Dormirse en los laureles…

Según la RAE, dormirse en los laureles es “descuidarse o abandonarse en la actividad emprendida, confiando en los éxitos que ha logrado”.

Todos entendemos la expresión y sabemos que el famoso laurel hace referencia esa corona que reconocía los logros en la época del Imperio Romano. ¿Por qué una corona de laurel? ¿Por qué no de oro, plata, brillantes…? ¿Laurel?

En pleno siglo XXI, estamos utilizando una expresión cuyo origen remonta al año 8 a.c. Aparece en el relato de Ovidio, “La metamorfosis”.

La mitología griega explica que Dafne, una ninfa de los árboles, se vio obligada a escapar de Apolo. ¿Por qué? Eros, disparó una flecha de oro hacia Apolo y otra de plomo hacia Dafne. La flecha de oro hizo que uno, Apolo, se enamorara perdidamente. La otra, la pobre Dafne, atacada por el plomo, sintió repulsa absoluta por Apolo. 

Y ahí los tienes, él persiguiéndola, ella huyendo.

Desesperada, y a punto de ser alcanzada por el Apolo enamorado, le pidió a su padre, elDios Ladón, que la ayudara y al Dios no se le ocurre otra cosa que convertirla en un laurel. Un árbol…

Fotos Apolo y Dafne escultura realizada por Bernini entre los años 1622 y 1625.

Galería Borghese (Roma) de Mateus Campos Felipe en Unsplash

Apolo, que seguía enamorado de Dafne, prometió reverenciar el laurel de por vida y hacer que sus ramas coronaran las cabezas de sus héroes. La corona de laurel se convirtió en la máxima distinción que se podía otorgar.

Ya tenemos el porqué de las coronas de laurel. La expresión “Dormirse en los laureles” fue evolucionando. Las coronas dejaron de ser vegetales y pasaron a ser de metales preciosos, a veces, del valor suficiente para vivir una vida, por lo que ya no hacía falta seguir buscando el éxito. Poco a poco, la expresión se fue negativizando hasta llegar a lo que es hoy: confiarse en los éxitos pasados y dejar de esforzarse…

 El Beso de Klimt. 

Pero, a partir de ahora, cuando oiga esa frase de “Dormirse en los laureles” yo me acordaré de la pobre Dafne. De una mujer convertida en árbol. La piel, corteza. El pelo, hojas y los brazos, ramas… Y, también, de su padre, el Dios Ladón, al que se le podía haber ocurrido otra cosa.

Eso sí, el laurel es preciso. Que conste.

Nota : En la literatura más reciente se ha interpretado este lienzo, el Beso de Klimt,  como una representación simbólica del momento en que Apolo besa a la ninfa Dafne que se está convirtiendo en laurel.

Una historia de puertas.

Había cuatro.

Tres eran azules de distintas tonalidades y matices menos una, que era de un color verde oliva ajado por el tiempo…

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Los isleños le habían hablado de la leyenda de Ses Portes pero , para su mente pragmática, aquello no dejaba de ser una bella historia que se había deslizado a través de los tiempos en las tradiciones del lugar.

La leyenda de Ses Portes era simple. Si buscabas el amor, lo podías encontrar detrás de una de esas puertas. Una, sólo una, te conducía hacia la felicidad. Había que escogerla y abrirla. Sólo podías hacerlo una vez en la vida y no errar en la elección.

puerta azul

Cada día pasaba por delante de las puertas y aunque no se creyera la leyenda, cada día las observaba pensado en cual elegiría. Aquel azul intenso le atraía irremediablemente…

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Pasaron los años y la isla se convirtió en su hogar. Vivía solo, enfrascado en una vida de trabajo y rutina.

Cada día pasaba por delante de las puertas- ¿La verde, tal vez? ¿La azul plomizo? – pero cada día continuaba su camino, pasando por delante de las puertas y dejándolas atrás.

Aquella mañana, por eso, algo lo perturbó profundamente. En una de las puertas, alguien había dibujado un corazón. Se detuvo a observarlo y al hacerlo, un vecino se detuvo a su lado dispuesto a entablar conversación. ¿Quién habrá dibujado ese corazón? -preguntó al lugareño.

-. ¿Qué corazón? –respondió el hombre mirándolo con extrañeza.

-. El que hay en la puerta– señaló con el dedo aquella forma de color rosa que tanto se asemejaba a un corazón.

-. ¿En la puerta? Esa puerta es de color azul, como siempre. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?

Bien. Estaba bien. Un poco preocupado por ese corazón inexistente que sólo él veía en la puerta azul.

Entró en un bar cercano y pidió un café bien cargado. Al poner el azúcar se dio cuenta que le temblaba la mano. Removía el café, absorto en el tintinear de la cucharilla cuando su vista se dirigió al cuadro que había colgado en la pared. Parecía llevar allí muchos años

Era una frase escrita en una bella tipografía de rasgos retro y enmarcada en un sólido marco de caoba oscuro.

Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto es ya una elección.

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NB 1 : La frase es de William James filósofo estadounidense , fundador de la piscología funcional con una larga y brillante carrera en la Universidad de Harvard, donde fue profesor.

NB 2 : Las puertas son de Formentera

NB 3 : La leyenda me la acabo de inventar. ; – )

Cucurucho.

Año 1904: puesto de helados de Arnold Fornachou en la Exposición Universal de San Luis. Los helados se servían con platos, pero Arnold tuvo tanta demanda que se le acabaron. Cuenta la leyenda que en el puesto de al lado, el panadero Ernest Hamwi de origen sirio, hacia zalabias (galleta persas delgadas y espolvoreadas con azúcar) y no vendía demasiadas. Cuando vio que al otro se le acaban los platos, le ofreció una zalabia enrollada en forma de cono para que sirviera el helado en el interior. 

Foto de Heather Barnes en Unsplash

Fue un éxito.

Foto de Kenta Kikuchi en Unsplash

Ernest patentó su cono, pero parece que la idea ya existía en un libro de cocina francés. Otras fuentes afirman que en 1910 el cucurucho apareció oficialmente en Italia, en una exhibición en Turín, gracias a Giovanni Torre de Liguria, el inventor del cono de oblea dulce.

Foto de Mae Mu en Unsplash

En muchos países se llama “cono”. Nosotros utilizamos la palabra que proviene de la italiana cucuruccio.

Se nota que es verano…

Poco abanico.

Abanico para la noche de Sant Joan. 

Poco uso. Un par de movimientos.

La temperatura ha sido agradable con sus 22ºC y menos. Una noche agradecida y magnífica en buena compañía.

Tiempo vendrá para el abanico…

NB : El título que me sugiere la herramienta de IA de WordPress para optimizar la publicación es : «Estrena la Noche de Sant Joan con un Elegante Abanico.»

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

Paparazzi de petirrojos.

Nada, este año se ha dejado ver, pero no fotografiar.

En el momento que lo detectaba desde la ventana, era hacer el gesto -sutil-de coger la cámara y se largaba, volando como le toca. Bien alto y fuera de mi alcance.

Es joven. Empieza a colorear el plumaje, pero solo apunta tonos rojizos en la cola, hay que esperar que se haga mayor. Entonces, ya se habrá acostumbrado a la persona que hay tras la ventana con la cámara preparada para vulnerar su intimidad.

Paparazzi de petirrojos, la llaman.

El reloj que marca la hora que quiere.

Tenía un mecanismo de reloj de un pack de manualidades y aún me quedaban unas letras de madera así que pinte “El Reloj que marca la hora que quiere”.

No solo es libre de marcar las horas, si no que se para cuando él cree conveniente y vuelve a funcionar también cuando le da la gana.

Me dicen que pinté las manecillas y las desequilibré con la pintura. Es posible, pero, a veces ha dado la vuelta completa al día y, a veces, no. Más o menos, cuando él quiere. También he comprobado la pila que lleva el mecanismo, pero, ni nueva, marca el tiempo de forma continua. 

Lo quería colgar en mi cocina, pero, de momento, lo he dejado apoyado en una pared. He decidido registrar a qué hora se para y a qué hora vuelve a funcionar. 

Ahí, en ese reloj, hay un misterio…

Un ramo bonito.

Es bonito cuando lo recibes. Es bonito cuando las pasas a un jarrón o, en mi caso, a una cubitera de zinc. Es bonito cuando lo ves, al pasar por delante de la mesa.

Es bonito el ir adecuándolo, sacando las flores que se marchitan antes. Es bonito cuando se va haciendo más pequeño. Hasta es bonito cuando desaparece, vuelve a la tierra y se recicla.

Qué bonito es el cariño.

Azul que es blanco.

La Phalaenopsis Blue es una variedad de orquídea de las más de 25.000 especies que existen. No es azul de forma natural.  

Existe una de las variedades, la orquídea Vanda Coerulea, que sí que es azul en la naturaleza. Este color no es el más habitual en las flores, pero aparece de vez en cuando: en las hortensias, en las campanillas, en los hibiscos, en los lirios, etc.

Para crear flores azules, la planta realiza un proceso a través de unos pigmentos llamados antocianinas.Cuando consigue la tonalidad que busca, la flor se abre y es azul. Este color les permitirá atraer a insectos, pájaros, polinizadores en general y diferenciarse del resto. 

En la mía, la Phalaenopsis, el proceso químico natural, se ha sustituido por un tinte que, aunque presume ser natural y no afectar a la planta, es artificial. Solo actúa en las primeras flores. 

Requiere, como mínimo, tres o cuatro años para la floración, así que esta que tengo es el resultado después de este tiempo. La floración es anual y si consigo que florezca una segunda vez -nunca he conseguido que una orquídea sobreviviera a mi vera- las flores serán blancas. O sea, volverá a su estado natural. 

La cuidaré siguiendo las instrucciones que me han dado y en un año, veremos si he conseguido preservarla y si mis cuidados permiten ver, de nuevo, esas preciosas flores en su color verdadero.

Bonita, en azul, lo es un rato…