Terapia con una tiza.

Esta es una maceta que lleva conmigo muchos años.

Donde ahora hay esos orificios, antes había un asa de mimbre que, con la lluvia, el sol y el viento acabó desintegrándose.

Sin la asa, la maceta tenía parecido a una cara. O , por lo menos, dos ojos.

Y entonces, veo la tiza.

Le dibujo una mueca . Es una manifestación de hartazgo vital y pandémico, pero, después me lo pienso mejor. “Hay que tener paciencia “( esto me lo repito frecuentemente) y constato que, cada día que pasa,  hay más vacunados a mi alrededor. Ya llegará.

Va. Borro la mueca.

Hay que tener paciencia.

Cambio de casa.

Con las nuevos horarios de apertura y relajación de las restricciones, más que ir a un centro comercial, a mí me ha tirado más ir al garden. El objetivo : una maceta . A la camelia, se le estaba quedando pequeña…

Y un plato, que me han dicho que es bueno que quede agua ( sobre todo cuando llueve) para que la planta se vaya proveyendo.

Tengo la esperanza que se convierta en un arbolito y, para eso, necesita más espacio.

Es su nueva casa.

#NuevaRealidad ( intrusión.)

La albahaca , después de una semana de podar las flores, volvió a florecer y yo, he vuelto a podarla. Parece que se está resistiendo a mi intervención con tozudez…Podo flores, salen más flores…

La albahaca tiene razones para rebelarse y librar la batalla como pueda. Lo que le estoy haciendo , es alterar su ciclo vital. Es una intromisión directa en su desarrollo natural. La planta florece para generar semillas que aseguren su reproducción y, conseguido su objetivo, se seca y muere . En la naturaleza, sus hojas secas serán nutrientes para otras plantas, insectos y animales.

Esta albahaca, no. Se enfrenta al humano deseoso de cultivo intensivo.

Después de esta segunda poda, la planta está así.

A ver qué hace esta semana…