Sentimientos encontrados.

Si me lo preguntara, le contestaría que no. No cogería una bolsa de una de mis tiendas favoritas que estaba allí, en el hueco de un árbol, como si alguien la hubiese olvidado.

Le diría que no me acerqué como por casualidad, y que no vi que la bolsa estaba nueva, nuevísima, y que dentro había un paquete, nuevo también, envuelto en un precioso papel violeta.

Afirmaría con contundencia que no la cogí tras asegurarme de que nadie me veía, y que no corrí a una velocidad vertiginosa hasta llegar a mi casa.

Negaría haber abierto el paquete.

Nunca confesaría que encontré esos sentimientos. Que los cogí, me los llevé y los escondí en casa.

Pero escúcheme, señor juez: si lo hubiese hecho, si tuviera conmigo ese odio, ese amor, esa alegría y esa tristeza, no podría acusarme de robo.

Son sentimientos que encontré…

Y ahora son míos.

No me lo creo.

Cuando me dijeron que existía esa tienda, no me lo creí.
Tampoco me creí las instrucciones: si conoces la ubicación —que es efímera y cambia constantemente—, debes ir al lugar exacto.
Una vez allí, no todo el mundo ve lo mismo. No me preguntéis por qué; nadie lo sabe. La teoría que circula es que la tienda detecta si, de verdad, crees en lo que allí se vende.
Si es así, la tienda se llama “NO ME LO CREO”, y los frascos contienen un ingrediente secreto que te permite no creer en nada de lo que te indigna o te duele.
Si vas en plan escéptico, el rótulo reza “NO TE LO CREES” y, en los frascos, solo hay golosinas.
Así que, si eres un crédulo honesto y has conseguido uno de los frascos, ya puedes vivir tranquilo.
Yo soy el ejemplo.
Me dices que me haga con un kit de supervivencia por si hay una guerra, y no me lo creo. Me dices que unos cuantos locos idiotas gobiernan el mundo, y no me lo creo. Me dices que nunca habrá paz, y no me lo creo.
No me digas nada que me duela, porque como no me lo creo, no me preocupa.

100 palabras y una mirilla.

«Al otro lado de la mirilla», es el lema de la XVII edición del Premio de Microrrelatos, convocado por las Bibliotecas Municipales del Ayuntamiento de Madrid.

«Una mirilla no deja de ser una abertura que comunica dos espacios diferenciados. Probablemente la primera idea al leer la palabra nos lleve a la abertura en la puerta de casa que comunica con el descansillo. Lógico, pero con este tema queremos abrir las posibilidades, ese es nuestro objetivo: ampliar las miras y dejarnos llevar por una infinidad de aberturas que comunican mundos, espacios, emociones…»

100 palabras.

Hay tiempo hasta el 14 de abril

Las bases aquí.

Pareidolias.

La pareidolia es un fenómeno psicológico en el cual el cerebro humano percibe formas o patrones reconocibles ,especialmente rostros o figuras , en objetos cotidianos, texturas, formas abstractas o elementos naturales donde en realidad no existe tal figura intencionalmente.

Troncos sonrientes.

Nubes que parecen peces…

Este fenómeno ocurre porque nuestro cerebro está programado evolutivamente para reconocer caras y patrones familiares, facilitando la comunicación social y la supervivencia.

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Son cosas que parecen otras cosas, como estas…

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Cupido va a terapia. (V)

Esperé la siguiente sesión con nervios. No era fácil decirle a Cupido que debía tomarse un descanso, y menos en vísperas de San Valentín.   Su reacción me desconcertó.   Lanzó las flechas y el arco a un rincón de … Sigue leyendo →

Cupido va a terapia.(III)

Al día siguiente, me descubro como el ser más tonto del planeta: estoy esperando a mi próximo paciente. Cupido.   He dormido bien y me siento más serena, pero admito que algo no anda bien. Es posible que sí esté … Sigue leyendo →

Cupido va a terapia.(I)

Primero, pensé que estaba trabajando demasiado. El estrés puede provocar alucinaciones. También consideré la posibilidad de una relación de transferencia con ese paciente al que persiguen unos extraterrestres vaya donde vaya…   Examiné mi café por si olía raro. ¿Alguna … Sigue leyendo →

Temperaturas invernales.

Dicen en la radio que mañana hará frío. Hablan de “temperaturas invernales”. Lo escucho mientras ordeno un armario y decido qué hacer con los jerséis de lana que no uso desde hace tiempo.

Ocupan demasiado espacio y, con el clima actual, dudo que el invierno vuelva a Barcelona. Antes era un invierno suave, pero al menos ofrecía días para llevar lana, bufanda y abrigo. Ahora es un invierno que te invita a comer en la terraza de un restaurante, con el sol tibio que aún calienta y una temperatura de 19 ºC en pleno enero.

Abrigos y bufandas están ahí, olvidados. En una esquina del armario, la de invierno, en una ciudad donde el invierno apenas existe.

Algunas prendas se salvarán. Los viajes ocasionales al frío verdadero serán su salvoconducto. Pero la mayoría, por ahora, irá a unas cajas. Les pondré un rótulo para identificarlas: jerséis de lana en peligro de extinción.

#Feliz2025

Ya está aquí.
El primer día de 2025.
Es momento de desear felicidad para este nuevo año.

Hace un tiempo, recibí una felicitación de una agencia de publicidad. Era una tarjeta corporativa que decía: «Happy New You». Me gustó y la he usado mucho.

Sin embargo, al revisarla ahora, me pregunto: ¿Por qué un «nuevo tú»? Quizás el «tú» que ya eres también merece felicidad, ¿no? Por eso, lo he reducido a «Happy You».

En una segunda reflexión, he pensado que decir «¡Sé feliz!» es fácil, pero, a veces, no lo es tanto. Por eso, hice un segundo cambio: «Happy You. Just Try It».

Solo intentarlo ya es algo valioso.

Feliz 2025 ( o a intentarlo).