Diabólico.

Este es el texto que he presentado en el Taller de Escritura Colaborativa de Ciberlalia. El tema para esta semana ha sido “La palabra o la cosa ” y a mí, me ha salido un texto retorcido y diabólico…

Es lo que tienen estas cosas…

Diabólico

La cosa está clara. Cuando aceptaste mi ayuda, y no digo una cosa por otra, lo que hiciste fue aceptar un contrato. Ahora, justo cuando vengo a reclamar, me dices que es injusto. Que deje correr las cosas… Lo siento. Ya no hay marcha atrás.

No puedo hacer otra cosa. Si aceptara tus ruegos y te liberara de tu compromiso ya no tendría credibilidad. Como quien no quiere la cosa, perdería infinidad de cosas y eso, créeme, no es cosa de risa. No olvides que soy un demonio.

No me obligues a decirte cuatro cosas. De verdad, no quiero que esto sea violento. Hagamos las cosas fáciles. Tú dame lo que me debes y, a otra cosa, mariposa. No me volverás a ver. Desapareceré con mis cuernos y mi tridente.

No lloriquees… No soporto que las cosas lleguen a estos extremos aunque, en el fondo, te entiendo. No es la cosa para menos… Lo que vengo a buscar, es una de las cosas más valiosas que posees. Comprendo que te resulte doloroso. Sería una cosa rara que lo aceptaras sin oponer una mínima resistencia.

Es lo que tiene la cosa. Es muy duro al final. Casi te habías olvidado de mí, y de repente, aparezco aquí. Con mi capa negra y todo ese azufre a mi alrededor. Debes disculparme. Ya sabes, las cosas de palacio van despacio pero… ya estoy aquí.

Ahora, debes cumplir.

Querías éxito. Querías dinero. Querías coches. Querías casas. Querías joyas… Querías…Querías cosas. A cambio de todas esas cosas, tú debías entregarme una cosa.

Una sola cosa.

Nadie dijo nunca que negociar con el diablo, fuera cosa fácil. Así están las cosas, hombre mortal.

En este mismo instante, hago efectivo nuestro contrato.

Tu palabra me pertenece.

 

Sólo para adultos.

Advertencia / Warning : Este texto NO lo pueden leer los niños.

“…Cerré los ojos con tanta fuerza que empecé a ver estrellitas de color blanco que chispeaban a mi alrededor. No me atrevía a respirar, por sí me oían.

Ellos no podían saber que estaba despierto…

Intenté estirar un poco la pierna, que había encogido en posición fetal, pero el leve roce de la sábana emitió un sonido que a mí se me hizo atronador. Fui incapaz de cambiar de postura. Mis manos se aferraban a la almohada que abrazaba en mis sueños, colocándola cerca de la boca para amortiguar el ruido de mi respiración agitada.

Oí un ruido. Un leve crujido…

No podían descubrirme…

Unos pasos se acercaban. Ya casi estaban llegando. Agucé el oído, intentando captar lo que me había parecido un susurro pero sólo pude escuchar el latido violento de mi corazón, a punto de estallar…

El pomo de la puerta giró lentamente. Mis ojos amenazaban con salirse de sus órbitas de tanta presión en los párpados, por mantenerlos cerrados. Los abrí y los volví a cerrar con la rapidez supersónica del que teme ser descubierto. Vi un haz de luz que se coló por la puerta entreabierta.

Ya estaban en mi habitación y yo estaba aterrorizado, intentando simular que dormía…

Por unos segundos, se me olvidó respirar. Más susurros, más ruidos…

¿Risitas?

Entonces, detecté la voz de mi madre, clara y diáfana: Enciende la linterna, así a oscuras, no podemos prepararlo todo. Y, acto seguido, mi padre responde: Shhhh! ¡Que se va a despertar!…Ya te dije que no era buena idea dejar los juguetes en su habitación. Mejor en el salón, como siempre. Y mi madre que le dice : ¿Sabes la ilusión que le hará encontrárselo todo aquí? Venga, acaba ya que al final nos va a oír.

Yo seguía inmóvil. La sorpresa me había dejado paralizado.

En un instante, ese concreto en el que mi cerebro había identificado la voz aflautada de mi madre, descubrí que los tres Reyes Magos de Oriente, eran mis padres. Ni Reyes, ni Magos, ni de Oriente.

Eran ellos.

Los padres.

Había reconocido otras señales: paquetes que se escondían en el armario y que yo descubría, alguna conversación con mis amigos que lo aseguraban y que yo no quise creer…

Cuando mi padre cerró de nuevo la puerta, fui capaz de abrir la luz durante unos segundos: había un montón de cajas de juguetes, dispuestas con esmero, entre caramelos y cosas de colores deliciosos…

Ya no pude dormir. Mi decepción fue mitigada, por el surtido de regalos que descubrí al amanecer del día siguiente.

Siguieron otras noches de Reyes Magos, felices, sí, pero ya nunca fueron lo mismo. Ese instante marcó una nueva etapa. Una, en la que ya no existían tres señores, uno blanco, uno rubio y otro negro, con largas barbas y ricas vestiduras, con poderes mágicos, que venían de Oriente, en sus camellos, siguiendo una estrella. Ya no tenía el mismo sentido dejar dulces y leche para los camellos que no llegarían, jamás, a mi casa. Ni era igual de excitante ir a ver la cabalgata de la ciudad para saludar a Sus Majestades. Ya sabía que eran actores con peluca…

En un instante, un trocito de mi condición de niño, se separó de mí y continuó su camino.

Y sé que es normal y que pasará algún día pero…no creo que sea buena idea dejar los juguetes en la habitación de los niños. Si tu hermana lo va a hacer con los suyos, allá ella. Yo, por si acaso, no me la jugaría…

Mejor en el salón. ¿No te parece?.”

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Para enriquecer el texto, no os perdáis este anuncio de los almacenes ingleses John Lewis.

N.B 1 : Y si por casualidad, algún niño ha leído este post ( Hola!), que sepas que todo es mentira. Es un relato de ficción ( no es verdad) para un Grupo de Escritura ( Ciberlalia) que ha propuesto como tema de la semana ( para escribir) : “Un instante en la vida de un niño”…. Y yo me he inventado esto… ; – )

 

La Seta de la Certeza ( Boletus Certitudo)

“Todo empezó un fin de semana del mes de noviembre. Hace un año, ya…

Recuerdo que las lluvias habían propiciado la aparición de hongos por doquier y, yo, buscador de setas profesional, no podía dejar pasar la oportunidad.

Los micólogos habían predicho que se iban a reproducir en los bosques multitud de especies distintas.  Las condiciones climatológicas de los últimos quince días del mes de octubre habían sido perfectas… Con mi equipo habitual que, principalmente, se componía de un cestillo de mimbre y un útil que había heredado de mi abuelo, que tenía forma de pequeña hoz en tamaño cuchillo, me adentré en el bosque mediterráneo que había seleccionado para mi salida.

A las pocas horas, mi cesto estaba repleto de suculentas variedades comestibles, de aspecto lozano y con un fresco olor a bosque. Ya me disponía a clausurar la jornada y estaba descendiendo por una pequeña ladera, cuando noté un leve cambio a mí alrededor… Una niebla densa, pero con un dulce olor a violeta, se extendió a mi alrededor. El cielo, apenas visible entre ramas de pinos, se tornó de color rojizo. Bajo mis pies, la hierba se hizo densa y mullida y adquirió un suave tono dorado. A lo lejos, vi que había algo que brillaba con intensidad. Su resplandor casi me cegaba…

Por si tiene alguna duda y cómo sé que me lo preguntará cuando acabe mi relato, le diré que no había ingerido ninguna sustancia estupefaciente, que no había probado ninguna seta (lo digo por descartar el tema de las setas alucinógenas) y qué no sé si esa niebla podría contener algún tipo de psicotrópico.  En ningún momento sentí una alteración de mi conciencia.

Dejé el cestillo en el suelo y avancé con mi cuchillo –hoz en la mano  hasta encontrar la fuente de tal inusual destello: una seta de un precioso color plateado.

Mi instinto de buscador de setas profesional se impuso y corté el tallo de la seta prodigiosa. En ese instante, el mundo volvió a disponer de sus colores y texturas habituales pero yo, con la seta plateada en la mano, oí una voz susurrante que dijo: Con ella, la certeza tendrás. Busqué con la mirada al que había pronunciado aquellas palabras pero allí no había nadie más que yo. …

En mi cesto, repleto de setas, la que más llamaba la atención era aquella hermosura de color plateado. Emanaba un suave aroma que te hacía pensar en un bocado sabroso pero no tenía ninguna evidencia de que aquel magnífico ejemplar fuera comestible. Es más, podía ser potencialmente letal.

No encontré ninguna información sobre aquella variedad y los días iban pasando y… la seta iba perdiendo frescura… Tenía que tomar una decisión: comérmela o tirarla. Supongo que ya estaba programada genéticamente para hacerme sucumbir al deseo pero, de verdad, créame, su perfume era delicioso… Me hechizó. Cometí uno de los errores más graves que puede cometer un buscador de setas.

No pude evitarlo. La salteé en la plancha y la salpimenté levemente. Apenas unas gotitas de aceite de oliva y… me comí la seta.

No sé si ese instante de puro placer, compensa el infierno que ahora estoy viviendo pero…confirmo que la seta era un manjar. Venenosa, no. Tóxica, sí. Soy la prueba viviente.

Hubiese sido una experiencia gastronómica gratificante si no hubiese tenido efectos secundarios. Eso,  la ha convertido en una verdadera pesadilla.

Pasaron varios días hasta que me di cuenta que era poseedor de “la verdad absoluta”. Como lo oye: “la verdad absoluta”.

Sí, ahora viene cuando abre los ojos como platos durante un segundo. Lo está haciendo ahora mismo. Cree que mi afirmación,  confirma su teoría de que sufro un trastorno mental y que por eso estoy aquí.

Desde que me comí la dichosa seta, soy poseedor de certeza. Ya me lo advirtió aquella voz en el bosque…”La certeza tendrás” y le puedo asegurar que la tengo.

Ante cualquier pregunta que se me haga, me llega la respuesta con la verdad absoluta, al instante. No tengo ninguna incertidumbre en mi vida. Ni hay incertidumbre de otros, que para mí lo sea. Ya sé que es difícil de creer pero Ud. misma, doctora, puede hacer una prueba. De esas empíricas que le gustan tanto.

Seguro que hay alguna incertidumbre en su vida. Algo que le genera dudas. Si me plantea la cuestión, yo le responderé con una certeza absoluta que el tiempo demostrará. No provoco acontecimientos, sólo transmito información. ¿Quiere probarlo? Pregúnteme lo que quiera que yo resolveré sus dudas.

Sí, ya sé que da un poco de miedo. Supongo que habrá hablado con sus colegas. Ya les advertí que debían ser preguntas cómodas pero, algunos, no me hicieron caso. Recuerdo a aquel joven psiquiatra de pelo engominado. Me han dicho que se ha divorciado  pero, claro, no tener la certeza de que tu pareja te está siendo infiel, a tenerla… Marca la diferencia. Ya le digo yo que se piense bien la pregunta…

Supongo que querrá reflexionar sobre mi caso, revisar las pruebas toxicológicas, buscar información de la seta, hablar con los otros terapeutas que me han atendido…pero dese prisa, doctora.

Me gustaría que se publicaran mis ilustraciones y descripción de la Seta de la Certeza . He pensado que su nombre científico podría ser “Boletus Certitudo” y que se debería incluir en las Guías de Variedades Peligrosas. Es lo único que puedo hacer para evitar que más personas se infecten del virus de la certeza total. No se puede vivir así.

Lo malo de esto mío de no tener incertidumbre, es que me hice la pregunta transcendental de cuando iba a morir y ya tengo la fecha.

Con certeza absoluta.

Le recomiendo que no tarde más de quince días en volver a visitarme. Es necesario que publique mi trabajo. Hay que alertar a los que buscan setas…Es importante. Sé que Ud. me ayudará““

(…)

Paró el visionado de la grabación de la última sesión de terapia. Ya no habría más. Miró el calendario. Habían pasado 16 días desde la fecha de la sesión. El paciente, por una de esas siniestras casualidades de la vida, había muerto de un paro cardíaco hacía 24 horas

Cerró la carpeta del caso del buscador de setas y archivó el expediente en la sección de “Defunciones”. Nadie notaría que faltaban las ilustraciones y los textos descriptivos de la extraña seta. No tenía la certeza de que aquello no fuera nada más que la fábula de un paciente pero… tenía un amigo en el Instituto Nacional de Micología. No perdía nada por probar…

 

N. B : La ilustración es de una cesta de “ceps”. Esta seta es muy usual en la zona donde yo vivo. Salteada con ajitos y un poco de perejil, solas o con pasta, por ejemplo… Increíble manjar de la naturaleza. Supongo que no está de más, advertir del peligro que supone  comer o cocinar setas que no conocemos ( y de las que no tenemos certeza de su condición de comestibles). En esta época del año , los bosques españoles se llenan de gente que recolecta setas (aunque hay “profesionales”, abundan los aficionados por ocio) y cada año, se dan casos de ingresos hospitalarios por intoxicación.

Este es el texto que he presentado en el Taller de Escritura Colaborativa de Ciberlalia. El tema de la semana es : “La incertidumbre”.

 

Investigación Privada.

No supe cuando la perdí. Dicen que ya hace un tiempo, pero a mí me parece que fue ayer. Sí, tengo la extraña sensación de que no han pasado más de veinticuatro horas desde que la tenía y , después… Después, desapareció.

Para mí es un misterio y algo inesperado . Me he encontrado sin ella de una forma repentina. Sin previo aviso aunque los que me rodean insisten en que ha sido una pérdida anunciada, que se veía venir, vamos…

Por mucho que argumenten y me demuestren con hechos objetivos que la he perdido, que ya no la tengo, creo que debo invertir mis recursos económicos y mi esfuerzo intelectual en recuperarla. Dinero, tengo pero lo que no poseo son dotes detectivescas ni capacidad para seguir pistas… Algún rastro habrá dejado. Nada ni nadie se evapora de este mundo sin dejar la más mínima huella. Por mucho que insisto en la necesidad de buscarla y recuperarla, no hay ningún miembro de mi familia que me preste atención. Ya la dan absolutamente por perdida.

Sólo yo, conservo la esperanza…pero soy el único. Tras varios días de intentos infructuosos, creo que voy a recurrir a la ayuda “profesional”.

Me han bloqueado las cuentas en el banco para que no pueda acceder a mi dinero para contratar a “Investigaciones Privadas Cuerdo” pero lo que no saben es que, en un calcetín ( es una blanco de tenis, con unas franjas azules y rojas en la zona tobillera), envuelto en una bolsa de plástico y bajo una losa suelta del garaje, guardo más de lo que ellos puedan imaginar nunca. De vez en cuando, me preguntan si tengo de esos billetes de colores en algún lugar de la casa, pero yo me hago el tonto…

He hablado con el Sr. Cuerdo, investigador privado, por teléfono. Hemos acordado que vendría hoy a visitarme y a recabar datos para poder iniciar la búsqueda. Es experto en recuperar objetos y personas desaparecidas y me ha parecido muy agradable. No ha querido que le diera la información de “mi caso” hasta que no nos viéramos personalmente.

Ya casi es la hora de nuestra cita. Estoy nervioso .Creo que, si el Sr. Cuerdo es lo que parece, puede encontrarla.

Alberto Cuerdo nunca olvidaría aquella extraña visita. No sabía que es lo que sentía con más intensidad : si la decepción por haber perdido un posible cliente en estos tiempos de dura crisis o la compasión y pena por el hombre que le había requerido. Le abrió la puerta , vestido con un taparrabos y unos zuecos rojos, de madera. Cubría su cabeza con un viejo gorro de Papa Noel …Lo llevó a una sala en la que había una mesa en el centro,  con montones de billetes apilados .Lo hizo sentar, cosa que hizo impactado y sin palabras, incapaz de reaccionar. Llamó a una inexistente criada para que preparara un café y tras un diálogo con el aire, le sonrió y le dijo :

-Sr. Cuerdo, estoy encantado de conocerle por fin. Creo que Ud. Es la persona indicada para encontrar lo que busco. Es algo que he perdido y necesito recuperar.

-¿Qué es lo que ha perdido?- le preguntó Alberto, intrigado.

-. Sr. Cuerdo, he perdido la razón. ¿Me ayudará a encontrarla?.

N.B : Este es el texto con el que he participado en el Taller de Escritura Colaborativa de Ciberlalia. Ciberlalia es un nuevo portal para los amantes de las letras que nos propone un intercambio cultural y creativo . Es muy interesante y está empezando a rodar…