Me ha quedado un vacío…

…que deberé replantar con alguna cosa que anime este huerto otoñal…

El vacío lo ha ocasionado, la recolección de una hilera de “Cogollos de Tudela”.

Ha sido un acto triste pero pacífico: Yo y mis herramientas ( de diseño ; – ) ), arrancando de raíz , esas hermosas lechugas…Ni pío, oye. Comparado con la guerra que me dieron los tomates, esto es gloria: crece la lechuga  y yo la recolecto. Punto. Ni una queja, ni una insumisión, ni un culo negro…Nada de nada.

A todo esto, los ajos han permanecido impasibles. Esperaba una mínima reacción. No sé, un quejido, un intento de pararme, palabras de ánimo a las lechugas que iban a sucumbir a mi pala floreada…Pero, silencio absoluto.

Simplemente, se mostraban exuberantes, al sol. Como si esto del huerto no fuera con ellos…Me parece raro. Los vigilaré de cerca.

Por último, he descubierto nuevos habitantes “espontáneos”. Brotes verdes y tiernos de algo que creo que puede ser albahaca, que ha dejado caer semillas en la tierra, en uno de esos actos de propagación de la especie que tanto gusta a las aromáticas… Hay una docena de estos baby …Según lo que sea  el brote, pueden pasar dos cosas : 1) que sean buenos y les dé la Bienvenida a este Huerto, su huerto o 2) que los extermine, si son malos,  con mis herramientas de jardinera ( que si no se me crecen)…

He hecho una foto ,un primer plano, para intentar averiguar algo más.

Cualquier información sobre este «brote verde» será bienvenida. ; – )

Todo lo del huerto en : Mi huerto.

Con un par…

 

Las cosas ,en el huerto, están cambiando…

Los ajos, que parecían pacíficos, empiezan a emerger de las profundidades de la tierra…Ya nacen agrupados, para ser más fuertes, aunque se ve claramente que hay un líder que domina toda la franja del ajo.

Creo que el líder, está aleccionado por un tal Dessjuest, que se dedica ir difamándome, diciéndoles que soy una ajocicida. No sólo eso, se ha atrevido a hablarles de mi pasado como tomaticida…Y…Yo no me cargué a esos tomates…Fue un suicidio colectivo , inducido por la cochinilla algodonosa. Que quede claro.

Mientras los ajos crecen y se organizan ( esta vez , estoy preparada), las lechugas se han declarado “mártires oficiales del huerto”. Se entregan , en plan sacrificio, para que no me percate de lo que está pasando con los ajos. Cada vez que voy a regar , me susurran “Cómeme”…

Mi instinto asesino-de-lechugas empieza a despertar… Las miro y pienso ¿Serán crujientes? Y cuando he reflexionado sobre la frase , he realizado un ejercicio empático a lo Stephen King y he pensado : Imaginemos un mundo dominado por las lechugas que se alimentan de seres humanos. Los humanos, plantaditos en un huerto , bien erguidos y las lechugas que los miran y piensan ¿Serán crujientes?…He sido consciente de la crueldad…Y lo peor, no me ha importado. Sé que voy a arrancar y a comerme esas lechugas y espero, de verdad, que crujan. Y todo esto, sin perder de vista a los ajos…

 

La Stevia, en cambio, es una planta amiga. Hemos conectado desde el principio y , cada mañana, me ofrece unas ocho hojitas, que añado al zumo. Está tan a gusto que ha empezado a florecer…Es muy dulce…

 

También hay nuevos habitantes.

Esta planta de pimientos fue abandonada en vacaciones, por sus propietarios, en mi jardín.  Acepté recogerla, cuidarla e intentar que se recuperara ( las hojas habían sido atacadas por las orugas) .No se ha integrado en el huerto, pero comparte zona ( aunque esté en una maceta).

En estas últimas semanas,  han aparecido, con un par, un precioso par de pimientos…Creo que pueden ser aliados en el futuro…

Es por eso que los he ubicado cerca de los ajos traicioneros , la lechuga sacrificada, la dulce stevia y el viejo y querido, perejil…

 

 

 

La soledad del ajo.

He cometido el primer error en este segundo ciclo de Mi Huerto aunque, tras una investigación previa a este post, me ha aliviado saber que el fallo es subsanable.

Supongo que el sabio huertano me dio la información correcta y yo la distorsioné y no la recuperé, en condiciones, el día de la siembra. Tiene tela , el fallo de los ajos, ya que me esperé a la Luna Azul de finales de agosto, para liarla ( con numerito esotérico incluido) en el momento de su plantación…

¿Qué cual es el error del ajo?

Hoy, tocaba sesión fotográfica. Este,  es un huerto pacífico y sin elementos hostiles tipo los tomates cherry, (que en paz descansen) pero sí que tiene un punto de divo. Le gustan las fotos, los paparazzi, el público ( ovacionando) y todas esas cosas de los star-system. Así que, dispuesta a complacer , salgo con mi cámara y cual es mi sorpresa al ver que ya han salido tres ajos.

Un momento:  ¿tres?…Tres. Y entonces, reflexiono:1 diente de ajo = 1 ajo tierno . O sea, la producción de ajos tiernos potenciales en este momento es de tres. Tres!

¿Cuántos se sembraron? ¿Doce? Ese es el límite máximo que puede alcanzar mi gran producción : doce ajos tiernos… Busco información y descubro que lo que tenía que haber plantado era la cabeza ( completa) para obtener un manojito de ajetes, de cada una de ellas…

Triste. Ellos acostumbrados a vivir en grupo, apretaditos, montados, juntitos y voy yo y los condeno a la soledad del ajo. Y , además, siguiendo escrupulosamente un marco de siembra de un palmo para alejarlos más.

Lo voy a arreglar, plantando cabezas enteras en los espacios intermedios. Sí, los manojos serán más jóvenes y me arriesgo a un conflicto generacional pero se me rompe el corazón de verlos, ahí, solitos y, además ( para qué vamos a engañarnos) ¿Qué hago yo con doce ajos tiernos? Eso , no me da ni para un revueltito…

Aún estoy a tiempo…

Capítulo final…o no.

A la historia de mi huerto, le faltaba el capítulo final.

Me sorprendió encontrarme un huerto con tomateras y tomates. Tras las noticias sobre la invasión de cochinilla, nada me había preparado para encontrar aquella explosión de cherrys pero…la alegría inicial duró muy poco tiempo…

Para acabar con la cochina cochinilla, el huerto había sido tratado ( por un voluntario ) con un producto especial que va de muerte ( extermina a las cochinillas) pero no se puede utilizar cuando hay flor y fruto porque los contamina y ya no es aconsejable para el consumo (humano, los insectos se ponían las botas…). El “voluntario” se leyó las “Propiedades” del mejunje, después de haber rociado todas las matas (incluido el pimiento)…Un aplauso, por favor. Tras conocer este dato, decidimos acabar con las tomateras definitivamente.

Ver la cesta de tomatitos y ese pimiento contorsionista que parecía querer abrazarse a sí mismo, nos hizo dudar pero…fui más rápida que ellos en el proceso mental. Me di cuenta que esa era su venganza final: el envenenamiento… Al verlos tan monos, podían atacarme emocionalmente y, por lo tanto, que decidiera comérmelos. Ya nos conocíamos muy bien, los tomates y yo…

Con una sagacidad que me sorprendió  a mí misma, descubrí su plan antes de que fuera demasiado tarde. Pedí refuerzos. Nos pusimos nuestra ropa jardibélica, nos pintamos unas rayas negras en la cara y armados con la tijera de podar y una de cocina, nos enfrentamos por última vez a los cherry diabólicos.

Yo creía que la victoria me dejaría una sensación placentera pero lo que me dejó es una mesa de cultivo semi-vacía ( mención especial al perejil , que sigue ahí y no fue rociado con el tratamiento anti-cochinillas) .

También quedaron  muchas, muchas ganas de volver a experimentar una aventura huerteril. Y, entonces, me enteré que el día 31 de Agosto se producía el fenómeno de la Luna Azul ( que es blanca pero significa que se dan dos lunas llenas en el mismo mes) .Era el momento ideal de plantar esos ajos murcianos que me habían llegado de manos labriegas, llenos de cariño y con la instrucción, precisa, de plantar en luna llena.

Preparamos la tierra ( el perejil estaba encantado) y conseguimos plantas de estevia, cogollos de tudela, cebollas y orégano. Con estos nuevos habitantes del Mi II Ciclo Huerteril ( y los ajos), plantamos a la luz de la luna azul de este mes de agosto… Romántico, queda… Me tenía que haber puesto una túnica vaporosa y acabar bailando la danza de la fertilidad alrededor del huerto pero mejor no pasarse que después, se me rebelan.

Y, sin darme tiempo a reaccionar, el capítulo final de mi huerto urbano , se ha convertido en un aromático y saludable To be Continued…

Depresión post-vacacional.

Sabiendo que es un privilegio hablar de “Depresión post-vacacional” cuando las cosas están como están y el “volver” al trabajo te convierte en un afortunado, elegido y , efectivamente, un privilegiado, aun así, no puedo evitar el sentimiento de pérdida … Cada año , me pasa lo mismo y no aprendo…

Siempre me caza…Levemente. Insiste en pasearse, unas horas,  por mi mente…

De verdad,  con el tiempo que hace que nos conocemos ( ya hay confianza), se podía ahorrar el paseíto…

 

 

Se acerca el fin…

O eso creo… Alejada y aislada del huerto por el tema de las vacaciones, me llegan malas noticias. Cochinas, sería la palabra adecuada…

Y es que, aprovechando mi ausencia y mis cuidados amorosos, la cochinilla se apoderado de mis tomateras. Por lo que me cuentan, ese insecto vampiresco ha estado chupando la savia de los cherry, que estaban ufanos y contentos al sentirse libres de mí. Sin el peligro de la aprendiz-de-huertana, se distrajeron y bajaron la guardia y la cochinilla algodonosa, como quien no quiere la cosa, se apoderó de los troncos…

Mal asunto. Ramas secas y flojas…Tomates escuálidos. Caídos. Eso me dicen…Mejor que no esté allí para verlo ( y para fotografiarlo) porque ya estoy bastante disgustada en la distancia como para asistir la invasión cochina, en directo.

Supongo que , tras mis batallas tomateras y el haberme ganado el apodo de “tomaticida” y “vegetópata”, pensaréis que es de nivel perverso alto, el regocijarse con esta victoria final: la muerte del enemigo pero, la realidad , es que lo que hemos vivido en ese huerto , es una preciosa historia de amor-odio ( que tiene, también, lo suyo de estrategia bélica) y me entristece que se estén acochinillando. Lo ideal era acabar con una ejecución masiva por acabarse la temporada (las cosas, como deben ser) y no por el ataque de un triste bicho que parece una asquerosa bola de algodón .

Se acerca el fin. Están en tratamiento pero las esperanzas de reactivación son bajas. Muy bajas. Ya me voy haciendo a la idea para cuando yo llegue ( y vea el desastre) la semana que viene.

Ya quedan para el recuerdo, esos últimos tomates que recogimos y que nos han dado alimento en estas calurosas noches. Ayer mismo, hicimos una pasta fresca de verano con los últimos supervivientes del Reino Independiente de mi Huerto.

Estoy triste y ya, sin el puesto nº 1 en el Ranking de Tomaticidio ( arrebatado por la cochinilla , a mis espaldas y esperando que yo me fuera. O sea, a traición).

Ilustro este post con unas fotos que les hice antes de partir. En la primera, los tomates seguían con su acoso al perejil pero , en realidad, se estaban despidiendo antes de ser atacados por la cochinilla (quién se lo iba a decir, pobrecillos).

Esta última es metafórica. Me fascinaba como estaban subiendo hacia el cielo…

 

 

Frágil.

Algunas veces, las fotos me escriben una historia (aunque sea una tan distorsionada como esta)…Yo las utilizo, lo sé. Pero…Las fotos aparecen,  me cuchichean las palabras y yo, simplemente, las copio y las pego…

Os tengo que dejar.

Oigo como se acerca la enfermera Pérez.

Distorsión

Estoy en otro plano, supongo que astral. Mientras mi cuerpo se regocija en el agua fresca de la piscina, veo todo lo que pasa a mi alrededor como si estuviera fuera de mí misma, mismamente. Lo he visto muchas veces en las películas y, ahora, me está pasando a mí… En el instante que me doy cuenta de eso, me acojono. Cuando pasa esto, justamente esto, estás jodido. Básicamente muerto o casi…

La mujer que está chapoteando parece estar bien y , la verdad, juraría que soy yo…

Ehhh! Cuidado! Esta brisa me está elevando y estoy perdiéndome mi auto-voyeurismo…Un pájaro, negro y blanco, me mira con extrañeza. Entiendo que no es muy normal que esté dándome una vuelta por aquí pero …Yo que sé. Igual estoy dormida. ¿Una siesta + una digestión pesada? La cosa es que prefiero no despertar: la ola de calor va arrasando España entera y yo estoy muy fresquita en la piscina…

Vengaaaa! Estoy bajando a una velocidad increíble. Wow! Qué subidón de adrenalina! Para, para, para por Dios!!… No sé a quién le hablo pero tengo la sensación que hay alguien, en algún lugar de este colocón onírico. La verdad, ha sido decirlo y me he quedado suspendida, a escasos centímetros del suelo…Una voz interior pero que suena a celestial-dentro-de-un-templo, me dice que debo elegir entre hierba, madera y piedra. Creo que me voy a decantar por la hierba…

Un movimiento me distrae.

Mi yo al fresco, ya sale de la piscina. Veo como se seca con una toalla de aspecto mullido y se estira en una hamaca con un libro… Se mece suavemente… Qué envidia me da. ¿Por qué estaré en este plano , seguro-que-astral, mientras ella disfruta de la experiencia?

Entonces, oigo el cuchicheo. Ya se me acaba el tiempo. Vienen a por mí. Algo pasará: me caeré de la hamaca y me partiré la crisma…O daré una vuelta completa, quedándome atrapada al estilo Gusiluz en la hamaca, mientras me asfixio… Ahora, ya veo la luz. La dichosa luz blanca de la que todos sabemos que tenemos que huir despavoridos… ¿Qué hago? ¿Voy o no voy?…

Los oigo…

Clic.

Se ha quedado dormida en la hamaca… Estará agotada…La he visto de un lado para otro, que si vuelo , que si me elevo…La voy a despertar ya. Es la hora de su medicación– La enferma Pérez está hablando con la enfermera González. Cuchichean. Trabajan en una prestigiosa clínica privada, especializada en trastornos mentales. La enfermera González hará el turno de la enfermera Pérez cuando esta se vaya de vacaciones- Está paciente sufre episodios agudos del Síndrome de Distorsión de la Realidad. –La enfermera Pérez le pasa la carpeta con el historial clínico a la enfermera González.

Con esta, ya han repasado todas las historias clínicas. En apenas unas horas, se estará remojando los pies en la playa…

Balancea la hamaca suavemente y despierta a la mujer.

Momentos azules.

Vi la flor que me señalaba el camino.

Allí, entre los muros de piedra, una puerta azul.

La atravesé y me llevó, directamente, a un campo de endrinas.

Una de ellas, era mágica y me diría dónde encontrar el lugar en el que habita el espíritu veraniego…

Y lo encontré.

 

NB : La mágica era la de en medio. La del centro. La que no está arriba ni abajo.

 

Estrellas.

Acostumbrada a la noche de la ciudad, me quedé sin respiración… Allí, en el cielo de ese pueblo de montaña, mil estrellas se apretujaban en el espacio para derramar luz y magia, ante mis ojos asombrados.

Nunca había visto tantas…

Cuando mi cuello protestó, decidí tumbarme en el prado para observar el espectáculo, en postura relajada…

Hasta aquí, la imagen bucólica. Ahora, la verdad…

Primero, tuve que reposicionarme varias veces, para evitar las piedras que se habían afianzado bajo mi cuerpo. Una vez solucionado el tema, me quité los zapatos y con los pies desnudos, me estiré…Relajada… A los pocos segundos, noté un cosquilleo en los tobillos y me incorporé para matar ( sí, he escrito “matar”) a unas hormigas aventureras…A partir de ese momento, ya empecé a sentir cosquilleos en otras zonas que, aunque imaginarios, me hicieron dar manotazos, aquí y allá , para acabar con los insectos. Entonces, se inició el concierto: crujiditos, siseos, animalillos y cosas sin identificar. Mi condición de urbanita ( y cobarde), me hizo abandonar mi posición de relax y entrar en el modo “alerta”.

En ese preciso instante, noté la humedad de la tierra…y de mis jeans (que, encima, se pusieron verdes…). Me levanté, alcé la vista y, hasta que mis vértebras volvieron a decirme “basta”, me abandoné al cielo estrellado pero… de pie.

Muy digna, eso sí.

Si alguna vez describo ese cielo que me robó el corazón, opto por la versión bucólica : Rollo prado, descalza y estirada cómodamente.

A fuerza de repetirla, casi me la he creído… ; – )