Se buscan voluntarios para El Comando de Resistencia del Año Nuevo…

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Ya sé que es duro pero…lo tenemos que hacer. No queda otro remedio.

Ya cuentan por miles las veces en las que nos hemos equivocado. Esta vez, no.

Lo da la tortura suena muy fuerte, lo sé. Espero que no tengamos que llegar a arrancarle  los días, uno a uno pero…Ya se verá. Empezaremos en plan farol pero si no obtenemos ningún resultado, hay que actuar. Cruelmente, si es necesario.

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No olvidéis que tiene mucha experiencia. Lo ha hecho, una vez y otra vez y nuestra única respuesta ,continúa siendo hacer ver que no pasa nada, hacer una listita de deseos y objetivos, ponernos unos gorritos de papel , comer doce uvas y beber hasta perder el sentido…del ridículo.

Lo tiene fácil. Nos pilla borrachos y de fiesta. Totalmente desprevenidos…

Hay que capturarlo antes e interrogarlo para ver qué intenciones tiene. Si viene a hacer daño, lo retenemos hasta que llegue el siguiente. Sólo podemos dejar pasar al que venga de buena voluntad. No hay más que hablar. Ya nos han jodido bastante.

¿Estáis preparados?

Nos quedan pocos días.

2014-1Hay que interceptar al 2014 y hacerle cantar. Si no nos dice que nos trae, le iremos arrancando horas, después días, semanas y si es necesario, los meses. Uno a uno.

Sólo lo dejaremos pasar si realmente viene Feliz

 

Comando de Resistencia Del Año Nuevo.

Odio la Navidad.

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Odio la Navidad.

Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre? Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, comilonas, encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno, ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresalo con la contundencia que requiere.

 Cuando estoy concentrado poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan (eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y el amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal. Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y…odio la Navidad.

Lo de los regalos me supera. La mayoría de veces son intercambio de obsequios medidos por su valor económico: Yo te regalo tu perfume favorito que me cuesta 60 euros y espero que tú te gastes lo mismo en el mío. La gente acude en manada a los centros comerciales y compra sin ilusión.Son pocos los que invierten su tiempo en regalar de verdad. Se limitan a fijar el dispendio y obvian todo lo que tiene de ritual : pensar en el destinatario, en sus gustos. Buscar lo que crees mejor, encontrarlo y hacer que te lo envuelvan con cariño ( el último regalo que me hizo mi cuñada tenía como envoltorio una bolsa del Carrefour … y eran unos calcetines negros y una bufanda de rayas horrorosa. Yo nunca llevo bufanda.). Es por eso que los días posteriores a las fiestas navideñas, las tiendas saben que tendrán un aluvión de devoluciones. Todo es consecuencia del no querer regalar y , por lo tanto, regalar mal

No puedo evitar en pensar en todo esa superficialidad cuando el camión recorre las calles y, de madrugada, veo todas esas cajas y bolsas amontonándose en los containers de basura la ciudad. Eso sí, papel con papel, plástico con plástico…

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

 Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar. Mi hijo no había jugado jamás. Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedicó un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca. No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad?

Por si fuera poco, eso de los encuentros familiares y las comilonas es algo que ya sufro con regularidad en casi todos los momentos del año. Hay festejos para los cumpleaños, los bautizos, las bodas, un par de domingos al mes, en agosto cuando vamos al pueblo y al apartamento de la playa… Lo que me gustaría es que hubiera menos pero es imposible convencer a mi mujer…ni a mi madre, ni a mi cuñado que ya me está enviando mensajes para saber qué vamos a hacer para Fin de Año…En Navidad, la sociabilidad de nuestras familias se multiplica por mil y se convierte en una cadena de eventos alrededor de una mesa que casi se parece a La Grande Bouffe.

Sólo pensar en ello, me dan náuseas y tengo que tener cuidado con eso . Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador…

Odio la Navidad.

Y aún más desde el apagón del 2018. Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la Navidad. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a saludarnos y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos…

Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora, debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 p.m. en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas. Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. 

¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?

 

Making Of : Este texto de ficción lo colgué en el 2010 y me inspiraron tres cosas distintas : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del encendido del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegaban de La Cumbre Internacional sobre el Cambio Climático en Cancún. 

Curiosamente, cada año por estas fechas, esta es la entrada que recibe más visitas…

 

 

Dimito.

Aborrezco profundamente al Doctor Fernández, experto en Ingeniería Genética. No puedo soportar esa fina capa de saliva que cubre sus labios. Ni sus manos rechonchas y sudorosas…

Los primeros meses trabajamos en perfecta armonía. Después, se le empezó a ir la cabeza…Trabajaba 24 horas al día, menos una en la que dormía.  Cada vez salivaba más… Nos hacía trabajar a su ritmo frenético…Ya es mala suerte que para que mi investigación sea visible en la comunidad científica, me tenga que asociar con un colega más prestigioso pero… ¿Fernández? Eso ha sido un castigo.

Esta mañana he abierto la caja que habían dejado en mi mesa, algo ha saltado y ha empezado a dar tumbos por el Laboratorio. Cuando por fin he podido capturar aquella cosa, me he quedado helada.

Una rana peluda.

Una rana con una larga mata de pelo.

Una rana con una coleta y un lazo rosa.

Una tarjeta manuscrita colgando del lazo : “Me dijiste que “Cuando las ranas críen pelo”. Doctor Fernández”

Eso fue lo que respondí cuando me preguntó si quería colaborar en un nuevo proyecto que se traía entre manos. Ahora mismo, estoy redactando mi dimisión mientras la rana me observa…

Con mucho sigilo, la rana peluda da un salto y se escapa por la ventana. Me froto los ojos… ¿Me lo habré imaginado todo? Observo la carpeta abultada con los primeros resultados de mi investigación y decido romper mi carta de dimisión. Torearé a Fernández. ¿Ranas con pelo? Ja!

La estoy haciendo pedacitos cuando algo, en la ventana, llama mi atención.

Me vuelvo a sentar delante de la pantalla del ordenador.

Abro el archivo “Cartadedimison.doc” y la imprimo de nuevo.

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La Evolución del Floripondio.

Más Rotu-Terapia…

 

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La Evolución del Floripondio

En el principio del principio, los floripondios no cabían en el planeta. Grandes extensiones de praderas, bordadas de colores y aromas…

En el principio del principio, los floripondios eran naturales. Unos, brotaban en bellos círculos concéntricos de bellos tonos azules. Otros, conformaban círculos con rojos y naranjas intensos…Las hojas, de un verde muy especial, danzaban aquí y allá…

 

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Entonces, del principio se pasó a la época intermedia.

En la época intermedia, las praderas fueron ocupadas por habitantes extraños. Estos, se reproducían a un ritmo vertiginoso y, pronto, tuvieron que cortar los floripondios para poder ocupar su espacio, reduciendo-drásticamente-la población floripondial del planeta.

 

 

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Entonces, de la época intermedia se pasó al presente.

En los tiempos del presente, los habitantes extraños han copado todas las praderas, todas las montañas, todos los valles… Ya no hay colores y aromas. No quedan más de diez floripondios en todo el planeta.

Los floripondios, ahora, son “Floripondios protegidos”.

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NB : Floripondios, en conjunto.

 

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¿Os apetece una pizza?

Recuperando relatos…

La pizza

Oferta Especial con dos finales a elegir:

1) Aquí te pillo, aquí te mato.

2) Aquí te mato, aquí te pillo.

¡Qué aproveche!

No es que se escondiera de él.

Alguna noche, de forma muy ocasional y con la voluntad de complacerla, la había dejado llamar a la pizzería del barrio para que le trajeran una suculenta margarita, con cebolla, bacon y doble de queso. Lo de hacerse vegetariano no había sido una sorpresa para ninguno de los dos. Con los años, se había acentuado su obsesión por los productos ecológicos y la dieta sana. No comía carne roja y no le gustaba el pescado, por lo que su dieta se había ido reduciendo a lo que se conoce como “vegetariano ovo-lácteo” de una forma natural.

Ella, en cambio, seguía comiendo de todo: aprovechaba para degustar un filetito o una dorada a la sal cuando acudía a los almuerzos de negocio o cenas con las amigas o un domingo en casa de sus padres… Su madre ya se ocupaba de tener un menú variado para todos los gustos de los comensales y mientras él alababa la lasaña vegetal, ella se zampaba un rabo de toro al vino tinto…

El vino…El vino era otra de esas cosas… Al principio de su vida en común, les gustaba degustar una copa y en las “ocasiones especiales”, adquirían vinos de buena cosecha según lo que puntuaba el gurú enológico Robert Parker. Los cumpleaños, los aniversarios, alguna buena noticia en el ámbito laboral… Eran las cosas típicas. Pero, aquello se convirtió en frecuente y empezaron a acudir a catas y seminarios. A ella también le gustaba la cultura del vino y su disfrute pero… ¡eso no quería decir que no pudiera tomar una Coca Cola de vez en cuando!… Cuando osaba a abrir una lata del refresco maldito, él la miraba con cara de asco y meneaba la cabeza, en un gesto inconfundible de confirmación de su locura.

Al margen de esas cosillas del comer y del beber, funcionaban como una pareja perfectamente engrasada. Una relación casi perfecta. No se podía pedir más… Tal vez por eso la carcomía la culpa mientras esperaba al mensajero de Pizza Telele. Él la había llamado hacía una hora y le había dicho que no cenarían juntos. Cosas del trabajo. Y ella, en vez de sentirse decepcionada y cenar en soledad la judía tierna con patata y zanahoria, había cogido el folleto promocional de Pizza Telele y había encargado una pizza mediana… y una Coca Cola! ¡Sí!.

Pero…si se paraba a pensar un poco, ya eran bastantes noches de trabajo atrasado y bastantes pizzas, engullidas de contrabando. ¿De cero a tres o cuatro veces al mes? ¿No eran demasiadas noches de free-pizza? En sus pensamientos, por un segundo, destelló un mensaje de advertencia: ¿Estaba con otra? pero llamaron a la puerta y el pensamiento se desvaneció.

(…)

Cuando llegó al portal del número 22 de la Calle del Hambriento estaba ya muy nervioso. Estaba atendiendo el teléfono y tomando los pedidos, cuando vio en el identificador de llamadas que estaba al aparato la bella criatura de la pizza mediana con cebolla, bacon y doble de queso…y una Coca Cola. Sólo anticipar la suavidad de su voz cuando anunciara que quería una pizza a domicilio, ya lo ponía enfermo. Le temblaban las piernas, la mano que sujetaba el teléfono y, por supuesto, la voz. Llevaba mucho tiempo pensando en ella, planificando cómo sería su encuentro y deseando que se produjera pero… era demasiado pronto. No estaba preparado. ¿O sí? La excitación recorrió su cuerpo desde la punta de los dedos del pie hasta lo alto de su cabeza rapada.

Contestó con una voz chillona que le sorprendió a él mismo y se quedó petrificado cuando ella le hizo el pedido. Le prometió que estaría en su domicilio en veinte minutos y cuando colgó, se dirigió a la zona de reparto y cambió los turnos.

Al cuarto de hora, sentía el frío de la noche en la cara mientras recorría las calles de la ciudad para llegar a la casa de “ella”. Era perfecta: esos ojos brillantes que lo miraban con alegría cuando le entregaba la pizza, los labios carnosos que se humedecía con la lengua y lo provocaban directamente,… Sabía que estaba sola: sólo hacía pedidos nocturnos cuando el tipo que vivía con ella no estaba en casa. Una única vez lo había sorprendido, abriendo la puerta y gritando: ¡Cariño, tu pizza! Pero eso había sido hacía mucho tiempo… En los últimos meses, la había estado observando y sabía que estaba sola.

Sola.

A medida que avanzaba en su recorrido se hacía más firme su propósito. Ese era el momento. Esa era la noche.

(…)

Abrió la puerta y vio al chico de Pizza Telele. Siempre era el mismo: alto y delgado, con unos ojos oscuros que siempre la miraban fijamente y que ella veía a través del casco. Y aunque su aspecto era amenazador, en el fondo era simpático y siempre le sonreía cuando le daba la propina.

Esta vez, llevaba el casco de la moto en la mano y pudo ver su reluciente cabeza, afeitada al cero y con un extraño tatuaje en la parte superior. ¿Qué era eso? ¿Un pájaro? Sostenía la caja de pizza con una mano y la estaba observando de esa forma intensa que ya había percibido en ocasiones anteriores.

Extendió la mano para coger su pizza y, entonces,…

FINAL nº 1 : Aquí te pillo, aquí te mato.

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Sonó el teléfono. Mientras el chico de reparto esperaba en el recibidor, atendió la llamada a su móvil. ¿De la empresa de su marido? ¿No estaba con ellos? ¿No tenía una cena de trabajo? La alarma volvió a dispararse y esta vez, apareció un nombre y una cara. Últimamente, ella estaba presente en muchas de sus conversaciones… ¿Y si?…De repente, todo encajó y las pequeñas cosas que habían pasado inadvertidas, se convirtieron en claras pruebas condenatorias. ¡Le estaba poniendo los cuernos! Sintió una furia interior que ni supo controlar.

¡Maldito ovo-lácteo de los huevos!

Oyó una voz que la llamaba. El chico de la pizza.

Seguía con la caja en la mano pero percibió un cambio de actitud en él. Se disculpó y, alterada por el reciente descubrimiento, se le cayeron las monedas al suelo.

Él , a su vez, tiró la pizza y le cogió la mano sin apartar la mirada de su rostro. Ella abrió muchos los ojos, sorprendida, pero no la retiró. Por unos segundos, titubeó: su vista se dirigió a la caja, desparramada en el suelo, a sus manos entrelazadas y, otra vez a sus ojos. ¿Era energía sexual lo que chisporroteaba en el ambiente? .

En ese momento, él supo lo que tenía que hacer: tiró con fuerza de ella y dejó que se produjera el primer impacto,  cuerpo a cuerpo.

Buscó sus labios y la envolvió en un abrazo de hierro que los dejo sin respiración. No hubo palabras. Ni una siquiera. Entraron en la casa y se dejaron caer, enredados, en el sofá. Cuando todo acabó, continuaban en silencio. Se vistió y bajó a buscar la segunda pizza de cebolla, bacon y doble de queso que llevaba de reserva. Y la Coca Cola.

La dejó sentada en el sofá, despeinada y rodeada de los cojines, esparcidos por todo el salón. Encima de la mesita de cortesía, dejó la pizza y la Coca Cola. La beso suavemente y se fue.

Ella se quedó mirando la pizza, ya fría. ¿Cornuda? Era posible, pero de apaleada, nada. Metió la pizza en el horno y se fue a duchar.  Y aunque había gozado con “Un aquí te pillo y aquí te mato”, con un casi desconocido nunca más llamaría a la Pizzería Telele…

Cuando él llegó a la Pizzería Telele, buscó su agenda secreta. La guardaba, escondida, al fondo del cajón de pedidos. Buscó la lista de clientas que había seleccionado y tachó la del número 22 de la Calle de los Hambrientos.

FINAL nº 2 : Aquí te mato , aquí te pillo.

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Sonó el teléfono. Mientras el chico de reparto esperaba en el recibidor, atendió la llamada a su móvil. ¿De la empresa de su marido? ¿No estaba con ellos? ¿No tenía una cena de trabajo? La alarma volvió a dispararse y esta vez, apareció un nombre y una cara. Últimamente, ella estaba presente en muchas de sus conversaciones… ¿Y si?…De repente, todo encajó y las pequeñas cosas que habían pasado inadvertidas, se convirtieron en claras pruebas condenatorias. ¡Le estaba poniendo los cuernos! Sintió una furia interior que ni supo controlar.

¡Maldito ovo-lácteo de los huevos!

Oyó una voz que la llamaba. El chico de la pizza.

Seguía con la caja en la mano pero percibió un cambio de actitud en él. Se disculpó y, alterada por el reciente descubrimiento, se le cayeron las monedas al suelo.

Él tiró a su vez la pizza y le cogió la mano sin apartar la mirada de su rostro. Ella abrió muchos los ojos, sorprendida, pero no la retiró.

Entonces, el alzó el casco y descargó un golpe contra el cráneo de la mujer. Siempre le estremecía el crujido de los huesos cuando se rompían, pero era parte del juego y  la verdad, eso lo excitaba aún más.

Con el cuerpo inerte en sus brazos, entró en la casa. Más tarde se ocuparía de ocultar su rastro. Aquella iba a ser la víctima número cinco y quería tomárselo con calma. Ya no podría regresar a la Pizzería Telele, tendría que abandonar la ciudad y empezar de nuevo. Una nueva mujer, la sexta, lo estaba esperando en cualquier punto de la geografía española. Suspirando, la dejó en el sofá.

Para la víctima número cinco, había ideado una fiesta especial. Con pizza y Coca Cola, como a ella le gustaba.  A la prensa le iba a encantar encontrarla de aquella manera: los programas amarillos se iban a cebar con lo original y escabroso de la puesta en escena… ¡Cómo iba a disfrutar viéndolos elucubrar sobre el asesino de la pizza!

Con el borde de la pizza, que recortó con cuidado, le hizo una corona que le puso en la cabeza. La sangre empapaba la masa. No quedaba mal aunque le hubiese gustado más que se hubiera visto el color crema del pan. Resaltaría más con aquel pelo tan negro…

No lo encontrarían jamás. Ni siquiera podrían asociar esta a otras muertes similares en otras pizzerías… Aún no se habían dado cuenta que tenían que buscar al asesino en serie “del reparto”.  Iban muy, muy, por detrás. ¡Qué ingenuos!

Ya había acabado con cinco vidas y a cual mejor : la primera, había sido una clienta de una tienda de productos ecológicos, la segunda, una habitual del Carrefour, la cuarta, una fanática de la comida china a domicilio y por fin, la quinta, la bella criatura del número 22 de la Calle del Hambriento.

Mientras limpiaba sus huellas pensó que, su próxima solicitud de trabajo, iba a ser para una vacante de “repartidor” de prensa diaria en la ruta de Badajoz. La había visto en la prensa dominical…Se presentaría.

Alguna suscriptora interesante se podía convertir en la sexta…

La habitación nº 26.

En la habitación nº 26…

“Me siento triste. Mi tristeza contamina todas las zonas de mi alma y se expande. Se hace grande , gigantesca…A veces, es tan grande que no sé como gestionarla. No me cabe.

Tengo un miedo terrible a explotar. Ese día,  en el que mi tristeza sea tan descomunal que presione las paredes de mi alma y de mi cerebro, sé que estallaré. Los mil pedazos de mi tristeza rota, saldrán desperdigados hacia todos los lugares. Puede que mi tristeza llegue, incluso a la luna…

 Lo de explotar, me preocupa de verdad. A veces pienso que lo que haré será implosionar pero no puedo estar segura. Si me voy hacia afuera, desgraciadamente mis gajos de tristeza  , propulsados por la explosión , pueden tocar a muchos. No quiero que mi tristeza toque a nadie….En cambio, si implosiono, me replegaré en mil recovecos hasta desaparecer. No sé si será más o menos doloroso que saltar por los aires pero creo que sería la forma más responsable…No quiero que nadie se contagie.

No puedo controlar esta tristeza. Ni siquiera cuando soy feliz, consigo vaciarme de ella. Siempre está ahí, acumulativa. Haciéndose grande y fuerte.

Noto que ya estoy rebosante. Una de estas, será la gota que colmé el vaso y entonces…o explotaré o implosionaré. Siento toda esa energía que se acumula y que tensa, tensa, tensa…”

(…)

-. Sé que es científicamente imposible pero, ¿es posible que la paciente de la número 26 se esté haciendo más…pequeña?

-. ¿Pequeña? ¿Qué quieres decir?

-. No sé. Está igual: mide lo mismo, pesa lo mismo pero…me parece …diminuta. ¿Te has fijado que duerme hecha un ovillo?

-. Yo también lo hago, no sé que tiene eso de raro.

-. No, fíjate. Se enrosca, pies y cabeza, protegiéndose con las manos, de una forma especial. Casi parece una contorsionista.

-. Ya me fijaré. Tengo guardia esta noche… La nº 26 me despierta  especial  ternura…Siempre que coincido con ella…No sé…Tiene algo… No entiendo por qué está aquí. Según el historial, sufre de delirios …Dice que va explotar…Ha puesto su vida en peligro en varias ocasiones…

-. ¿Y por qué no la vacían? Cualquier día , tenemos un disgusto…¿No se la puede obligar?

-. No acepta el tratamiento. Ya sabes que es voluntario. Sólo te pueden vaciar de tu tristeza, con tu consentimiento. Hay gente que prefiere no perder los escasos buenos momentos de la vida y elige que no la vacíen. Supongo que en unos años, se podrá vaciar la tristeza sin que te tengas que quitar, también, la felicidad acumulada. Se están haciendo grandes avances .Lo he oído en el laboratorio…

-. No sé. Tengo la sensación de que no le queda mucho tiempo. Está a punto de rebosar…

(…)

La técnico-cuidadora se deslizaba por el pasillo de la Planta 7, con especial sigilo. Era la tercera ronda de la noche y sabía que sus pacientes disfrutaban de un sueño profundo. Respetaba esas horas de calma y serenidad de los espíritus que , en la vigilia, se veían perturbados por la tristeza. Mientras dormían, estaban en paz.

Tras comprobar que todos dormían apaciblemente, volvió sobre sus pasos, hacia la habitación nº 26. Su compañera tenía razón: aquella joven estaba menguando… Era todo lo contrario a lo establecido por las leyes de la naturaleza  tristológica: la tristeza hincha . Te agranda. Te puede hacer explotar pero…¿menguar?

(…)

 “Siento que me encojo. Ya está. Estoy a punto. No quiero que nada me haga olvidar esa sonrisa, ni esa mirada. Es mía y sólo mía y no quiero que desaparezca jamás. “

(…)

La técnico-cuidadora abrió la puerta de la habitación nº 26 con delicadeza. Al dirigir su mirada hacia la cama de la paciente, sintió que algo no iba bien. Lo que le pareció oír en ese momento, según especifican los informes, fue un suspiro seguido de una suave carcajada. Sintió, también, una brisa perfumada, agradable. No supo identificar aquel aroma.  Declaró que la habitación estaba vacía. Se precipitó hacia la cama y movió las sábanas que se mostraban huecas y sin volumen. Especifica que al realizar esa acción, notó como algo pequeño y brillante, del tamaño de un guisante, caía en el suelo. Emitió unos preciosos destellos, durante unos segundos y desapareció.

No se supo nada más de la paciente nº 26. Se comunicó su desaparición a las autoridades pertinentes y se procedió a eliminar los datos de su expediente.

(…)

La técnico-cuidadora que ese día, estaba de guardia en la Planta 7, debe realizar una sesión de vaciado.Ya le toca…

Nadie sabe por qué no ha acudido a la cita. No duele y te deja como nuevo. Vacío pero como nuevo….

Hace tiempo que no saben de ella. Se acogió a una excedencia y apenas ha tenido contacto con el Centro…Todos saben que algo ocurrió en la habitación nº 26 …

(…)

No se va a vaciar…. Ya está decidido. Convivirá con sus tristezas …No sabe explicar qué es lo que pasó  en la habitación nº 26 y por eso, no lo mencionó en la investigación pero, por unos instantes, disfrutó de una intensa sensación de felicidad, plena, que la dejó conmocionada. A su mente acudió una imagen : una sonrisa, después…una mirada. Fueron unos instantes, ridículos, diminutos , al compás de un simple destello pero sintió como su cuerpo absorbía aquella sensación y la hacía suya.

Ya han pasado más de tres meses desde aquel suceso y debería haberlo olvidado pero , de forma increíble, ha conseguido rememorar “ese” instante en varias ocasiones y apreciar, aunque sea de refilón, esa felicidad deliciosa. Son pequeñas dosis , muy pequeñas, pero ya sabe que no va a poder renunciar a ellas…

En algún lugar,  hay una sonrisa, hay una mirada que le pertenece…

El sofá amarillo nº 7 : Túmbese

Es la primera vez que voy a hacer esto y estoy muy nerviosa. No me he atrevido a preguntar a nadie como proceder. No conozco persona  que pueda ayudarme en tal menester… Además, me da una vergüenza terrible.

Es la primera vez que me voy a mostrar tal como soy.  Sin maquillaje ni máscaras. Desnuda. Sólo pensar en el término, ya me produce escalofríos. Desnuda…No sé que hacer con las manos. Veo el sofá y me imagino el momento en el que me pedirá  que me tumbe porque ¿Se hace así, no? Me hubiese gustado más que fuera un diván que un sofá amarillo. Me hubiese parece , no sé, más profesional.

¿Cómo se empieza? ¿Me hará preguntas? ¿Debo ser yo la que hable? ¿Le digo, de entrada, lo que creo que me gusta y lo que no? ¿Estoy segura de esto?

Creo que no. No estoy segura. Me es imposible desnudarme delante de un desconocido. No podré soportar que fisgue en todos los rincones de mi ser. No. No puedo hacerlo. ¿Por qué me habré dejado convencer?

Recuerdo esa mirada grave, el tono de seriedad en la voz . Mi amiga más íntima, diciéndome que debía solucionar mis problemas. Que ya empezaba a ser urgente, que debía recurrir a un servicio profesional. Lo había llamado: recurso terapéutico.

¿Me siento o lo espero de pie? No sé que hacer. Las cuatro revistas que hay en la mesita de centro, son antiguas y están descoloridas.  Veo un cuenco lleno de caramelos y no puedo evitar, meterme un puñadito en el bolso. Son los nervios. Cojo el cuenco y lo guardo en el bolso. No me controlo…

Ya sé que yo pedí que fuera una cita informal. Contesté a todas las preguntas que me formularon por teléfono  así que más o menos, me puedo imaginar que es lo que me espera …Un recurso terapéutico.

Oigo pasos . Ya se acerca. Me pasó las palmas humedecidas, por los pliegues de mi falda. Trago saliva. Siento como se desliza por mi laringe. Se mueve el picaporte, gira levemente.

Sé que por esa puerta entrará el Doctor…

 

 

 

 

Este relato tiene dos finales.

 

 

FINAL 1

Sé que por esa puerta entrará el Doctor Robbe , una eminencia en el campo de la Psiquiatría y especializado en lo mío.  Me estrecha la mano, amablemente . Tiene un aspecto de bonachón que me hace sentir más segura.  Observo como su mirada se dirige hacia mi bolso.

Es cierto que el cuenco de los caramelos,  hace que adopte una forma extraña . No me extraña que le llame la atención. Estoy en una sala especial, sin objetos que puedan ser robados…A excepción, claro, de ese precioso cuenco de cristal.

Me invita a sentarme y hace lo propio en una butaca situada en uno de los laterales. Cruza las piernas y saca una pequeña Moleskine del bolsillo de su americana. Fisgoneo lo que escribe y leo : «comprar un cuenco nuevo». Me muero de vergüenza.

Él, en cambio, me sonríe e inicia una ronda de preguntas, similares a las que me hicieron por teléfono. Su voz, muy modulada y profunda me invita a ser sincera.

Me pregunta si estoy cómoda y le digo la verdad. Me imaginaba un diván y no un sofá. Es más propio de un psiquiatra, le razono. Además, estaría mejor estirada.

Vuelve a sonreír. No hay problema, me dice.  Túmbese.

Lo hago. Una vez estirada, siento que de mi cuerpo, escapa un gran suspiro.

Lo voy a hacer. Me voy a desnudar.

Me llamo Tea y soy cleptómana.

 

FINAL 2

 

Sé que por esa puerta entrará el Doctor Amor. Ufff! Sólo pensar en el cuerpo macizo que aparecía en aquella foto que me enviaron por mail, las piernas se me convierten en mantequilla…batida. ¡Qué vergüenza , por Dios!

Nunca hubiese imaginado que mi regalo de cuarenta cumpleaños, fuera un servicio sexual, ¿Cómo si no, llamo yo a esto?… Basado en una fantasía…Nunca debí hacer caso a Pepa. Que te hace mucha falta, que hace más de cinco años que no…que no… , que te irá muy bien, que te olvidarás del divorcio, que ya es hora, que tengo una amiga viuda que es clienta habitual y está encantada…

Vale. No dije que no , pero ahora que estoy aquí, me doy cuenta que esto no va conmigo… Estoy a tiempo.  ¿Un Gigolo? ¿ Qué clase de regalo es ese?

Cuando el Doctor Amor abre la puerta y lo veo , dejo de pensar.  Lleva unos tejanos y una americana azul marino. Saca una Moleskine del bolsillo y me guiña un ojo.

Wow! Es muy, muy guapo. Esto, debe haber costado un ojo de la cara porque, me doy cuenta que la fotografía que me enviaron.,está libre de Photoshop. Es igual que el tío macizo de la foto.

Es el tío macizo de la foto…

Oigo la voz del Doctor Amor.

Me susurra : Túmbese.

 

 

 

 

 

El sofá amarillo nº 6 : Aquí lo hicimos

El «Aquí lo hicimos» daba mucho juego. Desde un apasionado encuentro sexual a un asesinato ( aún me dura lo de Stephen King) o algo tan tierno como la concepción de una nueva vida.

¿Qué hicimos aquí?, me pregunté. ¿En un sofá amarillo?

Teodora trabajaba como restauradora en el Museo de Historia de la ciudad. Se había doctorado en  la especialidad de “Objetos del Siglo XXI” y pasaba largas horas, restaurando los objetos que se encontraban en los yacimientos arqueológicos de las llamadas Urbanizaciones que poblaban ese siglo.

El último trabajo, del que estaba especialmente orgullosa, había sido la restauración completa de un primitivo teléfono llamado “iPhone” que había llamado la atención de sus superiores por su calidad y detalle.

No se sorprendió cuando la citaron en la planta de Dirección .Entró en el despacho preparada para recibir la felicitación de su jefe y salió de allí emocionada y feliz. Se habían superado sus expectativas y tras el halago y la palmadita en la espalda, había recibido el encargo más importante de su vida: restaurar el mueble más emblemático del Siglo XXI.

El sofá amarillo.

El sofá de la Revolución.

Ese sofá.

Acababa de desembalar la pieza y la estaba examinando con atención. Era un modelo Chester, diseñado a principios del Siglo XIX pero reeditado en los siglos XX y XXI.  Poseía su característico relieve en capitoné y los brazos y el respaldo a la misma altura. Estaba fabricado en piel vacuna de un suave color amarillo. El cuero estaba muy gastado y requeriría de su máxima destreza para devolverle su apariencia original.

Tomó muestras y preparó el sofá para el escáner molecular. Cuando se imprimió el informe de la composición del armazón, vio que se había detectado un trozo de celulosa, entre los muelles del respaldo en la zona central.

¿Celulosa? ¿Papel? Con mucho cuidado, procedió a extraer el trozo de papel y lo protegió en atmósfera cero para evitar que se desintegrara al contactar con el oxígeno .

Era una carta. No era una de esas memorias USB o un disco DVD…!Había descubierto una carta de papel del siglo XXI!

Emocionada, conectó el tecno-lector y procedió a su lectura .

 

 

Aquí lo hicimos.

 Aquí nació todo. Fue en este sofá. Este mismo.

 Eran malos tiempos para todos. Muy malos.La pobreza alcanzó al 80 % de la población y los recursos y el poder estaba concentrado en unos pocos. No había forma de intervenir en sus decisiones .Nos habían vetado con sistemas burocráticos que no nos permitían participar. No existía el diálogo….y la pobreza seguía creciendo.

 Empezamos a reunirnos en las calles. Centenares de personas desilusionadas , sin actividad laboral, intentando conseguir el mínimo para sobrevivir…Nos encontrábamos alrededor de los contenedores de basura o en los parques. Nos reconocíamos y hablábamos,  como en una gran terapia de grupo.

 Una mañana, en una de las calles que yo recorría buscando trabajo o alimento, apareció este sofá amarillo. De repente, me sentí muy cansado. Exhausto de la vida y…me senté. Cerré los ojos y deseé poder descansar unos minutos  pero oí una voz amable que me saludaba. Un hombre se sentó a mi lado y empezamos a charlar. Era un hombre lleno de ideas. De posibles soluciones. Su conversación me encandiló y no me di cuenta que se habían unido dos personas más. Entre todos, nos dedicamos a dar la vuelta a todos los problemas del mundo, aportando nuestros puntos de vista diferentes e ideas, muchas ideas. Al día siguiente, el mismo grupo me esperaba en el sofá amarillo. Me senté y cuando lo hice, se inició otra apasionante sesión de diálogo. Más tarde, vimos que otras personas , se situaban a nuestro lado, transportando un sofá , esta vez de estampado floreado.

 Había pasado un mes y la calle estaba ocupada por decenas de sofás que, cada mañana, recibían la visita de una multitud silenciosa que, cuando ocupaba su plaza, estallaba en una algarabía de voces, de gentes que compartían conocimiento, experiencias e ideas…Muchas ideas.

 Fue lo que llamaron la “Revolución del sofá”.

 Los sofás se propagaron por todas las calles, por todas las ciudades…Los había de rayas, de topos de flores  y de todos los colores y formas. Siempre repletos, siempre activos. Y en su epicentro, este sofá amarillo.

 Cuando la invasión de sofás, se contaba por miles, nos dimos cuenta que teníamos en nuestras manos algo importante : muchas ideas y la capacidad de dialogar así que hicimos que esos que controlaban nuestros destinos, se sentarán en ellos y escucharan todas esas ideas y que dialogaran con nosotros.

 Ese fue el inicio de una nueva era. Un tiempo en el que se escucha a la multitud silenciosa y en el que se puede debatir y dialogar, para buscar el bien común.

 Ruego al lector de estas letras, que promueva este mensaje.

 No hay que olvidar, nunca, lo que significa este sofá.

 Aquí lo hicimos.

 

Teodora se secó una lágrima que se había deslizado, silenciosamente, por su mejilla No era excesivamentee emocional pero no pudo evitar, acercarse al sofá y acariciar su respaldo de cuero agrietado.

Tenía en sus manos, el encargo de su vida: restaurar y promover.

Se puso el traje de protección y  empezó a trabajar.

Actualmente, el sofá amarillo de “La Revolución del Sofá” del siglo XXI (excelentemente restaurado por la eminente doctora Teodora Comonuevo) y la carta de papel original  del líder de la Revolución, forman parte de la exposición itinerante “No hay que olvidar” que visitará todas las ciudades del país.

 

 

El sofá amarillo.

Este es un experimento que estoy haciendo con un sofá amarillo. Lo voy a titular : «El sofá amarillo» ( soy un prodigio de imaginación! ) y se inicia con esta muestra gráfica que va a dar forma a cada uno de los relatos que conformarán «El sofá amarillo».

El sofá amarillo es, simplemente eso, un sofá amarillo.

Síííí, amarillo!… Ya sé que es un color especial para un sofá, pero este es, definitivamente, un sofá amarillo. Se me ocurrió pensar que ese podía ser el punto de partida de muchas historias, de múltiples argumentos. Relatos cortos, muy cortos. A veces, microrrelatos, sobre un sofá amarillo.

Son 10 posibilidades:


Parece cómodo, este sofá amarillo. ; – )

 

 

 

Fuera de Contexto : Asesinato y Sexo

Fuera de contexto : Asesinato

Las manos teñidas de rojo…Abro el grifo y las paso por agua fría. Me da asco sentirlas tan pringadas y sé que, debo continuar con mi tarea y que se volverán a llenar de rastros del color de la sangre…El cuchillo que creía afilado, empieza a fallar y, ahora, me cuesta más asestar esos tajos certeros. Debo trocear la carne que siento suave y blanda bajo mis manos. El cuchillo se me traba. ¿Será un tendón? ¿O habré llegado ya al hueso?… Hundo la hoja un poco más…Oigo un ruido. La puerta. No. Es la de la casa de al lado. Eso me saca de mi obcecación. Debo darme prisa y dejar el escenario del crimen, limpio como una patena. Cuando él llegue, me debe encontrar con mi look de estar- por- casa-divina, mi delantal y sin este aspecto de desquiciada que ahora mismo, veo reflejado en la ventana de la cocina. La única razón por la que he hecho esta atrocidad , es porque lo quiero. Definitivamente, el amor me ha vuelto loca.

En contexto : Un Estofado de Ternera

Cuando él llega a casa y abre la puerta, le llega un suave aroma a estofado . ¿Estofado? Imposible. Es vegetariana ( perdón , vegetariana ovoláctea) y odia cocinar cualquier alimento de lo que ella llama “cadáver de animal”. Desde que viven juntos, hoy hace ya dos años, nunca la ha visto ni tan siquiera tocar el filetito que se compra para , de vez en cuando, darse una alegría carnívora. Ya se ha acostumbrado a comer verduras, arroces y tofús en casa y carne roja, sangrante, cuando está fuera de ella.

Cuando la oye decir: ¡Feliz Aniversario!, entiende el sacrificio que ella ha hecho por él …Esta noche, cenará un buen estofado de ternera…

Fuera de contexto : Sexo Voyeur

La estaba examinando atentamente. Los signos delataban que era un buen momento para intentarlo. Su sexo estaba hinchado y brillante y se abría , sin recelos. Sí, definitivamente parecía el mejor momento para tener descendencia. Dejó que el macho la cortejara. No podía permitir que fuera una acción violenta, nunca funcionaba…Debía dejar que él la mimara un poco y que le mostrara su miembro dispuesto, aunque se acabaran de conocer.

Aquel macho era bueno. Había conseguido éxitos muy importantes con sus clientas y había muchas de sus versiones , en diminuto, correteando por aquellos prados.

Se sentía un poco voyeur pero… ese era su trabajo. La hembra se preparó para ser cubierta y el semental, inició el movimiento y la monta. Era brioso como sólo pueden ser los jóvenes y estaba nervioso…

En contexto : Monta de caballos pura raza

No le gustaba nada aquella parte y había confiado en que supiera guiar su pene en el camino correcto pero, los movimientos de la yegua, le indicaban que el pura sangre se había desviado. Necesitaba ayuda. Se puso los guantes y con paso cauteloso , se acercó a los caballos.

Era el veterinario responsable del programa “Cubriciones a terceros: monta natural”. El negocio iba muy bien. La empresa se había especializado en Yeguada de la Cartuja…

Precio por yegua cubierta :  650,00 euros. (IVA no incluido) En general, el número mínimo de yeguas por semental será entre DOCE y QUINCE. No obstante, el número total se determinará en función de la duración de la parada, y de los propios sementales.

Info : www.yeguadecartuja.com

N.B  ( Making Of): Este experimento fuera de contexto ( o no) se ha inspirado en una experiencia personal ; – ). Tengo una amiga , enamorada de los caballos, que tiene una yegua de competición y está buscando que «la cubran» para criar ejemplares de raza . Me quedé impactada con la forma en la que se realiza la operación «burocrática» y la «mecánica» (debe ser por mi condición de urbanita y torpe). Como se habla de las cubriciones, del número de montas por semental , de como se aseguran que el caballo eyacula y el cubrimiento prospera….Impresionante ( y más si lo descontextualizas).De ahí, surge el «Fuera de Contexto» que he aliñado con un estofadito de ternera….