Soopbookeando.

Soopbook, un portal para crear libros 2.0 y literatura colaborativa, me ha robado el corazón. Algo que se inició como una exploración, como un experimento entre las tantas cosas a las que me apunto, se ha convertido en un oasis para mis letras.

Además de ir creando mi libro 2.o «Objetos sencillos que tienes en casa» (del que voy colgando los textos en el blog -un lápiz, un sofá, un cuchillo y un tenedor, una almohada, unas pastilla de jabón y una cafetera-) , pertenezco a un grupo de escritores noveles-aficionados-enamorados de los relatos de nombre «Sala de Escritura» que hace tres semanas que funciona. Cada semana el autor ganador , propone un tema,  para que el resto ( diez por vuelta) escríbamos nuestra aportación.  Esta semana he presentado el texto bajo el lema «Tocar fondo» que es el que tocaba…

Aquí os lo dejo.

Tocar Fondo

Estoy muy cansado… Me asfixio, me falta el aire…

Prefiero dejarme ir, flotar, hundirme, morir,…No hacer nada porque ya no tengo fuerzas para hacer nada. Nada. Eso es lo que siento que soy en estos momentos, una gran Nada que pesa toneladas de Nada, en medio de la Nada absoluta…

¿Qué se va a perder?, ¿Una vida triste y gris?…

¿Quién me va a echar de menos? En mi Nada no hay Nadie. Los he ido expulsando de mi vida, poco a poco… He sido egoísta y no he querido amar.  Ha sido tanto el dolor que ha padecido mi alma,  que escogí no amar para no perder… Para no sufrir…

Si no hay Nada ni Nadie que me importe, Nada ni Nadie me hará sufrir. Y no he sufrido pero… me he quedado vacío. Tan, tan hueco de todo, que me extraña que ahora mismo no pueda flotar…

Me estoy meciendo, empiezo a bajar. No quiero moverme. No quiero respirar.

Me sorprende un tópico: mi vida pasa por delante de mis ojos en pequeños retazos de imágenes y sensaciones.

Me veo de niño, sonriendo, con aquel gran paquete envuelto con papel de regalo, que contenía ese velero auto dirigido con el que tantos mares exploré.

La sonrisa de mi madre, a la vera de la barbacoa en la playa, asando unas sardinas mientras nos observaba chapotear en la orilla.

Veo la cara de Mar, sus ojos irisados y también brillantes diciéndome que sería mi compañera de vida.

Una imagen de una rosa blanca encima de una lápida y la tristeza inmensa al decir adiós al amor de mi vida.

La mano de mi sobrino, envuelta en la mía. Sus ojos arrobados mientras le explico los secretos de mi antiguo velero de juguete.

Una comida familiar salpicada de risas. Oigo las risas.

Las oigo.

El rostro de mi madre, de nuevo pero envejecido… con esa gran sonrisa eterna mientras me abrazaba, ayer, antes de lanzarme a este viaje maldito.

Oigo a Mar diciéndome Vive por mí.

Todo brilla.

Resplandece.

Siento que he vivido con los ojos cerrados y no he podido percibir esos deliciosos destellos de luz que irradian los que me rodean pero, ahora, a punto de dejar que mis pulmones se inunden de agua, estoy abriendo los ojos y, aunque todo está oscuro, yo veo como brilla.

Y no quiero dejar de verlo.

Mis manos y mis pies despiertan y empiezan a moverse, buscando el mejor movimiento para emerger hacia la luz que yo veo, aunque ahí fuera la noche sea profunda.

La sonrisa de mi madre y la voz de Mar, me impulsan hacia arriba. Mis pulmones están a punto de estallar pero una fuerza brillante me anima.

Subo, subo, subo…y, por fin, respiro. Lo hago con furia, mientras el agua se mezcla con ese aire frío que me vuelve brillante y poderoso. Me bebo el oxígeno a grandes bocanadas, mientras mi cuerpo reacciona con violencia a esta nueva situación.

No quiero hundirme.

Estoy exhausto pero feliz. He visto toda la luz que me rodea y no quiero perderme en este mar oscuro.

Lentamente, mi respiración se acompasa. Me tiendo sobre el agua, mirando hacia el cielo, con los brazos en cruz. Me río, pensando que estoy haciendo el muerto cuando lo que he decidido es vivir.

El agua me mece y me lleva. Mis músculos se relajan y se preparan: hay que nadar hacia ese mundo brillante que me espera.

Algo me roza el brazo y me inquieta pero me hace sentir vivo. Tengo miedo y después de tanto tiempo sin Nada ni Nadie, recibo con placer un sentimiento, aunque sea ese.

Nado, nado, nado y nado.

Mi mente me tatarea una canción y acoplo el ritmo de mis brazos a lo que oigo en mi cabeza.

Nado, nado y nado.

Sólo me importa avanzar.

Nadando.

Cuando acaba la música,  mis brazos y piernas se hacen más pesados. Me preparo para descansar, de nuevo. Parar, relajarme y seguir nadando hacia la luz pero, cuando mis piernas alcanzan la posición vertical, siento algo en la punta de los dedos.

Es algo mórbido y mullido, que me acaricia los pies y que siento como una delicada caricia.

Me conforta.

Me deleito en la sensación, intentando mantenerme a flote hasta que mi cerebro procesa una posibilidad.

El fondo.

Estoy tocando fondo.

Me impulso pero esta vez hacia abajo y las plantas de mis pies chocan con una superficie arenosa que me llena de alegría.

La energía es tan poderosa que me permite dar unas brazadas más, venciendo a mi cuerpo que ahora es de plomo, e incorporarme, emergiendo del agua, con mis pies firmemente clavados en la fina textura de esa arena milagrosa.

Camino sin ver, arrastrándome, dejando surcos que anuncian que estoy vivo.

Me derrumbo en una playa pequeña, en la arena seca que aún conserva la tibieza del sol.

Encima de mí, un manto de estrellas relucientes me da la bienvenida.

Todo brilla.

 

La almohada.

Los que duermen sin ella, no entenderán la importancia del gesto que hice al donarla. Por el bien de la humanidad, me dije. Y , claro, el concepto de humanidad es tan trascendente que no hubiese podido dormir ( con almohada o sin almohada) durante el resto de mi vida si no hubiese compartido los dones de la mía…

Curiosamente, ahora que ya no la tengo,  empiezo a sospechar que la cabeza que se apoya , también es importante en la ecuación pero… dejad que os explique un poco esto de la almohada.

Mi vida estaba anclada en una cierta normalidad, hasta que descubrí a mi mujer ( siete años de feliz matrimonio!), refocilándose en mi cama, con un tipo alto y moreno. No quiero entrar en detalles y es mejor que no lo haga pero si que quiero incidir en uno en concreto . Cuando abrí la puerta del dormitorio conyugal (había dado la vuelta del camino del trabajo para ir a buscar mi móvil, olvidado en casa, cargándose en la mesilla de noche. Más típico, imposible), la imagen que vi y que quedó grabada en mi cerebro , a cámara lenta, fue la de las manos morenas de aquel hombre, sosteniendo mi almohada e iniciando la acción de “te la coloco bajo el trasero para alzarte las caderas”… Mi mujer, mi almohada, …mis cuernos.

Nos separamos (tampoco entraré en detalles) e inicié mi solitaria vida actual en un pequeño apartamento que pude comprar con la mitad de la venta de la casa común. No quise ninguno de los muebles, ni cuadros, floreros o floripondios que me recordarán a la traidora. Sólo incauté mi colección de música, mis libros, mis utensilios de cocina de calidad chef ( espero que el tipo alto y moreno sepa cocinar como yo) y objetos sencillos que eran míos y tenían un valor especial para mí : dos juegos de toallas bordadas por mi madre, con mis iniciales ( nunca le había gustado mi ex mujer y se había negado a bordar las suyas), una camiseta del Barça firmada por Ronaldinho y una bola de nieve que compré en Nueva York, en un viaje con mis amigos antes de liarme con la traidora.

Adquirí mis nuevos muebles en IKEA y me dediqué a abrir las cajas que se habían quedado apiladas tras la mudanza. Coloqué los libros, los CD, la bola de nieve… Abrí la última caja y saqué la camiseta, las toallas ( ¡Qué lista era mi madre!) y… allí estaba , aplastada contra el fondo de la caja, la asquerosa almohada que había sido mía , antes de la traición.

Puedo entender que mi ex la pusiera allí sin mala intención… Casi me lo creo. Soy de ese tipo de ser humano que si no tiene la almohada precisa, justa y exacta, duerme mal, se despierta con terribles dolores de cuello o… directamente no duerme. Y me había costado mucho encontrar “La Almohada Perfecta”… ¡Tantas pruebas, tantas almohadas! Pillow, no pillow;  con forma cervical, alargada o en forma de cuadrante, de consistencia baja, media, intensa o dura; de plumas o de látex; aromatizada, ecológica…

Tras muchas noches sin descansar bien había encontrado “La Almohada Perfecta”  y esa era la que el tipo alto y moreno había utilizado para…en fin, prefiero no conjurar esa imagen. Estoy casi curado. Casi…

Con guantes de látex, le hice una autopsia a La Almohada Perfecta con todo el dolor de mi corazón pero… no pude evitar sentirme extrañamente liberado cuando el cuchillo jamonero rasgaba las última porciones de  plumas y jirones de tela… Me cargué la almohada…

 

Así que volví a empezar la búsqueda. El modelo de la tristemente desaparecida almohada, estaba descatalogado y probé otros similares pero nada. Fui a todas las tiendas especializadas que hay en mi ciudad, compré por Internet…Nada.

Un sábado al salir de casa de mi madre ( me había llamado sólo para decirme que había hecho cocido) había decidido ir a la mía paseando ya que  las lorzas de cerdo que mi madre ponía al puchero se balanceaban en mi estómago.

Al llegar al final de la calle, vi el escaparate de la Colchonería Martínez, del Señor Martínez de toda la vida, con un gran letrero de “Se traspasa. Se liquidan existencias”. El Sr. Martínez estaba en la puerta y me saludó al reconocerme. El barrio ha cambiado, la gente ha cambiado. Todos van a El Corte Inglés a comprar sus colchones y sus almohadas. Y si no, eso de Lo Monaco los convence… me decía el Sr. Martínez meneando la cabeza. Fue decir almohada y despertarse mi ansia : ¿Tiene almohadas en la tienda?

Así fue como salí de allí con una almohada que ya no se fabrica, que el Sr. Martínez guardaba como si fuera un tesoro y que me regalo con una reverencia y una ceremonia que me hizo sentir un poco violento… Más que una almohada parecía que me estaba regalando El Santo Grial, sea lo que sea eso…

Mientras me alejaba, el Sr. Martínez me gritó: Y no te olvides de consultar todo con la almohada– y ya no sé si lo que siguió fue una risita siniestra o encantadora.

Nuestra primera vez fue mágica. Aquella almohada y yo nos entendimos a la perfección y pude descansar bien por primera vez en mucho tiempo. No era dura , ni blanda. Ni muy alargada ni muy cuadrada…Perfecta. Una vez en mi poder, lo de la almohada dejó de preocuparme hasta que me encontré al Sr, Martínez en el portal de casa de mis padres. Era domingo y había caído una paella marinera de quitar el hipo. Mi padre había sido generoso con el cava y no sólo me sentía lleno, también un poco mareado.

El hombre me saludó y me preguntó si me encontraba bien . Le contesté lo habitual, intentando hablar con naturalidad y sin balbucear ( que era lo que hice, claro). Entonces, me guiñó el ojo y me dijo : ¿Ya has consultado con la almohada?.Le respondí que la almohada, bien, gracias pero él insistió : Veo que aún no le has consultado nada, chaval. Consulta, consulta. Se alejó con aquella risita siniestra o encantadora. No lo sé. Ese momento está un poco borroso en mi mente…

Llegué a casa y mi cuerpo me rogó una siestecita. No, más que una siestecita : una siestaza. De las de “con pijama y en la cama”. Le concedí su deseo y me hundí en mi colchón ergonómico apoyando mi cabeza en la almohada.

No pude evitar que se me escaparan unas risitas: Consulta, consulta– recordé la voz del Sr.Martínez. Aún riéndome (ese cava era excelente), me incorporé, miré la almohada y le dije : A ver, quiero consultar una cosa con mi almohada…¿Qué te puedo consultar, chata?…Mmmm.¡Ya lo sé! Mañana pasan la porra de la empresa para el partido Barça-Madrid.¿Qué resultado elijo, almohadita?… Sí, sé que suena ridículo pero estaba chisposo y me salió así…

A la mañana siguiente, debajo de la almohada había una notita blanca : “3-2” ¿Miedo? No, no sentí miedo. La cosa era tan , tan estúpida que no quise analizar de dónde había salido aquella notita. Sólo sé que aposté por el 3-2 y gané 800 euros que me hicieron bastante feliz…Ya sobrio, la noche siguiente decidí consultar a mi almohada, un problema técnico que teníamos con una reproducción vectorial de un nisomágrafo de partículas ( olvidé comentaros que soy ingeniero) y, a la mañana siguiente, en vez de una notita había dos folios tamaño Din A-4 con una profusa descripción de los errores de cálculo que habíamos cometido y su corrección… Me temblaban las manos cuando acabé de leer el contenido de aquellas páginas. No hace falta que os diga que conseguimos hacer funcionar el nisomágrafo sin problemas…

Ese día, al salir del trabajo, fui a ver al Sr. Martínez. La tienda ya estaba cerrada y nadie sabía a dónde había ido con el dinero del traspaso. Al llegar a casa, me dediqué a observar la almohada con interés científico. La toqué, la palpé, la escaneé …Nada la hacía diferente de una almohada normal…Y era tan suave…Y tan perfecta. ¿Qué mal había en tener una almohada con la que consultar tus problemas?.

Mi vida ha sido un éxito continuo desde entonces. Todas las decisiones que había tomado, gracias a consultar con la almohada, me han llevado por un camino de gratificaciones, de victorias , de placer… Tengo una pareja estable ( estamos embarazados!), amigos de verdad, he ascendido en el trabajo, me he comprado una casita en el campo…Esta vez , mi madre sí que ha bordado las iniciales de mi mujer en las toallas de turno y… todo es maravilloso. No sé que más le puedo pedir a la vida.

En cambio, en España las cosas cada vez van peor: crisis, desempleo, crisis y crisis

En uno de esos momentos de autocomplacencia y ante esta plenitud vital que me embargaba, yo que siempre he sido generoso, me dije : Con lo mal que va el país ¿Por qué no donar mi almohada al gobierno?.  ¿Qué mejor lugar que debajo de la cabeza del que toma las decisiones?.

No fue fácil llegar hasta él . No fue fácil convencerlo pero tuve un golpe de suerte cuando vino a inaugurar el nuevo nisomágrafo de la Universidad donde trabajo.

Me comentó que tenía dolores en las cervicales ( el nisomágrafo, entre otras cosas iba a servir para eso) y yo le hablé de la almohada…Le dije que la probará. Una vez. Fuera por mi autoridad en el campo científico ( gracias a la almohada) o por lo convincente de mi discurso que el Presidente aceptó que los servicios de seguridad analizaran la almohada y si no había nada raro, iba a dormir con ella. Yo le recordé : Y consulte, consulte.

Fue uno de los momentos más dolorosos de mi vida pero sentía que debía hacerlo. Me separé de la almohada…por el bien del país.

Un mes más tarde, me llegó un mensaje del Gabinete de Gobierno. El Presidente estaba encantado con la almohada de la Colchonería del Sr. Martínez. Al final de la nota el mismo Presidente había escrito de su puño y letra : Y consulto, consulto…

Ahora estoy empezando a sospechar que cometí un grave error. Algo está fallando en su funcionamiento. Ha sido “ Consultar a la almohada” y  están pasando cosas como bajar las pensiones o limitar la velocidad a 110Km/hora para ahorrar combustible… El paro sigue subiendo y el gobierno subvenciona el cambio de neumáticos antiguos por los ecológicos…¿Alguna medida para fomentar el empleo,? No. Lo de los neumáticos.  Nada. La almohada está fallando…y la cosa puede ir a peor…

Ya íbamos mal pero ahora, por mi culpa, consultando a la almohada, esto se está poniendo raro…

Si alguien conoce al Sr. Martínez ( se fue a un viaje del Inserso y no ha regresado), o lo ha visto últimamente, ruego se pongan en contacto conmigo. Él es el único que puede tener la información para desactivar el modo “Consultar con la almohada” de la susodicha almohada.

Sr. Martínez, si lee estas líneas : soy el hijo de la Pruden. El que le compró la almohada. Necesito ponerme en contacto con Ud. Es muy urgente.

 

N. B: Este relato forma parte de un «proyecto» de libro 2.0, con el nombre «Objetos sencillos que tienes en casa». De momento, existen 4 capítulos : un lápiz, un sofá, un tenedor y un cuchillo y una almohada…

http://objetosencillos.soopbook.com/

Dirección IP

No lo llames “viaje astral”. Utiliza cualquier otro nombre, etiquétalo cómo quieras pero nada de desdoblamientos y planos astrales… Yo sólo me duermo y antes de hacerlo, me concentro en el lugar al que quiero viajar y cuando se me cierran los ojos, ya estoy allí. Pensarás que, simplemente, recuerdo mis sueños y que, de alguna forma inexplicable, puedo programarlos pero, aunque hay una parte de verdad en eso, no es «eso»…

(…)

 

Relato : Dirección IP

en La Fábrica.

El Almacén.

Nuevo relato corto en «La Fábrica».

El Almacén.

Odio la Navidad.

Odio la Navidad. Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre?. Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, comilonas, encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente, esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno , ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresarlo con la contundencia que requiere. Cuando estoy concentrado poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan ( eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal . Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y, odio la Navidad.

Lo de los regalos me supera. La mayoría de veces son intercambio de obsequios medidos por su valor económico: Yo te regalo tu perfume favorito que me cuesta 60 euros y espero que tu te gastes lo mismo en el mío. La gente acude en manada a los centros comerciales y compra sin ilusión. Sin querer hacer el regalo y eso es muy importante para que un regalo funcione. Son pocos los que invierten su tiempo en regalar . Se limitan a fijar el dispendio y obvian todo lo que tiene de ritual : pensar en el destinatario, en sus gustos. Buscar lo que crees mejor, encontrarlo y hacer que te lo envuelvan con cariño ( el último regalo que me hizo mi cuñada tenía como envoltorio una bolsa del Carrefour … y eran unos calcetines negros y una bufanda de rayas horrorosa. Yo nunca llevo bufanda.). Es por eso que los días posteriores a las fiestas navideñas, las tiendas saben que tendrán un aluvión de devoluciones. Todo es consecuencia del no querer regalar y , por lo tanto,regalar mal. No puedo evitar en pensar en todo esa superficialidad cunado el camión recorre las calles y, de madrugada, veo todas esas cajas y bolsas amontonándose en loscontainers de la ciudad. Eso sí, papel con papel, plástico con plástico…

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar. Mi hijo no había jugado jamás. Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedicó un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca.No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad?

Por si fuera poco, eso de los encuentros familiares y las comilonas es algo que ya sufro con regularidad en casi todos los momentos del año. Hay festejos para los cumpleaños, los bautizos, las bodas, un par de domingos al mes, en agosto cuando vamos al pueblo y al apartamento de la playa… Lo que me gustaría es que hubiera menos pero es imposible convencer a mi mujer…ni a mi madre, ni a mi cuñado que ya me está enviando mensajes para saber qué vamos a hacer para Fin de Año…En Navidad, la sociabilidad de nuestras familias se multiplica por mil y se convierte en una cadena de eventos alrededor de una mesa que casi se parece a La Grande Bouffe.

Sólo pensar en ello, me dan náuseas y tengo que tener cuidado con eso . Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador…

Odio la Navidad.

Y aún más desde el apagón del 2018. Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la época navideña. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de la iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a comprar y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos. Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora , debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas . Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?.

 

Making Of : Este texto lo colgué en megustaescribir.com y me inspiraron tres cosas distintas : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegan de Cancún. Se coge todo, se mezcla y sale esto…

Otros relatos: ( fabricadebestsellers.megustaescribir.com)