Estoy aprendiendo cosas nuevas.
Aprendo que Aminatu Haidar es saharaui. No es marroquí porque no se siente «anexionada». Hace 34 años , Marruecos anexionó el territorio saharaui pero no pudo hacer lo mismo con sus gentes. El país de Aminatu , que no existe, se ubica en el Sahara Occidental.
Y es el único lugar al que esta mujer saharaui ( que no marroquí) quiere pertenecer. Y si puede, y no muere en el intento, es el lugar al que quiere ir. El único de mundo. Su país.
He aprendido que la política exterior y las carreras diplomáticas no están al servicio de las personas. Están dirigidas por los intereses : económicos y políticos.
He aprendido que , en España, somos unos chapuceros. De buena voluntad, pero super-chapuceros: dejamos entrar a nuestro país a una persona sin pasaporte pero no la dejamos salir con la misma documentación con la que entró, o sea ninguna. Dejamos a Aminatu aquí, varada. Llenos de buenas intenciones pero obstaculizando que la mujer saharaui pise el suelo de su Sahara.
He aprendido que Marruecos debe aprender, debe cambiar y debe evolucionar .Un ejemplo, en el 2004 el Rey promulgó una ley (Mudawana)en la que daba «libertades» a las mujeres marroquís como elegir libremente al futuro cónyuge!! La reforma legal que pretendía proteger a las mujeres se incumple en la actualidad pese a su introducción hace cinco años .Hablamos de un lugar así. …Inconcebible en el siglo XXI.
He aprendido cosas que no me gustan. Que nos convierten en seres extraños y no en seres humanos.
No quiero aprender a sentir consternación ante una muerte por una huelga de hambre de una activista pacifíca ( y saharaui)-
Quiero que los que tienen que aprender, aprendan .
Como colofón a mi aprendizaje, en el día de hoy, he recibido una felicitación de un niño de 9 años. Y, claro, he aprendido (transcribo) :
«Espero que estas Navidades no hayan guerras, ni robos, que todos seamos un poco más amables y generosos, que no contaminemos mucho la Tierra, que intentemos ayudar a los pobres y que consigamos ser buenas personas».
Aprendiendo…

Desde luego los niños son nuestra esperanza ya que parece que sus mayores estemos condenados a la continua confrontación y al desentimiento. Siempre nos fijamos más en las diferencias que usamos como elementos distanciadores (como si lo fueramos tanto!) que en los puntos coincidentes. Hemos desterrado los «lugares comunes» de la humanidad para centrarnos en la escisión de nuestros semejantes.
Por suerte, y si no maleamos en exceso a nuestros hijos, creo que, a tenor del deseo que pidió mi hija de 7 años antes de soplar las velas de su pastel, todavía hay esperanza.
Su deseo fué: «vull que tots siguem bons amics»
(quiero que todos seamos buenos amigos)
Gracias cariño mío por una nueva lección de humanidad.