Andando contra mí misma…

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Llevo una pulsera inteligente. O eso dicen…

De momento, llevo un pepito grillo encima. El chivato de lo que me muevo al día. Todo esto empezó, por mi costumbre de dejarme el móvil en mi (gran) bolso. Entre carreritas, llamadas a las que no llego a tiempo y, directamente, las que no oigo, esta pulsera inteligente parecía ser la gran solución.

Lo ha sido. En pocas semanas, me he vuelto dependiente. Esta pulserita (que es más lista de lo que parece) se conecta a mi móvil y vibra cuando recibo una llamada. También veo quién me llama… Ya no tengo que dejar el teléfono encima de la mesa, cerca de mí. Se queda en su zona de confort (mi bolso) y sólo lo molesto cuando toca.

Los primeros días, cuando vibraba, me daba sustitos (no estoy acostumbrada a que eso pase en mi muñeca) pero ahora ya lo he asimilado.

Además, la pulsera mide los pasos que doy al día, las calorías que consumo y las escaleras que subo.Me la saco para dormir pero también mide la calidad del sueño, si te la dejas puesta.Y ahora viene la parte de “placebo” y psicología básica que me tiene fascinada: De una manera tonta, tan tonta como “retarse a uno mismo”, estoy pendiente de mi movimiento diario : me aplico en el tema de las escaleras (¡Quiero batir mis récords!) y si puedo, ando más para subir en mis marcadores…Lo curioso es que antes ni me lo planteaba y ahora, me alegra cuando el reloj me informa que he alcanzado o superado mi objetivo diario y cuando le suma el movimiento de la elíptica ( que me da un montón de pasos).  Y me encanta ver “mis progresos” en la App de la pulserita en el iPhone…

Y , así estoy, andando contra mí misma. ;- )

Tal y como estoy escribiendo esto, me estoy dando cuenta que esta pulsera es más inteligente que yo…

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NB : La mía es la FitBit Charge.