Finalmente, hemos creado un problema territorial entre las aves de la zona. Al colgar el comedero para el petirrojo, convocamos a los pájaros autóctonos al bufé libre de agua y semillas. Imposible poner un rótulo con el “Reservado el derecho de admisión”. Es como poner puertas al cielo …
El invento daba para medidas tipo petirrojo /gorriones pero cuando aparecieron las tórtolas , amorosas pero enormes( en vez de “tortolitos” deberíamos decir “tortolazos”) y los mirlos, la cosa se complicó.
Total, que el invento se ha venido abajo definitivamente. Ya estaba reparado con anterioridad pero , esta vez, la madera se ha partido. Ciao al comedero.
Hemos decidido no sustituirlo para no volver a desequilibrar el hábitat y no provocar más conflictos territoriales.
Fue bonito mientras duró pienso mientras veo al petirrojo y a las tórtolas revoloteando por el lugar, desorientados, buscando algo que ya no está …
Que le pregunten al petirrojo de mi casa. Ahí estoy yo, la protectora.
El alpiste del que le proveo está en un área sin fronteras. No hay forma de indicarles a otros pájaros que esa comida es para el petirrojo. Por allí se pasean gorriones y tórtolas. Estas últimas, enormes, comen compulsivamente y dejan el pequeño cuenco vacío en unos minutos. Pero son asustadizas y si intuyen una sombra o un leve movimiento desde la ventana, salen volando.
Así que el petirrojo ha encontrado la fórmula. Cuando estoy en la zona, se acerca a comer, sin temer mi presencia ni mi cercanía. Soy su Equalizer, sabe que no hay peligro ni visitas de otros pájaros. Nos miramos a los ojos con complicidad y él (o ella) come.
La he visto en un día de lluvia finísima, de agradecer en tiempos de sequía, pero poco útil por su frugalidad.
He hecho las fotos y al cabo de un rato, he visto un gorrión que movía las hojas de las plantas de las macetas, para hacer caer las gotas de lluvia y bebérselas. Primero se ha dirigido a unos arbustos, pero después, le ha dado un meneo a la camelia y la flor ha caído al suelo.
Así que ya tenemos la primera flor y la primera flor caída.
De vez en cuando, en este blog, hay unas píldoras de cosas horrorosas.
Ahí van las primeras del 2022.
Las fotos son de Ugly Design , de los suizos Jonas Nyffenegger y Sébastien Mathys, creadores de esta cuenta que recopila las cosas más feas que encentran y las publican en un mundo de perfección como es Instagram…
Tras dos años de pandemia, ya estamos muy familiarizados con el término contagio. Según la RAE este término hace referencia a la “transmisión de una enfermedad, por lo general infecciosa, de un individuo a otro” y aunque la RAE hace referencia a su sentido figurado con esta frase “Teme un contagio de la violencia a otros barrios” la definición queda un tanto floja .
El contagio también se da en las emociones. La transmisión de un individuo a otro de emociones como la tristeza o la alegría, el miedo o la esperanza es un hecho comprobado.
Como en toda “transmisión” lo que es negativo, nos contagia y nos produce desazón y mal cuerpo. Nos disturba . Nos hace sentir angustia, miedo , tristeza e incluso odio ( solo hay que pasearse por Twitter para ver que rápida se da la transmisión). No sé si existen mascarillas que prevengan de ese tipo de contagios, pero sí que se pueden contrarrestar con dosis de exposición a la emoción más contagiosa que existe : la alegría y en todas sus formas : risa, humor, música…
¿Qué decir de un buen ataque de risa? ¿Quién no ha oído hablar de la risa contagiosa?¿Llorar de la risa? La oxitocina y la dopamina como locas en el sistema límbico, dejándote con una sensación de bienestar imposible de encontrar de otra forma.
Aunque a veces es difícil, a causa de nuestro propio estado de ánimo y nuestras circunstancias vitales, sería bueno proponernos contagiar de alegría y de risa a los demás. Se puede empezar con un contagio deliberado al día y, después, ir añadiendo contagiados. La transmisión suele ser exponencial.
Y llegaron los Reyes Magos y con ellos, los regalos. Para mi sorpresa, se han acordado del petirrojo y me han traído un soporte-comedero-spa.
Ahora, lo puedo ver desde la ventana de la cocina. Y confieso que, me quedo parada frente a esa ventana, en silencio, concentrada, esperando ver al petirrojo aparecer por allí.
Es una relación beneficiosa : él tiene su Spa y yo mi momento de meditación esperando su visita…