
Son cucharas de boj, talladas por manos temblorosas hace ya más de diez años. También conservo espátulas. Me hizo muchas y, aunque cada una que me regalaba era una ocasión única, uso unas para cocinar y otras las convertí en cuadros para rendir homenaje a esas manos que ya no están.

Este es un cuadro reciclado, sencillo y de un solo tono, pero con pequeños destellos: el brillo del tesoro que guarda.


Qué hermoso gesto, recordar a quienes ya no están por sus objetos.
Y son objetos que contienen afecto. Es energía positiva que te envuelve cuando los miras. Se agradece esa luz… Gracias por tus comentarios, Rafa.