Si hoy es tu cumpleaños…

Has dado otra vuelta al Sol a 107,000 km por hora y ni te has enterado.

Has recorrido 940 millones de kilómetros por el espacio sin escalas.

Has visto otro ciclo de estaciones completo, aunque ya no se parezcan a las de antes.

Has celebrado 12 lunas llenas que han estado ahí , aunque no las hayas visto todas.

Han existido 365 amaneceres y atardeceres, aunque es posible que solo te hayas deleitado con unos pocos.

Has respirado el oxígeno de millones de árboles durante un año más. Un gran privilegio en un mundo , en el que cada vez hay menos árboles.

Ya tienes experiencia en el viaje así que no desperdicies un atardecer,  una noche de luna llena o un paseo por el bosque o la playa.

Hoy empieza otra vuelta.

Feliz viaje.

Temperaturas invernales.

Dicen en la radio que mañana hará frío. Hablan de “temperaturas invernales”. Lo escucho mientras ordeno un armario y decido qué hacer con los jerséis de lana que no uso desde hace tiempo.

Ocupan demasiado espacio y, con el clima actual, dudo que el invierno vuelva a Barcelona. Antes era un invierno suave, pero al menos ofrecía días para llevar lana, bufanda y abrigo. Ahora es un invierno que te invita a comer en la terraza de un restaurante, con el sol tibio que aún calienta y una temperatura de 19 ºC en pleno enero.

Abrigos y bufandas están ahí, olvidados. En una esquina del armario, la de invierno, en una ciudad donde el invierno apenas existe.

Algunas prendas se salvarán. Los viajes ocasionales al frío verdadero serán su salvoconducto. Pero la mayoría, por ahora, irá a unas cajas. Les pondré un rótulo para identificarlas: jerséis de lana en peligro de extinción.

Resiliencia máxima. #2025

Hay un ser vivo del mundo vegetal que representa la máxima resiliencia de la vida en la Tierra. Está aquí desde hace más de 400 millones de años. Es anterior a los dinosaurios y superó con éxito las cinco extinciones masivas que ha sufrido el planeta. No cabe duda de que la sexta extinción, la que está en curso, también será sorteada por estos seres multicelulares.

Son los helechos.

Cuando destruyamos el planeta y seamos una especie extinguida, todo estará precioso, cubierto de helechos.

Estos helechos han llegado de Mallorca, en un capazo lleno de productos locales, con un propósito ornamental. Son hermosos.

El capazo ya está vacío, pero he dejado los helechos. Me han llamado la atención los puntos amarillos que aparecen en el reverso de las hojas, que en los helechos se denominan frondes. Me maravilla la perfección en su disposición, esa geometría mágica que regala la naturaleza y que resulta tan difícil de imitar.

Estos puntos alineados son soros.

A su vez, los soros son acumulaciones de esporas que, al madurar, se liberan para que el helecho se reproduzca.

Debemos tener un gran respeto y admiración por los helechos. Estas plantas primitivas, que estuvieron antes que nadie, se han adaptado a los cambios climáticos más drásticos y a las condiciones de vida más extremas. Siguen aquí, dando una gran lección:

La única forma de sobrevivir es adaptarse y evolucionar.

La evolución nos hace únicos.

«Sé como el helecho: fuerte, adaptable y siempre creciendo.»

Por un 2025 mejor.

NB : El post que lleva por título “Tienes cara de helecho”. , tiene un DIY muy bueno para hacer con helechos.

El disfraz de Halloween con más éxito de ventas de la historia.

Sí. Ha sido el mayor éxito de ventas a nivel mundial de un producto de consumo masivo. Supera todas las expectativas. Todo comenzó el Halloween pasado, con la aparición de un disfraz compuesto de una chaqueta y una máscara blanca. De la máscara no se sabe nada, pero la chaqueta —como se descubrió después— otorgaba a quien la vistiera la actitud de la «indiferencia».

La indiferencia es la falta de interés o preocupación ante algo o alguien; es la ausencia de reacción. Esta actitud puede considerarse negativa o positiva, según el contexto. Si lo que hay es una falta de empatía ante, por ejemplo, el sufrimiento humano o la injusticia social, esta actitud es un defecto. En cambio, si mostramos indiferencia ante críticas destructivas o provocaciones, estamos haciendo gala de un gran equilibrio emocional. En ese caso, la indiferencia es una cualidad.

El equipo de marketing encargado de promocionar la chaqueta en medios digitales, redes sociales, medios físicos y convencionales como la televisión y la radio, adoptó un eslogan estoico: «No hay que preocuparse por las cosas que no podemos controlar. La indiferencia es muestra de sabiduría». Lo que pasa es que lo pronunciaba Brad Pitt, y la chaqueta se empezó a vender como churros.

Mi vecino, el que reciclaba hasta el último resto de material orgánico e inorgánico que entraba en su casa, se la compró. Había invertido sus ahorros en placas solares, en un coche eléctrico y en siete cubos de clasificación para reciclar. Jamás utilizaba bolsas de plástico e intentaba gastar la mínima cantidad de agua, siguiendo las recomendaciones del gobierno ante la alerta de sequía… Ahora ya no lo veía en los contenedores con sus bolsas separadas, y llevaba una moto que rugía al arrancar.

Cuando le pregunté por qué se había comprado la chaqueta, me respondió que, aunque él se preocupara por el planeta, era tal la cantidad de seres humanos que no lo hacían que su aportación, tan minúscula, no iba a servir de nada. Así que, mejor ser indiferente. La moto era un sueño de juventud.

«La población tiene la sensación generalizada de que lo que pasa en el planeta escapa a su control. No sirven los sacrificios personales, las grandes manifestaciones, las huelgas, ni las elecciones en los países que lo permiten. Las decisiones las toman otros, por todos los demás. El calentamiento del planeta sigue in crescendo, las guerras no se detienen, la desigualdad económica se hace más extrema, las sociedades se polarizan… Ni siquiera la esperanza en las generaciones futuras detiene esta sensación de que esto ya se nos ha ido de las manos hace tiempo». Me lo dijo tan convencido que casi me la compro.

Vuelve a ser el disfraz más vendido para Halloween.

Este año, el anuncio de la chaqueta es espectacular. La lleva puesta un tal Epicteto, un filósofo estoico, que, mirando directamente a cámara, dice: “No son las cosas las que nos perturban, sino la opinión que tenemos de ellas.»

Pero a mí la chaqueta me da miedo. Yo tengo «opiniones» y me preocupa que controlen mi indiferencia, que decidan a qué estímulos debo responder y quién lo hace. No se lo he dicho a mi vecino, que ya parece de una secta, pero en un acto heroico he pegado un mensaje en el tablón de anuncios de la comunidad y en el ascensor:

«El mundo es un lugar peligroso, no por aquellos que hacen el mal, sino por aquellos que miran sin hacer nada con indiferencia». —Albert Einstein.

De momento, no me compro la chaqueta. Y digo «de momento» porque ya he leído que pronto será obligatoria.

Voy a disfrazarme de elefante rosa iluso, como el año pasado, mientras pueda o hasta que me sea indiferente…

Desajuste estacional.

Casi acabando octubre y con ropa de verano.

Los jerséis que tejía mi abuela, que estrenaba este mes, hoy en día, me provocarían un golpe de calor.

Es la misma fecha pero ya no es el mismo tiempo…

El cambio climático , que algunos aún niegan, ha provocado un desajuste estacional. Un embrollo. Habrá que cambiar el nombre a las lunas llenas y avisar a la cigarra. Esa querida acompañante que ha estado todo el verano haciendo ruido bajo mi ventana y que ya creí difunta o aletargada, sigue con su melodía, en este 22 de octubre. Se le está haciendo largo y no sabe que sufre de desajuste estacional.

Como yo…

Estelas.

En el cielo siempre hay cosas que fotografiar: los pájaros, el azul sólido o el gris plomizo, las nubes en sus múltiples e inagotables formatos y cambios, los atardeceres, las puestas de sol, la luna y todas sus fases, … Lo natural.

Pero, al mirar hacia allí arriba, también te encuentras estas estelas. Lo artificial.

Son las estelas no sostenibles. Las que contaminan el cielo. 

También, las de la hipocresía: esas que me alarman cuando las veo, pero en las que ni pienso cuando soy yo la que va en el avión. 

Hoy, podemos volar sin restricciones y somos especialistas en el exceso, así que vamos a tope.

Estela va , estela viene.

Lo artificial imponiéndose a lo natural…

Cantando bajo la lluvia, literalmente.

Foto de Saffu en Unsplash

Por fin, un día de una lluvia copiosa y constante.  Era muy esperado, pero no estaba preparada. Ya hace un tiempo que perdí la fe en las previsiones meteorológicas. Tanto, que ni siquiera tengo controlados los paraguas de mi casa, que, por desuso y vejez, están en condiciones deplorables, de las que solo he sido consciente, en este día de lluvia inmejorable. El único “abrible”, el más feo, por supuesto.

Así que, con el paraguas psicodélico y capucha, por si acaso, he decidido salir caminando. Total, mi destino era cercano. La ida ha sido fluida. Me gustaba ver llover, sentir el olor a lluvia. ¡Por fin! 

Foto de Gage Walker en Unsplash

La vuelta, ha sido cantando bajo la lluvia. Literalmente. Porque ha empezado a llover con más fuerza, pero he estimado que quedaba poca distancia. No me ha importado, meter mis pies en el agua, porque ha llovido tanto que las calles no podían absorber la lluvia y parecía caminar en un charco continuo. Ha llovido tanto que, con capucha y paraguas, he llegado a casa totalmente empapada. 

Ha llovido tanto que, el sonido de la lluvia ha hecho que no oyera bien por los auriculares, que subiera el volumen y que me viniera arriba cantando alguna de las canciones de mi playlist, cosa que me ha hecho ver mi vecino mientras abría la puerta, sosteniendo el paraguas psicodélico y como si me hubiesen echado varios cubos de agua encima.

Ha llovido tanto que solo me ha faltado bailar bajo la lluvia.

Cantar, ya lo he hecho.; -)

Un puntito minúsculo.

¿Sabes cuando estás preocupado por una o muchas cosas que te parecen importantísimas y, entonces, pasa algo que sí que es importante de verdad y te das cuenta de lo minúsculas e insignificantes que eran esas cosas que te quitaban el sueño?

Foto de la NASA/ESA de la sonda Cassini, en 2013, en misión de exploración a Saturno.

A 1440 millones de Km de distancia, se tomó esta instantánea. La tierra es ese puntito minúsculo.

Y aquí estamos, poniendo todo de nuestra parte para que el puntito sea aún más insignificante.

Las fotos que no quiero hacer.

He hecho muchas fotos de estos rincones verdes.

Cuando los veo, aunque ya sean viejos conocidos de décadas, siempre encuentro algo que cambia, algo diferente que me hace volver a fotografiarlos. Tonalidades, texturas, luces y sombras, …

Pero al mirar el campo esta vez, he pensado en esas lluvias que no llegan o que si llegan son escasas. Y que todo ese verde oxigenante, se irá secando y pasará a tonos ocres y marrones.

Esas fotos son las que no quiero hacer.

La Luna de la nieve.

Segunda luna llena del año.

Te llaman la de la nieve.

Habrá lugares en los que seguirá vigente la nomenclatura porque habrán visto estas lunas de febrero en paisajes y montañas nevadas. Donde yo habito, este año, no hay nieve. O muy poca. Las montañas que antes veía nevadas son grises… Tendremos que ir pensando en cambiarte el nombre. ¿Luna seca?

Este mes, te hemos enviado otro aparatejo humano hacia allí. Esta foto, pues, contiene una cosa que no veis, pero está ahí. Se llama Odiseo. Es una nave privada americana de la empresa Intuitive Machines y ha recorrido más de 1 millón de kilómetros para llegar al cráter Malapert A.

Va a estudiar las condiciones ambientales de la atmosfera lunar, en su polo sur, donde hay hielo, para ver como enviar allí a nuestros astronautas. Es un primer aviso de que pronto vamos a ir para allí. 

Empezaremos a poner fronteras, a pelearnos por si ese cráter es tuyo o mío, a repartirnos los recursos según el primero que haya llegado y pueda hacer más negocio y no nos importará agotarlos. Ten cuidado, que allí donde vamos y estamos arrasamos. 

Al final, luna seca va a ser un nombre adecuado…