#NuevaRealidad ( Niños.)

Los niños han vuelto al cole, dándonos una lección de inteligencia emocional superlativa.

La reportera intrépida se acerca a un niño con una mascarilla de Spiderman. ¿Qué piensas de que tengáis que llevar la mascarilla? Cada niño le da una respuesta diferente :

-. Prefiero llevar la mascarilla, pero ver a mis amigos en el cole.

-. Si llevamos la mascarilla, no tendremos que volver a estar en casa y no le pasará nada a los abuelos.

-. Si ahora la llevamos, habrá un día en la que nos la podremos quitar porque ya no habrá virus.

En esas edades , en las que aún no hay rasgos preadolescentes, los niños son seres puros empáticos y eficientes en su comportamiento. Al llegar al cole,  lo hacen todo sin grandes aspavientos : entran en filas ordenadas, les toman la temperatura, los separan en grupos más pequeños y se despiden de los amigos con el codo (- que-ahora-ya-no-y-hay-que-llevarse-a-la-mano-al-corazón-), respetan las distancias en el recreo…Hay de todo, niños obedientes y desobedientes, tranquilos y nerviosos, pero, en su conjunto, se comportan con  resignación alegre.

Y, ante alguna de las respuestas, detrás de mascarillas con arcoíris y nubes, hay veces que me planteo lo maravilloso que sería oírlos en el Parlamento …La lección de lógica y sencillez para afrontar y resolver los problemas que nos darían a los que nos llamamos adultos, sería apabullante.

Salvadora de sapos.

(Advertencia: Si no os gustan los sapos, en este post hay fotos…)

Salvadora de sapos.

Así me sentí, tras la experiencia con un niño de doce años. No lo conozco, sólo sé que se llama Álex y… que me dio una lección de biología y de actitud.

El niño me encontró a mí, mirando la piscina exterior de un club deportivo. Me había llamado la atención el bicho enorme que se mecía en el agua. No suelo acercarme mucho a ranas, sapos y cualquier anfibio que se me ponga por delante. Me dan un yuyu especial. A la vez, como estaba inmóvil, me “atreví ” a hacerle una foto … Si saltan y eso, ya no …

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Tras unos minutos de observación, pensé que el animal estaba “en paz descansen”. Inmóvil total, flotando por la piscina. Y con todo la cosa que me dan, quise comprobar si el bicho vivía. Cogí la pala para recoger hojas  ( es larguísima) y moví el agua. El sapo también se movió… Ups.

Entonces pensé, en un acto magnánimo con el animal, “mira déjalo tranquilo, que esto debe ser como un SPA invernal para él”.

Ya me iba cuando la voz de un niño me hizo detenerme.

-. El sapo se está muriendo. Está muy cansado y no puede salir del agua.

Con una sonrisa, le expliqué mi teoría : estaba descansando, plácidamente, en su piscina privada.

No. Ya hubiese salido hace rato. Los sapos necesitan volver a la tierra y este ya lleva mucho aquí. Yo quiero sacarlo pero no me dejan coger la pala.

Le pregunté cómo se llamaba. Álex . Era listo. Quería salvar al sapo sin contravenir las órdenes de sus padres. Necesitaba un adulto que sacara al bicho de la piscina. Servidora. Presente.

La piscina estaba desierta, igual que todo el exterior. Podía coger la pala, superar mi asco , recoger al sapo y dejarlo en la hierba…Pero…¿Y si me atacaba y saltaba hacia mí?

Alex me informó que un sapo no ataca. Que no lanza veneno. Que sólo podría irritarme la piel si lo tocara porque el veneno está en unas glándulas también en su piel…Confieso que hasta ese momento lo había llamado bicho porque no sabía si era una rana grande o un sapo. El niño también me explicó las diferencias. Los sapos cuentan con una piel rugosa y más áspera que las de las ranas. Son más robustos mientras que las ranas tienen la piel más lisa y son esbeltas.

El sapo se movió un poco. Agónico.

El niño me miró con cara de pena.

Cogí la pala pero antes le pedí a Alex que hiciera una foto, muy rápida, del momento.

Cuando noté el peso del sapo al sacarlo de agua , me dio repelús…. Lo dejé en la tierra, lo más lejos posible de mi persona. Creo que los brazos se me han hecho más largos…

El sapo dio unos saltitos y despareció entre unas plantas.

Le has salvado la vida.- Me dijo Alex.

Gracias a ti que me has convencido– Me sonrió ampliamente- Ya, pero tú lo has sacado del agua.

Así que ahora (según un niño muy inteligente que buscó soluciones efectivas para salvar a un sapo) me he convertido , yo,  en una salvadora de sapos y… aprendiz de la actitud… ; – )

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Ladrones.

Baby Queen (niños menores de un año), Tiny Queen (para niños entre 1 y tres años), Baby Queen (para niños entre 4 y seis años).” Estas son las categorías disponibles para presentar a tus hijos a un Concurso de Belleza Infantil.

Les someterás a 12 horas de peluquería y maquillaje, les vestirás con modelitos imposibles ( tal vez los que te gustan a tí que ya eres un  adulto), les enseñaras a cantar , a bailar, a desfilar , a seducir…Menos a jugar, le enseñaras de todo…aunque evolutivamente, no toque.

Te convertirás en un extraño tipo de delincuente : eres un ladrón de la infancia de tus hijos. Y el que roba eso está enfermo, o desequilibrado.

En Estados Unidos, en esa tan nombrada América profunda, son habituales los Concursos de Belleza Infantil. 100.000 niños, menores de 12 años , son sometidos anualmente al expolio de su niñez. Legalmente, al amparo de la ley y de la tutela de sus progenitores. Padres que deberían dimitir de su puesto y dejar a esos niños , en paz, con su infancia. Sin maquillaje, ni complicados peinados. Sin poses de prostituta ni uñas postizas. Sin tacones, ni falsas sonrisas.

Sólo niños jugando descalzos en la hierba. Sucios de tierra , sudorosos y sonrojados en el afán de perseguir una cometa …

Ya se ve que lo que roban esos adultos inestables, es irremplazable.

Me da mucha, mucha, pena.

Fotografías del libro “High Glitz” de Susan Anderson.