Temperaturas invernales.

Dicen en la radio que mañana hará frío. Hablan de “temperaturas invernales”. Lo escucho mientras ordeno un armario y decido qué hacer con los jerséis de lana que no uso desde hace tiempo.

Ocupan demasiado espacio y, con el clima actual, dudo que el invierno vuelva a Barcelona. Antes era un invierno suave, pero al menos ofrecía días para llevar lana, bufanda y abrigo. Ahora es un invierno que te invita a comer en la terraza de un restaurante, con el sol tibio que aún calienta y una temperatura de 19 ºC en pleno enero.

Abrigos y bufandas están ahí, olvidados. En una esquina del armario, la de invierno, en una ciudad donde el invierno apenas existe.

Algunas prendas se salvarán. Los viajes ocasionales al frío verdadero serán su salvoconducto. Pero la mayoría, por ahora, irá a unas cajas. Les pondré un rótulo para identificarlas: jerséis de lana en peligro de extinción.

Resiliencia máxima. #2025

Hay un ser vivo del mundo vegetal que representa la máxima resiliencia de la vida en la Tierra. Está aquí desde hace más de 400 millones de años. Es anterior a los dinosaurios y superó con éxito las cinco extinciones masivas que ha sufrido el planeta. No cabe duda de que la sexta extinción, la que está en curso, también será sorteada por estos seres multicelulares.

Son los helechos.

Cuando destruyamos el planeta y seamos una especie extinguida, todo estará precioso, cubierto de helechos.

Estos helechos han llegado de Mallorca, en un capazo lleno de productos locales, con un propósito ornamental. Son hermosos.

El capazo ya está vacío, pero he dejado los helechos. Me han llamado la atención los puntos amarillos que aparecen en el reverso de las hojas, que en los helechos se denominan frondes. Me maravilla la perfección en su disposición, esa geometría mágica que regala la naturaleza y que resulta tan difícil de imitar.

Estos puntos alineados son soros.

A su vez, los soros son acumulaciones de esporas que, al madurar, se liberan para que el helecho se reproduzca.

Debemos tener un gran respeto y admiración por los helechos. Estas plantas primitivas, que estuvieron antes que nadie, se han adaptado a los cambios climáticos más drásticos y a las condiciones de vida más extremas. Siguen aquí, dando una gran lección:

La única forma de sobrevivir es adaptarse y evolucionar.

La evolución nos hace únicos.

«Sé como el helecho: fuerte, adaptable y siempre creciendo.»

Por un 2025 mejor.

NB : El post que lleva por título “Tienes cara de helecho”. , tiene un DIY muy bueno para hacer con helechos.

Lunas llenas de diciembre.

Con la batería de la cámara a tope , he salido a hacer fotos de la luna llena de diciembre. El nombre de esta luna es poco original para los que vivimos en invierno : “Luna fría”. 

DALL-E

No hacía tanto frío como debería a las puertas de Navidad , así que hacer las fotos ha sido más agradable de lo previsto. 

GROK

Aunque la IA genere estas preciosas imágenes cuando le pides “la luna llena de diciembre”, la mía, la de esta luna fría del 2024 , está llena de sensaciones.  Por lo menos, las que se generan alrededor de la fotografía y el fotógrafo. Esperar, repetir, ajustar, respirar el aire fresco, oír a esa madre que persigue a un niño veloz que corre por la calle solitaria, parar porque no tengo el trípode y se me cansan los brazos, mirar las luces de navidad de los vecinos , unas calmadas y zen, otras coloreadas y de coreografía nerviosa, oír el ruido de platos en una cocina, oler algo bueno que se me antoja que es una tortilla de patatas, el silencio de nuevo…

Me he sentado y he mirado a la luna. Ella sigue ahí , como siempre, pero aquí abajo , las cosas han cambiado. Pienso en el gran amigo que he perdido este verano. No verá mi foto de la luna fría de este diciembre, aunque, por un momento, lo que me viene a la mente es que estará por ahí arriba, cerca de la luna, o en la luna, mirando como hago la foto.

Y la hago. 

Click.

Ahora, vuelvo a oír a la madre que respira acelerada detrás del niño que corre que vuela, ahora en dirección contraria.  No le hace ni caso. 

Sonrío cuando lo oigo reír.

Es vida.

Y esta es la foto , con todas esas “cosas” y libre de IA: 

El disfraz de Halloween con más éxito de ventas de la historia.

Sí. Ha sido el mayor éxito de ventas a nivel mundial de un producto de consumo masivo. Supera todas las expectativas. Todo comenzó el Halloween pasado, con la aparición de un disfraz compuesto de una chaqueta y una máscara blanca. De la máscara no se sabe nada, pero la chaqueta —como se descubrió después— otorgaba a quien la vistiera la actitud de la «indiferencia».

La indiferencia es la falta de interés o preocupación ante algo o alguien; es la ausencia de reacción. Esta actitud puede considerarse negativa o positiva, según el contexto. Si lo que hay es una falta de empatía ante, por ejemplo, el sufrimiento humano o la injusticia social, esta actitud es un defecto. En cambio, si mostramos indiferencia ante críticas destructivas o provocaciones, estamos haciendo gala de un gran equilibrio emocional. En ese caso, la indiferencia es una cualidad.

El equipo de marketing encargado de promocionar la chaqueta en medios digitales, redes sociales, medios físicos y convencionales como la televisión y la radio, adoptó un eslogan estoico: «No hay que preocuparse por las cosas que no podemos controlar. La indiferencia es muestra de sabiduría». Lo que pasa es que lo pronunciaba Brad Pitt, y la chaqueta se empezó a vender como churros.

Mi vecino, el que reciclaba hasta el último resto de material orgánico e inorgánico que entraba en su casa, se la compró. Había invertido sus ahorros en placas solares, en un coche eléctrico y en siete cubos de clasificación para reciclar. Jamás utilizaba bolsas de plástico e intentaba gastar la mínima cantidad de agua, siguiendo las recomendaciones del gobierno ante la alerta de sequía… Ahora ya no lo veía en los contenedores con sus bolsas separadas, y llevaba una moto que rugía al arrancar.

Cuando le pregunté por qué se había comprado la chaqueta, me respondió que, aunque él se preocupara por el planeta, era tal la cantidad de seres humanos que no lo hacían que su aportación, tan minúscula, no iba a servir de nada. Así que, mejor ser indiferente. La moto era un sueño de juventud.

«La población tiene la sensación generalizada de que lo que pasa en el planeta escapa a su control. No sirven los sacrificios personales, las grandes manifestaciones, las huelgas, ni las elecciones en los países que lo permiten. Las decisiones las toman otros, por todos los demás. El calentamiento del planeta sigue in crescendo, las guerras no se detienen, la desigualdad económica se hace más extrema, las sociedades se polarizan… Ni siquiera la esperanza en las generaciones futuras detiene esta sensación de que esto ya se nos ha ido de las manos hace tiempo». Me lo dijo tan convencido que casi me la compro.

Vuelve a ser el disfraz más vendido para Halloween.

Este año, el anuncio de la chaqueta es espectacular. La lleva puesta un tal Epicteto, un filósofo estoico, que, mirando directamente a cámara, dice: “No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas.»

Pero a mí la chaqueta me da miedo. Yo tengo «opiniones» y me preocupa que controlen mi indiferencia, que decidan a qué estímulos debo responder y quién lo hace. No se lo he dicho a mi vecino, que ya parece de una secta, pero en un acto heroico he pegado un mensaje en el tablón de anuncios de la comunidad y en el ascensor:

«El mundo es un lugar peligroso, no por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que miran sin hacer nada con indiferencia». —Albert Einstein.

De momento, no me compro la chaqueta. Y digo «de momento» porque ya he leído que pronto será obligatoria.

Voy a disfrazarme de elefante rosa iluso, como el año pasado, mientras pueda o hasta que me sea indiferente…

Desajuste estacional.

Casi acabando octubre y con ropa de verano.

Los jerséis que tejía mi abuela, que estrenaba este mes, hoy en día, me provocarían un golpe de calor.

Es la misma fecha pero ya no es el mismo tiempo…

El cambio climático , que algunos aún niegan, ha provocado un desajuste estacional. Un embrollo. Habrá que cambiar el nombre a las lunas llenas y avisar a la cigarra. Esa querida acompañante que ha estado todo el verano haciendo ruido bajo mi ventana y que ya creí difunta o aletargada, sigue con su melodía, en este 22 de octubre. Se le está haciendo largo y no sabe que sufre de desajuste estacional.

Como yo…

Fenómenos Transitorios Lunares .

Por fin, he podido fotografiar la luna llena. Llevaba dos meses de vacío…

Esta de julio es la luna de ciervo, ya que, según los nativos americanos, es la época en la que a los ciervos jóvenes les creces nuevas astas. En Europa, también es la luna de heno, porque es la época de cosecha del heno.  Nos sirven los dos nombres: tenemos heno y una población de más de 500.000 ejemplares de ciervos…

Me he acercado al cráter Platón. Tiene el récord de TLP’s registrados. 

Los Transient Lunar Phenomena o Fenómenos Transitorios Lunares me tiene fascinada. Son fenómenos sin una explicación corroborada, que pasan a veces, por eso lo de “transitorios”. En concreto, son luces o destellos luminosos que se han observado desde 1687. Duran horas y pueden ser provocados por gases, restos de meteoritos o reflejos en el basalto. Sea como sea, aparecen esas lucecillas, a veces en forma de triángulo, a veces rojizas, otras veces destellos blancos…

En julio de 1968 la NASA publicó el reporte técnico R-277, titulado Chronological Catalog of Reported Lunar Events1. El mismo consta de una cronología de todos los fenómenos lunares registrados hasta la fecha de publicación.

No creo que mi cámara tenga suficiente zoom para pillarlos…

Poco abanico.

Abanico para la noche de Sant Joan. 

Poco uso. Un par de movimientos.

La temperatura ha sido agradable con sus 22ºC y menos. Una noche agradecida y magnífica en buena compañía.

Tiempo vendrá para el abanico…

NB : El título que me sugiere la herramienta de IA de WordPress para optimizar la publicación es : «Estrena la Noche de Sant Joan con un Elegante Abanico.»

Estelas.

En el cielo siempre hay cosas que fotografiar: los pájaros, el azul sólido o el gris plomizo, las nubes en sus múltiples e inagotables formatos y cambios, los atardeceres, las puestas de sol, la luna y todas sus fases, … Lo natural.

Pero, al mirar hacia allí arriba, también te encuentras estas estelas. Lo artificial.

Son las estelas no sostenibles. Las que contaminan el cielo. 

También, las de la hipocresía: esas que me alarman cuando las veo, pero en las que ni pienso cuando soy yo la que va en el avión. 

Hoy, podemos volar sin restricciones y somos especialistas en el exceso, así que vamos a tope.

Estela va , estela viene.

Lo artificial imponiéndose a lo natural…

Cantando bajo la lluvia, literalmente.

Foto de Saffu en Unsplash

Por fin, un día de una lluvia copiosa y constante.  Era muy esperado, pero no estaba preparada. Ya hace un tiempo que perdí la fe en las previsiones meteorológicas. Tanto, que ni siquiera tengo controlados los paraguas de mi casa, que, por desuso y vejez, están en condiciones deplorables, de las que solo he sido consciente, en este día de lluvia inmejorable. El único “abrible”, el más feo, por supuesto.

Así que, con el paraguas psicodélico y capucha, por si acaso, he decidido salir caminando. Total, mi destino era cercano. La ida ha sido fluida. Me gustaba ver llover, sentir el olor a lluvia. ¡Por fin! 

Foto de Gage Walker en Unsplash

La vuelta, ha sido cantando bajo la lluvia. Literalmente. Porque ha empezado a llover con más fuerza, pero he estimado que quedaba poca distancia. No me ha importado, meter mis pies en el agua, porque ha llovido tanto que las calles no podían absorber la lluvia y parecía caminar en un charco continuo. Ha llovido tanto que, con capucha y paraguas, he llegado a casa totalmente empapada. 

Ha llovido tanto que, el sonido de la lluvia ha hecho que no oyera bien por los auriculares, que subiera el volumen y que me viniera arriba cantando alguna de las canciones de mi playlist, cosa que me ha hecho ver mi vecino mientras abría la puerta, sosteniendo el paraguas psicodélico y como si me hubiesen echado varios cubos de agua encima.

Ha llovido tanto que solo me ha faltado bailar bajo la lluvia.

Cantar, ya lo he hecho.; -)

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…