Esto, es mucho.

Voy andando, despacio. Observo, a mi alrededor, atenta a lo que sucede en mi entorno. Veo a una madre y su hijo, que llora desesperadamente, mientras ella lo arrastra calle arriba. No puedo evitar pensar ¿Tendrá hambre? Aún oigo sus lloros, a lo lejos, cuando pasan, por mi lado, dos hombres de mediana edad.

Los oigo hablar de fútbol, de un partido muy importante por lo que parece. Tengo la sensación que el fútbol llega a todas partes, a todos los lugares y que aunque lo mueve el dinero, también permite que hagamos un uso terapéutico de las emociones que transmite y las que permite olvidar. Discuten animadamente. Creo que uno es de un equipo y el otro, del contrario. Llegan al container de la basura, el que hay delante de la tienda de ultramarinos, y dejan sus cuitas futbolísticas. Lo abren y los veo rebuscar en su interior.Son malos tiempos…

Pronto oscurecerá, que ya es otoño, y no me gusta andar de noche. Decido volver a casa. Los niños salen del colegio .Los veo, en la puerta de la escuela. Hago un recuento y veo que hay doce. Me acuerdo de la noticia, en el Telediario del mediodía. Se me estremece el alma y el corazón, me aprieta.

Doce. Decido hacer una estadística real, de las de tocar con los pies al suelo, y elijo a tres. Los que están en el extremo, más apartados…Sus ojos brillan como sólo pueden brillar en la infancia. Son niños. Tres.

Tres de doce.

Tres que viven , ya, por debajo del umbral de la pobreza.

Los miro y viene a mí la voz de la presentadora:  Uno de cada cuatro niños, en España, viven bajo el umbral de la pobreza. Cambian el país y me lo creo, pero…¿España? ¿Aquí?

Un total de 2.267.000 niños vive en España por debajo del umbral de la pobreza.

80.000 más que hace un año, debido al impacto de la crisis económica, según las estimaciones de UNICEF, a partir de los datos actualizados de Eurostat relativos a 2011.

Esta cifra representa al 27,2% de la población infantil española.

Estoy impactada. Son muchos niños. Es mucha pobreza.

Esto, es mucho…

Unicef.