Albahaca sibarita.

Tenía una maceta libre y unas semillas de albahaca.

En unos días, ha surgido una planta preciosa.

Requiere de agua, que la tierra este húmeda y no se encharque. En otros tiempos, la hubiese regado con el agua del grifo, pero ahora, con la sequía, hay pequeños hábitos que han cambiado para intentar consumir el mínimo posible.

Cada noche, dejo un vaso de agua en la mesilla de noche, por si acaso. Mi preferida es con gas y es @vichycatalan.

 La mayoría de los días, el vaso está lleno por la mañana. Antes, tiraba el agua. Ahora, la utilizo para regar.

Y, viendo el resultado, creo que a la albahaca le gusta el Vichy…

Perder el oremus…

Hablo sin saber lo que digo. He verbalizado “perder el oremus” y al momento, he pensado: ¿»Oremus????»

Sé lo que significa  : si pierdo el oremus, pierdo el sentido (el norte?), me despisto…pero no sé nada del tema “oremus” . Investigando un poco, encuentro dos explicaciones posibles. Como parece obvio, es una de esas expresiones católicas que ha arraigado en el lenguaje popular. La invitación a la oración que hacía el sacerdote en el rito, eso es el “Oremus” ( Oremos, en la misa en latín). Y el feligrés, debía saber cual era la oración que tocaba recitar en esa parte de la misa. Si se despistaba ( por ejemplo, estar mirando las musarañas sin prestar atención a los tempos del ritual) y no sabía qué debía recitar, era que había perdido el “oremus”. Esta es la explicación lógica, pero me gusta más esta otra : al celebrar la misa, el cura se ayudaba de un misal. El libro llevaba en el borde exterior de las páginas iniciales de sus diferentes capítulos unas pestañas, que el cura podía agarrar con dos dedos y pasar de golpe un bloque entero de hojas cuando necesitaba ir de una sección a otra en diferentes momentos del rito. En algunas ocasiones adoptaba la posición de orante, con los brazos extendidos y las manos vueltas hacia arriba; era entonces cuando las pestañas se revelaban especialmente eficaces y le permitían, con un rápido movimiento, ir directamente a la página en la que estba la oración que tenía que leer.

Esas pestañitas recibían el nombre de «oremus», y si el cura perdía el oremus, no sabía cómo seguir y la misa podía verse interrumpida. ( De la misa la mitad, Salvador Alsius).

Así que cuando lo pierda ( el oremus), por lo menos, sabré lo que pierdo…

Foto de Jordan Madrid en Unsplash

Facepalm.

Facepalm es un término coloquial del inglés que se refiere al gesto propio de poner la palma de la mano en la cara en una muestra de exasperación, vergüenza, frustración, incredulidad, indignación… Esta palabra, no existe en español.

Te tapas la cara porque lo que oyes o lo que ves te suscita esos sentimientos. Es un gesto universal.

Y es el gesto que más repito cuando oigo/veo a los políticos. Facepalm a cada momento.

La traducción literal sería “palmada facial”. Como este blog es pacifista, no voy a decir que nuestros políticos se merecen una palmada facial, flojita, pero con la mano abierta, a ver si reaccionan.

No, no lo voy a escribir, pero cuando me llevo la mano a la cara de la vergüenza ajena que siento al escucharlos, lo pienso.

Facepalm literal.

Foto de melissa mjoen en Unsplash

El símbolo de Gerald Holtom.

A este extraño jardín, lo llamé flores marcianas. Lo he encontrado, escondido en un cajón. Es un bastidor muy pequeñito, con un fondo de pintura de pizarra negra y unas flores blancas. Algunas de ellas, son el símbolo de la paz que todos conocemos. 

Este símbolo no es muy antiguo (de la década de 1950) y su autor, el diseñador Gerald Holtom, no lo registró así que es utilizado libremente en multitud de manifestaciones a favor de la convivencia y el pacifismo. En su momento, fue creado como logotipo de la Campaña Británica para el Desarme Nuclear (NCD).

Y, desgraciadamente, como sigue habiendo guerras y armas nucleares en manos de gente a todas luces incompetente, antes y hoy, seguimos utilizando símbolo de Gerald Holtom para manifestarnos en contra de la guerra. De las guerras. De todas. 

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

Tengo una pregunta.

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Tengo una pregunta.

Nunca había tenido una pregunta hasta hoy.

 

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Esta pregunta estaba escondida, agazapada entre los rotuladores de colores pero yo la he encontrado. Y, dicen,que la pregunta es del que la encuentra.

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Tengo una pregunta que cambia a cada momento.

Es una pregunta que nunca es la misma pregunta.

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Pero es mía.

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Expedientes X caseros.

Foto de Mockup Graphics en Unsplash

Calcetines single.

Ya tengo, de nuevo, tres pares de calcetines huérfanos de par. O sea, son 3 calcetines single. Se ha investigado, exhaustivamente, la escena del crimen y no hay rastro de los desaparecidos. Estarán un tiempo en un cajón que no se abre nunca, hasta que sean reciclados.

  Foto de Ella Olsson en Unsplash

Tuppers sin tapa.

Dos tapas en paradero desconocido. Estarán con los calcetines, en algún lugar remoto, conociéndose mejor.

Foto de Ranurte en Unsplash

San Antonio (y mi madre) al rescate.

No encuentro mi carnet de conducir. Sé que no lo he perdido. Está en casa. Lo percibo…Durante un par de días, todos los bolsos, bolsas, maletines, carteras y porta documentos son registrados. También los cajones donde a veces, sólo a veces, dejó la pequeña cartera que contiene ese documento. En el coche-hay una mínima posibilidad de que se haya caído-, tampoco. 

Al tercer día, vuelvo a hacer la ronda de búsqueda y le añado la invocación a San Antonio. Me doy por vencida. Estará, riéndose se mí, con las tapas de tupper y los calcetines.  Veo que puedo pedir un duplicado vía on line con el certificado digital. Es fácil y me dispongo a hacerlo, pero, me llama mi madre. Ha recibido la llamada telefónica de una señora muy simpática, que le propone un análisis del agua en su domicilio, gratuito y, además, le darán un regalo por participar en dicho análisis de agua del vecindario.  Para cualquier cosa de este tipo, antes de quedar con la señorita simpática, les da mi número de teléfono (al que casualmente, nunca llama nadie) pero como hace unos meses, instalamos un sistema de osmosis, dudo si no será para la revisión, aunque parece demasiado pronto. Voy a buscar la carpeta donde tengo todos sus documentos y facturas para llamar a la empresa instaladora y … ¡Pam! Dentro de la carpeta, está la carterita con mi carnet de conducir. ¿Cómo ha llegado allí? Ni idea. 

He mirado a mi alrededor por si estaban los calcetines y las tapas. Igual es una zona cero, tipo agujero negro, donde van a parar las cosas perdidas, pero, no. Siguen escondidos…

Las fotos que no quiero hacer.

He hecho muchas fotos de estos rincones verdes.

Cuando los veo, aunque ya sean viejos conocidos de décadas, siempre encuentro algo que cambia, algo diferente que me hace volver a fotografiarlos. Tonalidades, texturas, luces y sombras, …

Pero al mirar el campo esta vez, he pensado en esas lluvias que no llegan o que si llegan son escasas. Y que todo ese verde oxigenante, se irá secando y pasará a tonos ocres y marrones.

Esas fotos son las que no quiero hacer.

Hoy no acaba febrero.

Hoy debería ser el último día del mes de febrero pero resulta que no.

Será mañana, día 29 .

Un día extra por acumulación de horas de trabajo en cuanto a la traslación de la tierra que dura 365 día y seis horas. Para compensarle las horas extras , cada cuatro años sumamos 24 horas.  Y así la traslación se queda tranquila y todo cuadra en el calendario gregoriano.

Foto de Zachary Keimig en Unsplash

Aunque sea por una compensación puramente matemática, el año bisiesto nos regala un día.

Es un obsequio de la traslación de la tierra y hay que aprovecharlo.

Aún quedan 24 horas y está abierto…

Foto de Wyron A en Unsplash

NB : Como curiosidad , hay unos 32.000 españoles que han nacido en esta fecha y unos cinco millones en todo el mundo. Por solidaridad : ¡Felicidades, bisiestos! que sólo os toca cada cuatro años.

Foto de Deva Williamson en Unsplash

La Luna de la nieve.

Segunda luna llena del año.

Te llaman la de la nieve.

Habrá lugares en los que seguirá vigente la nomenclatura porque habrán visto estas lunas de febrero en paisajes y montañas nevadas. Donde yo habito, este año, no hay nieve. O muy poca. Las montañas que antes veía nevadas son grises… Tendremos que ir pensando en cambiarte el nombre. ¿Luna seca?

Este mes, te hemos enviado otro aparatejo humano hacia allí. Esta foto, pues, contiene una cosa que no veis, pero está ahí. Se llama Odiseo. Es una nave privada americana de la empresa Intuitive Machines y ha recorrido más de 1 millón de kilómetros para llegar al cráter Malapert A.

Va a estudiar las condiciones ambientales de la atmosfera lunar, en su polo sur, donde hay hielo, para ver como enviar allí a nuestros astronautas. Es un primer aviso de que pronto vamos a ir para allí. 

Empezaremos a poner fronteras, a pelearnos por si ese cráter es tuyo o mío, a repartirnos los recursos según el primero que haya llegado y pueda hacer más negocio y no nos importará agotarlos. Ten cuidado, que allí donde vamos y estamos arrasamos. 

Al final, luna seca va a ser un nombre adecuado…