Lunas llenas de diciembre.

Con la batería de la cámara a tope , he salido a hacer fotos de la luna llena de diciembre. El nombre de esta luna es poco original para los que vivimos en invierno : “Luna fría”. 

DALL-E

No hacía tanto frío como debería a las puertas de Navidad , así que hacer las fotos ha sido más agradable de lo previsto. 

GROK

Aunque la IA genere estas preciosas imágenes cuando le pides “la luna llena de diciembre”, la mía, la de esta luna fría del 2024 , está llena de sensaciones.  Por lo menos, las que se generan alrededor de la fotografía y el fotógrafo. Esperar, repetir, ajustar, respirar el aire fresco, oír a esa madre que persigue a un niño veloz que corre por la calle solitaria, parar porque no tengo el trípode y se me cansan los brazos, mirar las luces de navidad de los vecinos , unas calmadas y zen, otras coloreadas y de coreografía nerviosa, oír el ruido de platos en una cocina, oler algo bueno que se me antoja que es una tortilla de patatas, el silencio de nuevo…

Me he sentado y he mirado a la luna. Ella sigue ahí , como siempre, pero aquí abajo , las cosas han cambiado. Pienso en el gran amigo que he perdido este verano. No verá mi foto de la luna fría de este diciembre, aunque, por un momento, lo que me viene a la mente es que estará por ahí arriba, cerca de la luna, o en la luna, mirando como hago la foto.

Y la hago. 

Click.

Ahora, vuelvo a oír a la madre que respira acelerada detrás del niño que corre que vuela, ahora en dirección contraria.  No le hace ni caso. 

Sonrío cuando lo oigo reír.

Es vida.

Y esta es la foto , con todas esas “cosas” y libre de IA: 

Fenómenos Transitorios Lunares .

Por fin, he podido fotografiar la luna llena. Llevaba dos meses de vacío…

Esta de julio es la luna de ciervo, ya que, según los nativos americanos, es la época en la que a los ciervos jóvenes les creces nuevas astas. En Europa, también es la luna de heno, porque es la época de cosecha del heno.  Nos sirven los dos nombres: tenemos heno y una población de más de 500.000 ejemplares de ciervos…

Me he acercado al cráter Platón. Tiene el récord de TLP’s registrados. 

Los Transient Lunar Phenomena o Fenómenos Transitorios Lunares me tiene fascinada. Son fenómenos sin una explicación corroborada, que pasan a veces, por eso lo de “transitorios”. En concreto, son luces o destellos luminosos que se han observado desde 1687. Duran horas y pueden ser provocados por gases, restos de meteoritos o reflejos en el basalto. Sea como sea, aparecen esas lucecillas, a veces en forma de triángulo, a veces rojizas, otras veces destellos blancos…

En julio de 1968 la NASA publicó el reporte técnico R-277, titulado Chronological Catalog of Reported Lunar Events1. El mismo consta de una cronología de todos los fenómenos lunares registrados hasta la fecha de publicación.

No creo que mi cámara tenga suficiente zoom para pillarlos…

Poco abanico.

Abanico para la noche de Sant Joan. 

Poco uso. Un par de movimientos.

La temperatura ha sido agradable con sus 22ºC y menos. Una noche agradecida y magnífica en buena compañía.

Tiempo vendrá para el abanico…

NB : El título que me sugiere la herramienta de IA de WordPress para optimizar la publicación es : «Estrena la Noche de Sant Joan con un Elegante Abanico.»

Estelas.

En el cielo siempre hay cosas que fotografiar: los pájaros, el azul sólido o el gris plomizo, las nubes en sus múltiples e inagotables formatos y cambios, los atardeceres, las puestas de sol, la luna y todas sus fases, … Lo natural.

Pero, al mirar hacia allí arriba, también te encuentras estas estelas. Lo artificial.

Son las estelas no sostenibles. Las que contaminan el cielo. 

También, las de la hipocresía: esas que me alarman cuando las veo, pero en las que ni pienso cuando soy yo la que va en el avión. 

Hoy, podemos volar sin restricciones y somos especialistas en el exceso, así que vamos a tope.

Estela va , estela viene.

Lo artificial imponiéndose a lo natural…

Cantando bajo la lluvia, literalmente.

Foto de Saffu en Unsplash

Por fin, un día de una lluvia copiosa y constante.  Era muy esperado, pero no estaba preparada. Ya hace un tiempo que perdí la fe en las previsiones meteorológicas. Tanto, que ni siquiera tengo controlados los paraguas de mi casa, que, por desuso y vejez, están en condiciones deplorables, de las que solo he sido consciente, en este día de lluvia inmejorable. El único “abrible”, el más feo, por supuesto.

Así que, con el paraguas psicodélico y capucha, por si acaso, he decidido salir caminando. Total, mi destino era cercano. La ida ha sido fluida. Me gustaba ver llover, sentir el olor a lluvia. ¡Por fin! 

Foto de Gage Walker en Unsplash

La vuelta, ha sido cantando bajo la lluvia. Literalmente. Porque ha empezado a llover con más fuerza, pero he estimado que quedaba poca distancia. No me ha importado, meter mis pies en el agua, porque ha llovido tanto que las calles no podían absorber la lluvia y parecía caminar en un charco continuo. Ha llovido tanto que, con capucha y paraguas, he llegado a casa totalmente empapada. 

Ha llovido tanto que, el sonido de la lluvia ha hecho que no oyera bien por los auriculares, que subiera el volumen y que me viniera arriba cantando alguna de las canciones de mi playlist, cosa que me ha hecho ver mi vecino mientras abría la puerta, sosteniendo el paraguas psicodélico y como si me hubiesen echado varios cubos de agua encima.

Ha llovido tanto que solo me ha faltado bailar bajo la lluvia.

Cantar, ya lo he hecho.; -)

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

Ni luna, ni luno.

Las nubes han tapado la luna llena.

No hay foto y ya no cumpliré con mi objetivo de una fotografía por cada luna llena del año.

Foto de <a href="http://Foto de Valery Sysoev en Unsplash

Pero es una buena noticia. Muy buena.

No veo la luna pero hay nubes cargadas de agua y llueve. Lo hace de manera constante y suave .

Desde aquí me parece oír a árboles , a arbustos , a plantas, a huertos y a flores cantando de alegría. Si no fuera por sus raíces creo que hasta bailarían.

N luna, ni luno, lluvia.

Por fin llueve por aquí, luna.

Foto de <a https:="" unsplash.com="" es="" href="http://Foto de Marc Zimmer en Unsplash

Esperando la luna llena…

Saldrá esta noche.

Y mientras espero, voy a por el sol.

No importa esperar a la luna…

Un puntito minúsculo.

¿Sabes cuando estás preocupado por una o muchas cosas que te parecen importantísimas y, entonces, pasa algo que sí que es importante de verdad y te das cuenta de lo minúsculas e insignificantes que eran esas cosas que te quitaban el sueño?

Foto de la NASA/ESA de la sonda Cassini, en 2013, en misión de exploración a Saturno.

A 1440 millones de Km de distancia, se tomó esta instantánea. La tierra es ese puntito minúsculo.

Y aquí estamos, poniendo todo de nuestra parte para que el puntito sea aún más insignificante.

La Luna de la nieve.

Segunda luna llena del año.

Te llaman la de la nieve.

Habrá lugares en los que seguirá vigente la nomenclatura porque habrán visto estas lunas de febrero en paisajes y montañas nevadas. Donde yo habito, este año, no hay nieve. O muy poca. Las montañas que antes veía nevadas son grises… Tendremos que ir pensando en cambiarte el nombre. ¿Luna seca?

Este mes, te hemos enviado otro aparatejo humano hacia allí. Esta foto, pues, contiene una cosa que no veis, pero está ahí. Se llama Odiseo. Es una nave privada americana de la empresa Intuitive Machines y ha recorrido más de 1 millón de kilómetros para llegar al cráter Malapert A.

Va a estudiar las condiciones ambientales de la atmosfera lunar, en su polo sur, donde hay hielo, para ver como enviar allí a nuestros astronautas. Es un primer aviso de que pronto vamos a ir para allí. 

Empezaremos a poner fronteras, a pelearnos por si ese cráter es tuyo o mío, a repartirnos los recursos según el primero que haya llegado y pueda hacer más negocio y no nos importará agotarlos. Ten cuidado, que allí donde vamos y estamos arrasamos. 

Al final, luna seca va a ser un nombre adecuado…