Por si…

Llega el cambio de estación y, como cada año, reviso mi armario. Como cada año también, me asusto de la cantidad de prendas que acumulo. Y, como cada año, me propongo limpiar, reciclar, donar y no volver a comprar sin rumbo.

Este año lo voy a conseguir.

Ente todas esas piezas, hay algunas que tienen una etiqueta mental de “Por si”. Es ropa que se guarda para ocasiones especiales o específicas y que son desde celebraciones , temas laborales, posibles destinos ( mucho frío, mucho calor, montaña, nieve, playa caribeña…) a , simplemente, aquella americana que como te gusta mucho quieres conservarla “Por si”. Hay cosas que aún están con la funda de la tintorería para ese futuro potencial.

En ese armario también hay “Por sis” simbólicos, que no son de tela.Cosas que se dejan de hacer por el “Por si”. No son objetivos complejos que se deben analizar con todas las variables pero sí que son pequeños detalles como una llamada o un café que se quedan ahí, en la percha colgados o doblados en la estantería más alta, esa a la que no llegas si no vas a buscar la escalera.

Hay que desempolvar todas esas prendas. Aunque tengan hombreras de tamaño imposible. : – )

El vaso de agua (III) : Disfrutar de cada sorbo.

El vaso de agua está lleno con la cantidad de sorbos que le vas a dar hasta que el vaso quede vacío. No sabemos cuantos cl nos tocan a cada uno, lo único cierto es que tarde o temprano, el agua se acabará. Hay quien dará pocos sorbos, los que dieron bastantes pero no los suficientes y a los que el agua les cunde más allá de sus expectativas.

El volumen de agua es una incógnita. Nadie, nada, ningún sabio, profeta, Dios o la IA más sofisticada sabe la cantidad. Y aún sabiéndola, no pueden prever si un golpe de aire tumbará el vaso y derramará todo el agua…

Así que lo primero que deberíamos aprender es que como no sabemos cuantos sorbos hay en ese vaso, nuestro objetivo sea disfrutar de cada uno de ellos.

Esto es fácil de decir y más fácil de escribir pero en la vida real, ser disfrutones no es tan sencillo. Cuesta disfrutar cuando nuestra vida está controlada por los horarios, el sistema de trabajo, la vida familiar, la evolución personal, etc.

Van venir sorbos amargos. Es casi una certeza: pérdidas, rupturas, enfermedades y problemas. Forman parte de la vida y son normales. Amaremos a gente que un día no estará con nosotros, por ejemplo y eso nos llevará a la tristeza, al sabor amargo, agrio y asqueroso del sorbo de ese día.

Pero también vendrán otros dulces y aromáticos, también normales, ante el amor, la satisfacción, la tranquilidad e incluso, la felicidad que es un estado que nunca es total pero tiene sus ratos.

Mientras esas cosas pasan, el H2O que contiene el vaso se va reduciendo así que es necesario entrenar para que cuando vengan los malos tragos, se despliegue un escudo protector compuesto por la certeza que , también vendrán de los otros, los tragos buenos.

Hay que repetirlo como un mantra , cada día, para que el escudo protector sea cada vez más fuerte.

Hay muchos tragos buenos, no hay que olvidarlo…

NB 1 : He acabado con lo de los vasos.

NB 2 : ¡Buen fin de semana!

El vaso de agua (II) : solo contiene H2O


Tenemos entre manos un compuesto de dos átomos de hidrógeno unidos a un átomo de oxígeno, todo ello contenido en un recipiente hecho de sílice (dióxido de silicio, SiO₂), soda (carbonato de sodio, Na₂CO₃) y caliza (carbonato de calcio, CaCO₃) y para hacerlo más brillante y transparente , se convierte en cristal añadiéndole algún tipo de óxido metálico (como bario, potasio o zinc y nunca plomo).

Hidrógeno, oxígeno, sílice, soda, caliza y óxidos metálicos. Un vaso de agua : el hecho objetivo, su visión más científica.

El agua es , siempre, H2O

Nuestro vaso de agua somos nosotros.

Es transparente pero puede cambiar de color según nuestra forma de afrontar la vida. Muchas veces, lo único que cambia el estado del agua es nuestra actitud .

Los días en que el sorbo es amargo,la vida se convertirá en gris y tempestuosa y nos parecerá que nos vamos a ahogar en ese vaso pero, al día siguiente ( si todo va bien), le vas a dar otro sorbo al vaso y la vida va a seguir.

Sí o sí.

El vaso de agua (I)

“El vaso de agua” se ha utilizado para muchas metáforas.

La de si ves el vaso medio lleno o medio vacío, según tu tendencia al optimismo o al pesimismo.

El vaso de las frases hechas : “Ahogarse en un vaso de agua” o “Crear una tormenta en un vaso de agua” que se refieren a la capacidad que tenemos los seres humanos de fabricarnos grandes problemas de cosas simples que, aparentemente ( y sólo aparentemente) no lo son.

Las que más me gustan, por eso, son las de tipo “Es como un vaso de agua en el desierto” y “Un vaso de agua no se le niega a nadie, ni a tu peor enemigo” porque son positivas : hablan de la esperanza y de la compasión.

En este Blog Imperfecto, el vaso de agua es una metáfora de la vida.

Y un recordatorio, de que hay que disfrutar cada sorbo…

Espero que hayas tenido suerte.

Estoy sentada , mirando el bosque. Ya no hace el calor del pleno verano. Es más, la Tramuntana ya se está haciendo notar y creo que necesito ir a buscar un jersey. Y entonces la oigo.

Cric,cric,cric,cric,cric,cric…

Del silencio hemos pasado a la sinfonía crujiente que me ha acompañado el verano y que me ha irritado alguna de sus noches.

Debe ser ya, la última cigarra, porque solo oigo una, intentado encontrar pareja, ya desesperada porque se le acaba el tiempo.

Cric, cric, cric,cric,cric,cric,cric…

Una vez que emergen del suelo como adultos, las cigarras tienen un ciclo de vida relativamente corto (unas pocas semanas a meses), durante el cual su objetivo principal es aparearse. Si una cigarra no encuentra pareja, continúa cantando y buscando activamente, hasta el final.

Suelen morir al final del verano o principios del otoño, por el agotamiento, el clima más frío o la depredación por otros animales.

Cric, cric, cric y se calla. Espero un poco, porque a veces se interrumpe unos segundos y vuelve a empezar pero ya no.

La cigarra no suena. Parece que esto ya está.

Ese silencio decreta el fin del verano.

Espero que haya tenido suerte y que el cese de actividad sonora se deba a que ha encontrado pareja.

Se lo ha trabajado al máximo y se lo merecía.

Crucemos los dedos…

NB : Las imágenes están generadas con DALL-E3

1 de Agosto.

Es hora de hacer una pausa, recargar energías y volver con más historias que contar.  Os deseo un feliz verano a los que estáis en este lado del mundo y un feliz invierno a los que me leéis desde el … Sigue leyendo

Esa cigarra que canta junto mi ventana…

El canto de las cigarras es un sonido asociado al estío. Es el tiempo del calor y del sol y, para muchos, el período de vacaciones. Es una melodía que evoca verano…

Cric Cric Cric Cric. 

Ese cric cric lo tengo metido en la cabeza porque una de esas cigarras veraniegas ha decido instalarse en algún lugar, muy cerca (mucho) de la ventana de mi habitación. Las noches son muy calurosas estos últimos días y hace dos, tengo a la cigarra, canta que canta, sin parar. Para unos escasos segundos, antes de empezar de nuevo : Cric Cric Cric Cric. Hasta el infinito y más allá.

Cric Cric Cric Cric. 

No se parecen en nada a los que nos vendieron en la fábula de “La cigarra y la hormiga”. Es así, aunque hay más de 3000 especies diferentes.

Foto de Jody Confer en Unsplash

Yo creo que esa cigarra es de las que superan los 86 Hz. He leído que las que emiten estos sonidos son los machos. Tienen de dos semanas a un mes de vida adulta y durante ese período, deben atraer a las hembras con su cric cric característico. Teniendo en cuenta que pasan hasta quince años bajo tierra hasta que emergen a la superficie, creo que debo tener compasión con la que me ha tocado de vecina.

Foto de Bill Nino en Unsplash

Ni cerrando la ventana dejo de oírlo y por la insistencia y la duración, yo diría que este espécimen lo tiene mal. 

Se va a quedar soltero y yo , con mucho sueño atrasado por su culpa.

NB: El Cric Cric Cric me acompaña mientras escribo esto…

Compro prisa.

 

serious running businessman and big white clock in dark room

-¿Tienes prisa?- Más que una pregunta es una constatación de un hecho. Yo estoy sentado, tranquila y serenamente, en mi sofá amarillo mientras él, me habla desde la cima de su altura, paseándose casi como un péndulo. Aquí, allí, aquí, allí… Tiene prisa.

-Sí, mucha.

Yo no tengo prisa. Estiro mis piernas y las relajo encima de los  cojines. Dejo que mi espalda se amolde suavemente al respaldo del sofá. Cuando ya estoy en una posición agradable, me quedo unos segundos suspendido en la nada, deleitándome con el paisaje que me ofrece la naturaleza desde mi ventana…Eso sí que es un  privilegio. Observó ese campo de trigo, aún muy verde, que la brisa mueve y ondula como si fuera un mar. Casi puedo oír el susurro delicado que te arrulla como la más exquisita de las nanas…Lo único que me resulta molesto, es este tipo con prisa…

No me voy a sentar en este sofá, ni voy a perder el tiempo tomando un café contigo. Te repito que tengo mucha prisa.

-Cuando dices “mucha” ¿De cuanta hablamos?– Le dejo que calcule una cifra. Normalmente, la transacción se realiza de esta forma: ellos me dicen cuanta tienen y yo le pongo un precio. Si interesa, bien. Si no… no pasa nada. Hay mucha oferta.

Se me antoja un buen momento para hacerme una infusión relajante. Creo que voy a probar el té de frambuesa que me trajeron de Nepal. Me lo tomaré, sorbo a sorbo, dejando que el calor inunde mi cuerpo y el sabor de las fresas silvestres me conforte. Las nubes cambian de forma y se deslizan por el cielo, empujadas por un suave viento que esparce el aroma de este verano ya moribundo. Me apetece abrir las ventanas…

Yo creo que un par de kilos.– me responde  el hombre que tiene prisa– ¿Te van bien? Necesito el dinero y, de verdad, me tengo que ir ya.

No es mucha, pero con eso puedo pasar-Calculo cual sería el precio justo según los índices de cotización de la prisa en el mercado. Le digo la cifra y el asiente, moviendo enérgicamente la cabeza,  y me doy cuenta que estoy comprando prisa de una gran calidad. La necesito para cuando viajo a la ciudad o cuando me convocan para reuniones de negocios. Desgraciadamente, yo nunca he tenido prisa y, por eso, me veo obligado a comprarla.

Cuando estoy cerrando el gran tarro de cristal en el que he guardado la prisa recién adquirida, oigo como hierve el agua de la tetera. Me dirijo al hombre que acaba de venderme su prisa y le invito a probar el té de frambuesas del Nepal.

Nos sentamos los dos.  Estamos cómodos y relajados y nuestra mirada se pierde en el baile del trigo y en las montañas que se adivinan en la lejanía. El contraste cromático es de una delicadeza exiquisita: las pequeñas cimas se recortan contra un cielo de un azul turquesa casi imposible que se une a la franja del verde, fresco y chispeante…

Este té está delicioso-me dice mi proveedor de prisa.

Le agradezco el comentario y doy otro sorbo. Las fresas silvestres estallan en mi paladar y lo acarician.

Sí. Está delicioso…

Cosas del verano.

Ducharse al aire libre es uno de los placeres del verano. 

Recuerdo a mi abuelo, inventándose una ducha con un tablón de madera y una manguera sujeta con cuerdas. A los niños de ciudad y balcón, nos alucinaba ducharnos cerca del huerto, entre los árboles…

Foto de Ultimate Safaris Namibia en Unsplash

Foto de Roberto Nickson en Unsplash

Foto de By Pils en Unsplash

Fue una gran idea para tenernos controlados. La ducha-manguera nos impedía tomar el mando de la manguera y regar todo lo que pillábamos: plantas , animales , personas y cosas.

Una maravilla…

Foto de Phil Goodwin en Unsplash