Mercería.

 

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Hacía muchísimo tiempo que no entraba en una Mercería…

Una mercería,blorchería, cordonería o sedería es un establecimiento en que se venden productos de costura, punto, manualidades y lencería.

Esta era una de esas “ a la vieja usanza”. Hay que tenerlo en cuenta ya que ahora, se ha desarrollado un concepto de “Mercería Creativa” ( labores de punto, punto de cruz, patchwork, DIY en general) que le confieren una imagen ( y una funcionalidad) más moderna.

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A la que yo he ido es la que se clasifica ( según el Portal de Mercería) como una “Mercería de Socorro”

Mercería de socorro
Todavía subsisten mercerías “de barrio” o de pueblo que se defienden como pueden con ventas de pequeñísimo importe, márgenes de beneficio escasos y stocks diversificados en exceso.

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Doy fe de que el stock de ese encantador lugar, estaba diversificado en exceso : hilo, lana, zapatilla de estar por casa, pijamas, cinta elástica, velcro, botones, cremalleras, pasadores y pinzas para el pelo, tocados, lentejuelas, sujetadores, bragas, medias, peucs, delantales, retales, … Ni me acuerdo. Pero esa es la verdadera vocación de una mercería.

 “Entre los S/ XIV y XVII, los artesanos ya habían organizado sus gremios, que proveían a sus clientes de toda clase de pequeños accesorios para la confección de su indumentaria, e incluso hasta el siglo XIX vendían los tejidos.Fue entonces cuando formaron el gremio de LA MERCERIA, que como define el Diccionario de la Lengua Española ejercían un “Comercio de cosas menudas y de poca entidad”. Eran… las primeras MERCERÍAS.”(Portal Mercería)

Al entrar, había dos personas ( y dos personitas) dispuestas a comprar “cosas menudas y de poca entidad”. La primera, era una mujer con un intento de sofisticación que quería unas bragas que no marcaran las costuras. Interesante.

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Tras un mostrador pequeño, de cristal ya muy gastado por el tiempo, una señora , muy, muy arreglada, que a cada momento incluía la palabra, cielo o cariño en el discurso ( y con un centímetro colgando del cuello).A su espalda, cientos de cajas, de todos los tamaños, muy bien ordenadas y apiladas…Se da la vuelta, busca con la mirada , en plan escáner, y extrae una de las cajas con unas braguitas ( la talla no era apropiada) “cortadas al láser” . Cierto. Ni una costura. La clienta, se las mira y remira. Las estira. Se demora. Pregunta colores. Las vuelve a estirar…

Esperando está, también, una abuela con sus dos nietas gemelas que están como en un chiqui-park entre tanto complemento colorista.  Continuamente está diciendo “No toques eso” “Venid aquí”. Ni caso.

La señora de las bragas, tras decidirse por el color visón , se lanza a comprarlas pero…mira la etiqueta y exclama “¡Llevan poliamida! . No puedo. Tengo la piel muy sensible. ¿No hay nada 100% algodón?”

Vuelta a escanear las cajas. Las niñas, brincando. La abuela , de los nervios. Yo, ya en posición “Esto se está alargando mucho”, con pase del peso de una pierna a otra.

Entra otra clienta potencial. La señora de las bragas, decide que no le gustan ningunas. Se va. La odiamos.

La abuela, con las niñas ya despendoladas en la zona de los hilos de colores, pide goma elástica para los pantalones de deporte de su hijo. Proclama que es el padre de las criaturas y se disculpa. Las niñas, ahora abren y cierran la puerta sin cesar. Han descubierto la campanilla…

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Ya han entrado tres personas más y la señora, tras el mostrador, mide la cinta elástica, y la envuelve con parsimonia.

Me toca. Le pido dos pares de medias finas. Se agacha y aparece con unos sobres de la estantería inferior. Saca un trozo de media, mete medio puño y me muestra la finura. A mí ya me estaba bien con 15 Den. Las compro, mientras me llama cariño y me dice que no me harán carreras. Ella no sabe que soy la única persona del planeta a la que se le hacen carreras en las medias aunque sean anti-carreras. Siempre. Intento ir deprisa. Una chica embarazada, está esperando con cara de agobio pero es que …no se puede. Me envuelve las medias en un papel blanco ¿Para qué? Y las pone en una bolsita. Me cobra pausadamente y se equivoca con la registradora ( que se la acaban de cambiar).

Salgo de allí con mis medias y, mira, siento un momento de melancolía.

Estoy segura que acabo de ver una especie en extinción. Muy auténtica. De las últimas tenderas de mi barrio.

Una mercería, donde comprar cosas menudas y de poca entidad…

 

6 pensamientos en “Mercería.

  1. Las mercerias … uau … Creo que cuando baje a la ciudad entrare en una, la que encuentre, por el mero placer de sentir el tiempo. Su paso en ellas. Vaya, me has puesto mas melancolica de lo que ya me sentia. Un beso

    • Sí, son tiendecitas increíbles… La señora del otro día, tenía una regla de madera, gastada, que me la huiese llevado a casa, para medir las cintas de goma y los lazos… Una maestría, oye.
      Besazo.

  2. En mi barrio siguen existiendo algunas… Siempre me ha alucinado que tienen mil cajitas pero en un santiamén suelen saber dónde está lo que se les pide…
    Por si desaparecen las de barrio, en Madrid, tenemos La plaza de Pontejos (pegadita a la Puerta del Sol) en donde se agrupan desde siempre muchas de esas mercerías pero con el cariz de ser los hiper de las mercerías (desde antes que existiesen los Hiper…), con la atmosfera de las pequeñas de siempre pero a lo grande, es digno de ver, allí puedes encontrar hasta lo más inverosímil.

    Besos abotonados.

  3. A mí me encanta el “equivalente” (Iba a decir masculino pero diré bricolero unisex para no pecar de machista) a las mercerías: Las ferreterías. Un dependiente que “escanea” el montón de cajas apiladas a su espalda con muestras de tornillos, tuercas, tacos… en su frontal, que tiene controlado hasta la última arandela que vende… y que encima te hace una copia de las llaves por 1,25 euros.
    También incluiría en esta categoría a las zapaterías (las de reparar calzado). Son negocios que no deberían perderse nunca porque… Nunca sabes cuándo vas a necesitar un botón, un taco de 5 mm. o poner unas suelas a los zapatos que tanto te gustan.

    • Yo sólo tengo un zapatero remendón controlado y , debo decir, que en los últimos meses, me ha recuperado una cremallera de una maleta y me ha cortado unas botas…Lo adoro. Y me encanta ese aroma a betún y cola…
      Ferreterías, ya no. Voy a Bahaus. ; – ) pero tienes razón que los tíos os embobáis en ese mundo de tablones y tuercas…
      Un abrazo, Cándido

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