Compro prisa.

 

serious running businessman and big white clock in dark room

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.

-Sí, mucha.

Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los  cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un  privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…

No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.

-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejo que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.

Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…

Yo creo que un par de kilos.– me responde  el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.

No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza,  y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.

Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.

Nos sentamos los dos.  Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…

Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.

Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.

Sí. Está delicioso…

Una historia de puertas.

Había cuatro.

Tres eran azules de distintas tonalidades y matices menos una, que era de un color verde oliva ajado por el tiempo…

puertaverde

Los isleños le habían hablado de la leyenda de Ses Portes pero , para su mente pragmática, aquello no dejaba de ser una bella historia que se había deslizado a través de los tiempos en las tradiciones del lugar.

La leyenda de Ses Portes era simple. Si buscabas el amor, lo podías encontrar detrás de una de esas puertas. Una, sólo una, te conducía hacia la felicidad. Había que escogerla y abrirla. Sólo podías hacerlo una vez en la vida y no errar en la elección.

puerta azul

Cada día pasaba por delante de las puertas y aunque no se creyera la leyenda, cada día las observaba pensado en cual elegiría. Aquel azul intenso le atraía irremediablemente…

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Pasaron los años y la isla se convirtió en su hogar. Vivía solo, enfrascado en una vida de trabajo y rutina.

Cada día pasaba por delante de las puertas- ¿La verde, tal vez? ¿La azul plomizo? – pero cada día continuaba su camino, pasando por delante de las puertas y dejándolas atrás.

Aquella mañana, por eso, algo lo perturbó profundamente. En una de las puertas, alguien había dibujado un corazón. Se detuvo a observarlo y al hacerlo, un vecino se detuvo a su lado dispuesto a entablar conversación. ¿Quién habrá dibujado ese corazón? -preguntó al lugareño.

-. ¿Qué corazón? –respondió el hombre mirándolo con extrañeza.

-. El que hay en la puerta– señaló con el dedo aquella forma de color rosa que tanto se asemejaba a un corazón.

-. ¿En la puerta? Esa puerta es de color azul, como siempre. ¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien?

Bien. Estaba bien. Un poco preocupado por ese corazón inexistente que sólo él veía en la puerta azul.

Entró en un bar cercano y pidió un café bien cargado. Al poner el azúcar se dio cuenta que le temblaba la mano. Removía el café, absorto en el tintinear de la cucharilla cuando su vista se dirigió al cuadro que había colgado en la pared. Parecía llevar allí muchos años

Era una frase escrita en una bella tipografía de rasgos retro y enmarcada en un sólido marco de caoba oscuro.

Cuando debemos hacer una elección y no la hacemos, esto es ya una elección.

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NB 1 : La frase es de William James filósofo estadounidense , fundador de la piscología funcional con una larga y brillante carrera en la Universidad de Harvard, donde fue profesor.

NB 2 : Las puertas son de Formentera

NB 3 : La leyenda me la acabo de inventar. ; – )

¡Plof!

Leo las normas del juego. Creo que es la tercera vez que lo hago sin enterarme bien de lo que pone pero es que ya con la primera frase , me he quedado bloqueado.

Algunas de las sillas, son trampas mortales. Si te sientas ahí, si apoyas tu culo en esa superficie:¡Plof! , mueres. Esta es la parte en la que se anula mi comprensión lectora y dejo de entender el resto. ¿Mueres?  ¿Otra vez?¿Y cómo?

Presto más atención y me concentro…Bueno. Esto ya me tranquiliza más. Tampoco es que tengas un final sangriento o de lenta agonía. No. Si ya has pasado por eso una vez, sería de mal gusto repetirlo. No. Es rápido. Podía decirse que te desintegras en segundos. Desapareces de un plumazo aunque en este caso,  sea más propio decir » de un sillazo».

¡Plof! Me desconcierta ese ruidito tan tenue. Ya lo he oído un par de veces desde que estoy aquí. Las personas que comparten conmigo la sala de espera, me informan que el ¡Plof! es malo. Lo bueno, es el silencio.

¡Plof! es sinónimo de fin.

Lo vuelvo a oír. Me gustaría poder decir , estando donde estoy, que oigo una onomatopeya más digna pero es un claro ¡Plof ¡ Pienso en la chica rubia que acaba de entrar en la sala de las sillas. ¿Será ella la que ha hecho ¡Plof!?

Hay mucha gente…Cientos, miles  de personas, esperando para jugar a la silla. Las reglas son muy básicas: si eliges bien tu silla ,te toca “cielo”. Si no lo haces, despareces. Te borran del universo, vamos. Y lo hacen, con ese ¡Plof!

Parecerá que es malo pero así, te ahorras la posibilidad de “ infierno”. O todo o nada. Efectos de la crisis que, por lo que se ve, es literalmente sobrenatural y ha llegado también hasta aquí.

Ya casi es mi turno…¿Quién iba a imaginar esto?…

Lo del overbooking del infierno, eso, ya lo sabíamos todos pero…¿Numerus Clausus en el Cielo?…

Oigo mi nombre.

 

 

La botella negra…

Me encontré la botella negra al ir a tirar la basura. La vi encima de una repisa de la valla de un edificio de apartamentos. Paso por allí delante, cada noche, de camino a los contenedores de reciclado.

Me paré para cogerla y meterla en la bolsa correspondiente, según fuera de vidrio, plástico o aluminio…El tacto, por eso, me despistó…Parecía terciopelo o piel…Suave, muy suave. Tuve la impresión de que alguien la había olvidado allí y la dejé en su lugar. La noche siguiente, continuaba estando en el mismo sitio, así que me aventuré a examinarla debajo de una farola. El material me intrigaba…

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Me la llevé. Es verdad que caminé un poco más deprisa de lo que es habitual y que miré a un lado y otro de la calle para confirmar que no había ningún testigo del…robo de la botella negra.

Ya en casa, la observé con atención. No había nada especial en ella, más que aquel extraño tacto suave y cálido…

 

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Que era un artefacto diabólico, lo supe más tarde. Por casualidad. De verdad que siento lo de Loli … La botella negra es capaz de absorber a todo aquel que posea una personalidad conflictiva: tiquismiquis, tocacojones, yoístas, tóxicos, pesimistas contagiosos, etc,etc… Sólo hay que abrir la botella en su presencia y sólo ellos desaparecen… La forma en la que se introducen en su interior, no deja de tener su encanto. Es en plan un torbellino que se va haciendo minúsculo girando sobre sí mismo y después, ¡puf!, una pequeña porción de gas de nada y para adentro…

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Con lo de Loli me di cuenta de lo que pasaba. Diabólico, ya lo he dicho antes. ¿Y qué hice? ¿Destruir la botella por su peligro potencial?

Pues no.

Después de absorber a diez personas, la primera botella negra dejó de surtir efecto pero al salir esa noche a tirar mi basura, me encontré otra. Cuando se llenó la segunda, apareció una tercera…

Ahora las decoro. Y las voy llenando.

Mi vecindario está ahora lleno de gente amable y maravillosa. Igual que en mi familia. Y en la oficina. Y en el gimnasio. Y….

 

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NB : DIY – Reciclaje de Botella de Ratafía pintada con pintura de pizarra para vidrio. Decorada con rotulador blanco permanente.

Burbuja.

Foto de Kajetan Sumila en Unsplash

Me llevaron a la fuerza. Casi a rastras… Arréglate, sal, sonríe, vive…

Me asustaba el mundo.

Me daba miedo vivir y que, en cualquier momento, me cayera un meteorito encima.

Arréglate, sal, sonríe, vive.

Fue tal la insistencia que acabé cediendo. Una copa, un hacer ver que estoy mejor y volver, lo más rápidamente posible, al confort de mi casa, a mi burbuja particular pero acabé en el extraño tenderete de una pitonisa. Lo habían instalado en uno de los locales de moda de la ciudad. Recuerdo que entré de un empujón, recuerdo las risitas de mis amigos, recuerdo la presencia de aquella mujer de pelo blanco, recuerdo que me preguntó qué quería de la vida y…

Desperté dentro de una burbuja.

Menos mal que esta es grande y me deja respirar un poco. Nunca sé que burbuja me va a tocar…

 

Foto de Flynn Edwards en Unsplash

 

 

NB 1 : Decir que lo que más deseaba era” vivir dentro de una burbuja” fue una mala respuesta. Quedáis advertidos por si os encontráis con la pitonisa…

NB 2 : La probabilidad de que te caiga un meteorito encima es de 1 entre 250.000.

 

Foto de Alexander Dummer en Unsplash

El acuerdo.

 

Plim, plam, plim, plim, plim…

Llueve suavemente…Es muy relajante…Tengo las ventanas abiertas para oír ese repicar rítmico que, ahora, parece acelerar…Si, llueve más rápido…

Un aire purificador, tenue también, acompaña esta noche lluviosa…Estoy encantada…

Una conversación interrumpe el ritmo pausado que me acompaña:un hombre se muestra encantado por la lluvia de esta noche. Dice algo de sus tomates…Una voz de mujer que responde “Déjate de tantas monsergas y ayúdame a sacar la ropa del tendedero”.Oigo el sisear de las telas, que son sacudidas con ímpetu, e,imagino, que dobladas con el mismo brío.

Un sonido deslizante: una ventana que se cierra…Silencio….

La lluvia vuelve a elegir un ritmo más pausado…Pienso que , ahora mismo, se está muy bien en este trocito del planeta.

 Plim, plam, plim, plim…

Una voz. Alguien maldiciendo…»Toda la mañana tratando los muebles de teca y ahora llueve. ¡Joder!»

Imposible llegar a un acuerdo…Ni siquiera en la bondad relajante de esta lluvia nocturna …Es lo que hay…

Plim, plam, plim, plim, plam…

 

NB : Este post lo publiqué hace 7 años. Me lo inspiró la lluvia. En emergencia por sequía extrema en este 2024, os aseguro que nadie se quejaría de la lluvia. Al revés. Sería una celebración en la que todos estaríamos de acuerdo…

Cloud-walker.

Nefe era una mujer encantadora. Algunos dirían que era una soñadora incansable, de ese tipo de personas que viven en una realidad distinta pero mejor: llena de florituras, pensamientos positivos y colores preciosos. Era muy querida por su familia, amigos y vecinos. 

Los días de sol, la veía en su balcón, mirando el cielo y sonriendo con una expresión de felicidad envidiable. Me saludaba, agitando la mano, como si fuera una reina. Yo siempre le devolvía el saludo. 

Foto de Miles Peacock en Unsplash

Pero una mañana, Nefe no salió al pequeño balcón. Con mi taza de café en la mano y la otra libre para saludarla, me quedé con el gesto congelado cuando vi que allí no había nadie.  No apareció ni al día siguiente ni los que llegaron después.  

Al principio, pensé en ella. ¿Dónde estará Nefe? ¿Le habrá pasado algo? Pero como no la conocía demasiado, con el tiempo la olvidé.

Pasados unos meses, observé movimiento en su piso. Había un camión de mudanza aparcado en la calle y unos operarios subiendo muebles a la casa de mi vecina. En el balcón, una pareja joven admiraba las vistas del barrio. 

Después supe que Nefe estaba ingresada en un centro terapéutico. La propietaria de la panadería del barrio iba a visitarla regularmente y me explica su historia:  Nefe Libata estaba convencida que vivía en las nubes. En su ficha de ingreso en el hospital, al consignar la dirección, adjunto una fotografía de una nube y dijo que vivía allí. La ingresaron cuando intentó acceder a ella desde su balcón. Me dice que hay un periodista siguiendo su historia y que incluso, quieren hacer una serie para Netflix. La panadera me insiste en que lo busque en el “Internet ese”, que allí encontraré toda la información.

Foto de Anurag Challa en Unsplash

Cuando llego a casa, busco a Nefe Libata pero cuando tecleo su nombre, me como el espacio entre nombre y apellido sin darme cuenta y me aparece la palabra “nefelibata”.

Nefelibata.

Según la RAE: Formación culta del gr. νεφέλη nephélē ‘nube’ y -βάτης -bátēs ‘que anda’, y este der. de βαίνειν baínein ‘andar1‘.

  1. Dicho de una persona: Soñadora, que no se apercibe de la realidad.
  2. En inglés: cloud-walker

Foto de Edu Lauton en Unsplash

Y, créeme si te digo, que, al levantar la vista al cielo, me ha parecido ver a una mujer sonriente, saludándome desde una nube…

NB:  El Diccionario de la Lengua Española contiene más de 93.000 palabras. Utilizamos una media de 2.000 al día y suelen ser las mismas. Es más, si curioseamos las páginas de un diccionario actual, nos encontraremos con muchas, muchas palabras de las que desconocemos el significado. Una de mis desconocidas es/era “nefelibata”.

Thriller floriográfico.

Flora observó aquel extraño ramo que acababan de entregarle en mano: suaves adelfas blancas y el azul intenso del acónito.

La composición era muy bella pero, a simple vista, no sabía descifrar el mensaje de tan precioso regalo. Esta vez, él se había superado. El ramo iba acompañado de una caja dorada en la que descubrió unas apetitosas galletas “Hechas con los pétalos de estas flores. ”decía la nota.

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Al principio, le hizo mucha gracia eso de la floriografía. Un medio de comunicación, un lenguaje secreto …con flores. Flora se quedaba embelesada con las disertaciones sobre flores . A él, lo conoció en una presentación de la reedición del libro de 1819 de Charlotte de la Tour “El lenguaje de las flores” , un libro que recogía el código de significados de la época victoriana. En esos tiempos, se utilizaban las composiciones florales para expresar sentimientos .

Después de aquella tarde en la que se descubrieron el uno al otro, fueron muchos los ramos y muchas, las flores recibidas y descifradas:

Amarilis: «Espléndida belleza»

Clavel Rojo: «Mi pobre corazón»

Rosa Arrepollada:»Vengo como Embajador del Amor»

Rosa Blanca: «Soy digno de vos»

Rosa Amarilla: «Estoy celoso

Violeta Azul: «Seré fiel»

Y… Si! Rosas Rojas : “Amor apasionado”

Los mensajes se sucedían y Flora sentía que su amor por el floríografo, florecía cada día…

Se había quedado prendada de aquel último ramo, pero también de las galletas. ¡Qué delicia! No podía evitar comer, una tras otra, deleitándose en cada mordisco.

Sintió que su corazón se aceleraba. ¡Ay!¡El amor! Se aceleró más y un poco más, más y más y más y… se paró.

adelfa

El Inspector Florencio Floríndez observó la escena del crimen.

Encontraron a Flora, desvanecida en la cocina. Fue demasiado tarde. A su alrededor, se arremolinaban unas flores rosas y azules, como si Flora las hubiese querido coger en el último momento, arrastrándolas consigo, hacia el suelo.

En su mano, una caja de galletas. Ya vacía, claro.

El inspector Florencio Floríndez suspiró, derrotado.  Abrió la bolsa de pruebas y recogió las muestras de las flores venenosas…

El Asesino de las Flores había actuado de nuevo.

NB : Adelfa y Acónito. Las hojas ,ricas en sustancias digitálicas,  provocan arritmias y taquicardias. Información de las 10 flores más venenosas, aquí.

El abridor.

Hace tiempo que tenía pendiente un día de orden y concierto en la cocina. Sacar todo de los cajones, limpiar, seleccionar y ordenar.

Al fondo de un cajón, encuentro un viejo abridor. Es uno de esos objetos sencillos y viejos que siempre me resisto a tirar. Tiene forma de fruta o hortaliza, porque nunca he sabido que era esa figura de madera. La parte metálica funciona como un reloj suizo de precisión. Hay abridores que se deben reposicionar o con los que cuesta encajar la pestañita en la chapa, pero este no. Se adapta a la perfección y a la primera.

Su ubicación original era junto a la nevera, en una estantería, para que la operación de “coger botella-abrir botella” fuera fácil y ergonómica. A su lado, había un recipiente de latón dónde se tiraban las chapas.

Este abridor con forma desconocida pero amable, lo han tocado muchos amigos.

Ha estado en muchas celebraciones, de las importantes y de las que solo son por reunirse sin motivo alguno. Ha funcionado en verano e invierno. Con cerveza, cola, naranjada, limonadas, agua con gas, bitter y todo lo que se dejara abrir.

No he podido incluirlo en la selección de utensilios que no utilizo para tirarlo porque, es verdad, hace tiempo que fue remplazado por un abridor-imán que está en la puerta de la nevera, pero su uso continuado año tras año, le da la categoría de abridor legendario de la familia.

Lo dejo en la vieja estantería. Por la tarde, con la cocina ordenada y la satisfacción de haber cumplido con mi objetivo a lo Marie Kondo, decido tomarme un agua con gas, con mucho hielo. Veo el viejo abridor, y en vez de utilizar el que está en la puerta de la nevera, abro la botella con él. 

Al oír el chasquido del gas que se escapa, como si de un conjuro se tratara, se abre un mundo ante mis ojos. Son comidas, cenas, conversaciones, fiestas, momentos familiares…Desfilan ante mis ojos, un sinfín de escenas preciosas por la gente que hay en ellas. Cuando suelto el abridor, todo desparece. Me queda una sensación de paz inmensa. También de alegría. 

Cojo otra botella y la abro. Se suceden más momentos felices y agradables que configuran mi vida. Y sigo abriendo todo lo que hay en la nevera, asombrada por la cantidad de cosas que había olvidado y, también fascinada, porque la mayoría de las veces, las cosas más maravillosas son muy simples: conversaciones agradables, emocionantes y divertidas, abrazos, juegos, risas, bailoteos…

No puedo desprenderme del abridor con forma de hortaliza desconocida. Está en la estantería, en el lugar que le corresponde al lado de la nevera y cuando tengo algún momento de bajón, allí me voy y abro mi mente a los momentos felices olvidados.

Bola o piedra.

Era un día normal, de los de rutina. Aquel hombre agradecía ese devenir sin cambios. Los cambios podían proporcionar alegrías pero, también, sustos y él había conocido más de lo segundo que de lo primero así que el famoso “No news,good news” era su slogan preferido.

Pero, aquel día iba a ser de todo menos rutinario. En la mesa de su anodino despacho, se encontró un pisapapeles en forma de bola de cristal. El hombre preguntó a todo el que encontró en la oficina, pero nadie sabía de quien era aquel objeto. La luz incidía en el centro e irradiaba rayos luminosos que lo hacían todo más bonito así que decidió dejar el pisapapeles y devolverlo a su propietario en caso de que alguien lo reclamara.

Después de comer el menú en el restaurante de siempre, el hombre volvió a su despacho. Para su sorpresa, al lado de la bola de cristal, había una piedra de color marrón. También podía ser un pisapapeles– pensó. Volvió a preguntar al personal de su planta, pero nadie sabía de quien era aquella piedra. No era muy bonita, pero, al suponer que también tendría un dueño, la dejó encima de una columna de papeles que siempre volaban al abrir la ventana.

Por la tarde, ya casi a la hora de fichar, se fue al tablón de anuncios. Había impreso un folio, notificando donde estaban esos pisapapeles, por si alguien los buscaba. Entonces, se percató del silencio, anormal en aquel horario. No había nadie. Estaba solo. El hombre miró su reloj y después, aquella sala vacía. Algo le llamó la atención: una luz brillaba en su despacho.

Alguien había colocado la bola de cristal y la piedra marrón en el centro de la mesa. También había una nota caligrafiada.

Puedes elegir uno de estos dos objetos: la bola de cristal que adivina el futuro o la piedra,esa con la que van tropezando los seres humanos a lo largo de la historia”.

Abrió la puerta para mirar si había alguien gastándole una broma, pero la oficina seguía vacía. Sin sonido, sin una brizna de aire en movimiento. Parecía que el tiempo se había detenido. Y sin saber por qué, el hombre creyó que la bola era mágica y la piedra era la famosa piedra, así que tenía que elegir entre ver el futuro o no volver a equivocarse.

Se fue con uno de los objetos dentro de su maletín y al salir, vio a todo el personal del departamento, trabajando, casi a punto de finalizar su jornada. 

Al cabo de una hora, el hombre feliz con su rutina se dirigió al aeropuerto.

Antes de la detención, los testigos confirmaron que el hombre estaba muy eufórico, un poco fuera de sí. Vociferaba, pero casi no se le entendía, que tenía la solución para no volver a cometer los errores que la historia nos enseña que no debemos repetir, que si el fin de los conflictos, que la paz mundial, bla, bla, bla. Lo peor fue cuando sacó una piedra de su maleta y quiso entrar en el edificio con ella en la mano, en alto. Al intentar reducirlo, la piedra impactó contra la colosal escultura de Poseidón que decoraba el vestíbulo.

Mientras el detenido esperaba la tramitación de la extradición a su país, se le hizo un examen psiquiátrico para valorar su grado de peligrosidad. 

El hombre explicó que tenía que elegir entre ver el futuro o no equivocarse nunca más pero que, por una vez en su vida, decidió no seguir las normas y no quedarse solo con una opción.

Miró la bola de cristal y vio el futuro. Después, aún conmocionado por la visión, cogió la piedra y se fue, directamente, al aeropuerto.

Su destino era la 405 E 45th St. de la ciudad de New York, la sede de la ONU, Organización de las Naciones Unidas.

Quería que tuvieran la piedra…

NB 1 : “El hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma Piedra” del historiador griego Polibio.

NB 2 : Significado: El ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante. (Centro Virtual Cervantes)