Ya tenemos flor.

Pues ya tenemos la primera flor.

La he visto en un día de lluvia finísima, de agradecer en tiempos de sequía, pero poco útil por su frugalidad.

He hecho las fotos y al cabo de un rato, he visto un gorrión que movía las hojas de las plantas de las macetas, para hacer caer las gotas de lluvia y bebérselas.  Primero se ha dirigido a unos arbustos, pero después, le ha dado un meneo a la camelia y la flor ha caído al suelo. 

Así que ya tenemos la primera flor y la primera flor caída.

Pero la cosa promete…

Solo verlas.

Son tan bonitas que no requieren de palabras.

Verlas ya es suficiente.

Pereza o rebeldía.

Seguimos yendo tarde, pero vamos, que ya es algo.

Este año, la camelia va más lenta . Ya hay opiniones en mi entorno, de que se debe hacer un cambio de maceta…

Algún capullo ha pasado de ser verde a dejar entrever el rosado de las futuras hojas de la flor . Va evolucionando a su ritmo, el que ella decide.

Es una camelia perezosa o rebelde.

Puestos a elegir, siempre me gusta más que sea una camelia rebelde.

Camelia 2022

La camelia se está haciendo esperar. El año pasado, por estas fechas, ya había florecido. Incluso asistí a la caída de la primera flor, pero sin escuchar el sonido armonioso que los poetas japoneses llaman “bo-to”. A ver si este año lo oigo…

Ahora, está más alta y han emergido los capullos, pero , de momento, no hay flores. Ni una.

Dicen que lo bueno se hace esperar.

Espero que podamos decir lo mismo del 2022: estamos esperando lo bueno desde hace dos años. Ya toca

Precioso.

Un ramo precioso.

 Es bonito por sus flores y aún más bonito por el reencuentro.

Manía aromática.

Me gustaría que pudierais captar el aroma de este sencillo ramo. No hay casi color: dos capullos de rosa que no huelen a nada, pero… tengo menta, albahaca, romero, salvia y lavanda. Todo recién cortado, con agua y un cubito de hielo.

El perfume de esa mezcla es fresco y embriagador. Me encanta manipular estas hierbas aromáticas, cuando cada semana, las renuevo.

Este ramo es un hábito recurrente. Una manía fragante. No tiene nada de negativo, al revés,  pero no deja de ser un ritual personalizado y místico, para intentar que “todo esté bien” en base a una supuesta magia que atribuyo a una acción humana. Que encima, ejecuto yo…

El jarrón lo sitúo junto a una foto familiar en la que hay un ser querido que siempre tiene flores frescas en su casa. Antes, las escogía y las arreglaba ella. Ahora, ya no puede y lo hacen otros, pero, en ese hogar,  sigue habiendo un ramo precioso en el salón.

Empecé a poner estos pequeños arreglos florales en mi casa, cuando estuvo en el hospital. Después del alta, lo mantuve como un “hábito recurrente”. Aunque confieso que hay otro motivo, del todo irracional. Lo admito. Será por esas casualidades puñeteras de la vida, pero si hay flores junto a la fotografía, todo va bien.

Llegará el día que todo ese ritual se desmontará, pero, hasta que llegue, me produce una sensación de paz inmensa.

Es más, difícilmente dejaré de hacerlo, aunque la realidad caiga por su propio peso y me arrebate la magia.

Habrá ramo aromático.

Es lo que tiene lo de los hábitos o manías recurrentes y bonitos…

Outsider.

Pues ya está.

La última flor de la camelia se ha desprendido de la planta.

Ha estado floreciendo sin parar desde octubre hasta finales de abril.

Es la única planta de mi casa que no florece en primavera. Lo suyo es el invierno.

Una outsider en el jardín.

Rosas.

La primera representación de una rosa está datada en el 1600 a.C.

Se descubrió en el palacio de Knossos (Creta).

Estas son del 2021 d.C.

Flores, verdura y hortalizas.

Es lo que hay en esta foto : flores, verduras y hortalizas.

Un geranio, acelgas y tomateras.

Cambio de casa.

Con las nuevos horarios de apertura y relajación de las restricciones, más que ir a un centro comercial, a mí me ha tirado más ir al garden. El objetivo : una maceta . A la camelia, se le estaba quedando pequeña…

Y un plato, que me han dicho que es bueno que quede agua ( sobre todo cuando llueve) para que la planta se vaya proveyendo.

Tengo la esperanza que se convierta en un arbolito y, para eso, necesita más espacio.

Es su nueva casa.