A la caza de la seta…

Hay muchos grados de experiencia en esa multitud de seres humanos que asaltan el bosque , cada otoño, en busca de setas. La cosa va de los “másters de la seta” al “urbanita-que-se-va-con-el-cestito-sin-tener-ni-idea”.

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Hay unas normas básicas de respeto al bosque, que tengas el grado que tengas, debes cumplir a rajatabla . Parece mentira que aún se deba decir que “Está prohibido” tirar desperdicios (tipo botellas de cerveza, latas de refrescos o colillas) pero aún hay quien lo hace .

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También es importante no coger setas que no conozcamos ni nos vayamos a comer. Todos los hongos, incluso los más letales, tienen su función en la naturaleza (son descomponedores de materia orgánica). Básicamente, la regla de oro es: cazar las setas que necesites y sólo las que conozcas ( con cierta finura) y dejar el bosque como te lo has encontrado…

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En este estado reverencial hacia la naturaleza, la experiencia de recoger setas es magnífica. Se unen la naturaleza, el deporte y la gastronomía en una sola actividad. El momento del descubrimiento de ese rovelló que asoma su sombrero, emergiendo de la tierra, se convierte en un instante de intensa emoción. Engancha. Si tienes suerte y “encuentras”, tu vista viaja por el suelo, de aquí y allá, como en estado de hipnosis, a la búsqueda del tesoro.

setaenorme1

setaenorme2Como colofón, el botín tiene una efectividad inmediata. Después de una mañana de naturaleza y paseo por la montaña, puedes degustar un manjar exquisito. Para que estén en su estado óptimo, las setas se deben comer (como mucho) veinticuatro horas después de su recolección. Si puedes hacerlo el mismo día, entonces, la experiencia ya es de 10.

Total, todo esto para enseñaros mi …tesoro.

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NB : Y fue aquí…

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La Seta de la Certeza ( Boletus Certitudo)

“Todo empezó un fin de semana del mes de noviembre. Hace un año, ya…

Recuerdo que las lluvias habían propiciado la aparición de hongos por doquier y, yo, buscador de setas profesional, no podía dejar pasar la oportunidad.

Los micólogos habían predicho que se iban a reproducir en los bosques multitud de especies distintas.  Las condiciones climatológicas de los últimos quince días del mes de octubre habían sido perfectas… Con mi equipo habitual que, principalmente, se componía de un cestillo de mimbre y un útil que había heredado de mi abuelo, que tenía forma de pequeña hoz en tamaño cuchillo, me adentré en el bosque mediterráneo que había seleccionado para mi salida.

A las pocas horas, mi cesto estaba repleto de suculentas variedades comestibles, de aspecto lozano y con un fresco olor a bosque. Ya me disponía a clausurar la jornada y estaba descendiendo por una pequeña ladera, cuando noté un leve cambio a mí alrededor… Una niebla densa, pero con un dulce olor a violeta, se extendió a mi alrededor. El cielo, apenas visible entre ramas de pinos, se tornó de color rojizo. Bajo mis pies, la hierba se hizo densa y mullida y adquirió un suave tono dorado. A lo lejos, vi que había algo que brillaba con intensidad. Su resplandor casi me cegaba…

Por si tiene alguna duda y cómo sé que me lo preguntará cuando acabe mi relato, le diré que no había ingerido ninguna sustancia estupefaciente, que no había probado ninguna seta (lo digo por descartar el tema de las setas alucinógenas) y qué no sé si esa niebla podría contener algún tipo de psicotrópico.  En ningún momento sentí una alteración de mi conciencia.

Dejé el cestillo en el suelo y avancé con mi cuchillo –hoz en la mano  hasta encontrar la fuente de tal inusual destello: una seta de un precioso color plateado.

Mi instinto de buscador de setas profesional se impuso y corté el tallo de la seta prodigiosa. En ese instante, el mundo volvió a disponer de sus colores y texturas habituales pero yo, con la seta plateada en la mano, oí una voz susurrante que dijo: Con ella, la certeza tendrás. Busqué con la mirada al que había pronunciado aquellas palabras pero allí no había nadie más que yo. …

En mi cesto, repleto de setas, la que más llamaba la atención era aquella hermosura de color plateado. Emanaba un suave aroma que te hacía pensar en un bocado sabroso pero no tenía ninguna evidencia de que aquel magnífico ejemplar fuera comestible. Es más, podía ser potencialmente letal.

No encontré ninguna información sobre aquella variedad y los días iban pasando y… la seta iba perdiendo frescura… Tenía que tomar una decisión: comérmela o tirarla. Supongo que ya estaba programada genéticamente para hacerme sucumbir al deseo pero, de verdad, créame, su perfume era delicioso… Me hechizó. Cometí uno de los errores más graves que puede cometer un buscador de setas.

No pude evitarlo. La salteé en la plancha y la salpimenté levemente. Apenas unas gotitas de aceite de oliva y… me comí la seta.

No sé si ese instante de puro placer, compensa el infierno que ahora estoy viviendo pero…confirmo que la seta era un manjar. Venenosa, no. Tóxica, sí. Soy la prueba viviente.

Hubiese sido una experiencia gastronómica gratificante si no hubiese tenido efectos secundarios. Eso,  la ha convertido en una verdadera pesadilla.

Pasaron varios días hasta que me di cuenta que era poseedor de “la verdad absoluta”. Como lo oye: “la verdad absoluta”.

Sí, ahora viene cuando abre los ojos como platos durante un segundo. Lo está haciendo ahora mismo. Cree que mi afirmación,  confirma su teoría de que sufro un trastorno mental y que por eso estoy aquí.

Desde que me comí la dichosa seta, soy poseedor de certeza. Ya me lo advirtió aquella voz en el bosque…”La certeza tendrás” y le puedo asegurar que la tengo.

Ante cualquier pregunta que se me haga, me llega la respuesta con la verdad absoluta, al instante. No tengo ninguna incertidumbre en mi vida. Ni hay incertidumbre de otros, que para mí lo sea. Ya sé que es difícil de creer pero Ud. misma, doctora, puede hacer una prueba. De esas empíricas que le gustan tanto.

Seguro que hay alguna incertidumbre en su vida. Algo que le genera dudas. Si me plantea la cuestión, yo le responderé con una certeza absoluta que el tiempo demostrará. No provoco acontecimientos, sólo transmito información. ¿Quiere probarlo? Pregúnteme lo que quiera que yo resolveré sus dudas.

Sí, ya sé que da un poco de miedo. Supongo que habrá hablado con sus colegas. Ya les advertí que debían ser preguntas cómodas pero, algunos, no me hicieron caso. Recuerdo a aquel joven psiquiatra de pelo engominado. Me han dicho que se ha divorciado  pero, claro, no tener la certeza de que tu pareja te está siendo infiel, a tenerla… Marca la diferencia. Ya le digo yo que se piense bien la pregunta…

Supongo que querrá reflexionar sobre mi caso, revisar las pruebas toxicológicas, buscar información de la seta, hablar con los otros terapeutas que me han atendido…pero dese prisa, doctora.

Me gustaría que se publicaran mis ilustraciones y descripción de la Seta de la Certeza . He pensado que su nombre científico podría ser “Boletus Certitudo” y que se debería incluir en las Guías de Variedades Peligrosas. Es lo único que puedo hacer para evitar que más personas se infecten del virus de la certeza total. No se puede vivir así.

Lo malo de esto mío de no tener incertidumbre, es que me hice la pregunta transcendental de cuando iba a morir y ya tengo la fecha.

Con certeza absoluta.

Le recomiendo que no tarde más de quince días en volver a visitarme. Es necesario que publique mi trabajo. Hay que alertar a los que buscan setas…Es importante. Sé que Ud. me ayudará““

(…)

Paró el visionado de la grabación de la última sesión de terapia. Ya no habría más. Miró el calendario. Habían pasado 16 días desde la fecha de la sesión. El paciente, por una de esas siniestras casualidades de la vida, había muerto de un paro cardíaco hacía 24 horas

Cerró la carpeta del caso del buscador de setas y archivó el expediente en la sección de “Defunciones”. Nadie notaría que faltaban las ilustraciones y los textos descriptivos de la extraña seta. No tenía la certeza de que aquello no fuera nada más que la fábula de un paciente pero… tenía un amigo en el Instituto Nacional de Micología. No perdía nada por probar…

 

N. B : La ilustración es de una cesta de “ceps”. Esta seta es muy usual en la zona donde yo vivo. Salteada con ajitos y un poco de perejil, solas o con pasta, por ejemplo… Increíble manjar de la naturaleza. Supongo que no está de más, advertir del peligro que supone  comer o cocinar setas que no conocemos ( y de las que no tenemos certeza de su condición de comestibles). En esta época del año , los bosques españoles se llenan de gente que recolecta setas (aunque hay “profesionales”, abundan los aficionados por ocio) y cada año, se dan casos de ingresos hospitalarios por intoxicación.

Este es el texto que he presentado en el Taller de Escritura Colaborativa de Ciberlalia. El tema de la semana es : “La incertidumbre”.