Terapia fotográfica.

El verano , este año, me dice todo el rato:  “Fotografíame”.

Es posible que me haya contagiado de esa percepción de inquietud (que no paran de divulgar todos los medios de comunicación y redes sociales)  ante el incierto tiempo que viene y busque la terapia fotográfica como refugio.

Mientras voy con la cámara, solo pienso en la belleza y eso, crea una fortaleza inexpugnable a las malas vibraciones.

El farolillo de energía solar, colgado en una tomatera es para foto.  Lo enfoco y ese momento,  me lleva a pensar que todo irá mejor de lo que dicen.

De momento la terapia me funciona. Voy a seguir fotografiando el verano…

Sesión lunática.

Ya hace tiempo que no me daba por una sesión lunática. Por algún motivo desconocido, la cámara siempre estaba hostil. O no la había cargado, o no tenía tarjeta o el objetivo se negaba a avanzar hacia un zoom decente. Este fin de semana la rescaté del olvido, la cargué, le puse la tarjeta y la dejé muy a mano.

Esta noche, he sentido el verano. Por primera vez en este verano, confieso

.

Una brisa persistente, suave y muy agradable, la cigarra y los móviles de viento, las guirnaldas de luces solares y ese aroma indescriptible que mezcla sal, jazmín , tomateras y antimosquitos.

Y la luna, preciosa…

Así que : sesión lunática.

Mega calabacín.

Me convierto en una urbanita extasiada ante el gigantesco tamaño de los calabacines de un pequeño huerto en el Alt Empordà.

En mi esquema mental, eso que veo es un prodigio. ¡Madre Mía!

Entonces, el pagès que está al cuidado me dice que esos calabacines tan enormes son los peores de la cosecha. Son tan grandes porque se han pasado de rosca. No se han cosechado en el momento oportuno.

Me señala uno pequeño, un poco mayor que los que encuentro en el mercado y me dice : Ese está a punto de caramelo.

Y para que se entienda mi admiración por el calabazón ( entendereís que no lo puedo llamar calabacín), los he fotografiado con un tenedor como referencia…

Tutorial 4

Cuarto teléfono móvil que estrena mi madre. Siempre pasa “algo” pero que, conste en acta , “nunca es culpa suya porque ella NO toca nada”.

Con 85 años que lleva con poderío, no me voy a quejar de eso. Al revés. Le gusta hacer fotos (que podrían ser artísticas pero lo que están es tomadas desde encuadres imposibles), utilizar el WhatsApp con notas de voz y hablar por teléfono ( aunque es un rasgo característico que no lo cuelgue correctamente).

Con el cuarto dispositivo, que es de la misma marca y mismas prestaciones, llega el tutorial. Recordamos, juntas, todo lo que ya sabía pero ya no sabe. Al principio, parece que todo está controlado pero en unos días, algo pasará. Sin “hacer nada de nada”, se bloqueará la cámara o desparecerán los contactos de la agenda y en unos meses, volveremos a estar de tutorial…

Me encanta.

Foto de Joseph Chan en Unsplash

NB1 : Al acabar de escribir estas líneas , me ha llamado para saber dónde están las fotos . Las que ha hecho del jardín no salen por ningún lado y se las quiere enviar a una amiga. Tras un (largo) tiempo de anexo telefónico al tutorial , me las envía a mí. Por lo menos, las ha encontrado…

#booklover

“Uno llega a ser grande por lo que lee y no por lo que escribe.”
Jorge Luis Borges

Fue bonito mientras duró

Finalmente, hemos creado un problema territorial entre las aves de la zona. Al colgar el comedero para el petirrojo, convocamos a los pájaros autóctonos al bufé libre de agua y semillas. Imposible poner un rótulo con el “Reservado el derecho de admisión”. Es como poner puertas al cielo …

El invento daba para medidas tipo petirrojo /gorriones pero cuando aparecieron las tórtolas , amorosas pero enormes( en vez de “tortolitos” deberíamos decir “tortolazos”) y los mirlos, la cosa se complicó.  

Total, que el invento se ha venido abajo definitivamente. Ya estaba reparado con anterioridad pero , esta vez, la madera se ha partido. Ciao al comedero.

Hemos decidido no sustituirlo para no volver a desequilibrar el hábitat y no provocar más conflictos territoriales.

Fue bonito mientras duró pienso mientras veo al petirrojo y a las tórtolas revoloteando por el lugar, desorientados, buscando algo que ya no está …

Aromas.

La lavanda ha florecido.

Los ajos tiernos que plantamos, por fin se han mostrado. Hay tamaño comestible.

Dos aromas distintos y los dos , cada uno en lo suyo, absolutamente embriagadores…

Lavanda y ajos tiernos…

The Equalizer.

Que le pregunten al petirrojo de mi casa. Ahí estoy yo, la protectora.

El alpiste del que le proveo está en un área sin fronteras. No hay forma de indicarles a otros pájaros que esa comida es para el petirrojo. Por allí se pasean gorriones y tórtolas. Estas últimas, enormes, comen compulsivamente y dejan el pequeño cuenco vacío en unos minutos. Pero son asustadizas y si intuyen una sombra o un leve movimiento desde la ventana, salen volando.

Así que el petirrojo ha encontrado la fórmula. Cuando estoy en la zona, se acerca a comer, sin temer mi presencia ni mi cercanía. Soy su Equalizer, sabe que no hay peligro ni visitas de otros pájaros. Nos miramos a los ojos con complicidad y él (o ella) come.

Cuando me voy, llegan las tórtolas…

Ya tenemos flor.

Pues ya tenemos la primera flor.

La he visto en un día de lluvia finísima, de agradecer en tiempos de sequía, pero poco útil por su frugalidad.

He hecho las fotos y al cabo de un rato, he visto un gorrión que movía las hojas de las plantas de las macetas, para hacer caer las gotas de lluvia y bebérselas.  Primero se ha dirigido a unos arbustos, pero después, le ha dado un meneo a la camelia y la flor ha caído al suelo. 

Así que ya tenemos la primera flor y la primera flor caída.

Pero la cosa promete…

Fotos con amor.

Recuperando algunas fotos que he ido publicando en este blog.

Con amor, para un lunes 14 de febrero.

Casualidad.