Facepalm es un término coloquial del inglés que se refiere al gesto propio de poner la palma de la mano en la cara en una muestra de exasperación, vergüenza, frustración, incredulidad, indignación… Esta palabra, no existe en español.
Te tapas la cara porque lo que oyes o lo que ves te suscita esos sentimientos. Es un gesto universal.
Y es el gesto que más repito cuando oigo/veo a los políticos. Facepalm a cada momento.
La traducción literal sería “palmada facial”. Como este blog es pacifista, no voy a decir que nuestros políticos se merecen una palmada facial, flojita, pero con la mano abierta, a ver si reaccionan.
No, no lo voy a escribir, pero cuando me llevo la mano a la cara de la vergüenza ajena que siento al escucharlos, lo pienso.
A este extraño jardín, lo llamé flores marcianas. Lo he encontrado, escondido en un cajón. Es un bastidor muy pequeñito, con un fondo de pintura de pizarra negra y unas flores blancas. Algunas de ellas, son el símbolo de la paz que todos conocemos.
Este símbolo no es muy antiguo (de la década de 1950) y su autor, el diseñadorGerald Holtom, no lo registró así que es utilizado libremente en multitud de manifestaciones a favor de la convivencia y el pacifismo. En su momento, fue creado como logotipo de la Campaña Británica para el Desarme Nuclear (NCD).
Y, desgraciadamente, como sigue habiendo guerras y armas nucleares en manos de gente a todas luces incompetente, antes y hoy, seguimos utilizando símbolo de Gerald Holtom para manifestarnos en contra de la guerra. De las guerras. De todas.
El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma.
Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador.
El mejor banco está ocupado. No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar.
Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”
Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza.
Ya tengo, de nuevo, tres pares de calcetines huérfanos de par. O sea, son 3 calcetines single. Se ha investigado, exhaustivamente, la escena del crimen y no hay rastro de los desaparecidos. Estarán un tiempo en un cajón que no se abre nunca, hasta que sean reciclados.
No encuentro mi carnet de conducir. Sé que no lo he perdido. Está en casa. Lo percibo…Durante un par de días, todos los bolsos, bolsas, maletines, carteras y porta documentos son registrados. También los cajones donde a veces, sólo a veces, dejó la pequeña cartera que contiene ese documento. En el coche-hay una mínima posibilidad de que se haya caído-, tampoco.
Al tercer día, vuelvo a hacer la ronda de búsqueda y le añado la invocación a San Antonio. Me doy por vencida. Estará, riéndose se mí, con las tapas de tupper y los calcetines. Veo que puedo pedir un duplicado vía on line con el certificado digital. Es fácil y me dispongo a hacerlo, pero, me llama mi madre. Ha recibido la llamada telefónica de una señora muy simpática, que le propone un análisis del agua en su domicilio, gratuito y, además, le darán un regalo por participar en dicho análisis de agua del vecindario. Para cualquier cosa de este tipo, antes de quedar con la señorita simpática, les da mi número de teléfono (al que casualmente, nunca llama nadie) pero como hace unos meses, instalamos un sistema de osmosis, dudo si no será para la revisión, aunque parece demasiado pronto. Voy a buscar la carpeta donde tengo todos sus documentos y facturas para llamar a la empresa instaladora y … ¡Pam! Dentro de la carpeta, está la carterita con mi carnet de conducir. ¿Cómo ha llegado allí? Ni idea.
He mirado a mi alrededor por si estaban los calcetines y las tapas. Igual es una zona cero, tipo agujero negro, donde van a parar las cosas perdidas, pero, no. Siguen escondidos…
No veo la luna pero hay nubes cargadas de agua y llueve. Lo hace de manera constante y suave .
Desde aquí me parece oír a árboles , a arbustos , a plantas, a huertos y a flores cantando de alegría. Si no fuera por sus raíces creo que hasta bailarían.
Fue un caligrafista el que unió las letras “e” y “t” (et), conjunción latina que significa “y” y creó el monograma “&”.
Aunque relacionemos este símbolo con la lengua inglesa, su origen se remonta al siglo I d.C. y se empleaba en cualquier lengua en alfabeto latino. Era una forma de abreviar las palabras. Dicen que su creador fue Tirón, un esclavo de Cicerón que debía transcribir los discursos del senador e ideo un sistema para ir más rápido. Fue la proto-taquigrafía.
Tirón juntó en un solo trazo la “e “y la “t” para no levantar el puño de la mesa. Le iba la vida.
En español escrito, no es tan utilizado porque la conjunción copulativa que representa la “y”, no precisa de abreviación.
Sea como sea, es un signo de unión. Aglutina.
Parece que, en los últimos tiempos, en nuestra civilización, nos falta un poco de “et”, “y” o “&” …
Nada, este año se ha dejado ver, pero no fotografiar.
En el momento que lo detectaba desde la ventana, era hacer el gesto -sutil-de coger la cámara y se largaba, volando como le toca. Bien alto y fuera de mi alcance.
Es joven. Empieza a colorear el plumaje, pero solo apunta tonos rojizos en la cola, hay que esperar que se haga mayor. Entonces, ya se habrá acostumbrado a la persona que hay tras la ventana con la cámara preparada para vulnerar su intimidad.
Tenía un mecanismo de reloj de un pack de manualidades y aún me quedaban unas letras de madera así que pinte “El Reloj que marca la hora que quiere”.
No solo es libre de marcar las horas, si no que se para cuando él cree conveniente y vuelve a funcionar también cuando le da la gana.
Me dicen que pinté las manecillas y las desequilibré con la pintura. Es posible, pero, a veces ha dado la vuelta completa al día y, a veces, no. Más o menos, cuando él quiere. También he comprobado la pila que lleva el mecanismo, pero, ni nueva, marca el tiempo de forma continua.
Lo quería colgar en mi cocina, pero, de momento, lo he dejado apoyado en una pared. He decidido registrar a qué hora se para y a qué hora vuelve a funcionar.