Sueño-Deco.

Me despierto en una casa que no es mi casa pero que yo creo mi casa. La sensación es muy rara .

cama

El dormitorio, lleno de color ,no tiene nada que ver con el que yo creo que es el mío, de colores crema y blanco roto. Minimalista y soso…En cambio, las sabanas coloristas, la caja decapada que hace de mesita de noche, las flores,…todo aquello me pertenece. Estoy segura.

Me levanto de la cama, mullida y cómoda. Estoy confusa y expectante .Mi cuerpo está descansado y me dice que se duerme muy bien en…mi cama. Sé qué dirección tomar sin dudar. Aquella es mi casa…aunque no la conozca ( que sí).

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Al entrar en el lavabo, el detalle de la estrella me conforta. Es de suponer que en todas las dimensiones, me gustan las estrellas…

En la cocina, el desayuno está servido. Me espera.

desayuno

De nuevo, los colores me impactan. No dudo en tomarme unos croissants y un cappuccino. Algo me dice que voy a necesitarlo…

Tras el desayuno, me doy una vuelta por esta casa que no es mi casa. Estoy en la playa. Genial!

casaplaya Me detengo en la buhardilla con ganas de tener un libro en mis manos y todo el tiempo del mundo…sofa

Llego a una habitación en la que hay un sillón lleno de cojines y unas maletas. Todo es precioso. Me podría acostumbrar a vivir aquí… Prendido del respaldo, hay un sobre con mi nombre manuscrito.Leo la nota que contiene. No debo olvidar que esto es un sueño…¿verdad?.

cojines

“ Si te sientas en este sillón, aquí te quedarás para siempre. Si eliges las maletas, seguirás tu camino”.

maletas

Entiendo que en este sueño de una casa preciosa que-es-mía-pero-no, debo tomar una decisión. Puedo sentarme en esta preciosa butaca y dejar que el tiempo pase, en este lugar hermoso que, ahora , me pertenece pero…miro las maletas y me digo. ¿Por qué parar aquí? ¿Por qué no seguir caminando?…

…¿No es ese el gran secreto de la vida?

No me hace falta más. Elijo la maleta de color violeta y me digo que sí puedo elegir, de verdad, ahora quiero montaña.

camamontaña

Y me despierto, de nuevo, en una cama diferente pero que yo reconozco. Es otra de esas camas mías.

Inspecciono mi casa de ahora.

ventanas

Hay flores y…estrellas.

flores

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Veo, complacida, que hay una hamaca en el jardín.

hamacas

Y a lo lejos, un precioso camino arbolado…

camino

Y un butacón con una mantita.

sillon

Y …unas maletas…

maletas2

 

Entra.

 

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(I)

Te camela con lo de la Terapia de Color. Te dice que esos rotuladores son inofensivos…Que te transportaran…

-Pinta, pinta. Colorea,…Dibuja lo que tú quieras…-Lo va repitiendo, de forma pausada con esa voz profunda que te induce a pintar, a colorear, a dibujar …-Pinta, pinta…

Te relajas.

Y dibujas. Y te sale un laberinto, lleno de círculos concéntricos…Y, ella, sigue repitiendo-Pinta, colorea…

R16

Y llega el momento y te transporta. Estás enfrascado. Sacando la lengua en un gesto de máxima concentración, con los codos apoyados en la mesa, la mano firme y el rotulador, húmedo, empapándolo todo de color.

-Pinta, colorea,…Entra.-dice la extraña terapeuta -…entra.

¿Entra?

El cambio en el mantra te saca de tu ensimismamiento. ¿No era “Pinta, Colorea”?¿Por qué ha dicho “Entra”?…

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(II)

Todo es de un extraño color verde.

Hay pequeñas franjas de un color morado oscuro que me llevan hacia unos círculos concéntricos de muchos tonos. Me giro a la izquierda y veo más de esas franjas y de esos círculosy más allá, un desierto blanco. Me giro a la derecha y… lo mismo…

¿Dónde estoy?

Camino unos pasos, y me acerco a uno de los bordes. ¿Borde?

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A lo lejos, me parece divisar una indicación. Esto, debe ser un sueño. – reflexiono-Estaba yo, dibujando y pintando y me habré dormido y…¿Qué es eso?

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Entonces, reconozco los colores y las formas. “Pinta, colorea, dibuja lo que quieras”.

Estoy en mi cuadro…Quiero salir. Lo recorro , de arriba a abajo. Me paseo por todos los círculos. Sigo las franjas moradas. Me cuelgo del borde. Nada.

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Alzo la vista y la veo sonreír. No es terapeuta. Es una bruja … Una bruja mala y me ha encerrado en este cuadro. Noto que me mueve, me desplazo a trompicones de un lado a otro hasta que me vuelve a colocar en posición vertical. Entonces, me atrevo a mirar a mi alrededor. Veo los otros cuadros y… a los otros prisioneros. Un chico, sentado a la orilla de un río en un encantador paisaje campestre; una mujer en la puerta de una casa muy bonita, al lado de un árbol lleno de manzanas ;una joven sentada en una nube, en un cielo de un azul precioso…

La bruja,  se ríe.

Me pregunto por qué no presté más atención en mis clases de dibujo…Estoy encerrada , en una red de círculo concéntricos …

Además, este color verde que elegí, me empieza a molestar…

R8

Volar.

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Hay momentos en los que deseo volar…Me da igual si es con un par de alas que emerjan de mi espalda (de forma indolora, claro) o con una capa como los súper héroes…

También podría ser, por qué sí… Simplemente extendiendo los brazos y estirando el tronco y las piernas… Hay quien lo consigue, cerrando los ojos…

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La huida, por eso, debe ser por el aire. Surcando cielos azules, atravesando nubes algodonosas o guiándose por el fulgor de las estrellas. Me llevaría música…

Si pudiera volar, emprendería un viaje. Escogería un desierto, blanco, de sal. Uno de los más grandes del mundo.

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En ese desierto, después de haber llovido, la cuenca acogerá una fina capa de agua y por un tiempo, nacerá un lago superficial de aguas cristalinas que reflejará el cielo y parecerá el cielo.

Sera el mayor espejo natural que se divisará desde el espacio.

Y es que esta ruta que uno emprende, requiere de un espejo. Un lugar dónde pararse y mirarse, de verdad.

uyuni

Después, el clima árido evaporará el agua y se precipitará la sal que dará lugar a un gran desierto blanco y enorme…

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Estos son viajes que sirven para volver. El camino que se emprende tiene como único objetivo recalar, de nuevo, del lugar que vienes, en el que habitas.

Y, vuelves sin olvidar ese espejo en el que te miraste.

Y…sin olvidar lo que viste en él.

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Fotos de Takaki Watanabe

NB : Imágenes del Salar de Uyuni en Bolivia. Es uno de los lugares más evocadores y misteriosos del planeta, el salar más grande del mundo con 12.106 kilómetros cuadrados de extensión. Esta gran concentración de sal está situada al suroeste de Bolivia, se formó por la evaporación de antiguos mares que bañaban el continente americano en épocas remotas. Está conformado por aproximadamente 11 capas de sal, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. Adicionalmente este Salar se constituye en una de las mayores reservas de litio del mundo y está situado a una altura de 3700 m.s.n.m.

 

Mercado Negro.

Parte1

PARTE I: The eye of the tiger

Nunca he hecho esto y estoy muy nerviosa. Tan, tan nerviosa que debo parar unos segundos en todo este proceso de “preparación” porque me está dando un ataque de pánico. Lo noto…

Me miro en el espejo, directamente a los ojos. Respiro con una gran inspiración y después, dejo que el aire salga, en una gran, gran exhalación. Vale.

Sé que mientras estoy en ello,  un pensamiento único debe trasladarse a esos ojos que estoy mirando y que me miran y que son los míos: “Puedo hacerlo”. Nunca he podido apuntillar “Soy la mejor”. Creo que mis ojos detectan mi mentira y, entonces, es peor. Lo dejo en un “Puedo hacerlo” que ya es mucho, porque si lo hago… Si lo hago, todo cambiará.

“Puedo hacerlo”

Parece que me tranquilizo un poco y esa ola angustiosa que me iba a invadir en unos segundos, ha sido reducida a “ola de marea baja en playa mediterránea”. Está ahí, va y viene pero… es pequeñita…

Sigo vistiéndome. Me iba a poner unos jeans. He pensado que sería una prenda que me haría pasar muy desapercibida por las calles que debía transitar, pero, al final, me he decido por un pantalón  “cargo”, en caqui militar (pero un poco más clarito), lleno de bolsillos. Los necesito para llevar las armas.

Sí, me he puesto un jersey de cuello cisne de color negro. No sé porque lo llaman cisne…Yo no parezco un cisne…Cuello vuelto estaría mejor pero este, no da la vuelta…Tampoco es que sea muy importante qué jersey me pongo pero he seguido como una estética universal que rige lo que voy a hacer. El jersey está cubierto por una chaqueta tejana. El cuello (cisne o casi vuelto) queda tapado por un gran foulard, de color negro también, que me puede ocultar medio rostro si es necesario… Podría haber cámaras u otros dispositivos de vigilancia.

Renuncio a mi maquillaje habitual y estoy tentada de marcarme dos rayas negras, en cada mejilla, para darme “fuerza guerrera”. Me estoy dando cuenta ahora mismo que esas manchas, son elementos de auto ayuda. Te dan un cierto poder escénico…pero, claro, eso es en las pelis. Si salgo a la calle con pintura de guerra, voy a llamar la atención más que otra cosa. Y eso, sería malo. Fatal.

Soooo! Quieto, pánico! Vete! 

Puedo hacerlo”

“Puedo hacerlo”

“Puedo hacerlo”

“Puedo hacerlo, joder”.

Qué malo es esto, por Dios! Estoy cada vez más aterrorizada. ¿Qué hago yo, una persona normal, metida en …? Mis ojos, de nuevo hablándome desde el espejo , me dicen : Es la única solución. Tienes que hacerlo. Puedes hacerlo. Me maravillo de su inteligencia…

Voy a por las botas . Son de piel marrón y en otros tiempos, me acompañaron en muchos paseos y por muchos senderos. Veo que aún queda un poco de barro viejo, incrustado en la plantilla de caucho de la suela. Por un momento, vislumbro algo. Es un instante. Un soplo de aire muy puro, el cielo azul , oigo el crujir de mis pasos y percibo un sentimiento de plenitud. Se va. Sólo ha sido un instante pero mi corazón se acelera. Se salta varios latidos que después, recupera a un ritmo muy rápido.

¿Podría volver a sentir eso que…? ¿Yo? Me pongo las botas. Cada estirón que doy a los cordones, podría estar coreografiado al ritmo de “The eye of the tiger”. Es una canción prehistórica pero …la oigo en mi cabeza. Cuando acabo el último lazo y me alzo, quiero emular esa sensación de poder y me vuelvo a mirar al espejo, esta vez intentando que mis ojos expresen peligro y desafío. No me parezco a Lara Croft pero me gustaría…La actitud, por eso,  es la misma.

“Puedo hacerlo”.

En la mesa de la cocina, ayer noche, preparé mi arsenal. Sabía que hoy,  estaría muy nerviosa para atinar en la elección: dos cuchillos medianos pero muy afilados( uno de carne, con sierra y otro que utilizo para pelar patatas), el sacacorchos tradicional que nunca uso porque ahora tengo uno de apertura electromagnética por onda radial, un bote de Reflex en spray ( en el colegio, una niña me rocío la cara con eso y creo que nuca podré olvidarlo) y una pequeña navaja Vitorinox, de esas suizas que todo el mundo tiene por su casa pero que no ha utilizado nunca…Y menos en estos tiempos…

Me parece mentira que en este siglo, mis armas sean tan rudimentarias pero…la población normal no tiene acceso a todas esas herramientas sofisticadas que el gobierno nos enseña de vez en cuando. ¿Para qué? Teóricamente, vivimos en una sociedad pacífica. Nadie tiene armas…Por lo menos, de las que matan…

Es por eso que he tenido que reutilizar mis antiguos artilugios de cocina. Ahora, con lo Robots Chef, no uso ninguna de esas cosas …y menos el Reflex. Está caducado desde hace veinte años. Ahora, te imprimen un analgésico en la epidermis, exactamente en la zona del dolor y éste desaparece en unos segundos. No me importa que el Reflex esté caducado, picará más. Seguro.

Una vez he comprobado que llevo todo lo necesario para un caso de fuerza mayor, me queda lo más importante…Las ideas.

Las ideas, son la nueva moneda de cambio. Ideas…Aún recuerdo cuando la moneda era una pieza metálica, con la cara del que fue el último Rey del país y las cosas eran más sencillas. Creo que nadie, en aquella época, podía haber imaginado que íbamos a acabar así…

Lo único que se puede vender, ahora, son ideas. El gobierno, los gobiernos, las extraen de los ciudadanos pero…quedan personas que por diferentes motivos, tienen ideas que no pueden ser abducidas y siguen , ahí, sin que nadie pueda tener acceso a ellas. Nadie sabe la causa de este bloqueo…En mi caso, un accidente de tráfico me dejó en un estado de coma profundo durante quince días, del que me desperté sin ninguna secuela aparente.

Un día al año, nos toca ir a la Sala de Extracción. Nos hacen un barrido cerebral y captan las nuevas ideas que puedan haber surgido. Las ves pasar por una pantalla gigante…Cuando acabó mi Extracción, tras el accidente, me di cuenta que había ideas que no habían sido desalojadas de mi cerebro.

Disimulé, mentí en el formulario y volví a casa con ellas.

Cada vez hay menos ideas. Son una mercancía valiosa…

Y yo tengo unas , que sé que valen. Voy a vender lo que sé sobre la utilización de la energía solar fotovoltaica. Es , a lo que me dedicado toda mi vida en el campo de la investigación y tengo unas “ideas” que jamás me atreví a publicar que son de gran importancia para el desarrollo de este tipo de energía, en un país como España, con los niveles más altos de insolación solar de toda Europa. ¿A nadie le parece raro que en Alemania, un país de insolación pobre, sea el primer país que genera y consume este tipo de energía? ¿Qué en estos tiempos tan avanzados, aún no tengamos acceso a este tipo de energía de forma libre y sin coste?

Sé que mis ideas no pueden caer en manos del gobierno, los gobiernos. Las bloquearán y no permitirán que el mercado de las eléctricas se vea en peligro. Estamos hablando de muchísimo poder…

Sé que debo hacerlo…

“Puedo hacerlo”

“Puedo hacerlo”

De camino al lavabo, me veo reflejada en el espejo de cuerpo entero. Parece que me vaya de excursión…Siempre que estoy nerviosa, me pasa esto. Tengo que ir al lavabo y descargar mi vejiga que, me lo pide cada cinco minutos…

Me lavo las manos y veo, de nuevo, mi rostro y mis ojos, allí en el espejo. Mi mirada está triste. Vacía. Siento que toda yo,  soy como una especie de robot que vive una vida… mecánica. Debo sentirme afortunada de percibir este vacío. Significa que aún queda una esperanza para mí…y voy a buscarla.

Guardo mi armamento en mis bolsillos. Las ideas, van conmigo…Siento un escalofrío al pensar en cómo me las van extraer. Sé que es indoloro pero …

Abro la nevera y doy un sorbo directamente de la botella de agua.  Ya estoy preparada para salir…

…………………………………………………………………………………………………………………………….

Si quieres continuar el relato , aquí lo tienes en PDF. Me ha salido más largo de lo habitual …

PDF MercadoNegro

NB 1 : Esta es la canción de marras.”Eye Of The Tiger” de Survivor. (BSO de Rocky)  Aviso  : es de las que se pegan y se van reptiendo machaconamente en tu cabeza ( por lo menos, a partir de una edad)

 

 

Los Objetos Imposibles

 

sofa

Es la casa.

Creo.

¿Será la casa la que convierte los objetos?…

¿Qué les pasa a estos muebles?

El sofá, se me sube por las paredes.

Una silla, se me pone en plan obsceno…¿O me hace una peineta? No sé.

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La blanca, de lamas,  me intenta agredir cada vez que me acerco.

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Y la silla de la cocina, esa silla…Se desploma cada vez que voy a sentarme.

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Los cubiertos han mutado…

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Intenté acabar con ellos , a golpes, pero el martillo se me rebeló también…

martillos siameses

Durante semanas, he estado buscando información en la Biblioteca Municipal. He investigado todos los aspectos relevantes de la casa : datación de la construcción, posibles reformas y/o remodelaciones, censo de los propietarios e inquilinos, estado del terreno antes de la edificación…

A mí me marcó mucho Poltergeist y lo primero que pensé cuando se iniciaron estos episodios fue:  “Ya  está. Se construyó sobre un cementerio, Tierra Sagrada. “  Eso era lo fácil, daba una explicación que aunque no fuera lógica, era una explicación para lo que pasaba en la casa y me tranquilizaba un poco pero…resultó que no. Ni Tierra Sagrada, ni un rinconcito místico de nada : campos de patatas.

La casa, un bajo esquinero adosado, se había construido en el año 2003 en una de esas urbanizaciones de alto standing, con piscina comunitaria. Lo había habitado un matrimonio que tuvo que dejar la vivienda por no poder afrontar el pago de la hipoteca. Después, yo se la alquilé al banco…He podido hablar con los antiguos propietarios: nada extraño o fuera de lo común…

Lo único relevante en la zona, es la inauguración de un gran centro IKEA , a unos pocos kilómetros de aquí…

Sí, ese lugar dónde los muebles son tan baratos…

…………………………………………………………………..

NB : Algunos de estos objetos, son “Objetos Imposibles” de Jaques Carelman.

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Esta es su “Cafetera Masoquista”. Todo el catálogo de Objetos Imposibles, aquí.

“Multicoleccionista nato, Carelman pronto empezó a coleccionar oficios: fue trompetista de jazz, crítico musical, ilustrador, escenógrafo teatral, escultor, pintor, creador de juegos infantiles para plazas y parques públicos e incluso, según se cuenta, autor anónimo de unos de los afiches más famosos de Mayo del 68. Pero, ante todo, Carelman -que firmaba tan sólo con su apellido- fue el autor de un memorable Catálogo de objetos imposibles “

 

 

 

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Encontré aquella antigua máquina de escribir, arrinconada, en el almacén de la oficina. Su intenso color verde me fascinó…Me la llevé a casa.

Antes de continuar, debo confesar:

Estoy enganchada al Apalabrados, al Whatsapp y al Atrivialados.

Juego a todas horas. Juego en casa. Juego en el trabajo…

Vale. Ya lo he hecho. Confesado.

Así es como llegué al almacén… Trabajo en el departamento administrativo de una empresa de material médico. Soy una de las personas que se ocupa de la facturación. Lo hago en jornada partida de ocho horas menos…cuando me bajo al almacén para…jugar o para responder a los mensajes que me llegan.

Lo sé. Está mal.

Lo sé. Me he enganchado.

Lo sé. Esto debe acabar.

Coloqué la máquina en una mesa, al lado de una orquídea que compré de oferta en el Carrefour. (Sí, en el Carrefour: al lado de la panadería, hay una zona con cuatro plantitas.) Al principio, la máquina de escribir era un objeto de adorno. Su única función era ocupar aquel rinconcito, con ese toque verde vintage tan mono pero…ocurrió el gran apagón.

Ese día que todos recordamos, en el que la ciudad se quedó sin luz…Sin televisión. Sin red. Sin…ordenador, teléfono… Sin mi vida social ( y mi ocio) al completo…

Intenté leer a la luz de las velas. Intenté dormir. Lo intenté…

Repasé todos mis temas pendientes, conté ovejitas y dibujé mentalmente todas las sombras que dibujaba la luna por la ventana y en eso estaba, cuando un resplandor verde me llamó la atención. Era muy tenue. Nada estridente…Relajante. ¿De dónde procedía esa luz?

Me levanté de la cama y, como podéis imaginar por el color del destello, vi que lo que brillaba era la máquina de escribir. Me acerqué y me senté delante de ella. ¡Era muy bella! La acaricié con delicadeza y mi mano se deslizo por el carro. Entonces, se me ocurrió que podía escribir, sin necesidad de electricidad y…como no podía dormir…

Saqué los folios de la impresora , coloqué uno y lo fijé. Al mover la rueda, el sonido familiar me pareció música celestial.

Teclée una letra : la “A”. Apareció ante mí. Aporreé las teclas sin ton ni son : dlshdoeyfeiowhjcnñdsjñlkjsñf. ¡Aquella vieja máquina escribía perfectamente!

Así que inspiré, expiré, extendí mis dedos y empecé a escribir…

Desde ese preciso instante,  no he podido parar…Tengo los dedos entumecidos, las piernas agarrotadas , la espalda ya casi rota , se me nubla la vista y… no veo la forma de dejar de escribir.

No puedo despegarme de las letras. Si me alejo, una fuerza brutal tira de mis manos y, estas, siguen escribiendo. A su libre albedrío. De vez en cuando, algo falla en el contenido y se dejan ir . Teclean : kjsghdhdflrhflerhelrifhldrjfklrjerjñrkj.

El caso es que no puedo parar. Tampoco puedo hablar. Esto es horrible.

No he ido a trabajar y los folios se amontonan a mi alrededor. Páginas y páginas…

Estoy encerrada en casa, esperando que alguien me eche de menos en el Whatsapp , en Apalabrados, en Atravialados, en Facebook o en Twitter y venga a ver qué pasa.

Me encontrarán escribiendo, sin parar,  en esta vieja máquina verde y… si leen alguna de estas hojas que estoy dejando por aquí, lo que leerán es esta historia. Es posible que haya empleado otras palabras ( no me sale nunca igual) pero será la misma historia. La misma, la misma, la misma, la misma.

Lshdpuedkjfgjfññdgfdkfjoiujdeoupojhpiyf.

Necesito ayuda. Esto empeora.

Es muy urgente.

Hdfghdfyioeryofhsldfjñxsdklllioduewpiìkmdhcjksdh…

 

 

 

¿Os apetece una pizza?

Recuperando relatos…

La pizza

Oferta Especial con dos finales a elegir:

1) Aquí te pillo, aquí te mato.

2) Aquí te mato, aquí te pillo.

¡Qué aproveche!

No es que se escondiera de él.

Alguna noche, de forma muy ocasional y con la voluntad de complacerla, la había dejado llamar a la pizzería del barrio para que le trajeran una suculenta margarita, con cebolla, bacon y doble de queso. Lo de hacerse vegetariano no había sido una sorpresa para ninguno de los dos. Con los años, se había acentuado su obsesión por los productos ecológicos y la dieta sana. No comía carne roja y no le gustaba el pescado, por lo que su dieta se había ido reduciendo a lo que se conoce como “vegetariano ovo-lácteo” de una forma natural.

Ella, en cambio, seguía comiendo de todo: aprovechaba para degustar un filetito o una dorada a la sal cuando acudía a los almuerzos de negocio o cenas con las amigas o un domingo en casa de sus padres… Su madre ya se ocupaba de tener un menú variado para todos los gustos de los comensales y mientras él alababa la lasaña vegetal, ella se zampaba un rabo de toro al vino tinto…

El vino…El vino era otra de esas cosas… Al principio de su vida en común, les gustaba degustar una copa y en las “ocasiones especiales”, adquirían vinos de buena cosecha según lo que puntuaba el gurú enológico Robert Parker. Los cumpleaños, los aniversarios, alguna buena noticia en el ámbito laboral… Eran las cosas típicas. Pero, aquello se convirtió en frecuente y empezaron a acudir a catas y seminarios. A ella también le gustaba la cultura del vino y su disfrute pero… ¡eso no quería decir que no pudiera tomar una Coca Cola de vez en cuando!… Cuando osaba a abrir una lata del refresco maldito, él la miraba con cara de asco y meneaba la cabeza, en un gesto inconfundible de confirmación de su locura.

Al margen de esas cosillas del comer y del beber, funcionaban como una pareja perfectamente engrasada. Una relación casi perfecta. No se podía pedir más… Tal vez por eso la carcomía la culpa mientras esperaba al mensajero de Pizza Telele. Él la había llamado hacía una hora y le había dicho que no cenarían juntos. Cosas del trabajo. Y ella, en vez de sentirse decepcionada y cenar en soledad la judía tierna con patata y zanahoria, había cogido el folleto promocional de Pizza Telele y había encargado una pizza mediana… y una Coca Cola! ¡Sí!.

Pero…si se paraba a pensar un poco, ya eran bastantes noches de trabajo atrasado y bastantes pizzas, engullidas de contrabando. ¿De cero a tres o cuatro veces al mes? ¿No eran demasiadas noches de free-pizza? En sus pensamientos, por un segundo, destelló un mensaje de advertencia: ¿Estaba con otra? pero llamaron a la puerta y el pensamiento se desvaneció.

(…)

Cuando llegó al portal del número 22 de la Calle del Hambriento estaba ya muy nervioso. Estaba atendiendo el teléfono y tomando los pedidos, cuando vio en el identificador de llamadas que estaba al aparato la bella criatura de la pizza mediana con cebolla, bacon y doble de queso…y una Coca Cola. Sólo anticipar la suavidad de su voz cuando anunciara que quería una pizza a domicilio, ya lo ponía enfermo. Le temblaban las piernas, la mano que sujetaba el teléfono y, por supuesto, la voz. Llevaba mucho tiempo pensando en ella, planificando cómo sería su encuentro y deseando que se produjera pero… era demasiado pronto. No estaba preparado. ¿O sí? La excitación recorrió su cuerpo desde la punta de los dedos del pie hasta lo alto de su cabeza rapada.

Contestó con una voz chillona que le sorprendió a él mismo y se quedó petrificado cuando ella le hizo el pedido. Le prometió que estaría en su domicilio en veinte minutos y cuando colgó, se dirigió a la zona de reparto y cambió los turnos.

Al cuarto de hora, sentía el frío de la noche en la cara mientras recorría las calles de la ciudad para llegar a la casa de “ella”. Era perfecta: esos ojos brillantes que lo miraban con alegría cuando le entregaba la pizza, los labios carnosos que se humedecía con la lengua y lo provocaban directamente,… Sabía que estaba sola: sólo hacía pedidos nocturnos cuando el tipo que vivía con ella no estaba en casa. Una única vez lo había sorprendido, abriendo la puerta y gritando: ¡Cariño, tu pizza! Pero eso había sido hacía mucho tiempo… En los últimos meses, la había estado observando y sabía que estaba sola.

Sola.

A medida que avanzaba en su recorrido se hacía más firme su propósito. Ese era el momento. Esa era la noche.

(…)

Abrió la puerta y vio al chico de Pizza Telele. Siempre era el mismo: alto y delgado, con unos ojos oscuros que siempre la miraban fijamente y que ella veía a través del casco. Y aunque su aspecto era amenazador, en el fondo era simpático y siempre le sonreía cuando le daba la propina.

Esta vez, llevaba el casco de la moto en la mano y pudo ver su reluciente cabeza, afeitada al cero y con un extraño tatuaje en la parte superior. ¿Qué era eso? ¿Un pájaro? Sostenía la caja de pizza con una mano y la estaba observando de esa forma intensa que ya había percibido en ocasiones anteriores.

Extendió la mano para coger su pizza y, entonces,…

FINAL nº 1 : Aquí te pillo, aquí te mato.

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Sonó el teléfono. Mientras el chico de reparto esperaba en el recibidor, atendió la llamada a su móvil. ¿De la empresa de su marido? ¿No estaba con ellos? ¿No tenía una cena de trabajo? La alarma volvió a dispararse y esta vez, apareció un nombre y una cara. Últimamente, ella estaba presente en muchas de sus conversaciones… ¿Y si?…De repente, todo encajó y las pequeñas cosas que habían pasado inadvertidas, se convirtieron en claras pruebas condenatorias. ¡Le estaba poniendo los cuernos! Sintió una furia interior que ni supo controlar.

¡Maldito ovo-lácteo de los huevos!

Oyó una voz que la llamaba. El chico de la pizza.

Seguía con la caja en la mano pero percibió un cambio de actitud en él. Se disculpó y, alterada por el reciente descubrimiento, se le cayeron las monedas al suelo.

Él , a su vez, tiró la pizza y le cogió la mano sin apartar la mirada de su rostro. Ella abrió muchos los ojos, sorprendida, pero no la retiró. Por unos segundos, titubeó: su vista se dirigió a la caja, desparramada en el suelo, a sus manos entrelazadas y, otra vez a sus ojos. ¿Era energía sexual lo que chisporroteaba en el ambiente? .

En ese momento, él supo lo que tenía que hacer: tiró con fuerza de ella y dejó que se produjera el primer impacto,  cuerpo a cuerpo.

Buscó sus labios y la envolvió en un abrazo de hierro que los dejo sin respiración. No hubo palabras. Ni una siquiera. Entraron en la casa y se dejaron caer, enredados, en el sofá. Cuando todo acabó, continuaban en silencio. Se vistió y bajó a buscar la segunda pizza de cebolla, bacon y doble de queso que llevaba de reserva. Y la Coca Cola.

La dejó sentada en el sofá, despeinada y rodeada de los cojines, esparcidos por todo el salón. Encima de la mesita de cortesía, dejó la pizza y la Coca Cola. La beso suavemente y se fue.

Ella se quedó mirando la pizza, ya fría. ¿Cornuda? Era posible, pero de apaleada, nada. Metió la pizza en el horno y se fue a duchar.  Y aunque había gozado con “Un aquí te pillo y aquí te mato”, con un casi desconocido nunca más llamaría a la Pizzería Telele…

Cuando él llegó a la Pizzería Telele, buscó su agenda secreta. La guardaba, escondida, al fondo del cajón de pedidos. Buscó la lista de clientas que había seleccionado y tachó la del número 22 de la Calle de los Hambrientos.

FINAL nº 2 : Aquí te mato , aquí te pillo.

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Sonó el teléfono. Mientras el chico de reparto esperaba en el recibidor, atendió la llamada a su móvil. ¿De la empresa de su marido? ¿No estaba con ellos? ¿No tenía una cena de trabajo? La alarma volvió a dispararse y esta vez, apareció un nombre y una cara. Últimamente, ella estaba presente en muchas de sus conversaciones… ¿Y si?…De repente, todo encajó y las pequeñas cosas que habían pasado inadvertidas, se convirtieron en claras pruebas condenatorias. ¡Le estaba poniendo los cuernos! Sintió una furia interior que ni supo controlar.

¡Maldito ovo-lácteo de los huevos!

Oyó una voz que la llamaba. El chico de la pizza.

Seguía con la caja en la mano pero percibió un cambio de actitud en él. Se disculpó y, alterada por el reciente descubrimiento, se le cayeron las monedas al suelo.

Él tiró a su vez la pizza y le cogió la mano sin apartar la mirada de su rostro. Ella abrió muchos los ojos, sorprendida, pero no la retiró.

Entonces, el alzó el casco y descargó un golpe contra el cráneo de la mujer. Siempre le estremecía el crujido de los huesos cuando se rompían, pero era parte del juego y  la verdad, eso lo excitaba aún más.

Con el cuerpo inerte en sus brazos, entró en la casa. Más tarde se ocuparía de ocultar su rastro. Aquella iba a ser la víctima número cinco y quería tomárselo con calma. Ya no podría regresar a la Pizzería Telele, tendría que abandonar la ciudad y empezar de nuevo. Una nueva mujer, la sexta, lo estaba esperando en cualquier punto de la geografía española. Suspirando, la dejó en el sofá.

Para la víctima número cinco, había ideado una fiesta especial. Con pizza y Coca Cola, como a ella le gustaba.  A la prensa le iba a encantar encontrarla de aquella manera: los programas amarillos se iban a cebar con lo original y escabroso de la puesta en escena… ¡Cómo iba a disfrutar viéndolos elucubrar sobre el asesino de la pizza!

Con el borde de la pizza, que recortó con cuidado, le hizo una corona que le puso en la cabeza. La sangre empapaba la masa. No quedaba mal aunque le hubiese gustado más que se hubiera visto el color crema del pan. Resaltaría más con aquel pelo tan negro…

No lo encontrarían jamás. Ni siquiera podrían asociar esta a otras muertes similares en otras pizzerías… Aún no se habían dado cuenta que tenían que buscar al asesino en serie “del reparto”.  Iban muy, muy, por detrás. ¡Qué ingenuos!

Ya había acabado con cinco vidas y a cual mejor : la primera, había sido una clienta de una tienda de productos ecológicos, la segunda, una habitual del Carrefour, la cuarta, una fanática de la comida china a domicilio y por fin, la quinta, la bella criatura del número 22 de la Calle del Hambriento.

Mientras limpiaba sus huellas pensó que, su próxima solicitud de trabajo, iba a ser para una vacante de “repartidor” de prensa diaria en la ruta de Badajoz. La había visto en la prensa dominical…Se presentaría.

Alguna suscriptora interesante se podía convertir en la sexta…

Caso Especial Nº 1 : Congelación de Ideas.

ideas congeladas

Yo soy terapeuta. Me gusta decir que soy Terapeuta de Especiales más que una Terapeuta Especial.

A mi consulta me llegan los casos que mis colegas, no han podido resolver y que no podrían resolver nunca porque…son pacientes especiales.

Estoy preparada para cualquier situación “especial”, soy capaz de abordarla, analizarla y, en la mayoría de los casos, tengo éxito. O sea, se curan. Por lo menos, los que quieren… Aun así, cuando conozco a un paciente y le hago la primera anamnesis, siempre me quedo un  poco descolocada…Gracias a Dios, sólo me dura unos minutos.

El hombre que está en mi consulta,  es Rogelio. Tiene 50 años. Vive solo, en una casa en el campo en el que sólo hay una ducha que está en un cobertizo en el exterior. Este dato podría parecer irrelevante, pero es el origen del mal de mi paciente (o por lo menos, así lo manifiesta). Me ha explicado que en la ducha, hay una ventana de esas de láminas, que por vieja y oxidada, siempre está medio abierta. Sea invierno o verano, la ventana se mantiene en la misma posición, dejando pasar el aire fresco o gélido, según la estación. La ventana, según explica Rogelio, está muy cerca de la alcachofa de la ducha y , con el tiempo, se ha convertido en un improvisado estante definitivo…Allí, él,  que es muy aseado , deja sus frascos de champú …

La temperatura ambiente hace que el champú (de ortiga blanca y cedro salvaje, me especifica Rogelio) esté templado en verano y frío en invierno. El pasado año, en la zona donde vive el paciente,   las temperaturas habían sido extremas y las heladas, habían arruinado las cosechas …

Según el propio Rogelio, el frío intenso había afectado, también, el buen funcionamiento de su cabeza…

Me comenta que hace un año, más o menos, al verter el champú directamente sobre su cuero cabelludo (que al fijarme, veo que está frondoso y muy bonito con unas primeras canas plateadas) notó que estaba muy frío.

Exageradamente frío.

Inmediatamente después, percibió que se le habían congelado las ideas.

Ideas, congeladas.

Vale.

Rogelio vive en el campo y tiene una tienda On Line. Vende los productos que produce su huerta , directamente al consumidor. – El primer signo de que algo no iba bien, me explica, se produjo cuando llegó la Semana de la Oferta Verde.

Rogelio ideaba lotes de frutas y verduras, que colocaba en bonitas cestas de mimbre y adornaba con artesanía de la zona que, cada año, era diferente. Todo el mundo esperaba su ocurrencia: un botijo, unas cucharas de madera o macetas de terracota  pintadas a mano…

Rogelio se encontró, a pocas semanas de la Oferta Verde con que era incapaz de crear nada nuevo. Daba igual que le presentaran un sinfín de productos artesanos. Él, sólo podía pensar en las cosas que ya había utilizado. Así que, ese año, por primera vez, repitió “Lote de la Semana de la Oferta Verde” y volvió a poner un botijo.

-Ideas, me dice, tengo muchas pero son las que ya tenía. No puedo producir ideas nuevas. No puedo cambiar de opinión. No pueden convencerme….Nunca podré cambiar ni evolucionar como persona. Piense, piense en sus ideas acerca del amor, o piense en “sus ideologías”,…Imagine que nunca pueda cambiar de idea, porque esa idea está congelada, ahí, y no deja espacio para las otras. Y está dura como una piedra y tampoco deja que la modelen…Ideas fijas, para siempre…

Intento ser empática. Intento ponerme en su lugar y reviso mis ideas. Soy consciente que he ido cambiando de “ideas”, muchas veces en mi vida y que eso es lo que me ha permitido, por ejemplo: volver a enamorarme. Además de ir modificando mis ideas, también han surgido ideas nuevas: eso me ha permitido dedicarme a este trabajo y escribir un libro, por ejemplo. Las experiencias vitales nos hacen cambiar de idea, muchas veces…

Esto está difícil…

Rogelio me explica que ha utilizado múltiples sistemas para intentar descongelar sus ideas pero para ello, sólo ha podido utilizar las ideas que él ya tenía sobre cómo combatir el frío y la congelación: saunas, duchas de agua caliente, gorros de lana, esterillas,… Su hermana, que es peluquera, lo tuvo un día entero bajo la lámpara de infrarrojos que se utiliza para hacer subir las mechas pero…nada.

Rogelio, sigue con las ideas congeladas…

Se acerca la Oferta de Primavera y ya está pensando en adquirir 500 botijos…

No sé cómo afrontar este caso. Parece que las ideas se me han congelado a mí porque por más que pienso no se me ocurre nada.

La única idea que he tenido es muy, muy, agresiva: ¿Y si le pongo la cabeza en el horno? ¿Sería suficiente a 250º? ¿Con grill o sin grill?…No sé. No me acaba de convencer…

¿Alguna idea?

 

Alma de cántaro

Aviso : He colgado este texto en la página tusrelatos.com y le han asignado un tiempo de lectura de 12 minutos.

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Alma de Cántaro, según el insigne Diccionario del Uso del Español María Moliner es: Persona despreciable, insensible, incapaz de entusiasmo, generosidad o cualquier sentimiento o interés noble. Lo de “Cántaro” viene porque está hueco. Vacío. Alma Vacía podía ser, también una definición Curiosamente, yo utilizo esta expresión de forma incorrecta o, por lo menos, diferente. Para mí, alma de cántaro es alguien ingenuo, inocente… Esta es la acepción en la que se basa este relato…ingenuo.

Se sentía feliz. Tal vez “feliz” fuera una palabra demasiado gorda para aquella sensación de bienestar y satisfacción que le embargaba , pero no tenía otra en su repertorio verbal para dar cabida a la bonanza y serenidad de su espíritu.

Por primera vez en muchos años, sentía que su vida funcionaba razonablemente bien.

Mientras saboreaba un delicioso espresso, 100% Arábica, dejó de prestar atención a la prensa para mirar por la ventana. Su vista se perdió en el pequeño jardín que su mujer, había convertido en un espacio natural y con un cierto aire rústico. Las vigas envejecidas sobre el césped, el mimbre, las cortinas de lino color crema que resguardaban del sol en el porche…y el cántaro…

Ese cántaro.

Sonrío al recordar cómo lo habían encontrado. En una casa ya prácticamente derruida. En un pequeño pueblo. Su esposa, se había encaramado en lo alto de una montaña de escombros, hasta poder alcanzar aquel cántaro. Sin sus esfuerzos de sujeción, por eso, nada de eso hubiese sido posible, ya que en toda la operación, estuvo sosteniendo su delicioso y gran trasero, a pulso, con las dos manos… Como era previsible, la torre se desmoronó y los dos cayeron al suelo pero, el cántaro, sobrevivió al impacto. Ahora, además de ser la anécdota aventurera preferida de la pareja, adornaba uno de los rincones más especiales del jardín, bajo el sauce llorón.

Transcurrió una semana y, después, un mes y durante ese tiempo, siguió sintiendo esa sensación de felicidad, bienestar, equilibrio, satisfacción o…lo que fuera eso.

Magnífico.

Pero, un día, lo dejó de percibir. Ya no se sentía feliz… Descubrió que su vida, en esencia, no había cambiado ni un ápice pero sí la de los otros…Nada de lo que sucedió, afectó directamente a él o a su mujer que eran lo que se denominaba “la unidad familiar”. En cambio, en el entorno más cercano a “la unidad”, se produjeron sucesos vitales que alteraron su paz interior : Su padre y las pruebas médicas que confirmaron la demencia, sus amigos del alma, divorciándose o el despido masivo de muchos compañeros en la empresa en la que trabajaba. Lo que acaecía en esas vidas, no le permitía disfrutar plenamente de su momento estelar de satisfacción personal…

Aunque fuera un pensamiento egoísta, debería estar aislado del resto de la humanidad, para así, evitar que esa sensación de angustia, se fuera extendiendo en su vida pero…precisamente su naturaleza generosa y su vínculo con familia y amigos, no le permitía más que sufrir, ante el infortunio de los suyos. En eso pensaba, sentado en uno de los butacones del porche, tomando un whisky de malta que debería estar paladeando con deleite…

Entonces, oyó un susurro hueco que no supo adivinar de dónde venía. ¿Era su nombre? ¿Quién estaba llamándolo? Se levantó e inspeccionó el pequeño espacio verde que había conseguido entre tanto cemento, al comprar un bajo con jardín. Escudriñó la parcela ya que dominaba visualmente los cuarenta metros cuadrados que ocupaba e, incluso, se apostó al lado de la valla del vecino, a ver si era él el que lo llamaba, aunque le parecía improbable después del incidente “Barbacoa”: “El-humo-llega-a-mi-casa”, “Me-ha ensuciado-la –ropa-tendida” y la respuesta de su mujer “Cómprate-una-secadora”… Volvió a sentarse, seguro que el viento y su abstracción le habían jugado una mala pasada, cuando oyó, de nuevo, la vocecilla, con un eco sordo, increpándole. Parecía venir del sauce, allí dónde estaba el cántaro…

Dentro del cántaro, el alma de cántaro, pugnaba por salir de allí. Unos la llamaban “alma”, otros “genio” , otros “superstición” e, incluso, había quien había osado a llamarla “botijo”, cosa que le dolía profundamente…Llevaba años encerrada en el cántaro, esperando que uno de esos estúpidos seres humanos, lo llenara de agua y bebiera de él, a la vez que se pedía un deseo. ¡Mira que era fácil! Pero… los Dioses no habían tenido en cuenta la evolución de toda esta gente que, de repente dejó de ir a los ríos y a las fuentes a por agua. Lo que antes era un artefacto de uso diario, ahora se había convertido en un objeto obsoleto, sin ninguna utilidad… Puro adorno en los jardines domésticos de los bajos de urbanización…Ahora mismo, el cántaro estaba situado, debajo de un sauce, muy pesado, que no hacía más que llorar…Sus hojas, caducas, caían en su interior, ensuciándolo y haciendo más difícil que algún día, lo llenaran de agua y se la bebieran…Era duro admitirlo pero…¡Si por lo menos hubiese sido un botijo!

Cuando se acercó al sauce y aguzó el oído, detectó que el susurro provenía del cántaro. “Soy el alma de cántaro”, le dijo. Antes de agacharse para mirar que había dentro, se aseguró que no le estaban gastando una broma y volvió a inspeccionar el terreno. Nadie…Dentro del cántaro no había más que hojas caídas del sauce. Si allí había un enanito parlanchín o, en su defecto,  un alma parlante era totalmente invisible…Se sonrío ante la tontería y de repente, decidió limpiarlo .Lo acercó a la manguera y , tras vaciarlo de hojarasca, lo llenó de agua limpia, lo enjuagó y lo dejó reluciente. Sin saber por qué, volvió a llenarlo de agua…Como un autómata, dirigido por un alma de cántaro, recogió su whisky de malta y regó el sauce con él. Llenó el vaso vacío, de agua del cántaro, que en aquel momento le pareció lo más cristalino, fresco y apetecible del mundo y pensando en que todo mejoraría para todos, apuró el contenido de un trago.

El alma de cántaro no cabía en sí de gozo. Había tenido que utilizar artimañas no aprobadas por los genios de los otros cántaros, pero, por fin, uno de esos seres humanos, había bebido agua del cántaro. Hacía tantos años que no ocurría,  que el alma de cántaro se emocionó y en pleno éxtasis conjuró: Todo mejorará para todos.

El agua le supo a gloria. Le extrañó no detectar el sabor a cloro o aquellos sedimentos de cal blanquecina… Dejó el cántaro, de nuevo, bajo el árbol y entró en casa. A los pocos minutos, el teléfono empezó a sonar: el diagnóstico de su padre era erróneo. Sus amigos se habían reconciliado. La empresa había conseguido un contrato millonario y no habría despidos…Fue sólo el principio.

En el mundo,  la insatisfacción era una epidemia. No estábamos satisfechos con nuestras vidas, con nuestros cuerpos, con nuestras casas, con nuestros hijos, con nuestros trabajos, con nuestro aspecto,…Siempre, había uno o varios motivos de  insatisfacción en una vida.  Unos eran importantes, otros se solucionaban en una peluquería o con un coche deportivo pero… el número de  insatisfechos-por-algo aumentaba día a día igual que el stress, la ansiedad y la angustia… Entonces, sin que nadie pudiera evitarlo, empezaron a ocurrir cosas extrañas…

De un día para otro, el dinero dejó de ser el valor más importante del planeta. El ser humano perdió interés en ir acumulando bienes ( casas, coches, ropa) y se manifestó inmensamente feliz al vivir en un entorno más amable y sostenible. La industria del automóvil y la industria del lujo, se hundieron. Lo mismo pasó con la cosmética y la moda. Y con los “modelos corporales”. Nadie parecía necesitar cremas milagrosas, ni Operación Bikini…La gente procuraba estar sana , aceptando su cuerpo y sus diferencias…De la misma forma, se acabó con enfermedades crónicas, dominadas por la industria farmacológica. También se hundió la industria de la autoayuda .No hacía falta terapia, ni fármacos, ni psiquiatras…El consumo de Prozac, Lexatín y derivados disminuyó hasta casi desparecer. Las guerras se acabaron y con ellas, los traficantes y multinacionales de armas .Y los ejércitos…

El bien común se impuso como Filosofía Política…

De repente, todo iba bien para todos … Eran tiempos felices…

Como cada tarde, se sentó en el sofá de su porche, encantado de la vida, oyendo piar  a los pajaritos que jugueteaban en las ramas del sauce. El mundo había cambiado y nadie sabía qué había causado aquel cambio pero, los efectos eran tan maravillosos que no se preguntaron de dónde procedía aquella sensación de bienestar que se iba propagando por el planeta.

Le pareció oír un ruido, desde el otro lado de la valla, pero no le dio más importancia. Se levantó y se acercó al sauce. Nuevos brotes verdes aparecían en las ramas . El árbol,  aquel año, prometía un desarrollo espectacular. Las ramas desmayadas, eran tantas y tan frondosas que ocultaban el cántaro, lleno de agua de lluvia…

-Tenemos al objetivo a tiro. ¿Procedemos, Señor?

Nadie oyó el disparo. Casi era inconcebible entre tanta, tanta felicidad…

Él sólo sintió una vibración en el aire y un extraño calor en el centro del pecho. Después, cayó al suelo en una acción a tres tiempos, en el que primero se agarró a las ramas del sauce, después abrazó el tronco y finalmente, se derrumbó contra el cántaro.

El agua, empezó a derramarse. Él, empezó a morir…

-          Objetivo derribado, Señor.

-          Recojan el Artefacto del lugar, borren huellas y desparezcan de ahí.

Unos hombres armados y vestidos de negro, como en las películas, aparecieron en su pequeño jardín de 40 metros cuadrados. Los oía hablar y dar instrucciones. Supo que lo habían identificado como el Propagador del Virus de la Felicidad. ¿Él? Buscaban “el Artefacto”. ¿De qué hablaban? El dolor era intenso y todo lo que había a su alrededor, empezaba a desvanecerse. Quería saber quién eran esos tipos y por qué le habían disparado, pero ya no había tiempo. Se dejó caer, la cara aplastada en la tierra, y el cuello del cántaro a su vera, inclinado, dejando caer gotas de agua de lluvia…Pensó en su mujer y en lo que le gustaba aquel cántaro y sonrió. Una gota cayó en sus labios y la bebió. Su último pensamiento fue “Espero que nunca encontréis ese artefacto, cabrones infelices”.

El alma de cántaro seguía en el interior del cántaro, esperando que alguien activara el rito, de nuevo. Notó como el cántaro se tambaleaba y cómo caía al suelo, resquebrajándose en la base. No iba a quedar más remedio que buscar otro cántaro… Fastidiada, el alma salió de allí, en busca de otro recipiente donde cobijarse por unos siglos más. Antes de hacerlo, concedió el deseo a aquel ser humano que bebía el agua de lluvia que había guardado en su interior. Que no encuentren el artefacto, nunca.

Los Lobby de las industrias más poderosas del planeta, entrenaron a un equipo especial para acabar con la felicidad generalizada. Descubrieron que el Hombre- Normal -del –Bajo- Con- Jardín, era El Propagador. A partir de él, había surgido la cadena que se había extendido de forma exponencial.

Sin insatisfacción, no había negocio.

Demasiada gente feliz para sus intereses.

Identificado El Propagador había que acabar con él y buscar “la llave” que activaba todo aquella satisfacción mundial.  Sabían que era un objeto,  que estaba en su poder y ubicado en aquel jardín minúsculo. Una vez que lo tuvieran, volverían a poner las cosas en su sitio…

Metieron el cuerpo en una bolsa de lona negra. Lo harían desaparecer sin dejar rastro. Revisaron el jardín con minuciosidad. Sus detectores señalaban a la zona del sauce. Analizaron los últimos minutos de la vida del Propagador y observaron cómo se abrazaba al tronco, antes de caer encima de aquel cántaro…Estaba roto.  Con mucho cuidado, extrajeron el árbol, intentando conservar las raíces y lo trasladaron al laboratorio.

Los trozos de barro, se dispersaron entre la tierra removida… El alma ya había salido de su escondite y flotaba en el aire, buscando otro cántaro en el que vivir…

En el edificio de Análisis Especial de Wichita, los especialistas seguían intentando encontrar el código que activara el sauce llorón. Lo habían trasplantado en una habitación con todas las variables de crecimiento controladas. Simulaban clima, vientos, temperatura…pero el árbol seguía sin hacer nada más que perder la hojas en invierno y volver a renacer en primavera… Estudiaron las imágenes que habían grabado del Propagador. ¿Podía ser que abrazara al árbol al caer?… Y, así, cada día, los componentes del Equipo de Análisis Especial de Wichita, abrazaban al sauce, le hablaban, se tomaban un whisky de malta a su vera, pero… Nada surgió efecto.

La felicidad siguió extendiéndose…

Imparable.

El alma de cántaro estuvo barajando la posibilidad de irse a vivir a una botella de plástico pero le dijeron que eran de un solo uso y que se vería obligada a saltar de botella en botella, continuamente. Además, ser Alma de Botella no era tan glamuroso como ser Alma de Cántaro… Finalmente, se decidió por un botijo muy bonito y redondito que estaba colgado de una higuera, en un campo labrado. No era un cántaro pero se parecía mucho…

 

 

Media naranja.

 

medianaranja

Al final, tras muchas horas de reflexión, nadando en la confusión más cítrica de mi vida, he sabido lo que soy.

He descubierto mi naturaleza y, con ella, mi soledad.

Ahora estoy definitiva y dramáticamente sola …

Tenía que buscar mi media naranja. ¿Media? ¿Naranja? ¿Por qué? ¿Para qué quería yo, media naranja? ¿Y una pera? ¿ O una manzana?

Tenía frío y me sentía extraña. Todo mi cuerpo, en su superficie, parecía una gran herida, húmeda y brillante. Sensible al oxígeno y …frágil.

Sólo deseaba dormir…Que me dejaran, tranquila, en aquel lugar…

En mis extraños sueños, veía a mi madre, en el árbol,  con el dedo extendido, señalándome acusadora: “Si no buscas tu media naranja, te oxidarás”. A mis compañeras, hablando de forma descontrolada,  obsesionadas con la búsqueda de la mitad que le pertenecía a cada una… Todo el que pasaba por mi lado me increpaba: Tienes que buscar tu media naranja.

Era el único remedio a mi enfermedad: encontrar aquella maldita media naranja. Tal vez así, sabría quién era yo y, por fin, me completaría.

Y me dispuse a hacerlo. Me sobrepuse al dolor y al cansancio e intenté incorporarme para salir de…de…de un ¿Frutero? ¿En una nevera? Me despejé de golpe y miré a mí alrededor. Sí, estaba rodeada de limones, un melón y una lechuga y yo, yo…

La puerta de la nevera se abrió violentamente. Oí una voz humana: “Sólo necesito media más”. Pude atisbar lo que había en el exterior y mi corazón, lleno de vitamina C, se encogió, se plegó y amenazó con estallar en mil gajos. En una gran repisa de mármol, había un exprimidor. Destacaba, blanco y brillante…Amenazador.  En la piña superior del artefacto de tortura, dolorosamente aplastada, vi a mi media naranja. No me dio tiempo a gritar. Alguien accionó una palanca y mi media naranja empezó a dar vueltas,  enloquecida . Entonces, la puerta de la nevera volvió a cerrarse, sumiéndome en la más absoluta oscuridad.

El limón me dijo: Lo siento.

Y entonces, me di cuenta que yo …Era una naranja.

Concretamente,  una de las mitades de una naranja…La otra, yacía allí fuera, convertida en zumo…

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