Mi botín.

Hoy he salido de casa con un “caza-personas-felices” a ver si me animaba un poco…La cosa, no ha ido muy bien pero, tampoco mal.

Mi  Caza-personas-felices  tiene una capacidad de 10 unidades  y me he vuelto con una cifra, muy respetable, de tres. No he llegado al 50% de capacidad de mi  caza-personas-felices  pero tal como está el asunto, lo veo más lleno que vacío ( esto es por dar al texto un aire esperanzador). He pensado que podía haber recolectado un cero absoluto o sea, mi caza-personas-felices totalmente vacío pero, no, hay tres personas por ahí que se consideran felices. Y las he cazado!.

Un señor mayor, jubilado,  que cuida un huerto de alquiler ( ahora se alquilan parcelas de 25 a 50 m2 para que te montes tu cultivo ). Viudo.  Su casa, pagada. Su pensión, suficiente. Su salud, en buen estado. Su familia, bien, gracias. Contemplaba su huerto , tras un ratito de trabajo que se veía reflejado,  en la perfección de la tierra labrada. A mí me los enseñaban ( he ido a informarme sobre esos huertos) y me han puesto como ejemplo , a este señor. He conversado con él, respetando su paréntesis, antes de volver a sus labores hortelanas y he confirmado que la excitación de mi caza-personas-felices no era en vano. Allí teníamos una …

La segunda persona,  es una cajera del supermercado dónde habitualmente hago la compra. A su hijo, de seis años, le han dado el alta de una grave enfermedad. Su gozo, hacía brillar la caja en la que estaba sentada, con una sonrisa radiante que no pasaba desapercibida.  Su hijo, bien. Fenomenal. Su marido, de nuevo trabajando. El futuro, brillante como el sol…Y yo , que sabía de su vida y me ha alegrado verla de nuevo, le he preguntado si me permitía cazarla, y me ha dicho que sí. Sonriendo.

Los terceros, son dos. Dos adolescentes. Él y Ella. Esta ha sido una pieza que he me he cobrado, haciendo caso a mi intuición. Parados en un semáforo, hemos visto como una pareja se besaba. No un beso cualquiera. Uno de esos largos, de abrazo en fusión y de mucha entrega. Esos que te das a los quince, vamos. Después, han empezado a caminar, cogidos de la mano, parándose, haciéndose arrumacos…Y hemos intuido ese sentir , esa cosa extraña que te mueve en la juventud. No creo que estuvieran pensando en que el paro juvenil está al 50%, ni que heredarán la hipoteca de sus padres, ni… Nada de nada. Están en esa fase de felicidad hormonal , en la que no hay nada más trascendente que esos besos. En vista de lo que me han hecho recordar, he sacado mi caza-personas-felices y he me hecho con ellos. No me lo ha contabilizado como dos personas… En mi medidor, son una.

Al llegar a casa, he pasado revista a mi botín. En un mundo de malas y malas noticias, delante de mis narices se despliegan tres(cuatro) vidas que , por lo menos, por un instante, se han considerado felices.

Tengo en mi poder, la contemplación serena del señor del huerto, la alegría eufórica de la madre y la pasión desbordada de los tortolitos. Las voy a guardar a buen recaudo, para tener provisiones para el futuro. Pero, antes, no puedo evitar tomarme un sorbito de lo uno y de lo otro…Y de lo otro… ; – )

NB1 : Si a alguien le interesa un Caza-personas-felices, sé dónde los venden a buen precio.

NB2 : Ah! Y no son chinos…

 

Juguetes en el ático.

No lo encontrará en casa. De eso, estoy segura. Y ya veremos si vuelve…

Nadie entiende que le pasó a Victoriano Vivalavirgen,arquitecto de profesión. Hasta hace unos días, Don Victoriano era un hombre ejemplar. Cultivado, inteligente, elegante…Siempre cuidando las formas. De una educación exquisita, de verdad… No encontrará un vecino que le pueda decir lo contrario.

Lo vimos el viernes pasado y nos saludó con su formalidad habitual. Venía de participar en los debates municipales de mejora de la ciudad, en calidad de asesor. No dijo ni hizo nada extraño … ¿Qué dijo, exactamente? Déjeme pensar…Le deseamos un buen fin de semana y nos respondió que él iba a hacer limpieza. ¿Fue eso, no, Manolo? Me acuerdo bien porque mi marido, Manolo, estaba conmigo y cuando Don Victoriano se marchó le dije : “L-i-m-p-i-e-z-a. Manolo, aprende”. Después de eso, nos despedimos. Nada más.

El domingo de madrugada, mi hijo volvía a casa . Ya sabe que estos jóvenes de ahora se retiran muy tarde . Eso es, ya despuntando el día… Vio una furgoneta  aparcada delante del edificio donde vive Don Victoriano . De esas pintadas con flores….Y cual fue su sorpresa al reconocerlo, con unos tejanos con rotos por las rodillas-¡Don Victoriano con unos tejanos rotos!-,  gafas redonditas de color amarillo , una cinta en el pelo y una camiseta de esas hippies.

Se subió a la furgoneta y se fue .Su casa está vacía y nadie tiene noticias de él.

Si quiere dejar aquí el sobre, yo se lo entregaré si algún día vuelve, aunque, mire, como es un certificado, mejor le deja el aviso en el buzón, que esas cosas son muy delicadas. Ud. ya me entiende…

«Ya va siendo hora de hacer limpieza. Una de esas, totales.

Voy a sacar todos, todos los muebles. Tantos, me han puesto en estado de sobrecarga. Estoy desbordado :  tengo estanterías ( llenas de libros), sillas, mesas, sofás, mesitas auxiliares, divanes, chaise-longue, armarios, cajoneras,…Eso sí, todo muy bien puesto.

Como se dice habitualmente : la tengo bien amueblada.

Pero ya estoy cansado de tanto mueble.

Hay tantos, que ya no cabemos aquí. O los muebles o las neuronas… El sofá está abarrotado en el occipital derecho y a ese butacón orejero que descansa en el temporal izquierdo , le tengo especial manía. Así que…fuera.

Esto de tener la cabeza bien amueblada es demasiado formal. Me hace más gracia, tenerla llena de pajaritos. ¿No es más divertido? Los anglosajones me hablan de “Toys in the attic”. Parece más alegre…Y, mira,  si me lo pones como último recurso, hasta prefiero que esto esté vacío, hueco

Tengo que elegir : o una cabeza llena de pájaros o una cabeza hueca pero…los muebles, fuera.»

NB : Y para los que tengan la cabeza bien /mal  amueblada ( dejo en «opcional» si mal o bien), aquí un modelo del diseñador Walter Van Beirendonck. Esta foto, por cierto, da para una disertación sobre la moda o… lo que sea en lo que se haya convertido. ; – )