Furgoneta va, furgoneta viene.

Me dispongo a comprar menaje y accesorios para la cocina. Por la zona en la que estoy situada , prefiero comprar todo online . No es una compra de impulso, marcada por el mensaje de  “ Plazo de 24 a 48 horas de entrega” pero cuando hago el pedido en la web, me notifican que en los próximos dos días, tendré todo el material en casa.

Efectivamente, a las 48 horas, me llega un paquetito. Es pequeño. Ahí no caben platos, ni vasos… Efectivamente, hay un pack de trapos, unos individuales y un mantel. Vale.

Un mail me informa que en los próximos días, me llegará el resto.

Y lo hace.

Va llegando.

En cinco días diferentes, voy recibiendopaquetes.

Si me hubiesen advertido que vendría en paquetes diferentes, es posible que no hubiera formalizado la “Cesta de la Compra”. Ni siquiera pensando en el planeta, que ha sido después, si no por la incomodidad de tener que estar presente en la franja horaria indicada por el transportista…

La triste realidad es que tengo lo necesario en la cocina pero , con mi pedido , en cada viaje, he contaminado lo mío. La furgoneta , de la que bajaba una persona que iba rápido y sólo me pedía el DNI, no era eléctrica y llevaba tropecientas cajas más por repartir.

Posiblemente , múltiples fracciones de pedidos que llegaran a ritmo de combustible fósil, hoy, mañana, pasado mañana…

Foto de Meal Pro en Unsplash

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