Usada y suave. Machacada después de tantos lavados. Flexible, adaptable y cómoda. El algodón tiene una textura única conseguida a base de mucho uso.
Es difícil que otra camiseta pueda reemplazar esa vieja amiga que conoce nuestras costuras más íntimas. Habrá otras, favoritas y especiales: por los lugares, por las manos que las dan, por lo que significan, por el color o esa medida exacta de ancho y de largo…pero hay una, sólo una, que tiene el papel de querida-y-vieja-camiseta .
Siempre está en nuestro armario, en nuestras noches, en nuestro descanso. Cuando es políticamente incorrecto, cuando estamos cómodos, en familia, recién duchados, como pijama, ….
Hacía días que no tenía noticias de ella. Se había escondido entre las prendas dobladas para poder tener un espacio de intimidad en esa vida incasable de cuerpo a lavadora. Pero la he visto y se le ha acabado la intimidad. La he desplegado y he podido sentir un tenue olor a suavizante, a ropa limpia. Me la he puesto con un deje de satsifacción.Las mangas me van largas y me gusta cogerlas con las manos , estirándolas aún más. Ha sido un gran reencuentro.
Mientras escribo, con mi camiseta de testigo, pienso en que voy a ser incapaz de tirarla nunca. Acumula una historia que me pertenece y de la que no quiero desprenderme.
Por eso, cuando sea el momento, pienso hacer un cuadro con ella .
He visto en IKEA ( sección marcos) un bastidor cuadrado, que permite «enmarcar» tela, consiguiendo cuadros muy efectivos. Cuando mi camiseta sea una reliquia casi transparente, cuando ya de tanto usarla se nos acabe el amor, entonces y sólo entonces, la clavaré en uno de esos marcos y la convertiré en una obra de arte … Juro solemnemente que no haré trapos con ella.
Y es que yo la adoro. Qué se le va a hacer.
NB : En Decosfera, explican cómo .
















