Relato del Mes.

Hay un portal , exclusivamente de relatos, en el que cuelgo todos los textos que voy publicando en el blog. Tusrelatos.com

Es una iniciativa que me gusta mucho. Los relatos están cuantificados en minutos y puedes leer cosas muy buenas, adaptando tus necesidades al tiempo de que dispones.

Ya en el mes de diciembre, seleccionaron los micro relatos “Micro-hechos” como “Relato del mes” en la categoría de breve ( 2 minutos de lectura). Y este mes, me sorprendo con el “Aislados en la Nieve” , también seleccionado.

aislados

En este portal puedes comentar y valorar otros relatos pero no está pensado para interactuar. Quería agradecer esta distinción, las lecturas,  los comentarios y no se me ha ocurrido mejor forma que hacerlo con un relato.

 

Relato del mes

No puedo ocultar la gran satisfacción que me embarga… ¡Relato del Mes! Recibo valoraciones y amables comentarios de los lectores. ¡Tengo lectores! Estoy tan emocionada por el éxito de “Aislados en la nieve” que me he venido arriba y no puedo dejar de pensar en repetir la experiencia.

Para que me pudiera salir un relato de ese calibre, necesitaría poder escribir en una atmosfera de silencio rotundo. Ahora mismo, llevo unos auriculares ergonómicos que tapan completamente mis orejas y estoy escuchando música clásica. Sólo puedo intentar escribir con este tipo de música. El resto, la tarareo, me fijo en las letras, las canto, me despistan… El volumen del iPod está al máximo permitido para que mis tímpanos no sufran demasiado pero, aun así, lo oigo.

Es un sonido continuo. Grave. Monótono. Jodidamente eterno. Se me mete en la cabeza y cobra protagonismo. Lo oigo sobre, por encima, tapando, interfiriendo en  la Tocata y Fuga de Bach.

Ese ladrido. Ese perro. Ese vecino.

Ahora, se me sobrepone el llanto de un bebé. El bebé de mi vecina. La compadezco. Recién llegada del hospital con su retoño…Me la he encontrado en el rellano, ojerosa, desesperada. Cuando el niño por fin se duerme, el perro empieza su concierto ininterrumpido. Y hemos comentado que no es culpa del perro… Cuando su amo se va, se siente sólo, apresado en esa terraza desvencijada y…se queja. Con toda su alma.

Mi vecina lo ha grabado con su iPhone y se lo ha mostrado al dueño del animal pero… cuando él llega a casa, el perro deja de ladrar y argumenta que no puede hacer nada, que será un ratito, que lo siente mucho, que no hay solución…

¿Qué no hay solución?

Yo tengo la solución. Mataré dos pájaros de un tiro, nunca mejor dicho…

Además del silencio, para escribir necesito una motivación y, lo más importante, haber vivido la experiencia. No soy capaz de inventarme nada. Mi imaginación es prácticamente nula…Y quiero, deseo, necesito, otro de esos “Relatos del Mes”.

Con la pensión de viudedad y lo bien arregladita que me dejo mi Pepe, tengo todo el tiempo del mundo para…motivarme y experimentar. Tendré a mi disposición, los ingredientes mágicos que requiero para escribir: el tiempo, el silencio y algo que contar.

Voy a acabar con los ladridos. Definitivamente.

Mataré al vecino y liberaré al perro.

Después, lo escribiré.

NB : Gracias!!!!

 

Las últimas en el planeta…

Ha sido un momento muy intenso. Uno de esos instantes en los que la emoción traspasa la piel y la remueve…

Las tenía en mis manos, manchadas de tierra…Su perfume era maravilloso. El color increíblemente brillante.  Sabía que podían ser únicas. Las últimas en el planeta…

Nada de lo que ocurría en nuestras vidas,  hacía presagiar este triste final. Nadie lo advirtió con la suficiente contundencia aunque todos, todos, sabíamos que podía ocurrir. Tampoco hicimos mucho caso a lo que sí sabíamos y seguimos consumiendo desaforadamente y entre lo que consumíamos, estaba la energía. En poco tiempo, las centrales nucleares pasaron de estar cuestionadas, a proliferar en muchos puntos del planeta. Cada vez éramos más y con más demanda energética.

Y, entonces, un día, uno cualquiera, la naturaleza se activó. Terremotos y tsunamis, recorrieron la corteza terrestre de norte a sur. Ciudades, grandes y pequeñas,  fueron totalmente destruidas y también,  las centrales nucleares. El material radioactivo contaminó el agua del planeta. En quince días, sólo la que provenía de la lluvia no era tóxica.

Las frutas y las verduras dejaron de existir menos en un lugar… Mi pequeño huerto urbano.

La escasa lluvia había permitido que dos zanahorias, sobrevivieran a esa hecatombe mundial. Lo tenía escondido de los humanos hambrientos que deambulaban por las calles. Sabía que tenía que cosechar las dos zanahorias, antes de que lo descubrieran…El peligro era inminente…

Hoy, por fin, ha llegado el día. Cuando he dejado de oír esos pasos que se arrastran por el asfalto, he salido al patio trasero.

Tengo, en mis manos temblorosas, las dos últimas zanahorias de la tierra…

zanahoriasdelplaneta

NB : Zanahoriacida : Hoy he cosechado dos zanahorias de mi huerto urbano. Admito que la cosecha  ha sido un momento emocionante, (porque me esperaba una zanahoria tamaño cacahuete y nos ha salido tipo morcilla. Eso ya es un logro. )

zanahoriamorcilla

Pero por mucha conexión emocional que tenga yo con las zanahorias, me las he comido. Dejadme que os diga que eran súper dulces. Buenísimas. Exquisitas y he pensado : como si fueran las últimas del planeta…

huerto

 

Se buscan voluntarios para El Comando de Resistencia del Año Nuevo…

comandoañonuevo

Ya sé que es duro pero…lo tenemos que hacer. No queda otro remedio.

Ya cuentan por miles las veces en las que nos hemos equivocado. Esta vez, no.

Lo da la tortura suena muy fuerte, lo sé. Espero que no tengamos que llegar a arrancarle  los días, uno a uno pero…Ya se verá. Empezaremos en plan farol pero si no obtenemos ningún resultado, hay que actuar. Cruelmente, si es necesario.

chincheta

No olvidéis que tiene mucha experiencia. Lo ha hecho, una vez y otra vez y nuestra única respuesta ,continúa siendo hacer ver que no pasa nada, hacer una listita de deseos y objetivos, ponernos unos gorritos de papel , comer doce uvas y beber hasta perder el sentido…del ridículo.

Lo tiene fácil. Nos pilla borrachos y de fiesta. Totalmente desprevenidos…

Hay que capturarlo antes e interrogarlo para ver qué intenciones tiene. Si viene a hacer daño, lo retenemos hasta que llegue el siguiente. Sólo podemos dejar pasar al que venga de buena voluntad. No hay más que hablar. Ya nos han jodido bastante.

¿Estáis preparados?

Nos quedan pocos días.

2014-1Hay que interceptar al 2014 y hacerle cantar. Si no nos dice que nos trae, le iremos arrancando horas, después días, semanas y si es necesario, los meses. Uno a uno.

Sólo lo dejaremos pasar si realmente viene Feliz

 

Comando de Resistencia Del Año Nuevo.

Tener buena estrella.

 

tenerbuenaestrella

 

Las estrellas caen del cielo.

Lo decía Mari Trini en su canción ¿Por qué a mí, se me ha caído una estrella en el jardín? Pues mira que suerte. Las estrellas caen y a ella, le cayó en su jardín pero a mí, me ha caído una estrella en medio de salón…No ha roto mi tele ultra plana y ultra grande, de milagro…Se ha precipitado por una claraboya que conservé de la estructura original de la casa. Ha roto ese cristal que siempre está sucio (menos cuando llueve porque no hay forma de llegar a él) y se ha hundido entre cojines.

Hacía un minuto que yo estaba allí, estirada, viendo una comedia de amor. Cuando han interrumpido el momento clímax entre los protagonistas para una serie de siete minutos de publicidad,  me he levantado del sofá para prepararme un chocolate caliente. Esa es mi perdición…o no. Esta vez, ha sido mi salvación.

Ni tiempo me ha dado a calentar la leche. Un gran estruendo, cristales rotos, polvareda…De la impresión, se me ha caído la taza al entrar en el salón.

¡Qué desastre! Miro el cielo a través de la claraboya rota. Es negro profundo. No hay ninguna estrella. ¿Será posible que la única estrella de esta noche , haya caído en medio de mi salón? Sí. Ha pasado. Mari Trini tenía razón.

Mírala. Ahí está, espachurrada en un sofá destruido…

Me acerco a la estrella que aún refulge levemente.

Es hermosa.

Me va a costar moverla y no sé dónde la voy a poner pero no puedo deshacerme de una estrella que me ha caído del cielo…

Algo me llama la atención. En el centro de su cuerpo estelar hay algo escrito. Leo: “Buena”.

Sonrío y me da un ataque de tos (aún hay mucho polvo y cascotes) y mientras me congestiono de tanto toser pienso,  ¿Se puede ser más afortunado?

Tengo una buena estrella en mi salón…

 

NB : Revival. Mari Trini (Una estrella en mi jardín, 1982)

 

 

Odio la Navidad.

odiolanavidad

Odio la Navidad.

Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre? Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, comilonas, encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno, ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresalo con la contundencia que requiere.

 Cuando estoy concentrado poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan (eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y el amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal. Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y…odio la Navidad.

Lo de los regalos me supera. La mayoría de veces son intercambio de obsequios medidos por su valor económico: Yo te regalo tu perfume favorito que me cuesta 60 euros y espero que tú te gastes lo mismo en el mío. La gente acude en manada a los centros comerciales y compra sin ilusión.Son pocos los que invierten su tiempo en regalar de verdad. Se limitan a fijar el dispendio y obvian todo lo que tiene de ritual : pensar en el destinatario, en sus gustos. Buscar lo que crees mejor, encontrarlo y hacer que te lo envuelvan con cariño ( el último regalo que me hizo mi cuñada tenía como envoltorio una bolsa del Carrefour … y eran unos calcetines negros y una bufanda de rayas horrorosa. Yo nunca llevo bufanda.). Es por eso que los días posteriores a las fiestas navideñas, las tiendas saben que tendrán un aluvión de devoluciones. Todo es consecuencia del no querer regalar y , por lo tanto, regalar mal

No puedo evitar en pensar en todo esa superficialidad cuando el camión recorre las calles y, de madrugada, veo todas esas cajas y bolsas amontonándose en los containers de basura la ciudad. Eso sí, papel con papel, plástico con plástico…

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

 Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar. Mi hijo no había jugado jamás. Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedicó un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca. No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad?

Por si fuera poco, eso de los encuentros familiares y las comilonas es algo que ya sufro con regularidad en casi todos los momentos del año. Hay festejos para los cumpleaños, los bautizos, las bodas, un par de domingos al mes, en agosto cuando vamos al pueblo y al apartamento de la playa… Lo que me gustaría es que hubiera menos pero es imposible convencer a mi mujer…ni a mi madre, ni a mi cuñado que ya me está enviando mensajes para saber qué vamos a hacer para Fin de Año…En Navidad, la sociabilidad de nuestras familias se multiplica por mil y se convierte en una cadena de eventos alrededor de una mesa que casi se parece a La Grande Bouffe.

Sólo pensar en ello, me dan náuseas y tengo que tener cuidado con eso . Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador…

Odio la Navidad.

Y aún más desde el apagón del 2018. Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la Navidad. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a saludarnos y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos…

Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora, debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 p.m. en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas. Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. 

¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?

 

Making Of : Este texto de ficción lo colgué en el 2010 y me inspiraron tres cosas distintas : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del encendido del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegaban de La Cumbre Internacional sobre el Cambio Climático en Cancún. 

Curiosamente, cada año por estas fechas, esta es la entrada que recibe más visitas…

 

 

¿Cuantos colores existen?

¿Cuántos colores existen?

¿Siete ( los del arco iris y sus múltiples variaciones)? ¿Mil?  ¿Un millón? ¿Un billón?

Millones, billones, el infinito…

La verdad es que según como se mida la luz ( todo es una cuestión compleja de espectros y longitud de onda) puedes dar con cifras diferentes. De 100.000 matices a 90 millones de colores…

Lo que me ha quedado claro es que hay muchísimos colores  y vemos poquísimos… Y cada uno, le da su matiz…

Según la profesión, puedes ser de esos que tienen claro la diferencia entre el azul ultramar, azul de la China y el azul cobalto (Curiosidad : Las personas con dificultades para distinguir el color azul se denominan tritanómalas) .

cobalto

 

Si eres esquimal tendrás más de 30 palabras para describir el blanco ( y 40 diferentes para decir lo que yo llamo “nieve”) porque ven 30 tonos diferentes de blanco indispensables ( distinguen entre zonas de nieve transitables y no, por ejemplo sólo por la variación del tono).En cambio, si vives en Brasil, a lo largo del Maici, afluente del Amazonas y eres un pirahán, ni siquiera una palabra de tu lengua hará referencia a un color. No hay colores…(, tampoco tienen vocabulario acerca de “cantidades” más allá del “Mucho/Poco”.)

colores

Después estás tú y tu percepción. Cada individuo ve los colores de manera diferente aunque tengamos un nombre común que los une, por aproximación. Seguro que el Rojo que veo yo, no es el mismo que ves tú pero se parecen… Más matices.. La retina, los fotoreceptores y los mecanismos neuronales que llegan hasta al cerebro son individuales y únicos por sujeto así que ver, lo que se dice “ver” objetivamente, no vamos a ver lo mismo….

tiposdeazul

Y, por último, está lo de tu color. El color de tu alma. El que lo tiñe todo de rosa cuando estás enamorado, negro y gris ( con toda su gama) cuando estás deprimido, rojo intenso cuando sucumbes a la pasión, blanco y brillante cuando estás sereno… Un descontrol de colores. Cada uno con su paleta y sus matices.

¿Cuantos colores existen? Es una pregunta sin respuesta exacta. La  importante es ¿Qué colores ves tú?

Y una a la que puedo dar respuesta en unos segundos es : ¿Cuántos ves ahora?

Si miráis la imagen que viene a continuación, podéis contestar sin dudar: 1500 colores.

Aquí hay 1500 exactamente…

1500colores

Dimito.

Aborrezco profundamente al Doctor Fernández, experto en Ingeniería Genética. No puedo soportar esa fina capa de saliva que cubre sus labios. Ni sus manos rechonchas y sudorosas…

Los primeros meses trabajamos en perfecta armonía. Después, se le empezó a ir la cabeza…Trabajaba 24 horas al día, menos una en la que dormía.  Cada vez salivaba más… Nos hacía trabajar a su ritmo frenético…Ya es mala suerte que para que mi investigación sea visible en la comunidad científica, me tenga que asociar con un colega más prestigioso pero… ¿Fernández? Eso ha sido un castigo.

Esta mañana he abierto la caja que habían dejado en mi mesa, algo ha saltado y ha empezado a dar tumbos por el Laboratorio. Cuando por fin he podido capturar aquella cosa, me he quedado helada.

Una rana peluda.

Una rana con una larga mata de pelo.

Una rana con una coleta y un lazo rosa.

Una tarjeta manuscrita colgando del lazo : “Me dijiste que “Cuando las ranas críen pelo”. Doctor Fernández”

Eso fue lo que respondí cuando me preguntó si quería colaborar en un nuevo proyecto que se traía entre manos. Ahora mismo, estoy redactando mi dimisión mientras la rana me observa…

Con mucho sigilo, la rana peluda da un salto y se escapa por la ventana. Me froto los ojos… ¿Me lo habré imaginado todo? Observo la carpeta abultada con los primeros resultados de mi investigación y decido romper mi carta de dimisión. Torearé a Fernández. ¿Ranas con pelo? Ja!

La estoy haciendo pedacitos cuando algo, en la ventana, llama mi atención.

Me vuelvo a sentar delante de la pantalla del ordenador.

Abro el archivo “Cartadedimison.doc” y la imprimo de nuevo.

cerdos

La silla.

Me llegué a obsesionar. Lo sé.

Tal vez, demasiado.

Este tiempo , me ha servido para ver las cosas de una forma diferente. Entiendo que me desbordé y entiendo que mi familia vio como me desbordaba y por eso, me trajeron aquí. Para contenerme. Para ayudarme. Nunca se lo podré agradecer lo suficiente. Ni a mi familia. Ni a usted, doctor. No tengo palabras.

Sí. Ya estoy preparado para salir.

Estoy absolutamente seguro. ¿Por qué esta vez sí? Yo se lo voy a decir, doctor. Esta vez es la buena. La de verdad. No sé cómo explicárselo sin emocionarme.

Han sido muchos años buscándola…He surcado mares, he cruzado fronteras muy peligrosas, he escalado montañas, he recorrido los cinco continentes…He analizado todas y cada una de las sillas que me he encontrado en mi camino.

Y la he encontrado. Por fin.

¿Qué cómo sé que es esta? Muy fácil, doctor. Me he acercado a la silla y me ha susurrado: “Soy yo, la silla del que se fue a Sevilla”.  Lo ha repetido tres veces. Tres. Ella misma lo ha admitido. No hay duda.

Es la silla que perdió el que se fue a Sevilla.

¿Qué no me va a dejar salir?  ¿Por qué? No lo entiendo, doctor.

¡Si ya he encontrado la maldita silla, joder!

lasilla

 

Quien fue a Sevilla, perdió su silla.

Pérdida de algún derecho, propiedad o privilegio por el simple hecho de haberlo abandonado de forma momentánea.

Este refrán está basado en un hecho histórico: durante el reinado de Enrique IV (1454-1474), rey de Castilla, se concedió el arzobispado de Santiago de Compostela a un sobrino del arzobispo de Sevilla, Alonso de Fonseca. Dado que la ciudad de Santiago estaba un poco revuelta, el sobrino pidió a su tío que ocupara él el arzobispado de Santiago para apaciguarlo, mientras él se quedaba en el arzobispado del tío, en Sevilla. Y así fue hasta que Alonso de Fonseca, una vez pacificada Santiago de Compostela, quiso volver a Sevilla. Como su sobrino se negaba a abandonar Sevilla, hubo que recurrir a un mandamiento papal a la intervención del rey castellano y al ahorcamiento de algunos de sus partidarios. (Instituto Cervantes)

Tentación : Premio de Microrrelatos.

“Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión.”

Así acaba el último libro de Mario Vargas Llosa y así comienza tu historia. Crea un relato de no más de 100 palabras a partir de la frase con la que termina El Héroe Discreto y gana un premio de 3.000 dólares. Tienes de plazo hasta el 20 de octubre.

¿No os tienta?

Es el Primer Concurso Internacional de Microrrelatos de Prisa Radio. Convocado en los países : México, Chile, Colombia, Argentina, Costa Rica, Panamá y España

Yo ya me he presentado con un micro (sólo se puede presentar uno) pero me ha quedado otro en el tintero…

Johnny & Margaret, alone.

Vuelo Stephen King 999

avion

Habían atravesado la capa de nubes y un sol radiante bañaba todo el interior del avión.

Percibieron algo extraño.

Se giraron, a la vez, para observar al resto del pasaje. Estaban sentados en la primera fila. Siempre intentaban reservar esos asientos. Había  más espacio para estirar las piernas y Johnny las tenía muy largas.

Johnny miró a Margaret con los ojos desorbitados. ¿Dónde están todos? – balbuceó.

Margaret, más serena que su marido,  realizó un barrido visual.

En el resto de asientos no había nadie… y  tampoco había nada. Ni un simple papel tirado en el suelo.

Su mirada se dirigió a la cabina del piloto.

¡Johnny!, gritó aterrada.

No había nadie.

Ni nada…

Ahí lo dejo.

Si a alguien le ha tentado la idea y tiene 100 palabras escondidas por ahí:

Bases del Premio, aquí

Formulario de envío, aquí

 

ACTUALIZACIÓN  : Relato ganador

La gota que colmó el vaso.

Nunca se supo que pasó aquella tarde…No había tormenta, ni aguacero, ni rayos, ni truenos… Caía una lluvia suave pero incesante. Parecía no tener fin…

Se dice que lo que ocurrió fue culpa de una sola gota.

gota de lluvia1

gota de lluvia2

gota de lluvia3

Esa gota, con vocación de gota malaya, cayó sobre él y, entonces, la que había sido su “otra mitad”, lo abandonó, precipitándose al vacío.

Todo el mundo lo recuerda. Fue en el año 1911…

Desde ese día, la ventana blanca, está cerrada.

Ventana

Ahí vivía el hombre que abrió la ventana para oler la lluvia y murió por el impacto de un trozo de alféizar, que cayó del piso superior.

Ahí quedaron, la ventana cerrada para siempre y el alféizar enfermo de desamor.

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Y todo por una gota, esa que » colma el vaso» …