Romance.

Photo by AbsolutVision on Unsplash

Mi cuñada cree que estoy mal. Se le nota cuando entra con sus tacones —que arañan mi tarima— y su sonrisa de “hoy vengo a desordenarte”.

En mi casa las cosas van donde deben. Las revistas de decoración no se tiran en la mesa: se colocan. Alineadas, apiladas por tamaño, portada centrada. Mi cuñada se sienta, suspira y las manosea como si fueran folletos gratis: abre una, dobla otra, deja una boca abajo… encima del platito inca. Luego aparta los cojines “porque molestan”. Yo respiro, cuento hasta diez y sonrío…

Pero, hoy, por primera vez, he dudado de mí. Es urgente que os lo explique.

Abrí el cajón de la cubertería para coger la cuchara perfecta del cappuccino y vi un tenedor en el compartimento de los cuchillos. Pensé en mi cuñada, que había estado trasteando los cajones en busca de un abridor. Seguro que lo había movido para molestarme.Lo agarré para corregirlo y noté un tirón leve, una resistencia absurda del metal. Lo dejé con los tenedores. Cerré.

Sollozos.

Abrí: silencio. Y el tenedor había avanzado hacia las cucharas. Lo devolví a su lugar. .

Cerré el cajón.

Llanto. Abrí. Silencio.

Ahora estaba atravesado, perpendicular y ocupando más espacio. Tuve la sensación que el tenedor se movía a su antojo. De locos.

Salí de casa para no pensar. Volví del mercado, necesité un cuchillo para cortar la malla de las naranjas y abrí el cajón.

El tenedor estaba con los cuchillos.

Ahí lo supe: no era un error. Se trasladaba de compartimento y me estaba desafiando.

Lo tiré a la basura. Bajé la bolsa y la arrojé al contenedor, satisfecha, como quien restablece el orden mundial. Al subir, los sollozos se habían convertido en alaridos. Abrí el cajón y lo entendí demasiado tarde:

El que lloraba no era el tenedor.

Era el cuchillo.

Escribo con el metal clavado en el pecho, gimoteando histéricamente. Ha sido un crimen pasional: el cuchillo y el tenedor se amaban. No soportaron la separación. El exilio del tenedor despertó al monstruo del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado aquí, clavado en el centro de mi corazón , llorando por su amor perdido.

Me queda poco.

Mi última voluntad es simple:

Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.

A ser posible, sin funda.

Gracias.

Photo by Stoica Ionela on Unsplash

 

 

#Encasa (lo de pintar.)

Como muchísimos de vosotros, en estos tiempos de #estarencasa, he estado ordenando. Una vez finalizado el entorno habitual, he pasado a los rincones inaccesibles y , a veces, olvidados.

Además de los cajones de cables inservibles y de aparatos qua ya no existen, me he lanzado a una tarea largamente postergada : mis pinturas, bastidores y demás utensilios para pintar. La palabra “utensilios” abarca una gran gama de objetos. Dada mi incapacidad para dibujar, recurro a pastas de relieve y cosas, muchas cosas, cualquier cosa, que se pueda pegar en un lienzo ( todo tipo de cuentas de bisutería vieja, letras de madera, de tela y de pórex, pinzas de tender, sellos de tinta, estrellas de mar, de piedra, de papel, alambres y cuerdas, cristales pulidos, etc.…) La estrategia mental del almacenaje de todo eso es : “Igual algún día me sirve”

Hace ya mucho tiempo que sé que debo ordenar aquello, pero fue una tarea procrastinada hasta ayer.

Tiré pinturas secas, seleccioné los pinceles y bastidores reutilizables, ordené todas esas piezas ornamentísticas y, poco a poco, a ritmo de Aute ,  recuperé las ganas de mancharme las manos y pintar mientras me evado ( que es lo que me pasa con mis manualidades pictóricas de aficionado) y me lo paso pipa.

Ahí los tengo preparados…

El espíritu esconde-cosas

En mi cocina,  hay un ser paranormal que me esconde las tapas de los tuppers…

Siempre he pensado que ese fantasma, ronda por mi casa para hacerme pequeñas trastadas…

tuppers

Esa cosa que vive en mi casa, también desapareja calcetines.

Tengo calcetines desparejados, en un cajón especial “sólo” para esos pobres calcetines.

Y no acaba aquí la cosa.

También me esconde las llaves. Aunque he utilizado técnicas y amuletos para no tener que pasarme un ratito buscando las llaves antes de salir, siguen haciéndolo de vez en cuando. No consigo neutralizarlo del todo…

llaves

Este ente diabólico , que juega a hacerme perder el tiempo, aparece en muchas casas. Seguro que mientras lees esto, piensas en ese pobre calcetín que tienes desparejado y que está en un cajón condenado a una vida solitaria. Pero ya hay mentes brillantes haciendo algo. La empresa se llama THROX y venden tres calcetines al precio de dos. Uno es de recambio…

legsflash

Superviviente de la técnica Marie Kondo.

A estas alturas, todo el mundo conoce a la gurú del orden, Marie Kondo. El concepto, muy simple, es que el orden de todas tus cosas, interfiere en el orden de tu vida . Esto es un saber innato que todos conocemos y llevamos dentro pero que requiere de esfuerzo para practicarlo. Por lo menos, para la mayoría de las personas… Ordenar da pereza. Clasificar y tirar, agobia, pero cuando lo haces, sientes una inmediata sensación de alivio que compensa el sufrimiento.

He escrito sobre sobre lo de ordenar los armarios, pero ha sido Marie Kondo la que me ha hecho dar el paso definitivo para hacer una limpieza profunda. Lo más importante ha sido la jugada maestra de hacerte poner TODA la ropa en un mismo lugar.T-o-d-a. Si no tienes un vestidor de infarto, seguro que tu ropa está en diferentes zonas y armarios de la casa… Me daba miedo hacerlo porque sabía que la realidad, podía ser realmente incómoda.

Y lo fue.

Brutalmente incómoda.

¿Cómo he podido acumular tal cantidad de ropa? Incluso prendas que ya ni recordaba…

Ver ese inmenso volumen desalmado e inútil me hace sentir culpable. Primero, por mi pretendida intención de ser friendly con el planeta que se desmorona totalmente con este consumo irresponsable. Esta idea, se asocia con otra: la de la compra responsable. Me hago una promesa, me pongo una obligación: sólo compraré lo que necesite.

Kondo te dice que te quedes sólo con las prendas que te hacen feliz (esto no soy capaz de entenderlo muy bien, pero me he quedado una camiseta de un glorioso concierto de Phil Collins que sé que nunca me pondré pero me recuerda una gran noche… ) y el resto de ropa, la dones. Así que, durante dos días, he estado haciendo bolsas que ya he llevado a los contenedores de las ONG que se dedican a reciclarla. Hay que dejar de verlas, rápido…

Ahora, mis armarios respiran (aunque ya empiezo a presentir un Kondo 2) y, es verdad,  yo también respiro mejor…

Orden y concierto.

El arte de ordenar los armarios y sobrevivir a la tarea.

8

Cada uno tiene su nivel de orden y concierto:

1)Hay quien tiene los armarios hechos un lío. Es un caos, que pretende ser ordenado, porque el que lo estructura, te asegura que sabe dónde están todas sus cosas.

carey1

El tipo 2) es un ordenado fluctuante. Esto quiero decir que hay momentos en que su armario está perfectamente ordenado pero, con el transcurrir de la vida diaria ( saco esta camiseta y se me desmorona el montoncito, no encuentro el jersey concreto-quiero-ese y voy sacando todos los que no son el concreto-quiero-ese y los vuelvo a colocar mal, etc...) Los que pertenecen a este grupo, saben lo que es «ir ordenando». Periódicamente, deben poner orden en el mini-caos. Cuanto más tarden, más grande es el lío…

Finalmente el 3) : el ordenado-que-siempre-lo-mantiene-ordenado. En esta tipología, puedes encontrar grados de «orden», siendo ya un ejemplo de la perfección máxima, los que ordenan por temporadas , tipo de ropa y colores.

5

Me confieso ser un miembro claro del grupo 2 aunque ya, con muchos momentos «ordena armario» a cuestas que, no me han servido para saber hacerlo sin agobiarme…

He vivido todos los momentos angustiosos que tiene esa manipulación de la ropa ( y su selección). Primero, lo acometes con ilusión. Aquí las camisetas blancas, aquí las botas , aquí los complementos…. Pero, de repente, hay ropa esparcida por la /s cama/s , cosas que se van a un montoncito de «no -sé- qué -hacer» y otras, que se pasan a bolsas para «dar».

4

En el momento que te das cuenta que tienes ropa para tres vidas completas, ya es tarde. Está todo por ahí fuera, esperando nueva ubicación o la condena definitiva. Hasta esa fase, has seguido tus propias órdenes organizativas, pero cuando la ropa se te empieza a comer, literalmente, empiezas a violar normas sagradas ( ¿No habíamos quedado que este cajón es para tirantes? ¿Por qué hay camisetas de colores?). El tiempo va pasando, te empieza a doler la espalda y ves que aquello no se acaba nunca.

El esfuerzo, requiere de un monumental trabajo de concentración. Empiezas a ver la luz, cuando se preparan las bolsas de ropa que desaparece y , muy importante, se ubican lejos de los armarios. Al ladito de la puerta. Una vez rechazadas, esas prendas ( y su volumen) molestan profundamente.

 

Hay que tener la paciencia final para no dejarse llevar por los restos. Se suelen unificar todas esas cosas que te crean indecisión y se ponen en una zona del armario. Es como un apartado de «pendientes». Lo malo es que seguirán siendo «pendientes» el resto de tu vida…

Cuando ya ,deslomada, acabas la tarea , no puedes evitar mirar y remirar tus armarios ordenados.Y no te digo ponerte a dar saltitos, pero casi…Voy a intentar pasarme al Grupo 3. Con voluntad, todo se puede…

N. B :Las fotos son del armario (walk- in closet, se puede andar y dar una fiesta) de Mariah Carey