Pobre cuadro azul.

Hubo una época en la que me dio por jugar con texturas. Recuerdo lo gratificante que era extender aquella pasta de arena y, después, pasar un tenedor por encima. Empecé usando guantes y acabé descubriendo lo satisfactorio que es trabajar el material con las manos.

Mi casa estaba decorada en tonos azul cobalto. Los cuadros que pintaba buscaban acompañar aquel espacio, así que este que veis ahora en blanco roto, beige y oro viejo, entonces estaba hecho en distintos tonos de azul.

Años después, el pobre cuadro azul se ha reciclado y ha pasado a ser una pieza de colores neutros, los mismos que ahora habitan mi hogar.

Podría etiquetarlo como #artesostenible, #artecircular o #arteadaptativo. Está reciclado, viaja conmigo y puede volver a cambiar de color…

Título cambiante.

Sigo reciclando bastidores viejos. Esta vez, ha salido esto.

Cuando tuve que pensar en el título, lo primero que me vino a la cabeza es “El rovell de l’ou” ( La yema de huevo). En catalán, la expresión “Estar al rovell de l’ou”, significa estar en la parte central y más importante de una cosa.

En castellano podría equivaler a estar en el meollo.

La palabra meollo significa médula, literalmente. Proviene del latín medullum. Y también se refiere a “la sustancia interior, lo esencial y principal de un asunto”.

Así que una cosa u otra o las dos. El rovell de l’ou y/o El meollo pero, cuando estoy a punto de escribirlo en el cuadro, me dicen : “Mira, el amanecer y el atardecer”…

Se queda sin título o mejor, tiene el título que se le ocurra a quien lo mira.

Yo sigo a favor del huevo…