Gran anuncio para IKEA de la Agencia SCPF bajo la dirección creativa de Toni Segarra y David Caballero.
Por medio de un mensaje positivo y optimista «Comparte « , te venden muebles. ¿No es genial? Te están diciendo :con imaginación ( y mucho amor y paciencia) , seguro que eres capaz de encajar en tu casa, muchos muebles (más) de IKEA para los que vengan… (Advierto que el futón Ikea, más que confortable es disuasorio…)
El anuncio está muy bien aunque la canción es como una mosca pesada de verano, revoloteando por el cerebro. Seguro que más de uno, al leer esto, ya tiene la musiquilla encajada como B.S.O del día…
Tal vez este anuncio deje de ser simpático para muchos, tras las vacaciones de verano. Estos períodos, para muchas familias y amigos, son espacios de convivencia pura y dura que, sin que llegue el agua al río, te hacen pensar que NO.
A veces, donde caben dos, NO caben tres, ni cuatro, ni cinco ( aunque sea en un loft de 300 m2).
No hablamos de esas situaciones «de emergencia» donde no hay más remedio que dar cobijo y compartir ( aunque eso signifique que tu mejor amiga se ha separado del marido o que tu hijo vuelve a casa con 42 añitos,…) . Tampoco me refiero a las situaciones felices ( nuevos niños,…) en los que, estás encantado de comprar más y más muebles…
De lo que hablo es de la «convivencia gratuita-no obligatoria». Gratuita por que no es imprescindible en nuestras vidas y no obligatoria por que , efectivamente, es voluntaria. Mi primera experiencia «Donde caben dos caben tres…o no» fue en mis tiempos de estudiante. Cinco amigas, perfectamente acopladas y armónicas, decidimos recluirnos a estudiar cinco días en la casa del campo de una de ellas. Habíamos compartido fiestas, cotilleos, compras, sesiones de estudio, lugar en clase y en cafetería… pero no estábamos preparadas para c-i-n-c-o días de experiencia comunal. Entre «como has dejado el lavabo», «el colacao era mío» y el descuadre de horarios ( tú, vida nocturna, yo, diurna), volvimos de la experiencia con una mala leche de campeonato, alguna rencilla ( tipo «yo fregué los platos y tú no«) y la sensación de que la magia ya no estaba allí. Continuamos con una relación cordial y limitada a la Facultad .
Con tus amigos, con esos con los que te ves fines de semana y en situaciones «lúdicas» y con los que te llevas fenomenal, a veces unos días de compartir bungalow en la playa, son suficientes para desmontar percepciones y afectos. Me diréis: es que no eráis amigos. Os equivocaís : ser amigos no implica vivir juntos…Ser amigos significa aceptar esto con normalidad y no dejar de ser amigos, precisamente, por no poder vivir juntos .
Lo mismo ocurre con esas encantadoras cuñadas y cuñados, sobrinos y sobrinas y otras especies familiares… El desarrollo de la vida mientras cada uno está en su casa ( y me refiero a convivir, no se excluyen saraos familiares ) está perfectamente equilibrado… pero ese mes en el apartamento de la costa…ese mes, puedes llegar a odiar la palabra «Tito» o los aceitosos calamares a la romana que, cada día, tu cuñada cocina con dedicación… Y ya no te digo nada, cuando entra en acción «tus niños y mis niños«… Eso ya no hay quien lo pare…
Yo creo que no hay que sentirse mal por eso. La convivencia es una actividad en la que en la mayoría de los casos, se elige a los jugadores. Y, si siendo dos, sale mal, imagínate tres. Hay soluciones : vivir afectuosamente sin convivir, convivir poco ( lo justo y necesario) o que te toque una primitiva, puedas comprarte una super masía con servicio, y, entonces, que vengan todos….Parecerá materialista, pero si algo he descubierto es que, si nos despojan de las problemáticas de «infraestructura cotidiana» es más fácil …lo de la convivencia. Sin comidas y cenas que organizar, ni camas que hacer, con espacios privados donde respirar antes de entrar al trapo con lo de «Tus niños y mis niños«, …
Como punto final, rendir mi profunda admiración a esos seres humanos «aglutinadores» que acogen en su pequeño apartamento a otros , les cocinan, les sonríen y… se sienten felices de estar rodeados de tanta humanidad.
Tal como va la cosa y, desgraciadamente, en peligro de extinción…
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