#Encasa ( lo del aplauso 2.)

En el momento del aplauso, contacto con los vecinos del edificio de delante. Sobre todo, con los habitantes del primer piso. Son un matrimonio, de edad avanzada. Los conozco de vista, pero nunca había interaccionado con ellos.

Las persianas del piso están cerradas durante todo el día, hasta las ocho menos cinco, hora en la que empieza el movimiento.  Suelen ir un poco descompasados : primero sale ella y empieza a aplaudir y al cabo de unos segundos, aparece él, con un radio casette de los antiguos, que coloca encima de la barandilla. Le da al play ( a veces le cuesta varias veces que aquella reliquia funcione correctamente) pero, cada tarde consigue que suene el “Resistiré” en la calle.

Photo by Abderrahmane Meftah on Unsplash

Cuando ya están los dos, les saludamos en la distancia y ellos nos devuelven el saludo. Los acompañamos , aplaudiendo, durante toda la canción y, me hace mucha gracia porque cuando ya acaba, el hombre tarda un poco en darle al stop y se oye la voz de un locutor de radio. Me lo imagino grabando en una cinta, la canción que estaban poniendo en la radio, como en los viejos tiempos, pendiente del final para que no se colara la pista de voz…

Uno de los días, cambió la rutina : se abrieron las persianas y salió él con su radio, pero a ella, no la veíamos. Nos dio un vuelco el corazón , pensamos que le había pasado algo. Hubo un suspiro colectivo cuando la vimos salir, más tarde, pero en perfecto estado.

No sé sus nombres, no sé quién son, pero ya forman parte de mi confinamiento con el tamiz emocional.

Los conoceré.

Queda un día menos.

#Encasa (mi madre hace videollamadas)

Mi madre , viuda, vive sola. Tiene 82 años, pero está estupenda. Unos meses antes del Covid-19, se había apuntado a unas clases de AquaGym -ella lo llama AguaChim– que, de verdad, ha sido la mejor de las medicinas, tanto física como mentalmente. Ella, que nunca había pisado un gimnasio en su vida, me ha llevado loca con la compra de bañadores, gorro, zapatillas, albornoz de microfibra, etc.

Pero eso fue hace unos meses y parece que ha pasado un siglo…Cuando hablo con ella, me dice que nunca, en toda su vida, ha vivido una cosa así. Ahora está confinada en su casa, porque, aunque está muy bien, es grupo de riesgo y está cumpliendo todas las prescripciones oficiales al pie de la letra.  Le llevamos la compra, pero se la dejamos en la entrada de su casa. Nos hablamos a 4 metros de distancia, pertrechados detrás de la mascarilla que le ha hecho su vecina. De estampado muy alegre, eso sí.

Hace ejercicio, se prepara “paellitas” individuales , riega sus plantas,  tenemos largas charlas por teléfono y ve sus novelas. Mi madre tiene tres grabadores de DTV que programa y después ve cuando quiere. ¡Incluso traslada USB’s de un aparato a otro! Las telenovelas turcas tienen la culpa…Que toda la logística de su sistema de TV funcione es un milagro, pero, hemos conseguido que domine las funciones básicas. Esos sí, la familia somos un servicio de teleasistencia las 24 horas , porque suele cambiar la fuente de la televisión – una teclita del mando que toca sin querer-y nos llama : “El grabador no se dispara”. Como nos funciona, no nos planteamos que acceda a la Smart TV vía Internet que parece más fácil. Para mi madre, no. Su uso del teléfono móvil nos marca la senda.

Mi madre es de las que no oye el móvil y si lo oye, se equivoca y corta la llamada, pero ya vamos mejorando. Con el WhatsApp, las notas de voz le han salvado la vida. Las domina bien y ya reenvía cosas con soltura. Desde que se apuntó al AguaChim, descubrió los grupos de WhatsApp. El suyo se llama “Las Mengual” y aún no sabe si cuando envía la nota de voz, la oyen todas y me pregunta si las componentes del grupo saben que es ella.

En el pasado, intentamos las videollamadas sin éxito, pero, ayer, de forma inesperada, mi madre me llama y ¡la veo en la pantalla! Estaba muy contenta porque había descubierto el invento y me hizo reír un montón. Al final de la tarde, nos había llamado a todos.

Una de las cosas que le queda clara es que solo lo hará con los muy allegados porque va sin maquillar. Cuando pase todo esto, que se preparen sus amigas. Ya más guapa, va a atacar con la videollamada, seguro.

Nos ha demostrado que , aunque aparenta ser frágil, es fuerte , resignada y pragmática. Siempre dice que es lo que le dejó mi padre al irse porque él si que lo era, por naturaleza. En estos tiempos, estoy segura de que se hubiese reincorporado como voluntario a su profesión de médico sólo por ayudar.

En fin, tengo ganas de abrazar a mi madre ( y comer una de sus paellas).

 

La próxima entrega de #Encasa : Lo de lavarse las manos.

Vivir es urgente. ( *)

Vivir es urgente. ( *)

(*) me copio la frase de Pau Donés ( @jarabeoficial )

Los primeros días de mis vacaciones, los dediqué a vaciar y pintar un luminoso piso en la Costa del Garraf para ponerlo a la venta. La persona que lo ocupaba, a la que adoro, ya no puede vivir en él. Transita ajeno a la vida o inmerso en otra vida que ya es ajena a ésta…

Estuve en todos los lugares en los que se registra una vida…Cada cajón, cada libro, cada foto, cada carta manuscrita, cada trofeo, cada carpeta, cada caja,…Me invadió una extraña conciencia de su juventud, de la que sólo tenía información matizada por mis experiencias de la infancia. Una sensación de que había sido como yo soy ahora. La certeza que yo, que todos, seguiremos el mismo camino hacia un final, el que sea…

Pensar en todas esas cosas, no me pone triste. Esa casa, llena de una vida, me está diciendo que la vida es, en sí misma, urgente.

Y lo veo en las viejas fotografías con su moto, con sus amigos y sus sonrisas, en las comidas y acontecimientos familiares, conmigo de muy pequeña,  con Induráin (su ídolo)…Voy  guardando todas esas cosas y la casa se va quedando vacía.

 

Al final, todo se resume un primoroso espacio, recién pintado de un blanco radiante.  Está vacío pero, no hay que equivocarse, aquí aconteció una vida y aquí, se instalará otra u otras.

Y generarán más huellas vitales…

Mientras cierro la última caja, deseo que sean tan bellas como éstas…

 

Contrabando de Bingo.

personalized greetings

Cuando ví en el telediario que se habían clausurado tres locales de la tercera edad, por jugar al Bingo ( a 0,10 céntimos el cartón), pensé que era posible que mi mente me hubiese hecho una mala pasada y ya fuera el Día de los Inocentes. Pero, no.

Estamos en el mes de octubre y esta notícia no es una broma viral de esas que circulan por la red. Ni tan siquiera es un chiste de los del Telediario como antídoto para que el espectador pueda superar lo de Pajín como titular de un super-ministerio ( aún tengo la esperanza que esto sea una broma…).

Pero los que estaban en el local parroquial de Son Contoner, con su binguito de juguete y sus buenos cinco euritos de premio, se quedaron a cuadros cuando vieron como la policía les clausuraba el local ( ¿?) y les confiscaba el Bingo (¿?) y la recaudación ( 5 euros!!!!).  De estar pendientes de sus líneas y las bolitas, se vieron inmersos en una redada de esas en las que piden la documentación a todos los presentes. Era evidente, estaban acabando con la banda de los “Abuelos Mafiosos”,delicuentes buscados por la CIA y la Interpol, que se dedican a hacer contrabando ilegal de Bingos de juguete con el objetivo de blanquear la ingente cantidad de dinero que generan a 10 céntimos el cartón… Gracias a la eficaz gestión de nuestros gobernantes y las fuerzas de seguridad, estamos a salvo de estos peligrosos ciudadanos.

Es tal la estupidez que no soy capaz de describir lo grande, grandiosa que es. Este gran despropósito ha obligado a la Federación de mayores ( GENT GRAN) ha reunirse con el político de turno que, finalmente les ha comunicado que les va a dejar seguir jugando al Bingo… Esto, es verdad y ha pasado en mi país , España, en pleno Siglo XXI.

Y me alegro que sólo les haya supuesto un disgusto y una reunión política pero , debo admitir que me ha gustado ver a La Gent Gran como un grupo de rebeldes dispuestos a plantar cara a ese grupo de niñatos… Faltaría más, después de toda una vida en el planeta , que venga nadie a decirles a lo que pueden o no pueden jugar.

Un respeto.