Chubasquero amarillo, botas azules.

Aviso Urgente: Se busca mujer de mediana edad, ataviada con un chubasquero amarillo y unas botas de agua de color azul. Zona Puerto. Paciente del Centro Psiquiátrico Luces. Telef….

Donde yo vivo, llueve muy poco. Tan , tan poquito que no es necesario tener unas botas de agua . Esta se evapora, rápidamente y tamiza la tierra pero no la encharca…Nunca , jamás, he necesitado unas botas de agua así que considero un fenómeno inexplicable , la irresistible atracción que sentí por esas , las de color turquesa… Me sorprendí a mi misma, babeando delante del escaparate de aquella tienda de prendas de segunda mano. Vintage, me corregiría mi hermana…

Cuando entré, decidida a probármelas, un chubasquero de un color amarillo estridente captó mi atención. Era de mi talla y me lo puse, mientras me calzaba las botas de agua. La imagen que me devolvió el espejo del probador, era impagable. Estaba a medio camino entre un pescador y un payaso… Ridícula en esta tierra seca… No obstante sentí que me daba igual y que tenía que adquirir ambas piezas. Lo hice. Es más, salí de la tienda “vintage” con ellas puestas…

De camino a casa, me encontré con una vecina especialmente odiosa, conocida por saber todo de todos y de todo y criticar a destajo a esos todos. Me inspeccionó, observándome de arriba abajo y con voz despectiva me preguntó por qué llevaba un chubasquero. Sin dar tiempo a articular mi respuesta del cerebro a la boca, me oí decir : Por qué me da la gana, señora. La vecina, tiesa como el palo de una escoba, me respondió que me quedaba horrible y que hacia el ridículo, en un día tan radiante. Y me pasó lo mismo. Mi voz se activó y dije : Me da igual lo que tú creas, vecina cotilla. Seguí caminando, haciendo un extraño chof –chof con mis botas de agua y un suave frus-frus con mi chubasquero. Deseé llegar a casa y , como por arte de magia, me encontré a las puertas de mi edificio…

En el rellano de mi casa, me estaba esperando mi hermana. Por la postura defensiva, supe que su visita era problemática. Me acerqué a ella y me lanzó su discursito habitual sobre asuntos domésticos. Su voz me llegaba lejana. Sentía como todo lo que me decía, me resbalaba literalmente…A su inquisitoria pregunta ¿Me estás escuchando? , mi voz renovada la invitó a irse y le confirmó que lo que me estaba diciendo no me importaba ni lo más mínimo. Un pimiento, para ser más exactos.

Ya en casa, recibí varias llamadas telefónicas. Mi ex, mi ex suegra, mi jefe…Quejas, reproches o amenazas…A todos, les indiqué que no tenía ningún interés en lo que me decían. Cada vez que colgaba el teléfono, me invadía un estado de suprema satisfacción.

Me percaté que durante todo este tiempo, no me había sacado el chubasquero…Acaricié el plástico rígido y brillante y pensé que sería una buena prenda para los lluviosos Highlands Escoceses, por ejemplo. Siempre había deseado ir allí. Y, claro, fue abrir los ojos y estar en el centro de un paisaje verde profundo, con unos acantilados preciosos y una lluvia densa que resbalaba por el cuerpo, enfundado en el chubasquero amarillo.

Empecé a andar, sin saber muy bien qué hacer a continuación cuando mi mirada se demoró en mis chorreantes botas de agua…Pensé que en casa, estaría seca y calentita… Y allí aparecí.

Tarde unas horas en darme cuenta … Lo que me ocurría era tan, tan prodigioso que me parecía imposible. ¿Me estaría volviendo loca? Decidí confirmar mis sospechas: Mi ex. Un ser odioso. Sus palabras me irritaban. Todas. Un simple “Hola”. Lo llamé y provoqué su ira. Como era de esperar, su respuesta fue desmesurada y…odiosa . Lo que siempre me dejaba hecha un ovillo, un mar de lágrimas con ataque de ansiedad incipiente, se convirtió en indiferencia. Lo que me decía aquel tipo me traía al pairo.

La segunda prueba fue más divertida . Me imaginé en Nueva York, París y Tokio y…allí estuve.

Así que, finalmente, me di cuenta que el chubasquero me protegía emocionalmente .Lo positivo, lo seguía percibiendo con la misma intensidad pero lo negativo… resbalaba , literalmente. Y, después, estaban las botas. En realidad, un artefacto mágico para tele-transportarse por el mundo…El único inconveniente era que en el lugar al que me trasladaba, siempre, siempre estaba lloviendo pero tampoco era para ponerle pegas al invento.

Hice de mi chubasquero amarillo y mis botas de agua azules, mi uniforme de vida. Sólo me lo sacaba para dormir…

Al final, consiguieron internarme en este lugar. Al llegar , me vistieron con un horrible camisón de hospital pero, tras una semana simulando ataques de pánico, he conseguido que mi terapeuta acceda a realizar las sesiones con las prendas puestas. Cree que estaré más tranquila y relajada.

Se acerca la hora. Oigo a la enfermera . Abre la puerta y deja mi chubasquero y mis botas a los pies de la cama.”En 10 minutos, tienes la sesión con el doctor”. Cierra la puerta.

Ahora , sólo tengo que escoger un destino.

33 pensamientos en “Chubasquero amarillo, botas azules.

    • Si me entero, os paso el contacto.
      Inma, te leo siempre e intento dejar comentarios pero tengo serios problemas al hacerlo en Blogger.
      Que sepas que lo intento. Te escribí un rollo macabeo sobre lo de bretón pero al “publicar” se fue todo al país de Nunca Jamás.
      Prometo que seguiré intentándolo.
      Besos.

  1. Que maravilloso relato! Me ha gustado mucho, mucho! Creo que todos poseemos ese chubasquero u otro parecido el secreto esta en que nadie lo note… lo de la vecina apoteosico! muy de mi estilo y sin chubasquero jajajajajaja.
    Un beso desde mi infierno!

  2. Es necesario en ocasiones un chubasquero que nos libre de lo que nos duele, y que nos resbale por el plástico amarillo y de esa manera que no nos duela. Y viajar a cualquier sitio con pensarlo… sería una gozada, feliz, sin estar atada al espacio. Uhm… aunque me encierren en un psiquiátrico… ¿me puedes decir donde queda esa tienda, y si puedo hacer el pedido por internet? :-) Besos.

  3. Pues sí, me ha pasado como a algún otro, pasé de leer un relato sobre una pequeña anecdota personal a leer una historia pues eso, genial.

    Y mira que me jode, porque estaba yo presto a darte consejos para poder utilizar las botas de agua, que yo tengo unas, que tampoco uso nunca, pero que a veces me llevo para andar por los charcos, eso sí que libera.

    Besos guapa.

    • Sí que libera eso de chapotear. Y mojarse bajo la lluvia… ( y bañarse mientres llueve -si no hay tormenta eléctrica-)…
      En Barcelona, la verdad, no se necesitan botas de agua así que no tengo… En eso, coincido con la prota.
      MM ( Muchos Musus)

    • Pero… ¿ es realidad o fantasía ?
      A madio relato ya estaba yo bajando como un loco al coche para ir a la tienda y comprarme ese maravilloso kit “yanomevasatocajarloscojones” (Por cierto, que el nombre no lo puedes usar porque lo he registrado. Aunque no lo acabo de ver muy comercial) pero me ha asaltado la duda y por eso te pregunto ¿es una historia real o sólo es una maravillosa manifestación de tu imaginación ?
      Bien mirado, sea una cosa o sea la otra, ambas son disfrutables igualmente.

  4. Me has pillado del todo, no he podido dejar de leer hasta enterarme del todo de que iba esto, muy buena inspiración, has logrado hacer realidad muchos sueños de todos, la vecina, el marido, los viajes. Uhmm, que
    bien me sabe. Y solo con un chubasquero y unas botas. Una obra genial. Lo más difícil es hacer sencillas las cosas y lo has logrado con creces. Me gustaria copia pegar tu texto y meterlo en mi album de escritos, me parece un cuento maravillosos para contar a los niños, eso sí le cambiaría el final pero el resto es perfecto. Emocionada me tienes. :) :)

  5. …”tampoco era para ponerle pegas al invento”…
    ¿Sabes, By, que es muy frecuente entrar llorando en zonas clásicas de lluvia y salir -si se sale- llorando?
    Ojos y nubes, sus aguas en gotas, sobre un material dulce o salobre en brete, tienen en común eso, el agua. Agua sobre la frente y el lote detallado. Igual no estaba tan agrietada de la azotea tu señora protagonista del relato.
    Feliz imaginación. Gracias y un buen saludo y abrazo (es que lo mereces)

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