Hay muchas cosas ahí abajo.
No penséis que es aburrido. Para nada.
Yo he descubierto :

Y , lo más importante :

#Quedateencasa y mira el suelo.
Es una opción…
Siempre hemos utilizado lejía para limpiar, pero , ahora, este producto desinfectante está más presente que nunca en nuestros hogares. Lejía concentrada, con detergente , en spray, etc.

Photo by Clay Banks on Unsplash
Yo también he aumentado exponencialmente la frecuencia de uso y esto, ha tenido consecuencias. De las prendas que habitualmente llevo para “estar por casa” ( el concepto homewear), un 90% se han visto perjudicadas por la lejía. Salpicaduras y roces que han dejado mi ropa , estampada al estilo caótico…

Total, que he creado un apartado en el armario -ahora que lo tengo todo tan ordenado y todo tiene su clasificación- de “Ropa manchada de Lejía” .
Nunca se sabe. Puede llegar a ser tendencia…
NB : En esta webs ( trucosdulces, y theworldkats )explican cómo decorar las camisetas con lejía de forma consciente y voluntaria ; – )
Ya he decidido que no voy a hacer planes.
Ni uno sólo.
Me voy a dejar llevar por la ruta incierta de la pandemia y el confinamiento, sin pensar en plazos.

Si algo ha quedado claro (para todos, incluida la OMS en la que una servidora siempre ha confiado ingenuamente) es que nadie sabe nada. Aún no ha habido tiempo de analizar los datos verídicos . La información de la que se dispone se basa en cálculos no homogéneos e incluso falseados/omitidos por temas geopolíticos de calado profundo.

Por otro lado, La Ciencia, la única religión en la que yo creo, necesita tiempo. Tiempo físico, de ese que vale oro y que es imposible comprar por mucho oro que tengas. La Ciencia y el tiempo, son los únicos factores que voy a tener en cuenta para planificar.
Así que, por ahora, estoy desplanificada.

Las fotos son de Maddi Bazzocco on Unsplash
Tengo varios marcadores temporales de esta realidad irreal que dura ya cinco semanas. Mientras estoy trabajando, escribiendo, ordenando, pintando, cocinando, mi mente se centra y es fluida en esto de evadirse. Eso sí, siempre que no esté oyendo los programas informativos con las cifras mareantes , el lío de las mascarillas , los opinólogos no epidemiólogos y a los políticos ineficaces, irrelevantes y marrulleros . Para todo ello, el mejor antídoto es la música, gran aliado de nuestra paz espiritual estos días…
Pero hay dos momentos que marcan mi tiempo: 1) las llamadas a los mayores de la familia que están solos y 2) el aplauso de las ocho de la tarde.
Cuando cuelgo el teléfono se inician las tareas del día.Cuando salgo a aplaudir ya lo estoy casi acabando…

Photo by Adam Nieścioruk on Unsplash
NB : Y me olvido de mi «pastillero»para mi medicación crónica. Último modelo con funda y los días de la semana primorosamente serigrafiados. Ahora es mi brújula…
El tema de la planificación: sigo sin perfeccionarla. Hay una serie de tareas que marcan el inicio del día y que , dependiendo del estado de la situación , pueden trastocar mis planes porque…¡ tengo planes! e, incluso, antes de ir a dormir, pienso lo que voy a hacer el día siguiente.
Lo primero tras toda la rutina del despertar, es “la ronda de llamadas”. Y la duración de estas, depende de muchos factores, pero me pueden consumir un tercio del tiempo. Bien invertido, por cierto.
Después están los factores externos. Planificar limpiar los cristales o aceitar la mesa de teca ( porque el año pasado compre más aceite del que debía y lo tenía guardado) y…que llueva. Vale. O querer ordenar todos los cajones del despacho y que, antes de hacerlo, no encuentre la pieza fundamental del trípode de la cámara que siempre está en un lugar concreto e, inexplicablemente, durante el confinamiento, ha desaparecido de mi vista. Resultado: dos horas buscando la pieza sin éxito. Ni San Antonio, ni San Cucufato. Y de ordenar, nada. Más bien, desordenar. Y es que , enseguida, enlazo con la hora de cocinar.
La rutina de ejercicio es la más estable, junto con la ducha diaria y sacarme el pijama sí o sí. Sólo un día, deambulé estilo zombie y despeinada aunque, como dice Mafalda, lo que tenía mi pelo es libertad de expresión…La verdad, la experiencia no me ha compensado.

Por lo demás, van pasando los días y no hago nada de lo que tenía previsto, pero, a la vez, no paro de hacer cosas.
Eso sí, el momento de escribir estos posts #Encasa, ya se han convertido en obligatorios y, como ya preveía, totalmente terapéuticos.
Gracias!
Confinamiento
He incumplido casi todos los consejos de los expertos. Las rutinas me funcionaron los primeros días, pero, después, he estado actuando en modo hiperactivo. He atacado armarios, cajones y estanterías de forma compulsiva. En plan atracón. No he tenido en cuenta los consejos amigos : planificar todo ese “orden y concierto” por días o semanas. Cada día, una cosa. Y una agenda. Tranquilamente.
Lo intentaré de nuevo…
Dentro de mis futuras rutinas, quiero escribir en el blog. He dudado durante estos días porque me cuesta no pensar que frivolizo si lo hago en un tono humorístico o si me da por la ciencia ficción (como ha pasado con muchos de los relatos que me gusta escribir y ahora me parecen, eso, frívolos ).Hay muchas personas pasándolo realmente mal… Pero voy a hacer caso a mis consejeros espirituales : un post es terapéutico para mí y espero, que para los que se dejen caer por aquí en estos tiempos difíciles. Ya tengo una lista de ideas. Y , la propia lista, ya ha sido terapeútica.

Por suerte, hay cosas que me marcan mi espacio-tiempo, como son las horas de las comidas y, también, el aplauso de las ocho de la tarde.
Respecto a la cocina: ha surgido en mí una faceta insospechada que sí es de planificación y de coordinación de menú. Y me sale bien. Algo es algo.

Photo by Neha Deshmukh on Unsplash
Respecto al aplauso : En estos últimos días, he aplicado tecnología para multiplicar el efecto. Salgo con mi altavoz inalámbrico supersónico y una pista de aplauso que dura 5 minutos. Es un gran momento de conexión humana . Es sentimental y también adrenalínico. Es de agradecimiento y de esperanza. Me gusta como me siento en esos minutos.

Photo by Daniel Lincoln on Unsplash
Es la hora exacta del día en la que, de verdad, creo que todo va a salir bien y que podremos con esto.
NB : Para el siguiente post, la idea es : Ver la tele en tiempos de confinamiento.Por si alguién tiene alguna idea.
En mi cocina, hay un ser paranormal que me esconde las tapas de los tuppers…
Siempre he pensado que ese fantasma, ronda por mi casa para hacerme pequeñas trastadas…
Esa cosa que vive en mi casa, también desapareja calcetines.
Tengo calcetines desparejados, en un cajón especial “sólo” para esos pobres calcetines.
Y no acaba aquí la cosa.
También me esconde las llaves. Aunque he utilizado técnicas y amuletos para no tener que pasarme un ratito buscando las llaves antes de salir, siguen haciéndolo de vez en cuando. No consigo neutralizarlo del todo…
Este ente diabólico , que juega a hacerme perder el tiempo, aparece en muchas casas. Seguro que mientras lees esto, piensas en ese pobre calcetín que tienes desparejado y que está en un cajón condenado a una vida solitaria. Pero ya hay mentes brillantes haciendo algo. La empresa se llama THROX y venden tres calcetines al precio de dos. Uno es de recambio…
Una mala mañana.
Pobre bocadillo.
Yo he visto este bocadillo a las ocho de la mañana. Estaba, ahí, en el suelo .
Pobre persona humana.
Me imagino el momento matinal, cuando uno tiene el “hambre del bocadillo”, a esa hora de siempre… Ese instante en el que alargas el brazo y coges ese manjar que 1) te ha costado muchísimo preparar con esmero ( a primera hora de la mañana, hacer el bocadillo tiene su plus de esfuerzo) o 2) te han preparado con todo el cariño del mundo y …sólo por eso sabe mejor.
Sí, una mala mañana la tiene cualquiera…
Ese bocata no estará en su lugar.Esa persona vivirá un momento de angustia. ¿Y el bocadillo?
Y el bocadillo está, aquí, tirado en la calle… Envuelto con primor pero …abandonado…
Me voy encontrando corazones por el suelo.
Cada vez, hay más.
Hay que ir con mucho cuidado, no vayas a pisarlos.
Hay corazones rotos y otros, contentos. Enfermos, enamorados, solos, felices, grandes y pequeños. Incluso, hay corazones negros.
Lo que nunca había visto era un corazón de madera. O de tronco. O de árbol. O de vida…No sé cómo llamarlo…
Casi me hace tropezar…Me lo he encontrado, a mis pies y le he hecho una foto.
Ya pueden cortar el árbol que él sigue enraizado.Presente.
Es un corazón de madera , tozudo, unido a la tierra.

1. Apabullar : tr. coloq. Confundir, intimidar a alguien, haciendo exhibición de fuerza o superioridad.
Calor apabullante…
Y es que estos últimos días, la temperatura confunde e intimida… Los trayectos son más largos y pesados, también el aire es más denso y el sol…El sol está narcisista y deslumbrón…
Todo el mundo repite : ¡Qué calor!
Un calor apabullante haciendo su exhibición de fuerza y superioridad…
Si soy sincera, más que la situación lo que lo hace apabullante son las circunstancias.
Este apabullador profesional , mutado por el cambio climático, no tiene el mismo efecto en una playita de Formentera con una bebida helada y en un estado de remojo continuo en esas aguas cristalinas. O, por ejemplo, a la sombra de un árbol de follaje denso, al pie de un riachuelo, en el que se balancean tus pies, fresquitos. O , debajo de una gran porche sombreado y bendecido por una brisa fresca ,en una hamaca , con un café con hielo y un buen libro entre las manos…
En esas situaciones, su efecto apabullador se desactiva, hasta casi desparecer. Es un calor distinto. Es calor pero ya no es apabullante…
Hecha esta reflexión me he dicho que podía intentar engañar a mi mente .Si le doy una sobredosis de imágenes refrescantes, es posible que pueda neutralizar al apabullador.
Eso y la indiferencia…Hacer como que no está.
¿Un heladito?
