Un trozo de puerta…

No lo llames “arte”. Llámalo: “terapia con trozo de puerta” o “trozo de puerta emocional” …

Cuando los habitantes del pueblo me veían buscar un algo para poder hacer otro algo que me recordara a una de las que fue un top, en mi ranking de personas favoritas, no pensaban verme bajar la calle con este trozo de madera, que formó parte de una puerta y que estaba guardada porque yo, una vez, le pedí un trozo de madera para hacer un …algo.

Ese pedacito de puerta llevaba mi nombre escrito. O yo lo vi, allí, refulgiendo en mi trozo, apilado junto otras piezas de madera…

El tiempo que pasé limpiándolo, lijándolo y pensando que iba a hacer con él fue uno de esos espacios de tiempo de calidad que tanto cuesta conseguir. Fue hurgar en mi caja de “Cosas para pegar” y encontrar piezas de otro cuadro ya sin vida, la cuerda y esas estrellas de purpurina que se utilizan en las creaciones navideñas y empezar a trajinar con el pegamento… Más quality time…

 

Y ya da igual si queda bonito o feo, si hace más bella la pared en la que está colgado o la empeora. Eso no es importante. Lo remarcable es que la búsqueda del material y la ejecución de la obra, se convirtieron en un eje espacio-tiempo de máximo confort emocional.

Nunca pensé que un trozo de puerta, iba a darme tanto…

Flow en madera.

 

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Artísticamente, esta “obra” no vale nada. Una madera vieja, unas letras de cartón y una estrella metálica. Es verdad, que antes se ha tenido que limpiar la madera y darle un barniz incoloro que aún perdura en el ambiente pero… no mucho más. También es verdad que casi se me pegan los dedos al poner las letritas pero, al final, sólo me quedó una capa superficial de pegamento de contacto encima de un dedo que me hacía parecer una especie de lagarto pero sin más consecuencias.

Afectivamente, esta “obra” vale mucho. El trozo de madera es de un pueblo del pirineo. De una casa en ruinas… El que me la hizo ver y recoger ( yo buscaba algo plano para pegar las piedras que había recogido) ya no está entre nosotros así que , la madera es ya, un objeto único porque lleva impregnado ese recuerdo.

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La estrella me la encontré en Formentera. A alguien se le cayó de un collar, un pareo o un capazo con abalorios… Le vi potencial…Todo lo que me devuelve a Formentera es bueno…

Y, por último, las letras de cartón. Las tengo hace años y nunca las he utilizado. Siempre las veo en mi caja de “Cosas para pegar” pero no ha habido ocasión. La palabra “Flow” es un mantra interno ( que suelo olvidar) basado en las teorías de “estado de experiencia óptima” de Mihaly Csikszentmihalyi (pronúnciese Cis-zen-mijáli).

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Este trozo de madera, convertido en obra de arte emocional, lo voy a colgar en un lugar en el que lo veré al entrar y salir de mi casa. Para no olvidar lo del Flow…