los cuatro vientos que será aventurero. O médico. O arquitecta. O. abogado. O domadora de elefantes… Incluso hay quien responde que le gustaría ser un genio…
Mi madre era fan de John Lennon y siempre me leía una cita que atribuyen al artista.
Así que, supongo, que, por una programación mental iniciada desde niño, yo tenía claro que lo que quería ser de mayor era… feliz.
Pero, me temo que va a ser imposible. He analizado los programas de todas Universidades que imparten la Licenciatura de la Felicidad y he buscado la forma de hacer menos créditos por año para reducir la matrícula: quitar la asignatura de Los Placeres Sencillos de la Vida, la del Diálogo y la Empatía, y la del Valor Material vs al Valor Espiritual, pero… he pedido becas, he solicitado financiación en varios bancos y todo, todo me ha sido denegado.
He decidido, que, en base a mis opciones, voy a ser escritor.
Finalmente, el que juega con las cuerdas del universo a su antojo, (llamadlo “El Hacedor”, “Dios”, “molécula de inteligencia suprema” o “alienígena juguetón”) ha decidido hacer un Copiar y Pegar de las mejores tramas de ciencia ficción que nuestros autores han inventado y está preparando un final apoteósico para la humanidad.
Ya se ha cansado: demasiados capítulos de una serie en la que la historia se va repitiendo. No interesa. No sorprende. No hay renovación para una próxima temporada. Se siente.
Así que ha unido todas las tramas ya conocidas: la devastación de los recursos de la tierra; la escasez de suministros; el cambio climático que ya es imparable; una pandemia mundial que ponga en jaque al planeta; desigualdades sociales que movilicen a la población y desestabilicen el sistema conocido y, finalmente, el impacto de un asteroide.
Esto del asteroide tampoco es nuevo. Está dentro de las posibilidades naturales de extinción de la vida en un planeta. Si no, que se lo digan a los pobres dinos que ahora forman parte de nuestros combustibles fósiles. Eso sí, la NASA ya está ensayando como desviar uno. Por si acaso…
Total, que el autor de nuestro apocalipsis podía haber sido más original. No sé: hacernos habitar en un mundo de nubes blancas y arcoíris luminosos, donde todos vivimos en armonía, felices y contentos. Dónde no falte de nada: de lo material y lo más importante, del amor y del afecto. Y en ese estado de bienestar, ajenos a lo que no controlamos y no podemos controlar, que llegue el pedrusco e impacte creando un precioso espectáculo de fuegos artificiales.
Hace más o menos un año (23/11/2020), en este blog , publicaba la fotografía de la luna en fase de cuarto creciente. En el texto que acompañaba las fotos, narraba que había confinamiento perimetral municipal y toque de queda a las 22:00 h. Se hablaban de las “prometedoras” vacunas que se estaban desarrollando.
“Retrospectiva” hace referencia a “observar hacia atrás”.
Hoy, doce meses después, he fotografiado la luna llena que ha tocado el día 19. No hay confinamientos generalizados, ni toques de queda y la campaña de vacunación ha sido un éxito.
Cuando nos quejamos de lo que supone seguir viviendo en un periodo pandémico, aunque más controlado, vale la pena lo de la “Retrospectiva” . Hay que recordar de dónde venimos, tanto para no repetir errores como para congratularnos del hoy.