Es el mantra que nos tendríamos que ir repitiendo estos días hasta que la vacuna sea una realidad para todos.
Convertirnos en la vacuna de forma temporal, conlleva asumir una serie de responsabilidades personales. La más difícil, es no poder reunirse con las personas que queremos (mucho) pero con las que no convivimos habitualmente.
Ponle la palabra que mejor defina tu amor : familia o allegado. No importa: cada uno sabe quiénes son sus seres queridos y por eso, porque nos queremos, tenemos que ser vacunas y aplazar los encuentros. Quererse, se puede hacer a distancia mientras esperamos el momento de la piel.
Yo soy la vacuna.
NB : Aplazar /De a- y plazo./1. tr. Retrasar el momento de realizar algo.
Es una de las tiendas más impresionantes que he visto nunca. No es tanto por su decoración si no por la amplitud de los espacios y la luz. Todo es muy blanco y brillante.
Cada pasillo está rotulado con el nombre del producto y, en sus estanterías, los viales se alinean con una precisión milimétrica. Me recuerdan a las botellitas de esencia de perfume.
Antes de elegir el pasillo, miembros del staff, te ayudan en el proceso, proporcionándote toda la información necesaria : efectividad proyectada, efectividad real, efectos secundarios, nivel de dolor del proceso, tiempo establecido de protección, parámetros de seguridad y precio. Aunque toda esta información es muy valiosa, lo que más convence al usuario es la experiencia de alguien cercano y los comentarios que se suceden en las redes :
-“ Pues la CureVac le ha sentado muy bien a la Mari”
-“Mi padre se puso la Sputnik-V y ha aprendido a hablar ruso a los 75 años!”
-“Yo soy más de Oxford. No sé. Tiene como más solera, ¿no?”
-“Apostad por nuestros científicos del CSIC. Kilómetro cero.”
Una vez hemos realizado nuestra elección, accedemos al pasillo y una voz nos indica el número de vial que debemos coger. Casi de forma inmediata, un brazo robótico lo reemplaza, de esta forma, la imagen es de una abundancia de viales que marea. Cuando tenemos el frasquito en la mano, la voz te da una nuevas coordenadas.
Llegas a la zona designada,una sala blanca y brillante también, y un profesional sanitario, coge el vial , lo introduce en una jeringuilla y te lo inyecta. Tras un reposo de aproximadamente 2 minutos, sales de la sala, te ponen un lazo de regalo en la cabeza y te dan un código QR que certifica que te has vacunado.
Todo es muy fácil. Limpio e indoloro, pero yo llevo viniendo aquí ya tres días consecutivos y aún no me he podido vacunar.
Y quiero, pero…es que no me decido. Demasiada información. Que, si la americana es mejor, que la otra aún no saben cuánto tiempo será efectiva , que esa es muy buena pero no hay datos científicos sólo comerciales, que la de allí duele mucho,…
Así que, aunque me tira mucho el CISC , mañana, lo decidiré al azar.
No sabía que tenía un interruptor de desconexión tan avanzado. Última tecnología y de la buena. Seguro que muchos de vosotros, también lo tenéis. Para que se active y se actualice tienes que estar mucho tiempo recibiendo impactos informativos, cifras, comunicados y anuncios oficiales. Es condición sine qua non, que dichos impactos informativos no se ajusten a la realidad que vive el ciudadano ( o sujeto experimental).
Tras un tiempo sometido a la exposición del estímulo, se pasa al modo “Como quien oye llover”. Eres capaz de estar oyendo, pero no escuchando, desconectado totalmente de la información. ¿Vacunas? ¿Plan de vacunación? ¿Navidades?
NB : “Como quien oye llover” . Etimología : es una expresión que proviene del encuentro de Hernán Cortés con Moctezuma en 1519. Los aztecas acudieron con un séquito entre los que se encontraba una persona que era el Quiahuitlacapoc (quiahuitl, lluvia / acapoc, escuchar). Era una especie de sacerdote cuya función era escuchar e interpretar la lluvia ya que los aztecas creían que era mensajera de los Dioses. Mientras los grupos de emisarios españoles y aztecas se centraban en sus conversaciones/discusiones, el Quiahuitlacapoc escuchaba la lluvia, ajeno a lo que allí ocurría .
Mientras tu vas haciendo tu ciclo, invariable, aquí abajo las cosas están más o menos bien. O más o menos mal…
Seguimos pandémicos. Ahora mismo, mientras escribo, estoy en confinamiento perimetral municipal y toque de queda a las 22:00 h. El virus sigue contagiando en todo el mundo, pero se anuncian vacunas prometedoras, aunque con un toque tipo bazar/zoco, de eso de “a ver quién da más y más pronto” , que le están restando el rigor científico que el hecho merece. Aún con este matiz , vamos bien.
Mientras tanto, en Estados Unidos, el país con más contagios por #covid, primera potencia mundial y la democracia más antigua del mundo, parece ser que vamos a asistir a un aberrante final del que se va . Lo importante no es cómo será de folclórico . Lo importante es que se va. Y con el adiós, vendrán estrategias contra el virus. Bien.
A nivel local, los aciertos de unos y los errores de otros se utilizan para jugar a estrategia política, de partido y de poder. No hay forma de que se vaya a una, coordinando, cooperando, ayudándose…No hay manera. Increíblemente mal.
Hace unas semanas, en una video llamada a un ser querido , cuando le pregunté cómo estaba , me dijo : aquí, aguantando la mecha.
Así estamos aquí abajo : aguantando la mecha.
Pero, bien.
NB 1 : Aguantar alguien la mecha, o mecha
locs. verbs. coloqs. Sufrir o sobrellevar resignado una reprimenda, contrariedad o peligro.
NB 2 : La mecha es un tubo de algodón, trapo o papel, relleno de pólvora, para dar fuego a minas y barrenos. De ahí que se tratara de aguantar o esperar hasta el último momento para soltarla.
Esta es una planta del tipo “suculenta” o “crasa” (del latín suculentus, ‘muy jugoso’).
¿A qué es bonita, tan verde y tan compacta y tan…jugosa?
Esta sensación la da el engrosamiento de tallos y hojas que tiene como objetivo almacenar el agua que reciben. El cactus del oeste es la máxima expresión de eso. Esta engrosamiento es un fenómeno de adaptación de la planta para sobrevivir en situaciones de escasez de agua.
O sea, es suculenta y previsora.
Cuando hago las fotos, veo que algo brilla… Veo preciosas gotas de la lluvia matinal, apresadas entre sus hojas. Y, allí dónde pueden, las gotas se expresan en su formato ideal: la esfera.
Las gotas de agua , las lágrimas son esféricas. Por lo menos cuando el “sistema” está en equilibrio de fuerzas(tensión superficial). En situación de equilibrio, el sistema minimiza al máximo el consumo de energía . La forma que proporciona mayor volumen de contenido en la menor superficie posible es una esfera…Una forma que se repite en la Naturaleza.
Es cuando actúan fuerzas externas ( gravedad, presión del aire) cuando la gota de lluvia, la lágrima, pierde su condición de “gota ideal” y se deforma, alargándose…
Me maravilla esta gota de agua … una esfera perfecta.
Es la gota ideal.
He encontrado una gota ideal en una planta suculenta…
Padezco de fatiga pandémica. Como la mayoría de la gente con la que hablo, estoy saturada.
Observo, desconcertada, como cada territorio va aplicando medidas que, muchas veces, parecen incoherentes, injustas o mal planificadas. Pero no me paro a pensar en ello. Es mejor no profundizar. Lo mismo me pasa con las cifras: fatiga, también. Número de contagios, número de hospitalizados y UCI’s, etc. Echo de menos saber cuántas pruebas se hacen para entender todo un poco mejor, pero, no me paro a pensar en ello. Mejor no profundizar. Tampoco con el tipo de pruebas : PCR, antígenos, serológicas. Rápidas, lentas, fiables, no fiables… Lo mismo : no pensar , no profundizar.
Mascarilla, distancia, higiene de manos. Restricción en la actividad social. Salir o no salir del municipio. Máxima precaución con los mayores. Ya lo tengo automatizado, lo hago sin pensar porque es mejor no pensar.
Siento la inquietud pandémica previa al confinamiento de la primavera pasada, así que me he dedicado a embadurnar un bastidor muy antiguo con pintura de pizarra.
Tenía una misión : hace ocho años me regalaron un móvil de viento. No emitía ningún sonido, pero cuando se movía al son del viento, una bolita de cristal tallado , que estaba insertada en el centro, pendiendo de un hilo, reflejaba la luz del sol, creando un juego de luces precioso.
El tiempo, el viento, la lluvia, el sol… No sé quién es el culpable, pero la bolita de cristal cayó al suelo. No pude volver a ubicarla en su lugar…
Así que ahora, sigue cerca del móvil, pero pegada a un bastidor embadurnado de pintura de pizarra en diferentes tonos tierra y gris.
Es sábado por la noche. Me dispongo a hacer las fotos a la Luna Azul. Sería más adecuado llamarle Luna Doble, ya que, aunque se llame azul, el fenómeno astronómico colorista se refiere a que , en este mes de octubre del 2020, hay dos lunas llenas.
Como siempre, en ese ratito de reflexión en el momento de las fotografías, pienso que la próxima vez que haya una Luna Azul, será dentro de dos años y medio.
La siguiente, se espera para Agosto del 2023 y, dejándome llevar por el optimismo, me he visto en algún lugar bonito, en una cena veraniega con amigos, sin mascarilla ni miedo a un virus al que ya habremos vencido y es posible que , aunque ahora parezca mentira, que ya hayamos olvidado.