Encadenada al microrrelato.

Via facebook ( increíble, porque es la herramienta que menos utilizo y a la que he entrado para responder a «solicitudes de amistad»), descubro el Concurso de Relatos Encadenados que convoca la Escuela de Escritores y la Cadena SER.

Una frase de partida y cien palabras para configurar un microrrelato… Un reto de esos que me escuecen ( y me tientan).

Hasta hoy domingo a las 12:00 hay tiempo para la primera fase. Dura toda la temporada…

La frase de inicio de esta Edición 2011-2012 es :

«La noche es una estrella en tu cucharilla».

Mi microrrelato es este :

«LA BRUJA»

“La noche es una estrella en tu cucharilla” me dijo .

Dos meses de romance apasionado y ella, desde el principio, diciéndome que era una bruja… Mi diminuto cuerpo está agotado. Cada brazada es un esfuerzo colosal. De vez en cuando, me atraganto con ese líquido oscuro y dulce .

Me tiendo , con los brazos en cruz y floto , mirando al cielo. Y entonces veo los granos de azúcar, adheridos a la cucharilla, brillando con intensidad.

Oigo a la bruja : “A mí nadie me abandona. Serás un ser insignificante y te ahogarás en una taza de café.”

Si alguien se anima :

http://www.escueladeescritores.com/concurso-cadena-ser

Perdedores.

Entre dos de los temas propuestos ( «Los Sentidos» y «Perdedores») en el Grupo de Escritura de Soopbook, he elegido el segundo.

Las normas del grupo permiten como máximo, 1200 palabras y he condensado una idea que me daba para unas cuantas palabras más…

Perdedores

-. … ¡Qué pasen Amancio y Borja, los concursantes que han llegado a la gran final de la I Edición del Reality Show : Los Perdedores.

Un estruendo en forma de aplauso , enmudeció la voz del famoso presentador de televisión, Javier Mario Numberone, conocido por J.M. Inclinó la cabeza , en un gesto reverencial hacia el público y esperó que los aplausos fueran más tenues para levantar la mirada y fijar su vista en un punto indeterminado del plató.

-. Durante seis semanas, hemos seguido las andanzas de nuestros perdedores. La audiencia ha ido conociendo a los concursantes y han ido evaluando su evolución en el concurso. Ustedes han sido los verdaderos protagonistas de Perdedores ya que con sus votos, hemos llegado a esta noche.- JM inspiró y dejó que la pausa se alargará un poco más… Tensión…Millones de personas estaban siguiendo la Gala en directo – Sólo dos perdedores han conseguido superar las difíciles pruebas de supervivencia. Sólo dos, optaran esta noche al premio de Perdedor del año.

 JM se dirigió a una gran puerta metálica que había en un extremo del plató – No esperemos más, aquí están : Amancio y Borja. Un gran aplauso para nuestros Perdedores... Mientras se unía al aplauso del público, se maravilló, una vez más, que le hubiese llegado el éxito , presentando un Reality Show como aquel. Cuando más se hundían los concursantes y más miserias eran grabadas en directo, más subía la audiencia…y más famoso era él…JM, , presentador de fama mundial, observó a los concursantes.

Amancio : Hombre de 43 años. Los reporteros encargados de la selección de concursantes, lo encontraron en la cola de la Oficina de Empleo. Era el último de una larga fila que daba la vuelta a la manzana. Su mirada era un fiel reflejo de la derrota. Amancio no había podido conservar un empleo, jamás. No era por su culpa : las empresas en las que trabajaba, cerraban por quiebra, por traslado, por jubilación…

Se decidió a montar su propia empresa de jardinería que era su gran pasión, pero aunque tenía muchos clientes, menos de la mitad hacían efectivos los pagos, por lo que al cabo de un tiempo, fue él el que tuvo que cerrar el negocio. Mimos para Tu Jardín, se llamaba…

En el interludio, su novia se cansó de esperar que pudieran tener una estabilidad para alquilar un pisito e iniciar una vida en común. Lo abandonó tras quince años de noviazgo y se casó . Estaba esperando gemelos. Amancio se sumió en una depresión profunda.

Vivía con sus padres , aunque ahora pendía una orden de desahucio sobre el piso que habitaban. Con lo que les quedaba de pensión de jubilación y los gastos de Amancio, no les llegaba para pagar la hipoteca.

Hace unos meses , tuvo un accidente con su vieja motocicleta. Justamente, un día después de que venciera su póliza del seguro. Ahora, está realizando trabajos sociales para poder pagar los destrozos que ocasionó en la terraza del Restaurante contra el que embistió su vieja vespino.

En el centro social ha conocido a Lucía, una voluntaria que realiza trabajos en la cocina y que le ha conseguido un trabajo de jardinero en la casa de unos familiares. Está sentada entre el público. Le brillan los ojos cuando ve aparecer a Amancio.

Borja : Hombre, de 55 años. Abogado matrimonialista. Lo encontraron en la puerta de un cajero automático, durmiendo encima del suelo y tapado con cartones. Estaba muy lejos de su barrio, de su ciudad. Vivía en las calles de un lugar en el que nadie lo conocía .

Tenía tres casas, un yate, varios coches y una mujer que no era modelo, porque él no la dejaba. Era coleccionista de relojes y un gourmet de gustos muy caros . Además de todo eso, era cocainómano. Siempre mierda de la mejor calidad . La más pura. Cuando se le rayó el cerebro por exceso del polvo blanco, su exitosa carrera en el mundo del derecho se vino abajo. Su carácter presuntuoso y tirano se fue gangrenando hasta llegar a ser en extremo violento. Si no tenía coca, se le comían los demonios. Al final, los demonios se le acabaron comiendo toda su fortuna, se quedó sin casas, sin yates, sin coches …

Su mujer lo abandonó cuando les embargaron la segunda de las casas ( la de la playa , en Ibiza) . Después, lo dejaron todos y pasó de ser cocainómano a ser alcohólico. Siempre tenía alguna moneda para comprar vino en tetra-brick y entrar en un sopor automático. Aún hundido en la miseria, no dejó que su carácter soberbio y agresivo se hundiera con él. Antes de poder ofrecerle participar en el Reality Los Perdedores, los reporteros habían recibido un buen baño de escupitajos e insultos.

Tanto Amancio como Borja, habían sido escogidos por la audiencia para llegar a la gran final. Amancio tenía una mirada triste y entró , andando con inseguridad y la cabeza gacha. Borja, al contrario, en esos momentos no parecía un perdedor. Duchado, vestido con ropa nueva y con el pelo engominado lucía cómo lo que no era. Sólo cuando veías aquellas profundas sombras oscuras debajo de los ojos, apreciabas su aspecto demacrado.

Se sentaron en unos taburetes en el centro del plató, bajo un foco de luz cruel. El ganador de Perdedores, conseguiría una importante suma de dinero y un trabajo en la televisión como tertuliano político. El perdedor, recibiría una compensación económica menor.

Amancio levantó la cabeza y buscó entre el público. Cuando sus ojos identificaron a Lucía y sus miradas conectaron, sintió millones de mariposas revoloteando en su estómago. Haber llegado a la final ya era un gran éxito. Con la cuantía del premio, podría solucionar el problema de la hipoteca de la casa de sus padres y devolverles el dinero que le habían prestado para su empresa de jardinería. Sólo le quedaba ese último tramo…Ya casi había acabado…Le lanzó una tímida sonrisa a Lucía…

Borja también estaba buscando a alguien. No sabía a quién, ya que había expulsado a todos los seres queridos de su vida pero, entonces, descubrió a la rubia despampanante con grandes pechos redondos y una sonrisa estirada al límite. ¡Su ex mujer! La observó y reparó en sus ojos de grandes pupilas dilatadas y supo que en aquel bolsito bombonera , aquella tipa llevaba algunos gramitos de ala de mosca…Algo se contrajo en sus tripas… Le guiñó un ojo , con gesto lascivo.

-. Uno de ellos se convertirá, por fin, en “el ganador” y será con su participación y sus votos.- JM afinó su entonación– No olviden enviar su mensaje(*) al 666 con la palabra Amancio si él es su elegido o al 666 seguido del nombre de Borja, si prefieren a éste concursante.

 (*)  3 $ por mensaje

 (…)

Borja miró el cheque. “Él” era el ganador. Había vencido, con diferencia, … Dinero, fama … Una sonrisa se expandió en su rostro. Miró los pechos de su ex mujer que habían aumentado un par de tallas desde la última vez que la vio. Después, se inclinó, cogió el rulo que había hecho con un billete y aspiró con fuerza…

 

 

La primera vez.

Making Of

Esta semana he escogido el tema para el Grupo de Escritura de Soopbook.

El lema propuesto es : «La primera vez».  Lo decidí pidiendo a una persona que lo eligiera por mí, para poder trabajar el texto bajo las mismas condiciones que los demás. El tema me pareció muy sugerente y flexible . Para dar juego, vamos.

Inexplicablemente, cuando hablamos de «la primera vez» , pensamos ( en la primera vez que hicimos el amor. Digo , inexplicable, porque hay tantas primeras veces de tantas cosas que me parece alucinante que si pones esta frase en Google, los resultados que aparezcan sean todos respecto a este tema. Pero hay un no-se-qué inevitable que te lleva ahí, lo admito. Esta «primera vez» quedaba descartada de mis ideas de relato más que nada por su obviedad . Yo tiro hacia los giros peligrosos. Durante estos días, he estado pensando en «las primeras veces» ( sobre todo cuando estoy en la bici elíptica , cosa que agradezco porque me enajena ; – )  ), buscando un punto de inicio: desde la primera vez que asesinas hasta la primera vez total , que es el nacimiento… Primeras veces por aquí, primeras veces por allá. Pero lo de «nacer» me provocaba un «crick-crick» ( esa es mi señal interna para seguir con una idea) y de «nacer» a «morir» hay un paso ¿no?.

El texto que he presentado esta semana bajo el lema La primera vez se titula «Sala Re» y es más siniestro de lo que me esperaba cuando pensaba en «las primeras veces» …

Ha salido así.

SALA RE

–          ¿Es su primera vez?

–          ¿Mi primera vez? ¿De qué?- miré a mi alrededor y vi que estaba en una gran sala de espera. A derecha e izquierda se ubicaban filas de mullidas sillas blancas, configurando un pasillo que se perdía en el infinito.  Al inicio de la fila había una pequeña mesa también blanca, a modo de recepción y tras la mesa, estaba sentada la mujer que me hablaba.

–          Veo que es la primera vez. No se preocupe, esto es muy sencillo: se sienta en una de las plazas vacías y espera que lo llamen para entrar en la “Sala Re”.– me sonrió dulcemente y por un momento, creí que estaba viendo a mi vieja profesora de Literatura- Si lo desea, puede hacerlo en la silla número 22. Está libre.

Dirigí mi mirada hacia la numeración de las sillas y me sobresalté al comprobar que en la número 23 estaba sentada mi vecina, la anciana señora que vivía en la quinta planta del edificio.

–          Oiga, pero..¿Dónde estoy exactamente?-le pregunté a mi profesora , ya seguro que era ella .

–          Bueno, no me gusta decirlo así, de sopetón, pero … ¿no te acuerdas de nada, hijo?. Le respondí negativamente y la animé a continuar .- Errr, te diría que          ” has traspasado y que estas en tránsito para pasar por la “Sala Re” pero , viendo que estás tan confuso, mejor te lo digo directamente : hace dos minutos y treinta y cuatro segundos que has fallecido. Te has muerto, vamos.

–          No.

–          Sí, Sí- Me señaló un lugar a mi espalda con la mano y se removió en su silla con impaciencia- Y te agradecería que ocuparas tu plaza en la silla número 22… Me estás formando una cola larguísima, querido.

Me dirigí a la silla nº 22 y me senté. Estaba asustado. Aterrorizado …pero, a la vez, me embargaba un sentimiento de certeza: estaba en el lugar correcto, en el que tenía que estar. Aún me estaba reponiendo de la noticia de mi muerte cuando mi vecina, sentada en la silla nº 23, se giró hacia mí.

–          Quería decirte cuanto lo siento. No sé qué pudo pasar , algo se aflojó y …! Mira que desgracia!. ¿Te dolió mucho?.¡Pobrecillo!. De verdad que lo siento.

–          ¿Usted sabe lo que me ha pasado?- le pregunté . Por fin , alguien que me diría qué hacía allí, en aquel pasillo blanco e infinito.

–          ¿No lo sabes?. ¡Uy!¡Qué apuro tener que explicártelo yo!. Como cada mañana, salí a regar mis macetas de geranios. Cuando llegué a la tercera, esa tan bonita con los barquitos pintados a mano, y empecé a regar, oí un crujido y vi como la ,maceta se precipitaba hacia la calle… Y justo en ese momento, salías tú por el portal de casa.

–          ¿Me está diciendo que he muerto porque se me ha caído una maceta de geranios en la cabeza?

–          Sí. Y no sabes cuánto lo siento.

Fue en ese mismo instante cuando me di cuenta que , realmente, estaba muerto. La extraña ausencia de sentimientos era una de las señales más evidentes. Dejé de tener miedo.

Estaba muerto. Vale .

Y siguiendo una secuencia lógica,  mi vecina también lo debía estar. Estaba sentada en la silla número 23…

–          No se preocupe, no ha sido culpa suya. A veces las cosas pasan pero… ¿y usted? ¿Qué está haciendo aquí, hablando conmigo?…¿Está muerta?

–          Calla, calla. ¡Qué humor tienes! – me respondió, riéndose a carcajadas- ¿Cómo voy a estar? ¡Pues muerta, claro! . Uno se muere cuando se cae desde el quinto piso a la calle. Me asomé a ver qué había pasado y te ví, allí en el suelo, todo espachurradito y con la maceta hecha añicos encima de tu cara y al inclinarme un poco más, me caí detrás del geranio. Me han dicho que quedé muy bien porque me hiciste de colchoneta…pero …me dio un paro cardíaco mientras me precipitaba al vacío y ya me estrellé” traspasada”

–          Vaya, lo siento. Yo no me acuerdo de nada. ¿Y qué es eso de la “Sala Re”?. En la entrada no me han explicado nada.

–          ¿Es tu primera vez?.

–          Supongo que sí- contesté ya un poco harto de que me preguntaran si era la primera vez que me moría.

–          Pues mejor que veas tú mismo lo que pasa. Si nadie te lo ha explicado y no te acuerdas de nada, es que debe ser así.

Iba a responderle pero una voz con matices celestiales, pronunció  mi nombre por megafonía : Era mi turno . Me despedí de mi vecina que me deseó suerte y me dirigí hacia la puerta de la Sala . Como era de esperar, también era blanca pero tenía un rótulo en azul celeste con la palabra “RE”. La abrí y , de repente, la oscuridad de absorbió.

La atmósfera cambió y la ingravidez tomó el control de mi cuerpo. Por un momento, pensé que me había tocado el infierno pero, entonces, mis oídos detectaron un sonido que me reconfortó. Tum, Tum, Tum… Estaba oyendo el latido de un corazón …Dejé que mi cuerpo flotara y se adaptara al espacio. Era un lugar pequeño y húmedo, caliente y abrigado. Armonioso. Tum, Tum, tum…  Los latidos se empezaron a acelerar y la cómoda cueva en la que habitaba empezó a menguar por momentos. Lo hacía a intervalos: se contraía y se dilataba, se contraría y se dilataba. Sentí que me iba deslizando por un túnel estrecho y a cada contracción, mi cuerpo se propulsionaba hacia adelante, hacia…

Sólo hubiese faltado oír la voz del médico, anunciando a los padres el nacimiento de un niño hermoso y sano, para haber culminado aquel sueño pero, gracias a Dios, me desperté.

¿Qué había sido eso? ¿Una pesadilla?… ¡Había parecido tan real!… Mi propia muerte, mi reencarnación  con parto incluido…

Me levanté de la cama y me preparé un café. Sentía la extraña inquietud que me había dejado aquella experiencia  y, sobre todo, una sensación de advertencia . La alarma que parecía sonar en mi mente era tan intensa que decidí ir a trabajar en coche. Si aquel había sido un sueño premonitorio, mejor tomar medidas preventivas …

Cuando circulaba por la calzada, por delante del portal de mi casa, oí un estruendo que me sobresaltó. Una maceta de geranios , pintada con barquitos de colores, se había estrellado contra el suelo. Sonreí inmensamente aliviado y me felicité por haber hecho caso a mi intuición .

Para ser mi primera vez en esto de los sueños premonitorios, había sabido actuar con calma e inteligencia… Silbando, me puse en marcha de nuevo, cuando vi  a mi vecina asomándose al balcón, mirando su maceta hecha añicos.

¡No¡, ¡No¡

Un segundo impacto me dejó helado. Delante de mis ojos , aquella simpática señora del quinto, yacía en una posición imposible,  en la acera, cerca de los  geranios destrozados…

Mi sentimiento de culpa es inmenso…Y ya sólo me salva de la locura pensar que estará, sentada en la Silla nº 22, esperando su paso a la “Sala Re”.

 

N.B : Foto «Esencia de Geranios» de Groc (fotógrafo de Barcelona)

Echarse flores ( o bombones)…

O no tener abuela…Que viene a ser lo mismo que el autobombo .

Spoiler : que es , exactamente, lo que voy a hacer en este post .

Es un poco feo, lo sé, pero no puedo evitar escribirlo y, echarme las flores pertinentes, claro.

En primer lugar, está el amigo Arístides , contribuyendo a crear un «monstruo» al dejar su comentario que me ha llegado a mi alma de escritora y que ha impactado profundamente en casa, donde ahora me llaman «bombonera» ; – ) .

Hoy, mientras saboreaba una pastilla de chocolate me ha dado en pensar en que su dulzor amargo recuerda a la grandeza de esos escritores cotidianos. Sí, cotidiano de diario. De todos los días. Gente que escribe sin cobrar derechos de autor y que nos dejan todos los días su dulzor sin que lo sepamos degustar.
Plumillas que transmiten en sus textos un poquito de su alma y que se convierten en bocados de delicatessen. Algo de eso me sucede con esta bitácora. Me siento afortunado de leer a una escritora de bombonera, con chocolatinas de muchas texturas y sabores en su interior.
Un abrazo.

Lo he copiado y pegado y al reelerlo aún lo veo más bonito…Gracias, Arístides.

Esto ya me plantó una sonrisa en la cara en la noche del viernes que funcionó como una perfecta noche de viernes ( y en ambiente primaveral-veraniego).

Hoy, tras un buen despertar, descubro que he ganado la Semana4 del Grupo de Escritura de Soopbook con el relato «El increíble caso de Apola Calíope» y me ha invadido esa extraña y profunda alegría que aún me dura y que he contagiado al entorno…

La fluidez-esa del universo confabulado a mi favor, me ha regalado un día en el que todo parece estar en equilibrio , en armonía. Los colores son especiales, está todo tranquilo y tengo todo el tiempo del mundo para hacer lo que me plazca…

Exactamente lo que se merece una escritora de bombonera… ; – ) – ¿Lo veís? : Un monstruo!

Feliz Fin de Semana.

 

 

 

 

 

 

El sillón de los abrazos.

Me llaman pija pero yo digo que lo que soy es fashion. Cool total. Tampoco me importa mucho que me llamen pija, la verdad . Me da absolutamente igual : ni juro por Snoopy ni hablo arrastrando el osea’s. Simplemente, me gustan las cosas de marca:  lujo y trendy.

Si entras en mi casa, en esta preciosa urbanización residencial tipo Wisteria Lane, te encontrarás con un mundo que parece sacado de una revista de decoración y… estarás en lo cierto: lo he copiado de las revistas de decoración… Y, además, copiar, lo que se dice copiar total.  Pero no a base de imitaciones. ¡Eso nunca!. Todo lo que ves original.

Ese jarroncito tan mono , el gabinete lacado, la mesa tallada, las velas gigantes, el cuadro del tiburón y la escultura de látex …todas esas cosas están firmadas por diseñadores de prestigio . Los más in del momento, por supuesto. Así que no sé porque estoy escribiendo esto en “Objetos sencillos que tienes en casa” porque yo, en casa tengo de todo menos “Objetos Sencillos”.

Pero…también tengo el sillón. Mi lujoso y super-fashion sillón que no tiene nada de sencillo ( que conste) pero que hace cosas increíbles como todos estos objetos que aparecen por aquí.

Por cierto, debo decir que el salero ese es horroso ( parece de restaurante de menú de polígono industrial) y…la cafetera vieja. ¿Nadie le ha hablado a esa persona de George Clooney y sus deliciosas ( y monísimas) capsulitas?…No sé, me parece que aquí no se tiene en cuenta el diseño. Quiero decir al que lleve este tema del libro, que  tenga más cuidado al seleccionar los objetos.

El sillón es uno de los últimos diseños de Giacomo Abbraccio y lo adquirí en la Feria de Milán . Es una serie limitada. Sólo se han fabricado tres ( tengo un certificado en el expediente del sillón que confirma esto que os digo. Es más, siempre que puedo, enseño a mis invitados estos certificados…Para que quede claro que todo es o-r-i-g-i-n-a-l ).  No os diré lo que cuesta , eso me parece una vulgaridad, pero para que os hagáis una idea, el día que lo compré, se organizó una pequeña fiesta para que conociera al Signore Abbraccio . Os confesaré que me llevé una decepción cuando lo vi por primera vez, ya que era un hombre mayor con una larga barba blanca ( odio las barbas) , vestido con una túnica de lino marrón y una extraña gorra. Me pareció muy excéntrico  pero no del tipo Monsieur Dior Galiano. Más bien, en plan anacoreta.

No conectamos.

Cuando me lo presentaron, me miró a los ojos y negó con la cabeza. Por un momento pensé que no quería firmarme mi sillón de Edición Limitada pero, con ese mismo gesto de negación , cogió un rotulador indeleble y rubricó su firma en la parte trasera del mueble. Si me hubiese dejado elegir, le hubiese pedido que lo hiciera en el frontal (que se ve más) pero prácticamente, no pude ni abrir la boca. El artista, al que acompañaba una traductora , le pidió que me explicara yo sé qué tontería de los abrazos.

Si amas o te ama, la persona que abrazas puedes obtener un estado de paz y confort inigualable en esos brazos”.

Bla, bla, bla… Le dije que: Gracias, que muy bonito y tras tomarme una copita de Champagne, salí de allí lo más rápidamente que pude y que me dejaron los preciosos zapatos Louboutin que me había comprado para la ocasión.

El sillón es  un éxito. Todos mis invitados quieren sentarse en él y, algunos, se pasan allí horas, abrazados… No sólo me dan las gracias efusivamente. Lo hacen “muy efusivamente”, tanto que me molestan esos achuchones y esos besos en la mejilla. ¿Qué no saben que sólo hay que rozar el aire entre-pómulos?…pero no, ellos se levantan del sillón absolutamente emocionados y con ganas de hacérmelo saber.

Y los entiendo. Sólo lo he sentido una vez. En una única ocasión.

Mi madre vino a visitarme y se sentó en el sillón. Yo me coloqué en mi lugar ( ¿ Os he dicho que es un sillón de dos plazas? ) y, sin saber muy bien por qué, la abracé. Rodeé su cuerpo con mis brazos y me dejé caer sobre su hombro. Aspiré su suave perfume de lilas y…sentí como una gran caricia, recogida .Interna. Llegó hasta mi corazón y lo meció suavemente. Después, una sensación de paz inmensa que, en vez de quedarse por dentro, irradiaba hacia fuera y, finalmente , el confort de mi alma, absolutamente sosegada y dulcemente adormecida…

El impacto es tan profundo que te engancha como una droga. Hasta ahora, venía mi madre una vez al mes y nos abrazábamos para recibir mi dosis pero ,ahora, ella está ocupada. De crucero en crucero… En estos momentos, exactamente, en Aruba… Supongo que tuvo algo que ver, el abrazo de tres horas con el Sr. Martínez, un hombre que conoció en la consulta del dentista. Un Jubilado que tenía una Colchonería de barrio en la que vendía unas almohadas muy cutres. ..Por cierto, fue él el que me habló de esta web….

Como mamá está de viaje, he tenido que recurrir a amigos y conocidos. Incluso vecinos.   Me he ido sentando ahí, en el sillón, y me he dejado abrazar pero… no he vuelto a sentir nada igual. Y ya llevo demasiado tiempo sin “eso”.

No me gusta  que me arruguen la ropa, ni que me opriman los pechos-que son perfectos -, ni que me despeinen,…Poneos en mi lugar y entenderéis que para mí es un sacrificio  tener que hacer todas esas cosas para poder sentir lo que se siente en el sillón pero estoy dispuesta a todo.

Incluso, estoy dispuesta a que me toquen…

Si sabéis de alguien –si puede ser bien situado, de apariencia agradable y sin barba-que quiera venir a abrazarme, que contacte aquí.

Urgentemente.

NB1 : Para ByPils: Adjunto la foto del sillón para que no ponga una de esas fotos sosas con las que ilustra” Los objetos”.

NB2 : NO, N-O vendo el sillón. Abstenerse los interesados.

 

Otro relato del libro «Objetos sencillos que tienes en casa» en Soopbook.com

Soopbookeando.

Soopbook, un portal para crear libros 2.0 y literatura colaborativa, me ha robado el corazón. Algo que se inició como una exploración, como un experimento entre las tantas cosas a las que me apunto, se ha convertido en un oasis para mis letras.

Además de ir creando mi libro 2.o «Objetos sencillos que tienes en casa» (del que voy colgando los textos en el blog -un lápiz, un sofá, un cuchillo y un tenedor, una almohada, unas pastilla de jabón y una cafetera-) , pertenezco a un grupo de escritores noveles-aficionados-enamorados de los relatos de nombre «Sala de Escritura» que hace tres semanas que funciona. Cada semana el autor ganador , propone un tema,  para que el resto ( diez por vuelta) escríbamos nuestra aportación.  Esta semana he presentado el texto bajo el lema «Tocar fondo» que es el que tocaba…

Aquí os lo dejo.

Tocar Fondo

Estoy muy cansado… Me asfixio, me falta el aire…

Prefiero dejarme ir, flotar, hundirme, morir,…No hacer nada porque ya no tengo fuerzas para hacer nada. Nada. Eso es lo que siento que soy en estos momentos, una gran Nada que pesa toneladas de Nada, en medio de la Nada absoluta…

¿Qué se va a perder?, ¿Una vida triste y gris?…

¿Quién me va a echar de menos? En mi Nada no hay Nadie. Los he ido expulsando de mi vida, poco a poco… He sido egoísta y no he querido amar.  Ha sido tanto el dolor que ha padecido mi alma,  que escogí no amar para no perder… Para no sufrir…

Si no hay Nada ni Nadie que me importe, Nada ni Nadie me hará sufrir. Y no he sufrido pero… me he quedado vacío. Tan, tan hueco de todo, que me extraña que ahora mismo no pueda flotar…

Me estoy meciendo, empiezo a bajar. No quiero moverme. No quiero respirar.

Me sorprende un tópico: mi vida pasa por delante de mis ojos en pequeños retazos de imágenes y sensaciones.

Me veo de niño, sonriendo, con aquel gran paquete envuelto con papel de regalo, que contenía ese velero auto dirigido con el que tantos mares exploré.

La sonrisa de mi madre, a la vera de la barbacoa en la playa, asando unas sardinas mientras nos observaba chapotear en la orilla.

Veo la cara de Mar, sus ojos irisados y también brillantes diciéndome que sería mi compañera de vida.

Una imagen de una rosa blanca encima de una lápida y la tristeza inmensa al decir adiós al amor de mi vida.

La mano de mi sobrino, envuelta en la mía. Sus ojos arrobados mientras le explico los secretos de mi antiguo velero de juguete.

Una comida familiar salpicada de risas. Oigo las risas.

Las oigo.

El rostro de mi madre, de nuevo pero envejecido… con esa gran sonrisa eterna mientras me abrazaba, ayer, antes de lanzarme a este viaje maldito.

Oigo a Mar diciéndome Vive por mí.

Todo brilla.

Resplandece.

Siento que he vivido con los ojos cerrados y no he podido percibir esos deliciosos destellos de luz que irradian los que me rodean pero, ahora, a punto de dejar que mis pulmones se inunden de agua, estoy abriendo los ojos y, aunque todo está oscuro, yo veo como brilla.

Y no quiero dejar de verlo.

Mis manos y mis pies despiertan y empiezan a moverse, buscando el mejor movimiento para emerger hacia la luz que yo veo, aunque ahí fuera la noche sea profunda.

La sonrisa de mi madre y la voz de Mar, me impulsan hacia arriba. Mis pulmones están a punto de estallar pero una fuerza brillante me anima.

Subo, subo, subo…y, por fin, respiro. Lo hago con furia, mientras el agua se mezcla con ese aire frío que me vuelve brillante y poderoso. Me bebo el oxígeno a grandes bocanadas, mientras mi cuerpo reacciona con violencia a esta nueva situación.

No quiero hundirme.

Estoy exhausto pero feliz. He visto toda la luz que me rodea y no quiero perderme en este mar oscuro.

Lentamente, mi respiración se acompasa. Me tiendo sobre el agua, mirando hacia el cielo, con los brazos en cruz. Me río, pensando que estoy haciendo el muerto cuando lo que he decidido es vivir.

El agua me mece y me lleva. Mis músculos se relajan y se preparan: hay que nadar hacia ese mundo brillante que me espera.

Algo me roza el brazo y me inquieta pero me hace sentir vivo. Tengo miedo y después de tanto tiempo sin Nada ni Nadie, recibo con placer un sentimiento, aunque sea ese.

Nado, nado, nado y nado.

Mi mente me tatarea una canción y acoplo el ritmo de mis brazos a lo que oigo en mi cabeza.

Nado, nado y nado.

Sólo me importa avanzar.

Nadando.

Cuando acaba la música,  mis brazos y piernas se hacen más pesados. Me preparo para descansar, de nuevo. Parar, relajarme y seguir nadando hacia la luz pero, cuando mis piernas alcanzan la posición vertical, siento algo en la punta de los dedos.

Es algo mórbido y mullido, que me acaricia los pies y que siento como una delicada caricia.

Me conforta.

Me deleito en la sensación, intentando mantenerme a flote hasta que mi cerebro procesa una posibilidad.

El fondo.

Estoy tocando fondo.

Me impulso pero esta vez hacia abajo y las plantas de mis pies chocan con una superficie arenosa que me llena de alegría.

La energía es tan poderosa que me permite dar unas brazadas más, venciendo a mi cuerpo que ahora es de plomo, e incorporarme, emergiendo del agua, con mis pies firmemente clavados en la fina textura de esa arena milagrosa.

Camino sin ver, arrastrándome, dejando surcos que anuncian que estoy vivo.

Me derrumbo en una playa pequeña, en la arena seca que aún conserva la tibieza del sol.

Encima de mí, un manto de estrellas relucientes me da la bienvenida.

Todo brilla.

 

La almohada.

Los que duermen sin ella, no entenderán la importancia del gesto que hice al donarla. Por el bien de la humanidad, me dije. Y , claro, el concepto de humanidad es tan trascendente que no hubiese podido dormir ( con almohada o sin almohada) durante el resto de mi vida si no hubiese compartido los dones de la mía…

Curiosamente, ahora que ya no la tengo,  empiezo a sospechar que la cabeza que se apoya , también es importante en la ecuación pero… dejad que os explique un poco esto de la almohada.

Mi vida estaba anclada en una cierta normalidad, hasta que descubrí a mi mujer ( siete años de feliz matrimonio!), refocilándose en mi cama, con un tipo alto y moreno. No quiero entrar en detalles y es mejor que no lo haga pero si que quiero incidir en uno en concreto . Cuando abrí la puerta del dormitorio conyugal (había dado la vuelta del camino del trabajo para ir a buscar mi móvil, olvidado en casa, cargándose en la mesilla de noche. Más típico, imposible), la imagen que vi y que quedó grabada en mi cerebro , a cámara lenta, fue la de las manos morenas de aquel hombre, sosteniendo mi almohada e iniciando la acción de “te la coloco bajo el trasero para alzarte las caderas”… Mi mujer, mi almohada, …mis cuernos.

Nos separamos (tampoco entraré en detalles) e inicié mi solitaria vida actual en un pequeño apartamento que pude comprar con la mitad de la venta de la casa común. No quise ninguno de los muebles, ni cuadros, floreros o floripondios que me recordarán a la traidora. Sólo incauté mi colección de música, mis libros, mis utensilios de cocina de calidad chef ( espero que el tipo alto y moreno sepa cocinar como yo) y objetos sencillos que eran míos y tenían un valor especial para mí : dos juegos de toallas bordadas por mi madre, con mis iniciales ( nunca le había gustado mi ex mujer y se había negado a bordar las suyas), una camiseta del Barça firmada por Ronaldinho y una bola de nieve que compré en Nueva York, en un viaje con mis amigos antes de liarme con la traidora.

Adquirí mis nuevos muebles en IKEA y me dediqué a abrir las cajas que se habían quedado apiladas tras la mudanza. Coloqué los libros, los CD, la bola de nieve… Abrí la última caja y saqué la camiseta, las toallas ( ¡Qué lista era mi madre!) y… allí estaba , aplastada contra el fondo de la caja, la asquerosa almohada que había sido mía , antes de la traición.

Puedo entender que mi ex la pusiera allí sin mala intención… Casi me lo creo. Soy de ese tipo de ser humano que si no tiene la almohada precisa, justa y exacta, duerme mal, se despierta con terribles dolores de cuello o… directamente no duerme. Y me había costado mucho encontrar “La Almohada Perfecta”… ¡Tantas pruebas, tantas almohadas! Pillow, no pillow;  con forma cervical, alargada o en forma de cuadrante, de consistencia baja, media, intensa o dura; de plumas o de látex; aromatizada, ecológica…

Tras muchas noches sin descansar bien había encontrado “La Almohada Perfecta”  y esa era la que el tipo alto y moreno había utilizado para…en fin, prefiero no conjurar esa imagen. Estoy casi curado. Casi…

Con guantes de látex, le hice una autopsia a La Almohada Perfecta con todo el dolor de mi corazón pero… no pude evitar sentirme extrañamente liberado cuando el cuchillo jamonero rasgaba las última porciones de  plumas y jirones de tela… Me cargué la almohada…

 

Así que volví a empezar la búsqueda. El modelo de la tristemente desaparecida almohada, estaba descatalogado y probé otros similares pero nada. Fui a todas las tiendas especializadas que hay en mi ciudad, compré por Internet…Nada.

Un sábado al salir de casa de mi madre ( me había llamado sólo para decirme que había hecho cocido) había decidido ir a la mía paseando ya que  las lorzas de cerdo que mi madre ponía al puchero se balanceaban en mi estómago.

Al llegar al final de la calle, vi el escaparate de la Colchonería Martínez, del Señor Martínez de toda la vida, con un gran letrero de “Se traspasa. Se liquidan existencias”. El Sr. Martínez estaba en la puerta y me saludó al reconocerme. El barrio ha cambiado, la gente ha cambiado. Todos van a El Corte Inglés a comprar sus colchones y sus almohadas. Y si no, eso de Lo Monaco los convence… me decía el Sr. Martínez meneando la cabeza. Fue decir almohada y despertarse mi ansia : ¿Tiene almohadas en la tienda?

Así fue como salí de allí con una almohada que ya no se fabrica, que el Sr. Martínez guardaba como si fuera un tesoro y que me regalo con una reverencia y una ceremonia que me hizo sentir un poco violento… Más que una almohada parecía que me estaba regalando El Santo Grial, sea lo que sea eso…

Mientras me alejaba, el Sr. Martínez me gritó: Y no te olvides de consultar todo con la almohada– y ya no sé si lo que siguió fue una risita siniestra o encantadora.

Nuestra primera vez fue mágica. Aquella almohada y yo nos entendimos a la perfección y pude descansar bien por primera vez en mucho tiempo. No era dura , ni blanda. Ni muy alargada ni muy cuadrada…Perfecta. Una vez en mi poder, lo de la almohada dejó de preocuparme hasta que me encontré al Sr, Martínez en el portal de casa de mis padres. Era domingo y había caído una paella marinera de quitar el hipo. Mi padre había sido generoso con el cava y no sólo me sentía lleno, también un poco mareado.

El hombre me saludó y me preguntó si me encontraba bien . Le contesté lo habitual, intentando hablar con naturalidad y sin balbucear ( que era lo que hice, claro). Entonces, me guiñó el ojo y me dijo : ¿Ya has consultado con la almohada?.Le respondí que la almohada, bien, gracias pero él insistió : Veo que aún no le has consultado nada, chaval. Consulta, consulta. Se alejó con aquella risita siniestra o encantadora. No lo sé. Ese momento está un poco borroso en mi mente…

Llegué a casa y mi cuerpo me rogó una siestecita. No, más que una siestecita : una siestaza. De las de “con pijama y en la cama”. Le concedí su deseo y me hundí en mi colchón ergonómico apoyando mi cabeza en la almohada.

No pude evitar que se me escaparan unas risitas: Consulta, consulta– recordé la voz del Sr.Martínez. Aún riéndome (ese cava era excelente), me incorporé, miré la almohada y le dije : A ver, quiero consultar una cosa con mi almohada…¿Qué te puedo consultar, chata?…Mmmm.¡Ya lo sé! Mañana pasan la porra de la empresa para el partido Barça-Madrid.¿Qué resultado elijo, almohadita?… Sí, sé que suena ridículo pero estaba chisposo y me salió así…

A la mañana siguiente, debajo de la almohada había una notita blanca : “3-2” ¿Miedo? No, no sentí miedo. La cosa era tan , tan estúpida que no quise analizar de dónde había salido aquella notita. Sólo sé que aposté por el 3-2 y gané 800 euros que me hicieron bastante feliz…Ya sobrio, la noche siguiente decidí consultar a mi almohada, un problema técnico que teníamos con una reproducción vectorial de un nisomágrafo de partículas ( olvidé comentaros que soy ingeniero) y, a la mañana siguiente, en vez de una notita había dos folios tamaño Din A-4 con una profusa descripción de los errores de cálculo que habíamos cometido y su corrección… Me temblaban las manos cuando acabé de leer el contenido de aquellas páginas. No hace falta que os diga que conseguimos hacer funcionar el nisomágrafo sin problemas…

Ese día, al salir del trabajo, fui a ver al Sr. Martínez. La tienda ya estaba cerrada y nadie sabía a dónde había ido con el dinero del traspaso. Al llegar a casa, me dediqué a observar la almohada con interés científico. La toqué, la palpé, la escaneé …Nada la hacía diferente de una almohada normal…Y era tan suave…Y tan perfecta. ¿Qué mal había en tener una almohada con la que consultar tus problemas?.

Mi vida ha sido un éxito continuo desde entonces. Todas las decisiones que había tomado, gracias a consultar con la almohada, me han llevado por un camino de gratificaciones, de victorias , de placer… Tengo una pareja estable ( estamos embarazados!), amigos de verdad, he ascendido en el trabajo, me he comprado una casita en el campo…Esta vez , mi madre sí que ha bordado las iniciales de mi mujer en las toallas de turno y… todo es maravilloso. No sé que más le puedo pedir a la vida.

En cambio, en España las cosas cada vez van peor: crisis, desempleo, crisis y crisis

En uno de esos momentos de autocomplacencia y ante esta plenitud vital que me embargaba, yo que siempre he sido generoso, me dije : Con lo mal que va el país ¿Por qué no donar mi almohada al gobierno?.  ¿Qué mejor lugar que debajo de la cabeza del que toma las decisiones?.

No fue fácil llegar hasta él . No fue fácil convencerlo pero tuve un golpe de suerte cuando vino a inaugurar el nuevo nisomágrafo de la Universidad donde trabajo.

Me comentó que tenía dolores en las cervicales ( el nisomágrafo, entre otras cosas iba a servir para eso) y yo le hablé de la almohada…Le dije que la probará. Una vez. Fuera por mi autoridad en el campo científico ( gracias a la almohada) o por lo convincente de mi discurso que el Presidente aceptó que los servicios de seguridad analizaran la almohada y si no había nada raro, iba a dormir con ella. Yo le recordé : Y consulte, consulte.

Fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida pero sentía que debía hacerlo. Me separé de la almohada…por el bien del país.

Un mes más tarde, me llegó un mensaje del Gabinete de Gobierno. El Presidente estaba encantado con la almohada de la Colchonería del Sr. Martínez. Al final de la nota el mismo Presidente había escrito de su puño y letra : Y consulto, consulto…

Ahora estoy empezando a sospechar que cometí un grave error. Algo está fallando en su funcionamiento. Ha sido “ Consultar a la almohada” y  están pasando cosas como bajar las pensiones o limitar la velocidad a 110Km/hora para ahorrar combustible… El paro sigue subiendo y el gobierno subvenciona el cambio de neumáticos antiguos por los ecológicos…¿Alguna medida para fomentar el empleo,? No. Lo de los neumáticos.  Nada. La almohada está fallando…y la cosa puede ir a peor…

Ya íbamos mal pero ahora, por mi culpa, consultando a la almohada, esto se está poniendo raro…

Si alguien conoce al Sr. Martínez ( se fue a un viaje del Inserso y no ha regresado), o lo ha visto últimamente, ruego se pongan en contacto conmigo. Él es el único que puede tener la información para desactivar el modo “Consultar con la almohada” de la susodicha almohada.

Sr. Martínez, si lee estas líneas : soy el hijo de la Pruden. El que le compró la almohada. Necesito ponerme en contacto con Ud. Es muy urgente.

 

N. B: Este relato forma parte de un «proyecto» de libro 2.0, con el nombre «Objetos sencillos que tienes en casa». De momento, existen 4 capítulos : un lápiz, un sofá, un tenedor y un cuchillo y una almohada…

http://objetosencillos.soopbook.com/

Gastroruptura.

Lo miré fijamente y pensé que lo mejor era no meterse en un berenjenal.  Me había costado un huevo decirle que ya no lo quería y aprovechar para darle calabazas pero ,a él, parecía importarle un rábano.

Al principio, pensé que sería» llegar-soltar el rollo-llorar-despedirse» pero ¿No querías arroz?, Pues toma dos tazas.  No sólo no había sido rápido…Había sido difícil. ¡Y pensar que creía que aquello iba a ser pan comido!…No había tenido en cuenta que él se podía poner de mala uva cuando le dijera que no era su media naranja  y eso era, exactamente,  lo que había pasado.: la había fulminado con la mirada de «me importa un pimiento» y  , acto seguido, la había mandado a freír espárragos…

¡Era un bombón!

Y es que  cuando lo veía, así, enfadado, era cuando más le gustaba. ¡Estaba como un queso!. Un poco de esa mala leche le iba bien a ese carácter de trozo de pan… Era uno de esos hombres que se ponían como un tomate cuando le pedías peras al olmo… Debía olvidar todas esas cosas y centrarse en cortar el bacalao. Era un yogurín, sí, muy majo pero… ella necesitaba a alguién que se ganara los garbanzos,  que le sacara las castañas del fuego…

No había vuelta atrás. Ya era demasiado tiempo de vivir de la sopa boba, de dejar que se le pasara el arroz mientrás él no era más que un bollicao. Siempre preocupada porque ella era del año de la pera y él, no… Era el momento de llamar al pan , pan y al vino,vino

Las cosas claras y el chocolate espeso. Lo miré por última vez y le dije : Nos van a dar las uvas aquí y no hay nada más que hablar. Se ha descubierto el pastel y no voy a dejar que me la des con queso.Lo tuyo son mucho ruido y pocas nueces y esto debe acabar.

No lo entiendo. Yo te quiero un huevo, me dijo él pero yo no me dejé engañar. Seré muchas cosas, pero no soy un melón.

Me levanté y lo dejé temblando en el sofá. No eres más que un espárrago viejo, me gritó.

Qué te den morcillas- le respondí dando un portazo mientras , a lo lejos, oí que decía : ¡Y un jamón!.

Así que si me preguntas si volvería con él, no sabría que responderte.Si algo he aprendido es a no decir nunca «de este agua no beberé».

 

El Almacén.

Nuevo relato corto en «La Fábrica».

El Almacén.