¿Qué es lo que tienen?

¿Qué hay que tener para ser insensible a una guerra? ¿Qué mecanismo se activa para olvidar la sangre y el terror? ¿Qué vuelve a alguien aséptico ante la muerte, las mutilaciones y el destrozo de vidas en toda su magnitud?

Tiene que existir una explicación científica para este fenómeno, porque el sentido común te dice, casi a gritos, que eso está mal. Muy mal.

Tal vez no se trate solo de un fallo del cerebro, sino también de una renuncia a la compasión, esa disposición humana básica que nos permite reconocer el dolor ajeno. Son personas que han desarrollado una forma de desconexión moral. La psicología la describe como un proceso cognitivo por el cual uno se separa de sus propios frenos morales y deja de sentirse interpelado por el daño.

Sí, hay explicaciones, pero ninguna tranquiliza. Porque cuando desaparecen la compasión y la respuesta moral, dejamos de parecernos a la humanidad.

Pero conviene no olvidarlo: son más los que no quieren la guerra que los que la alimentan. Más los que la rechazan y siguen creyendo en la paz. Ha llegado el momento de que esa mayoría deje de ser silenciosa. Es la única cura posible para evitar que la enfermedad del horror se propague.

El símbolo de Gerald Holtom.

A este extraño jardín, lo llamé flores marcianas. Lo he encontrado, escondido en un cajón. Es un bastidor muy pequeñito, con un fondo de pintura de pizarra negra y unas flores blancas. Algunas de ellas, son el símbolo de la paz que todos conocemos. 

Este símbolo no es muy antiguo (de la década de 1950) y su autor, el diseñador Gerald Holtom, no lo registró así que es utilizado libremente en multitud de manifestaciones a favor de la convivencia y el pacifismo. En su momento, fue creado como logotipo de la Campaña Británica para el Desarme Nuclear (NCD).

Y, desgraciadamente, como sigue habiendo guerras y armas nucleares en manos de gente a todas luces incompetente, antes y hoy, seguimos utilizando símbolo de Gerald Holtom para manifestarnos en contra de la guerra. De las guerras. De todas. 

#StopWar

Según la RAE, un verbo simétrico es el que denota un estado, acción o proceso que requiere la participación de varios seres.

Por ejemplo: convivirdebatir, coincidir… También, combatir que está de actualidad, como respuesta a un verbo que no es nada simétrico: atacar.

Provocar una guerra es la manifestación más miserable del ser humano. Y se hace pensando en la asimetría del que domina y se cree vencedor, pero, al final, hay simetría en la guerra. Todos pierden. Todos perdemos.

Y, aún sabiéndolo, con la certeza de las consecuencias aprendidas de guerras pasadas, ahí estamos. Atacando, combatiendo…

Ahora, solo queda sentir una tristeza profunda. Y no hay verbo que la recoja.

#StopWar