Desmedida.

Una vez me preguntaron si con la ropa que tenía en ese momento en el armario, podía vivir toda una vida… Examinado mi armario y todas esas prendas que NO aparto de mí por lo del “Y sí” y por lo del “enganche emocional con la prenda”, tengo no para una vida, no. Yo creo que ahí hay volumen para dos por lo menos…

¿Camisetas? No quiero ni contarlas…Es por eso que me sorprendo a mí misma cuando me da un ataque de histeria-y-búsqueda-obsesiva cuando no encuentro esa camiseta blanca, de cuello fino ( odio los bordes gruesos) que se adapta perfectamente a mí .

Estoy acabando de hacer mi maleta y esa camiseta no aparece por ninguna parte.

Es, cuidado, la camiseta que nadie ve. La que va debajo y la que sólo asoma ese cuello finito por el escote. No es “esa vieja y querida camiseta” principal e importante. Es la auxiliar…

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Y, sí, soy incapaz de sustituirla por otra de las decenas de camisetas blancas de todas las tallas que hay en el cajón. Tiene que ser “esa”. Y sólo “esa”.

Al final, me doy por vencida y decido prescindir de esa camiseta y cierro la maleta y…entonces me acuerdo que la doblé y la dejé en un lugar especial para no perderla de vista. Está claro que la táctica de remembering ha sido desastrosa…

Abro la maleta y la pongo allí . ”Esa” camiseta viene conmigo.

Y, si, asumo que siento una satisfacción no proporcional.

Desmedida…

 

 

 

La mala maleta y el insistir (Edición 2014)

maletaEn el 2009 escribí un post con este título. La mala maleta siempre me persigue y van pasando los años y yo sigo suspendiendo la asignatura.

De verdad, creía que había aprendido algo del arte de hacer maletas… Ya son unos añitos dando vueltas por ahí y haciendo maletitas : de vacaciones, de business, grandes , de cabina, perdidas, encontradas,etc…

Yo ya sé que debo prepararla antes. El que vive conmigo, no . Abre el armario y elige con rotudidad : esta sí, esta no ( me refiero a las camisas), hace una selección rápida y ya está. Normalmente, toda su ropa suele ser acertada. Yo, en cambio, me tiro un par de días, dejando piezas en una habitación , pensando en “conjunts” ( eso significa prestar atención a colores, calzado y complementos ( sin mis foulards, no soy nadie!) y en las posibilidades varias : si se mancha, de repuesto, por si acaso…  Una vez está todo ubicado en mi habitación pre-maleta es cuando ya puedo empezar a hacerla. Hay viajes en los que no he tenido tiempo físico para esta parafernalia y he optado por la via rápida ( o sea, abrir armario y zasca, zasca y zasca….) pero en la mayoría de ocasiones, intento planificar mi vestuario.¿Para qué? . Para nada, of course.

(Kit-kat) Esta esmi maleta ideal. ; – )

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No sé por que, cuando hago maleta de vacaciones, ensayo formas nuevas de vestir. Una falda que me compré y no me la he puesto por ser demasiado ibizenca, una camiseta de escote muy , muy pronunciado que no tengo el valor de lucir , un pantalón de un color que solo queda bien cuando estas morenito… En fin, esas prendas que han llegado a tu armario con ilusión y que nunca ven la luz . Pero están en la maleta….Normalmente, estas prendas se quedan en la maleta ( igual que los bikinis arriesgados ) y me pongo ( a destajo) mis cuatro básicos que son con los que voy cómoda.  Tengo la teoría que, el único lugar del mundo donde esas piezas pueden cobrar vida, es en Ibiza , donde un paseo por la Marina Vieja te da la información necesaria para vestirte : Lo primero que pilles de la maleta con la condición que sea algo que no te atreverías a lucir en tu ciudad….

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Mi última maleta fue un desastre total. Me llevé todo mi atrezzo de vacaciones a la Jacetania y Donostia. El problema ( en qué estaría pensando yo) es que la mayoría de prendas respiran del “tonight, tonight” por mi cultura vacacional mediterránea: lino blanco ( pantalón largo, corto, …), albarcas, camisolas, pareos, etc…Y me pasee por ahí, en días de lluvía y días fresquitos, con los jeans y el chubasquero que siempre llevo en el coche y las deportivas que había incorporado a la maleta clasificadas bajo el “por si hacemos algo de senderismo”.  El resto de ropa, llegó planchada y perfecta …

Esta de ahora, la de Singapur,  se complica por el trabajo. Espero haber aprendido la lección : mejor menos pero más “llevable”, mejor lo que conozco y me es comodo y es lo que acabo llevando hasta la insistencia ( lleve o no más cosas en mi maleta).A ver esta noche cuando la haga si me aplico la lección…

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Con el tiempo, espero perfeccionar la técnica y que llegue el momento de mi vida en qué sepa, positivamente, que sé hacer mi maleta.

Insistiré. Lo prometo.

Y espero que sea esta la que me consagré como “buena hacedora de maletas”.

….pero… ¿Y si se da la ocasión de ponerme ese vestido de noche que nunca me pongo pero que-puede-ser-que-esta-vez-sí y no lo llevo conmigo?…

NB :Chiste de maletas

Llega la mujer a la casa y el marido está preparando una maleta. La mujer le pregunta
– Que estás haciendo?
– Estoy preparando una maleta.
– Y para qué..?
– Para irme a Australia.
– Y para que…?
– Porque dicen que allá pagan 100 dólares por cada relación sexual.
La mujer también se puso a preparar una maleta. Y el marido le pregunta.
– Que estás haciendo?
– Estoy preparando una maleta.
– Y para que….?
– Para irme a Australia.
– Y para que…?
– Para ayudarte, porque no creo que vivas con 100 dólares al mes.

La maleta.

He estado unos días de viaje. Conmigo, mi maleta…

No me han hecho pagar un extra por exceso de peso, por unos gramos de nada que me han salvado del dispendio pero admito que, para cuatro días, mi maleta pesaba como mil demonios (que no sé cuánto pesan, pero seguro que es mucho.)

Con los años, he ido mejorando pero…poco. Esto de “hacer la maleta” (bien) es un arte y yo no lo domino.

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Una de las preguntas recurrentes cuando me las suben a la cinta de facturación es ¿Qué has puesto ahí?  o la coletilla “pero si son sólo cuatro días”… En fin, la maleta pesa pero, para eso es de ruedas , de transporte vertical y vas de taxi a hotel y a la inversa. No es tan grave pero…yo misma me siento tonta cuando la deshago a la vuelta ( como hace un ratito) y empiezo a sacar prendas que no me he puesto y que vuelven hechas un higo  y que hay que volver a planchar. En esos momentos , siempre pienso que, en la próxima maleta, voy a ser más racional, más justa, más sobria…

No hay manera.

Lo primero que me puede es el “¿Y si?”. ¿Y si llueve? ¿Y si por la noche hace frio? ¿Y si se me mancha? ¿Y si se me hacen carreras? ¿Y si me duelen los pies?, etc…

El “¿Y si?” es muy amigo del “Por si acaso”. Entre los dos, voy acumulando prendas que, ya cuando las voy plegando, soy consciente que no me las pondré pero, no vaya a ser y por si acaso, ocupan su lugar en la maleta.

Hay otro factor que me lleva a eso de la acumulación-en-maleta y que se puede llamar “culo veo, culo quiero” (y más si me queda bien): Cuando la empiezo a hacer, tengo claro que me voy a poner tal y cual pero… Voy al armario, a capturar los modelitos y, entonces, veo allí, dobladito, ese jersey tan mono, con ese escote tan favorecedor… Va a la maleta, por supuesto. Y así con faldas, pantalones, chaquetas, americanas, zapatos…

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Por último: neceser (mil cosas), botiquín, cámara de fotos, cámara de vídeo. Menos mal que los libros ahora van en el iPad, en mi bolso. Ahí, algo he ganado…

Para hacer bien una maleta, hay que ser valiente. Hay que tener valor para no llevarse todo lo que nos gusta y mucho coraje para no dejarse llevar por los ¿Y si? Y el “Por si acaso” que es muy pesado

En la próxima, lo prometo, me lo voy a tomar en serio pero, sobre todo, me armaré de valor para cerrar la puerta del armario y dejar ahí, ese otro jersey con ese escote tan mono y favorecedor…

NB : Y aunque parezca mentira, siempre consigo que cierren. Eso es prioritario.

NB 2 : Una solución pueden ser estas camisetas de Muji. Son cuadraditos diminutos. Puedo llevar muchísimas. ; – )

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La mala maleta y el insistir.

maletaDe verdad, creía que había aprendido algo del arte de hacer maletas… Ya son unos añitos dando vueltas por ahí y haciendo maletitas : de vacaciones, de business, grandes , de cabina, perdidas, encontradas,etc…

Yo ya sé que debo prepararla antes. El que vive conmigo, no . Abre el armario y elige con rotudidad : esta sí, esta no ( me refiero a las camisas), hace una selección rápida y ya está. Normalmente, toda su ropa suele ser acertada. Yo, en cambio, me tiro un par de días, dejando piezas en una habitación , pensando en “conjunts” ( eso significa prestar atención a colores, calzado y complementos ( sin mis foulards, no soy nadie!) y en las posibilidades varias : si se mancha, de repuesto, por si acaso…  Una vez está todo ubicado en mi habitación pre-maleta es cuando ya puedo empezar a hacerla. Hay viajes en los que no he tenido tiempo físico para esta parafernalia y he optado por la via rápida ( o sea, abrir armario y zasca, zasca y zasca….) pero en la mayoría de ocasiones, intento planificar mi vestuario.

¿Para qué? . Para nada, of course. No sé por que, cuando hago maleta de vacaciones, ensayo formas nuevas de vestir. Una falda que me compré y no me la he puesto por ser demasiado ibizenca, una camiseta de escote muy , muy pronunciado que no tengo el valor de lucir , un pantalón de un color que solo queda bien cuando estas morenito… En fin, esas prendas que han llegado a tu armario con ilusión y que nunca ven la luz . Pero están en la maleta….

Normalmente, estas prendas se quedan en la maleta ( igual que los bikinis arriesgados ) y me pongo ( a destajo) mis cuatro básicos que son con los que voy cómoda.  Tengo la teoría que, el único lugar del mundo donde esas piezas pueden cobrar vida, es en Ibiza , donde un paseo por la Marina Vieja te da la información necesaria para vestirte : Lo primero que pilles de la maleta con la condición que sea algo que no te atreverías a lucir en tu ciudad….

Mi última maleta fue un desastre total. Me llevé todo mi atrezzo de vacaciones a la Jacetania y Donostia. El problema ( en qué estaría pensando yo) es que la mayoría de prendas respiran del “tonight, tonight” por mi cultura vacacional mediterránea: lino blanco ( pantalón largo, corto, …), albarcas, camisolas, pareos, etc…Y me pasee por ahí, en días de lluvía y días fresquitos, con los jeans y el chubasquero que siempre llevo en el coche y las deportivas que había incorporado a la maleta clasificadas bajo el “por si hacemos algo de senderismo”.  El resto de ropa, llegó planchada y perfecta …

Pronto, me tocará hacer otra, por trabajo. Espero haber aprendido la lección : mejor menos pero más “llevable”, mejor lo que conozco y me es comodo y es lo que acabo llevando hasta la insistencia ( lleve o no más cosas en mi maleta). Con el tiempo, espero perfeccionar la técnica y que llegue el momento de mi vida en qué sepa, positivamente, que sé hacer mi maleta.  Por ahora, he llegado a pasar de mi Samsonite big ( ya que hay que facturar, facturo la “grande”) a una maleta de cabina si los días de ausencia van de 2 a 3. Para mí nivel de incompetencia con el tema, es un gran logro.

Insistiré. Lo prometo.

….pero… ¿Y si se da la ocasión de ponerme ese vestido de noche que nunca me pongo pero que-puede-ser-que-esta-vez-sí y no lo llevo conmigo?…