Casi “Hola, Otoño”.

Casi .

La temperatura sigue siendo extremadamente agradable pero ha llovido y parece que, gradualmente, nos iremos aproximando al otoño.

Me han regalado dos girasoles, planta que florece en verano y que es un símbolo del sol y de la propia estación.

Mediados de octubre y tengo dos flores de verano aunque sea otoño…

O casi.

Botella, pintura de pizarra y flores escasas.

La botella de un brandy añejo, de cristal y un formato bonito. Lleva años acumulando polvo en el trastero, pero hoy, la he visto. Al lado, los restos de la pintura de pizarra rosa palo y verde pistacho que utilicé para un cuadro infantil. O tiro la botella o la pinto.

La pinto.

Ahora voy a por el contenido.

No hay demasiado color en mis plantas. 

Un rosal que está floreciendo. Muy pequeñito y de rosas también pequeñitas. No huelen. Echo de menos las rosas aromáticas…

Tres ramas de lavanda con su flor violeta. El resto del arbusto es verde plateado. Le aporta un rastro de aroma. 

También hay Eugenia. Arbusto de valla, pero con colores verdes y amarillos que me sirven para que el ramo coja cuerpo.

La menta está en la parte inferior. Dos ramitas diminutas pero que llenan de perfume el ramo. Lo mueves aquí y allá para ver dónde queda mejor, y dejas el rastro de esta menta dulce y fresca. Es lo más pequeño y menos vistoso, pero lo que le da el toque definitivo. Esencial.

Ramo mini para el final del verano.

Media taza.

Ver el vaso medio vacío o medio lleno”, el clásico ejemplo para describir una personalidad optimista o pesimista. También, está su versión más objetiva, la que dice que el vaso siempre está lleno, sea de agua o de aire. Una buena aportación a la positividad desde la racionalidad. 

El mismo recurso se podría utilizar con una taza que es lo que yo tengo para aportar la solución definitiva al dilema del vaso: que si vacío o que si lleno.

Es la media taza. Una media taza de madera que encontré en un mercadillo y que tengo en mi casa ya desde hace unos años.

 

Sirve para ver el mundo siempre lleno y da igual como la mires. Ahí está, maciza y desafiante. 

NB1: Quién sabe si en algún lugar del mundo, habrá otra media taza que encaja perfectamente con la mía y lo que pasa es que no es un símbolo de lo del vaso si no de lo de la media naranja…

NB2: La planta de la primera foto es la sansevieria, conocida popularmente como lengua de suegra. Es una planta de interior, muy fácil de cuidar, que ayuda a limpiar el aire de nuestra casa.

Sobramos.

El mundo se pelea y mientras lo hace, sigue saliendo la luna cada noche. Y mañana, de nuevo, el sol. Y la vida seguirá, inamovible, en su ciclo perfecto.

Por mucho que la humanidad se vaya complicando la existencia, sin saber que lo importante no es lo que creemos importante, los pájaros nocturnos de junio seguirán con su melodioso jolgorio, las mariposas aparecerán con la luz, el lagarto aprovechará el sol y las flores estarán preciosas, dándolo todo a las escasas abejas que aparecerán por allí.

Se intuye que sobramos…

Hay una falsa…

Foto de Vincent van Zalinge en Unsplash

Urbanitas en el campo. 

Vemos un árbol lleno de mariquitas. ¡Qué monas! ¿no? Voy a hacer unas fotos. Hay mucho sol directo y me deslumbra. Cuando me acerco, cientos de mariquitas vuelan y se dispersan asustadas. Miro hacia arriba: el árbol está lleno. Hay muchísimas. Una colonia de mariquitas. 

¡Qué monas! ¿no?

En mi mente, tengo almacenada la información de que son insectos muy beneficiosos. Incluso, se utilizan como eliminadores naturales de plagas en árboles frutales, ya que se comen el pulgón. Y se ve que son muy voraces con lo que limpian los árboles de posibles intrusos. No hay que tocar las mariquitas… Pienso en el árbol que tengo delante : estará encantado de la vida… Me aparto del sol para ver la pantalla de la cámara. Me cuesta enfocar bien, hay un exceso de luz. Reviso las pocas fotos que he hecho y hago un zoom. Veo que las hojas están mordidas. Vorazmente. Muchas de ellas, casi desaparecidas.

Presto atención a las mariquitas. Hay muchas de ellas. La gran mayoría en plena fiesta sexual. Las otras, comiendo hojas. Muchas, muchas. ¿Qué monas? No sé, no son como mi mente urbanita las recuerda.

Y, parecen más alargaditas. ¿Son mariquitas?

Entonces, en San Google, encuentro la respuesta.

Los dos son insectos coleópteros. Queda más bonito escribir “coleóptero” pero los dos son variedades de escarabajo. 

Una es la Coccinellidae, la redondita. La mona.

Foto de Claude Laprise en Unsplash

La otra es la Lachnaia, la alargadita. A la que le he hecho las fotos.Se denomina escarabajo de las hojas o falsa mariquita. Es una especie fitófaga: se alimenta de tejidos vegetales y se va a comer ese árbol…

Así que tenedlo en cuenta. No hay que equivocarse. Las dos son escarabajos, pero uno se come a los bichos y el otro se da un festín de hojas.

Nota : La urbanita avisó al propietario del árbol y ya lo están tratando… ; – )

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Cubos y regaderas.

Foto de Amritanshu Sikdar en Unsplash

Antaño, mi madre siempre que llovía, sacaba sus cubos y regaderas para tener agua de lluvia para regar a posteriori. Antes, llovía más y muchas veces la hacíamos desistir de su acopio porque, a la vez, el agua estancada hacia proliferar los mosquitos tigre en esta zona mediterránea. Ahora, lo vuelve a hacer y, con razón. Emergencia. Sequía.  Quiere tener agua para, cuando no llueva, regar las plantas del pequeño jardín que mi padre le dejó con un mandato: “Cuídalo”. A ella le encanta: cortar flores marchitas, cambiar macetas y… regar. Ahora, no lo hace. Si los agricultores no pueden regar sus campos ella, no va a regar unas plantitas. Y mira que ese pequeño jardín es un refugio emocional donde se reencuentra con mi padre, pero es sabia y respetuosa. Y sabe que él hubiese hecho lo mismo.

Compraré cubos y regaderas de más para que esté más tranquila y por si hay suerte y hay más lluvia. Hay sequía y restricciones de agua en el campo. Si no llueve de aquí a septiembre, restricciones en los hogares. 

Y la incertidumbre de cómo podemos gestionar lo que viene. Porque viene y con los cubos y las regaderas no solucionamos, aunque mi madre ponga todo su empeño…

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Reencuentro.

Hace ya semanas que no tengo mi cámara conmigo. La olvidé en uno de los lugares donde más fotografías me gusta hacer, así que sabía que volvería y la recuperaría, pero, aun así, la he echado muchas veces de menos. El teléfono hace unas fotos muy chulas, pero la experiencia con la cámara es distinta y en mi universo personal, no la sustituye. 

Así que me he reencontrado con ella, en un universo de flores y colores. 

Y, de premio, mariposa…

Primera vez.

Lluvia.

Siempre me ha gustado la lluvia. A mi padre le encantaba y, de niños, cuando paraba de llover, nos hacía salir al bosque (uno que ya no existe y es un barrio residencial) para que pudiéramos oler el aroma peculiar de la tierra y la hierba mojada, de los pinos frescos… A mi abuelo también le gustaba la lluvia y él, además, salía a coger caracoles, lo que a nosotros nos parecía lo más divertido del mundo.

La casa donde veraneábamos tenía terrazas con barandas de hierro y, cuando llovía, se oía un tintineo que siempre percibíamos como una melodía relajante. 

El sábado llovió en Barcelona. Me alegré, como siempre que llueve, pero, también me sentí aliviada por la lluvia. Deseé que lloviera más y más días porque tiene que llover para que se pueda solucionar el abastecimiento de agua en este período de sequía severa.

Ya hay más cemento que bosque. Caracoles, pocos, pero la lluvia sigue siendo confortable y reparadora. Y, ahora, más necesaria que nunca.

Por primera vez, la lluvia no era una coreografía de sonidos y aromas con los que disfrutar sino un salvavidas que lanzan al mar cuando ya no quedan fuerzas para seguir nadando.

La próxima vez que llueva, ya no será una primera vez de alegría porque los pantanos se vayan llenando y las cabeceras de los ríos tengan un buen caudal. Serán -espero, deseo, ruego- muchas más veces. Segunda, tercera, cuarta y así hasta la octava vez. Según ha dicho el hombre del tiempo, nos hacen falta ocho lluvias…  

Lo triste es que el agua de esta primera vez ha llegado para avisarnos: sequía, cambio climático, exceso de consumo y desidia política en la gestión hídrica. 

Espero que sepamos hacerlo mejor para que la lluvia vuelva a evocar lo de antaño: aromas, melodías y vida.

Pica.

Esto son las bolas-bomba de polen del platanero de sombra. 

Un árbol agradecido que soporta bien la contaminación y el entorno urbano y por eso es protagonista en las calles de las ciudades de clima templado. Puede llegar a crecer hasta 55 cm, vivir 500 años y proporciona una agradable sombra, pero… entre marzo y abril, entra en polinización. Un fino polvo amarillo lo cubre todo. El viento lo disemina aquí y allá. Cada vez hay más gente a la que le provoca alergia, así que he vuelto ver mucha mascarilla en la calle. 

No me extraña. Un solo árbol puede llegar a contener 140 mil millones de granos de polen. 

Pica con solo hacer las fotos…

A las 22:24 empezará la alteración…

No sé qué estarás haciendo a las 22:24 pero , justamente a esa hora, se producirá el cambio de estación y -¡hola!- ya estará aquí la primavera.

Es una cuestión de posición de la órbita de la tierra alrededor del sol que, según convenio, los seres humanos hemos determinado como las cuatro estaciones con sus equinoccios .

Los romanos lo hacían más sencillo: calor y frío. Dos estaciones. Una, la más larga, la conformaban nuestra primavera, verano y otoño ( de nombre latín ver/veris). El invierno (hibernum tempus) era más cortita.

Supongo que se encontraron con una primavera con fases diferentes y decidieron diferenciarlas : para el comienzo  (primo, primus ) de la estación (ver, veris) eligieron primo vere/a y ahí surgió la palabra primavera.

Son los primeros tiempos de la estación templada que terminará con el comienzo del verano.

Durante este tiempo, dice el refrán que «La primavera la sangre altera«,

Descenderá la producción de melatonina ( hormona relacionada con el letargo invernal de los animales) lo que nos dará más energía y bienestar o bien, lo que descenderá serán las betaendorfinas y tendremos astenia, fatiga o melancolía primaveral. Después están las feromonas, que también se vuelven locas … Por no hablar de  la dopamina, norepinefrina y oxitocina,  neurotransmisores  tan simpáticos  que mejoran el estado de ánimo, aumentan el apetito sexual, la actividad física…  Podemos tener una tristeza floral o una energía radiante. La cosa es que, por un lado u otro, hay alteración…

Lo mismo les pasa a las plantas y los animales… “Cuando escuchamos a los pájaros cantar en primavera, es porque una molécula sensible a la luz de su cerebro se ha activado y así las aves se aseguran de que habrá más comida disponible para sus crías cuando nazcan»

En realidad, la mayoría de mecanismos biológicos nos prepararan para la luz .  Y el sol, la brisa, los colores radiantes y brillantes, el verde que nace…

Seremos seres vernales hasta el 21 de junio y , con suerte, se nos alterarán los neurotransmisores adecuados y viviremos el mejor spot publicitario de la vida.

A las 22:24.

O no… : – )

NB : Vernal :Del latín vernālis. Perteneciente o relativo a la primavera. Me encanta esta palabra…