He tropezado con un gato (negro, claro) y he roto un espejo al intentar evitar pasar debajo de la escalera que alguien ha decidido dejar en el pasillo.
En el desayuno, he derramado la sal al darme cuenta que la había puesto en el café.
He dejado unas tijeras abiertas sin querer y también he abierto un paraguas dentro de casa.
Solo falta que , Jason, el gato del vecino, aparezca por el jardín con máscara de hockey y un machete.
En fin, supersticiones tontas de un viernes 13 cualquiera…
Al principio, hasta sentíamos simpatía por él. Las agresiones se centraban en pintadas en las fachadas y puertas. Se publicaban proclamas en Twitter y en blogs, y hubo quien las hizo virales. Había una cierta lógica en lo que se decía…
—Sois vosotros los que no lo veis. Estáis ciegos. Totalmente ciegos. Sois cómplices de esta barbaridad. Y culpables. Exhibís los cadáveres y os da igual. Sólo os interesa que todo “esté bonito”… Imbéciles. Malvados. Sois seres repugnantes…
Yo mismo dejé de comprar flores… Pero su locura fue avanzando a medida que conseguía más impacto social. Supongo que ese fue el detonante para que su manía se convirtiera en una psicopatía grave. Se volvió loco…
(…)
Estamos trasladando al Asesino de las Flores del juzgado al hospital psiquiátrico, donde pasará el resto de sus días. Lleva una camisa de fuerza, está esposado y con los tobillos encadenados, pero se nos ha olvidado taparle la boca. No para de vociferar. Ni las mamparas de seguridad de la furgoneta policial consiguen amortiguar sus gritos. Mi compañero sube el volumen de la radio para no oírlo. Hay un atasco en la salida… Tenemos para rato…
—No me arrepiento de nada. ¿Qué, no os dais cuenta de que son seres vivos? Nacen, crecen, se alimentan, se reproducen… ¿Os gustaría que os dejaran sin nutrientes hasta marchitar lentamente y morir? ¡Se mueren! ¡Las matáis! ¡Sois vosotros los que deberíais estar aquí!
Es un hombre muy grande. Sólo su dimensión ya da miedo… Asesinó a los propietarios de siete floristerías de la ciudad, estrangulándolos con esas manazas que imponen, incluso esposado.
Dice que matamos las flores. Dice que las amputamos de sus raíces, desde las que absorben sus nutrientes, y las dejamos morir en un jarrón, con la única justificación de que es ornamental. Dice que alteramos la cadena trófica. Dice que los asesinos somos nosotros…
Respiramos aliviados cuando lo dejamos a cargo del personal del pabellón de alta seguridad del hospital. Su mirada, al bajar del furgón, nos hiela la sangre. Este tío es un asesino que ha matado a siete personas. Una de ellas, Juani, la propietaria de la floristería del barrio.
Cuando nos estamos alejando, oímos sus gritos desgarradores. Son como un trueno…
(…)
A los pocos días, nos enteramos de que ha muerto. ¡Qué ironía!
Las enfermeras intentan humanizar el ambiente del psiquiátrico y ponen un jarroncito de flores en todas las habitaciones. Eso es lo que se encontró el Asesino de las Flores cuando entró en su celda. Al ver las margaritas, le dio un infarto. Los médicos no pudieron reanimarlo.
De camino a la comisaría, acabando ya nuestro turno, le pido a mi compañero que pare en la Floristería Juani y compro un ramo. Hemos creado un fondo común.
Antes de dejar el coche patrulla, aparcamos en el cementerio. Las cenizas del Asesino de las Flores están en un columbario municipal. Nos acercamos hasta allí. No hay ninguna inscripción, pero nosotros sabemos que está ahí.
Cada vez que limpio el filtro, me asombra la cantidad de pelusa que se acumula. Es el desgaste de las fibras textiles por la fricción durante el secado. Me da la impresión de que se pierde demasiada fibra. Algo falla en este sistema…
Con esta idea en mente, le pedí a la IA que escribiera un texto de terror donde la pelusa se convierte en un monstruo, una ilustración y un vídeo de 10 segundos.
El monstruo.
Al principio era solo una mota gris en el filtro de la secadora. Pero creció. Se alimentó del polvo, del pelo caído, de fibras invisibles.
Una noche, la masa esponjosa se arrastró por el suelo, trepó la cama y cubrió el rostro de Clara. Ella no despertó.
Dicen que la pelusa sigue allí, expandiéndose en rincones oscuros, esperando su próxima víctima.
El video da miedo…
2) La lavadora.
El minuto final de la lavadora es de las cosas que más me irritan cuando espero que termine. Ese temporizador es una mentira.
Según la IA, el «minuto final» dura más porque el software ajusta el tiempo según distintos factores:
Nivel de humedad: Prolonga el ciclo si la ropa sigue húmeda.
Desequilibrio de carga: Pausa para redistribuir la ropa.
Control de temperatura: Espera que se enfríe antes de desbloquear la puerta.
Drenaje: Se asegura de que no quede agua residual.
Optimización energética: Ajusta el ciclo para mayor eficiencia.
Esa fase final está diseñada para mejorar el resultado, así que puede extenderse mucho más de un minuto…
El portal espacio-tiempo.
Dicen que si te quedas mirando el «último minuto» de la lavadora, el tiempo se rompe. Al principio parece normal, pero pasan cinco… diez minutos… y sigue marcando 1:00.
Empiezas a oír voces: «La toalla sigue húmeda…». El tambor gira como un vórtice interdimensional, y el filtro de pelusas se convierte en un portal al más allá.
Cuando finalmente la pantalla marca «FIN», no sabes si pasaron minutos… o siglos.
Nunca mires el minuto final. Es la trampa perfecta del universo.
Todo lo que habéis leído y visto se ha hecho en pocos minutos…
Esperé la siguiente sesión con nervios. No era fácil decirle a Cupido que debía tomarse un descanso, y menos en vísperas de San Valentín. Su reacción me desconcertó. Lanzó las flechas y el arco a un rincón de … Sigue leyendo →
Pobres espárragos. Tan bonitos como son y tan deliciosos, terminan siendo el recurso perfecto para expresar que queremos enviar a alguien lo más lejos posible de nuestro perímetro.
“Vete a freír espárragos”, según la RAE, es una locución adverbial coloquial que se usa para despedir a alguien con aspereza, enojo o sin miramientos.
Pienso en esto mientras salteo unos espárragos trigueros, que se cocinan de forma rápida y sencilla. No sé por qué eso de enviar a la gente a freír espárragos.
Leo que el uso de esta expresión se documenta desde el siglo XIX y que originalmente se refería a los espárragos de calibre grueso. Esta variedad, más robusta, se cocina hervida o al vapor. Como su cocción era rápida, mandar a freírlos llevaba más tiempo y era una forma menos valorada de prepararlos. Así, la frase sugería hacer algo inútil y prolongado.
Menos con los trigueros.Si mandas a alguien a freír espárragos trigueros, volverá enseguida con el plato listo en la mano. Es útil para disfrutar unos minutos de soledad, pero no cumple con la función de «despedir a alguien con aspereza».
Ya está aquí. El primer día de 2025. Es momento de desear felicidad para este nuevo año.
Hace un tiempo, recibí una felicitación de una agencia de publicidad. Era una tarjeta corporativa que decía: «Happy New You». Me gustó y la he usado mucho.
Sin embargo, al revisarla ahora, me pregunto: ¿Por qué un «nuevo tú»? Quizás el «tú» que ya eres también merece felicidad, ¿no? Por eso, lo he reducido a «Happy You».
En una segunda reflexión, he pensado que decir «¡Sé feliz!» es fácil, pero, a veces, no lo es tanto. Por eso, hice un segundo cambio: «Happy You. Just Try It».
Papá Noel sorteando el tráfico aéreo. El tráfico global de pasajeros previsto para 2024 es de 9.400 millones.
Los Reyes Magos tienen competencia. Y no hace falta esperar hasta el 6 de enero.
Adaptación al cambio climático.
Un respeto a Papá Noel. Hace unos años, si un niño escuchaba ruido cerca del abeto navideño, pensaba que era Papá Noel. Se hacía el dormido, se quedaba quieto y esperaba a la mañana para descubrir sus regalos. Ahora es posible que ocurra esto:
VILLANCICOS
Nota científica: El famoso villancico «Los peces en el río» parte de una premisa errónea. Los peces de agua dulce no beben activamente; absorben el agua a través de sus branquias. Como el villancico se popularizó en el siglo XVIII, es probable que el autor desconocido no lo supiera.
Otro dato de villancicos.
“La Marimorena” no es una persona.
La expresión antigua en España significa jaleo o algarabía. En el contexto del villancico, representa una gran fiesta popular llena de ruido, alegría y celebración.
Hace unos días, suena el timbre de la puerta. Una voz de una mujer joven, se identifica como mi vecina y me dice que me llama por el gato. Pensé que por fin conocería al propietario de mi amigo gatuno pero cuando abro la puerta me encuentro con una chica y un cochecito de bebé y el gato gordo, sentado en el quicio de mi puerta.
-Es que lo he visto fuera y he pensado que no podía entrar.
-No es mío, le contesto
El gato nos mira a las dos.
-Como estaba delante de la puerta y lleva collar…
Le explico que el gato es un fiel visitante de mi casa pero que no sé de quien es. Algún día lo descubriré pero mis pesquisas entre los más cercanos , no ha dado frutos.
En este punto, el gato ya está cansado de la conversación humana que ya se dirige al bebé y a temas más sociales y pega un brinco , se encarama en el muro y salta hacia mi casa. No hacía falta que le abriera la puerta, por supuesto. Es ágil y elegante , aunque parezca que no por lo robusto que está, y cuando cae en el suelo, se gira y nos mira en plan divo .
La vecina está sorprendida por su tranquilidad . “Los gatos no son tan cercanos a los extraños”. Este sí, soy testigo. Ahora, ella también siente curiosidad por saber de quien es el gato.