Aquellas postales…

¿Recordáis las viejas postales? Fijaos que digo “viejas” aunque sería más apropiado decir “esas postales en desuso” pero…no puedo evitar pensar que ya son de otros tiempos, de otras formas de vivir .

El otro día ví a una mujer francesa de mediana edad y su hija veinteañera, comprando postales turísticas . Ya me pareció raro verlas curioseando , emocionadas con lo que había en el expositor rotatorio : postales . Unas bonitas, con un mar de Photoshop  y pulcras calles y otras, de gusto infumable, tipo chica-de-grandes-pechos-con-paella-y-sangría… Tras elegir unas cuantas , preguntaron dónde podían comprar sellos…

O sea : iban a escribir una postal y enviarla por correo. Recuerdo los viajes en los que uno se afanaba en la elección y el texto . Aquella sensación triunfal de de poder decir “Yo he estado aquí y me lo estoy pasado muy bien” ( no existen muchas en las que se escriba lo contrario) y en aquellas jugadas de Correos que permitían que tú llegaras mucho antes que la postal  a su destino…También me llega esa alegría , al recibir las de los otros. Primero, te mirabas el remitente y te leías aquellas líneas. Después, le dabas la vuelta y admirabas aquellas imágenes de Florencia o de unas playas caribeñas…

Ahora, te comunicas de otra forma. Haces una foto con tu iPhone y la envías  por Whatsapp. Publicas en Instagram Facebook o Twitter o actualizas tu blog, casi haciendo una crónica en directo del viaje. Todo es más fácil, más rápido  . La tecnología nos ha permitido entrar más en el “detalle” e, incluso, ampliar la lista de destinatarios pero, en el camino, nos hemos perdido el ritual. Algo había que sacrificar…

Dejadme que lo idealice: pasas un buen rato , eligiendo las imágenes que describen el “paraíso” en el que estás ( en las postales, todo es muy bonito). Compras los sellos y te vas a un pequeño bar, en la playa. Allí, con tu cappuccino o tu café, distribuyes las postales y escribes. Pensando lo que vas a poner y con cuidado de no equivocarte. Cada una tiene un mensaje diferente y es posible que en alguna, incluyas un dibujito. Piensas en las personas a las que se las vas a enviar y les dedicas tu tiempo y tu cariño. Una vez ya las tienes preparadas, pones los sellos ( pedirás un vasito de agua , para humedecerlos que sabemos que si los chupas, te queda un sabor desagradable en la lengua ; – ) e irás colocándolos, sabiendo que harán su trabajo y las transportarán por esos mundos “postales” para que lleguen al lugar indicado . Y sabes, que el que la reciba, detectará tu afecto en el momento que vea esa firma enrevesada y ese “Nos lo estamos pasando muy bien. Esto es precioso”.

El ritual ha pasado a ser a golpe de click y teclado táctil. Es lo que toca en estos tiempos aunque, como pude ver el otro día, la postal se niega a desaparecer aunque haya gente como yo que la llame vieja.

Aún hay quien las reinterpreta. Estas son de la empresa finlandesa Lovi. Llevan una figura en madera desmontable para que el efecto “afectivo” de la postal, quede en forma de recuerdo permanente. Las encuentro preciosas y además, me encanta la filosofía “eco friendly” de la empresa y su diseñadora, Anne Paso.

10 pensamientos en “Aquellas postales…

  1. Mi madre tiene guardadas todas las postales que comprábamos cuando salíamos de excursión o de vacaciones. De la playa, de la montaña, de monasterios. En fin, de vez en cuando apetece pasar un buen rato recordando buenos momentos, mirándolas.
    Chao
    Ana

  2. Para antiguas, aquellas postales de trajes regionales bordadas, o las de parejas de novios con color desvaído y una breve leyenda romántica. Una cursilada pero simpáticas de ver al cabo del tiempo.
    Estupendo tu recuerdo nostálgico del correo. que ya forma parte del ayer.
    Un abrazo añorante.

  3. Las únicas cartas postales que envío en la actualidad son aquellas en las que envío facturas a mis clientes. Y a algunos, ni eso. Les mando una factura digital.

    Había (y seguirá habiendo) coleccionistas de postales. Me temo que se han quedado como un mero ‘souvenir’

    Saludos.

  4. Me encantan las postales!! Me encanta enviarlas y recibirlas, tengo una pequeña colección de todos los lugares que he visitado y de amigos que me las han enviado/regalado. De hecho, para mí no es nada “viejo” ya que siempre que viajo a algún sitio envío postales del lugar (incluso a mí misma si son desde el extranjero), y las de Navidad, un clásico. Es una práctica que me encanta y que no quiero abandonar :)
    Saludos.

  5. Todo tiene su lado bueno y su lado malo,la tecnología trae la inmediatez, pero se pierde ese ritual del que hablas.. a mí me gusta mucho ella, pero es cierto que la emoción de recibir una postal o una carta escrita a mano constituye una gran emoción..
    Bueno, podemos sacar a relucir nuestro lado friki y seguir empleándolas de vez en cuando…
    Las puedes transportar con la escoba!!

  6. La inmediatez de la tecnologia nos ha hecho creer que no tenemos tiempo para dedicar un rato a cartas o postales. Pero antes también trabajábamos o teníamos hijos y había tiempo para ello. El desuso està matando el romaticismo del honrado papel – como lo llama un amigo mío – hasta en las personas que lo defendemos. Me da pena y rabia.
    Un beso nostálgico.

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