El sabor a gloria…

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Casi lo cosecho, pero me dije: “Espérate, ansiosa”. Ese mismo día, llovió a gusto y pensé que mi decisión había sido del todo oportuna. El tomate podría disfrutar del menú de lluvia abundante de la Madre Tierra …

Ayer volvió a llover y, por unos minutos, ¡granizó!!! Lo primero que pensé es en mi tomate. Me asomé a la ventana y lo vi, allí, resistiendo los golpes de las bolas de hielo…Un héroe, vamos.

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Hoy lo he recogido de la mata. Ya no puedo asumir más riesgos.

Con el respeto que se merece, lo he partido en dos.

Después, el ritual mediterráneo: una pizca de sal y aceite de oliva virgen.

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Me ha sabido a gloria.